Sociedad del espectáculo en la cultura digital

Apuntes para repensar a Debord

Por Enrique Pérez Reséndiz[1]

La sociedad contemporánea ha experimentado, desde hace algunos años, una serie de transformaciones significativas con el uso de diversas tecnologías de la información y comunicación, donde las plataformas sociodigitales[2] y otras herramientas de comunicación han adquirido un papel central en nuestras vidas. Estas mismas plataformas han posibilitado la existencia de nuevas prácticas y formas de expresión entre sus usuarios. Uno de estos múltiples usos refiere a la muestra de gran parte de nuestras actividades cotidianas, a la puesta en escena de nuestra vida diaria.

En función de lo anterior, cobra relevancia la noción de sociedad del espectáculo (Debord, 1967) como una categoría analítica que permita pensar las formas de autorrepresentación y autoexhibición de las personas en la sociedad contemporánea, dado que muchos de estos ejercicios de representación en los entornos sociodigitales se centran en aspectos superficiales convirtiendo con ello estas imágenes en un espectáculo en donde la popularidad, el éxito y la apariencia cobran relevancia frente a otros. De acuerdo con Debord, en la sociedad del espectáculo se privilegian la imagen y la representación, y estos dominan los aspectos sociales y políticos; en ese mismo sentido, esta autoexhibición en tales entornos supone una extensión de la sociedad espectacular donde la economía de la atención (Stiegle, 2004) se vincula con la búsqueda de la validación, el reconocimiento y la preocupación constante por la aprobación basada en la imagen.

La intención de este escrito es la de establecer líneas generales de discusión para pensar la noción propuesta por Debord en el marco de la cultura digital y la existencia de plataformas sociodigitales, así como la de establecer puentes con la categoría de extimidad (Miller, 2010) e intimidad como espectáculo, desarrollada por Sibila (2008) como herramientas analíticas para pensar el predominio de la imagen, del espectáculo y la exhibición en nuestra sociedad contemporánea.

I

La obra de Debord es considerada como una de las obras fundamentales de la teoría crítica en relación a los medios de comunicación y ha tenido un gran impacto en la comprensión de la cultura y la sociedad contemporáneas. En su análisis, Debord[3] sostiene que nuestra sociedad moderna se ha transformado de manera paulatina en una sociedad dominada por la imagen y la representación, donde la organización social se desprende de la primacía del espectáculo. El argumento del autor francés descansa sobre la idea de que vivimos en mundo donde la realidad se ha desvanecido debido a una sucesión continúa de imágenes, símbolos y representaciones que son impuestos desde el exterior. La exacerbación de estos elementos no constituye por sí mismo la idea de la sociedad del espectáculo, sino que es la relación social desprendida de lo anterior lo que constituye la sociedad del espectáculo:

El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas, mediatizada por imágenes. (La sociedad del espectáculo, 1967: 38)

La cita anterior refleja el énfasis puesto por Debord al señalar que el espectáculo no se limita a la secuencia de imágenes y representaciones, sino que la sociedad del espectáculo remite principalmente a una forma de interacción mediada por dichas imágenes. A partir de esta idea es necesario entender que el espectáculo, y la sociedad que se encuentra inmersa en él, no es un acto de contemplación y consumo pasivo, más bien se relaciona con la forma en la cual la sociedad se relaciona y se percibe a sí misma. Si la realidad en la sociedad espectacular se convierte en un collage de imágenes inconexas y superpuestas, esta lógica se convierte en la forma predominante en el flujo social. La sociedad espectacular, en palabras de Debord, es “una sociedad en la que la imagen y la representación han llegado a dominar la vida social y económica” (Debord, 1967: 39).

En la sociedad espectacular las imágenes se superponen y compiten entre ellas para demandar atención, de esta manera el espectáculo en el sentido propuesto por Debord se extiende a todos los aspectos de la vida social, incluyendo la política, la economía y las relaciones personales. La lógica del espectáculo se basa en la producción y consumo de imágenes y representaciones que alienan a los individuos y los separan de la experiencia directa de la realidad.

La propuesta debordiana implica pensar una sociedad con una visión distorsionada de la realidad, adicionalmente también limita su capacidad de agencia y acción en la construcción de la propia vida pues en lugar de que la existencia sea auténtica se condena a los individuos a ser espectadores pasivos y constantes de imágenes y representaciones que se convierten en anhelos y deseos.

La idea de Debord también aborda de manera importante la idea de la mercantilización de la vida y su fetichización. La sociedad del espectáculo deriva las imágenes y las representaciones en mercancías, las experiencias, actitudes, opiniones, relaciones, emociones y sentimientos se convierten en productos cuyo valor está en función de su capacidad para generar capacidad y espectáculo. Jappe (2014) señala que el fetichismo forma parte de la realidad del capitalismo y es consecuencia inevitable de la mercancía y el valor, si seguimos esta línea de razonamiento se puede advertir que la inconsciencia en la configuración de la sociedad del espectáculo conlleva su propia fetichización, pues, como el mismo Jappe señala, el fetichismo se produce de forma inconsciente y colectiva además de ser resultado de las relaciones sociales en el marco de la sociedad capitalista. 

En última instancia, Debord sostiene que la sociedad del espectáculo es una sociedad alienada y deshumanizada. Nos hemos convertido en espectadores y consumidores de nuestras propias vidas, atrapados en un ciclo interminable de deseos y satisfacciones superficiales. Debord también critica el papel de los medios de comunicación en la sociedad del espectáculo. Argumenta que los medios de comunicación masiva, a través de su capacidad para difundir imágenes y representaciones a gran escala, actúan como un instrumento de control y manipulación social. Los medios de comunicación crean una realidad simulada que nos aleja aún más de la realidad concreta y nos mantiene en un estado de pasividad y conformismo.

Si la propuesta de Debord se desarrolla en el contexto de los medios de comunicación, el de la intimidad como espectáculo pensado por Paula Sibila (2008) se hace en el marco de una sociedad digital, las diferencias contextuales bajo los cuáles se desarrollaron ambos términos son evidentemente diferentes sin embargo es posible rastrear algunos puntos de coincidencia en ambas propuestas.

A diferencia de la intimidad tradicionalmente entendida como un principio personal, privado y oculto muestra que lo íntimo no es completamente interno y propio, sino que se exterioriza y se convierte en parte de la identidad pública de los sujetos. La extimidad (Miller, 2010) implica que los aspectos privados, pensamientos, emociones, sentimientos y deseos personales se muestran y se hacen visibles en el espacio público.

En el contexto de la sociedad contemporánea, especialmente en el marco de la cultura y la comunicación digital, la noción de extimidad ha ganado relevancia puesto que es evidente la primacía en estos entornos sociodigitales de mensajes relacionados con la intimidad de la vida de las personas, desde publicaciones sobre sus relaciones, experiencias personales, logros, opiniones y pensamientos más profundos.

Esta exposición pública de la extimidad plantea cuestiones sobre la construcción de la identidad en los entornos digitales, la autenticidad, la vulnerabilidad y los límites de lo privado y lo público. Al mostrar y compartir aspectos personales, las personas buscan ser reconocidas y validadas por los demás, pero también están sujetas a la mirada y el juicio del público.

Otra noción en estrecha relación con la de extimidad es la de intimidad como espectáculo (Sibilia, 2008). La noción de intimidad como espectáculo se refiere a la transformación de la privacidad en un fenómeno público y expuesto mediante el empleo de tecnologías de la comunicación y las redes sociales. En su trabajo de investigación, Sibilia argumenta que existe una sobreexposición de la vida íntima debido al avance de las tecnologías digitales y las plataformas sociodigitales, lo que ha llevado a una reconfiguración de los límites entre lo público y lo privado. La intimidad, que solía estar reservada a los espacios más cercanos y a las relaciones íntimas, se convierte ahora en un espectáculo que puede ser transmitido, compartido y consumido masivamente.

En términos generales, la exteriorización de la intimidad tiene impactos significativos en la forma en que se perciben los individuos y en sus relaciones con los demás. En la medida en que las personas comparten detalles íntimos de sus vidas se genera una especie de narcisismo digital en el que se busca la validación y la aprobación de los demás a través de los likes, los comentarios y las interacciones en línea, tal y como ya advirtiera Debord décadas atrás.

La cultura del “YO”, o del “Show del yo” (Sibilia, 2008: 9) derivada de esta constante exhibición de la intimidad implica el esfuerzo constante de mantener una imagen autoidealizada por parte de los sujetos, desembocando en una insatisfacción permanente pues la puesta en escena de una imagen proyectada resulta en una cada vez mayor espectacularización de la vida. La noción de la intimidad como espectáculo describe cómo la vida íntima se ha convertido en un fenómeno público y expuesto, dicha sobreexposición tiene un impacto en la forma en que los individuos se perciben a sí mismos.

II

Más allá de las conexiones evidentes con los planteamientos de Miller y Sibilia, la noción de la sociedad del espectáculo planteada en la década de los 60, que la ubica muy lejos, por lo menos en el plano temporal, del nacimiento de las plataformas sociodigitales, puede ser analizada de varias formas en el marco de una cultura digital predominante y de dominio de estas mismas plataformas sociodigitales de la actualidad.

La primera línea de pensamiento que me gustaría sugerir para pensar a Debord en nuestra sociedad se refiere a la hiperexposición y la cultura de la imagen. La advertencia de la predominancia de la imagen hecha por Jay (2003)[4] y Crary[5] (2008) se centran en señalar que el régimen escópico y la mirada del observador implican una manera unilateral de observar y apre(h)ender el mundo y la realidad. En este mismo sentido Debord argumentaba que en la sociedad del espectáculo, las imágenes y los medios de comunicación desempeñan un papel central en la formación de la realidad, en la alienación de los individuos y en la configuración y reafirmación de un régimen de verdad. En el contexto de la cultura digital y las plataformas sociodigitales, esta idea adquiere aún más relevancia. Las redes sociales digitales, los vídeos en línea, los memes, los streams, los lives y otros formatos visuales han transformado la forma en que nos relacionamos con la información y cómo nos constituimos como sociedad. La cultura de la imagen se ha intensificado, y la hiperexposición constante a través de las plataformas sociodigitales puede contribuir a una mayor alienación y a la conformación de una realidad mediada por las imágenes que no deja ver en profundidad las formas de funcionamiento, en términos políticos y económicos, de estos entornos.

Siguiendo con la misma idea, la sociedad espectacular puede ser mirada actualmente desde la óptica del predominio de la visibilidad. Tal como sostenía Debord, la sociedad del espectáculo se caracteriza por la exposición constante y la falta de privacidad. En el marco de la cultura digital y las plataformas sociodigitales, esta situación se ve potenciada por la facilidad con la que es posible compartir información y la presión social para estar constantemente conectados, visibles y disponibles. Las plataformas sociodigitales promueven una cultura de la visibilidad, donde la intimidad se convierte en un espectáculo público, tal como señala Sibilia (2009), Debord señalaba cómo esta pérdida de privacidad afecta la autonomía individual y permite el control social y el poder de vigilancia. Sobre este último punto también resulta fundamental recuperar los planteamientos acerca de cómo la tecnología se convierte en una especie de panóptico electrónico (King, 2001) mediante el empleo de los datos de los usuarios acentuando con ello las formas y dispositivos de control anulando con ellos la capacidad crítica y de agencia, se tiende con esto a la pasividad denunciada por Debord.

En relación a este último punto, Debord también argumentaba que la sociedad del espectáculo fomentaba una participación pasiva por parte de los sujetos, de esta manera la contemplación y el consumo de imágenes y representaciones reemplazaban la acción y la reflexión crítica. En el ámbito digital, esto puede observarse en la tendencia a consumir información de forma superficial y a compartir contenidos sin una evaluación crítica. La reproducción y copia de imágenes se presenta como efecto importante del predominio de representaciones alejadas de la realidad, dichas representaciones apuntan al terreno de la moda y los influencers, los trends, y las tendencias. Las plataformas sociodigitales también se enfrentan al desafío de la desinformación, donde la producción y manipulación de imágenes pueden influir en la percepción de la realidad y socavar la participación. Al respecto Debord señalaba:

«La pasividad del consumidor moderno no es una actitud contingente, sino que se ha convertido en su esencia misma. La pasividad ha sido el objetivo consciente de la producción económica. No se trata simplemente de una situación pasajera. La pasividad se ha convertido en una necesidad histórica, y esta necesidad está defendida por toda la lógica económica y social dominante.» (Debord, 1967: 41).

La cita anterior evidencia la preocupación de Debord por la pasividad de los individuos en la sociedad del espectáculo y cómo esta pasividad está arraigada en la lógica económica y social. Debord plantea que la pasividad es una necesidad impuesta y perpetuada por el sistema dominante, lo que lleva a la alienación y a la pérdida de la participación activa y crítica en la vida social.

Una última línea de reflexión que deseo destacar se relaciona con la mercantilización de la atención y la espectacularización de cada dimensión de la vida. Debord planteaba que la sociedad del espectáculo se basaba en la mercantilización de la atención, donde el consumo de imágenes y la búsqueda de entretenimiento se vuelven prioritarios. En este sentido las empresas y los algoritmos buscan captar y retener la atención de los usuarios para generar ganancias económicas. La vida cotidiana se convierte en un espectáculo en línea, en donde en cada feed, en cada TimeLine, las experiencias personales se exhiben y se consumen, a menudo con el objetivo de obtener reconocimiento y validación en forma de likes, seguidores y shares.

La economía de la atención se refiere al entorno económico en el que la atención humana se ha convertido en un recurso escaso y valioso. Bajo este modelo, las empresas compiten por captar y retener la atención de los individuos, ya que esta atención se convierte en un activo que puede monetizarse mediante la publicidad, suscripciones u otras formas de generación de ingresos.

En la economía de la atención, las plataformas sociodigitales desempeñan un papel fundamental. Las redes sociales digitales, los motores de búsqueda, los servicios de streaming y otras plataformas están diseñadas para capturar la atención de los usuarios y mantenerlos en conexión el mayor tiempo posible. Se utilizan algoritmos y técnicas de diseño para maximizar la participación y el consumo de contenido, generando así datos valiosos que se pueden utilizar para orientar la publicidad y generar ganancias. En este mismo sentido la sobreexplotación de las figuras públicas resulta un recurso muy recurrido, sembrar la idea de que cualquiera puede ser una figura reconocida no es sino una ilusión alimentada por una sociedad sumergida en la sociedad del espectáculo.

Una relectura de Debord sobre este último punto obliga a reflexionar, por un lado sobre el aumento en la oferta de consumos audiovisuales y en la fragmentación de la atención, ya que algo que caracteriza estos espacios es justamente la infinidad de notificaciones, anuncios y contenidos en línea. Por otro lado, la economía de la atención plantea cuestionamientos éticos sobre la explotación de la atención humana pues la economía de la atención se basa en la competencia por captar y retener la atención de las personas en un entorno digital.

 

III

Aunque las nociones y planteamientos de Debord sobre la sociedad del espectáculo, de Miller sobre la extimidad, y de la intimidad como espectáculo de Paula Sibilia coinciden en abordar aspectos relacionados con la exposición y la visibilidad en la sociedad contemporánea, hay algunas diferencias importantes entre ellas así como algunas líneas de coincidencia. Iniciaremos con éstas últimas.

En primer lugar es importante señalar que las tres perspectivas reconocen que la frontera entre lo público y lo privado se ha difuminado. Lo íntimo, que naturalmente se asociaba a la esfera de lo privado y se identificaba como algo privado, necesariamente resguardado para el ámbito personal, con el advenimiento de la sociedad del espectáculo, de la extimidad y de la publicidad de lo íntimo, se ha convertido en un fenómeno público, expuesto por medios análogos y digitales. Debord alude principalmente a la circulación de imágenes como un velo que impregna al cuerpo y dinámica social caracterizado por poner frente a los sujetos una simple representación, por su parte Miller y Sibila ponen el acento en la espectacularización de lo privado.

Desde cierta óptica, las tres nociones hacen referencia a cómo la exhibición y la visibilidad están relacionadas con la construcción de la identidad. En la sociedad del espectáculo y en la extimidad, por ejemplo, se plantea que la identidad personal se construye y se expone en función de cómo es percibida por los demás. En el caso de la intimidad como espectáculo, la exposición de la vida íntima también se utiliza como una forma de construir una identidad pública. La construcción de identidad es un aspecto fundamental que se vincula con la exhibición y la visibilidad en la sociedad contemporánea. En contextos como la sociedad del espectáculo, la extimidad y la intimidad como espectáculo, se plantea que la identidad personal se configura y se expone en relación con la percepción de los demás. Estas nociones exploran cómo la representación de la vida íntima y su exposición pública influye en la formación y proyección de la identidad.

En la sociedad del espectáculo, la identidad se ve influenciada por la manera en que las personas son vistas y valoradas en el ámbito público. La sociedad del espectáculo fomenta una cultura de la imagen y la apariencia, donde la identidad se construye a través de la visibilidad y la exhibición de uno mismo. Las personas se convierten en actores y espectadores en un escenario mediático, donde la imagen que proyectan se vuelve crucial para su identidad social. La extimidad implica que aspectos de la vida privada, que tradicionalmente se consideraban íntimos, ahora se vuelven públicos a través de las redes sociales y otras plataformas digitales. Al exhibir y compartir fragmentos de su vida personal, las personas buscan definirse a sí mismas y ser reconocidas por los demás, lo que influye en la conformación de su identidad pública. Por otro lado, desde la noción de intimidad como espectáculo la vida íntima se convierte en un recurso para generar atención y reconocimiento en el espacio mediático. La exposición de la intimidad se utiliza como una estrategia para construir una imagen pública que puede estar orientada a la búsqueda de validación, aceptación social o incluso fines comerciales.

Finalmente, una tercera línea de similitud está relacionada con la crítica a la alienación y la mercantilización. Tanto Debord como Miller, desde sus respectivas perspectivas, critican la sociedad del espectáculo y la extimidad como formas de alienación y mercantilización de la vida y las relaciones humanas, y en el caso de Debord que se traslada a todo el flujo social. Sibilia también señala las consecuencias negativas de la exposición constante en términos de presión social y construcción de identidad idealizada.

Si bien hay puntos de convergencia entre estas nociones, también es importante señalar que cada autor aborda el tema desde una perspectiva particular y enfoca diferentes aspectos de la exposición y la visibilidad en la sociedad contemporánea y de la sociedad del espectáculo. No obstante, estos puntos de coincidencia pueden establecer puentes de diálogo entre estas nociones y con ello repensar y complejizar el análisis de la sociedad contemporánea.

***

Replantear a Debord y su obra «La sociedad del espectáculo» en nuestra sociedad contemporánea, y en el marco de una cultura digital y de plataformas sociodigitales, implica recuperar un análisis crítico y profundo sobre la naturaleza de nuestra propia sociedad. Sus planteamientos nos invitan a reflexionar sobre cómo los medios de comunicación, la publicidad, el marketing, la estructura de Internet y de las plataformas sociodigitales influyen en nuestra forma de ver, de cómo nos vemos en un contexto caracterizado por la abundancia de información y de imágenes, así resulta relevante repensar las ideas de Debord para comprender cómo estas dinámicas impactan en nuestra vida cotidiana.

Por otro lado, en el contexto actual, donde la atención es un recurso valioso y hay una sobreexposición a recursos audiovisuales es crucial examinar cómo estas dinámicas pueden influir en la capacidad del pensamiento crítico, la participación activa en la esfera pública y la autonomía individual. Repensar las ideas de Debord nos obliga a cuestionar la lógica del consumo, y de la espectacularización de la propia vida. En suma, repensar a Guy Debord y su obra en la sociedad contemporánea ayuda a comprender y cuestionar las dinámicas del espectáculo, la alienación y la pasividad en el contexto actual. Una relectura de Debord  invita a reflexionar sobre la importancia del pensamiento crítico, la participación activa y la búsqueda de alternativas emancipatorias en un entorno saturado de imágenes, estímulos mediáticos, representaciones y espectáculo.

 

 

 

Referencias

Crary, J. (2008). Las técnicas del observador. Visión y modernidad en el siglo XIX. Cendeac: Murcia.

Debord, G. (2009). La sociedad del espectáculo. Editorial Pretextos: Valencia.

Jappe, A. (2014). “De lo que es el fetichismo de la mercancía y sobre si podemos librarnos de él”. En: Karl Marx, El fetichismo de la mercancía (y su secreto). Pepitas de Calabaza editorial: La Rioja.

Jay, M. (2003). Campos de fuerza. Entre la historia intelectual y la crítica cultural. Paidós: Buenos Aires.

King, L. (2001), “Information, society and the panopticon”, en The Western Journal of Graduate Research, vol. 1, pp. 40-50. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/268048945_Information_Society_and_the_Panopticon

Miller. J. (2010). Extimidad. Los cursos psicoanalíticos de Jaques-Allan Miller, Buenos Aires: Paidós.

Montoya, G. y Pérez, E. (2020), “Jóven(es) y cultura(s) digital(es): primeras aproximaciones”, en Pérez, E. y Montoya, G. (coords.), Jóvenes entre plataformas sociodigitales: culturas digitales en México, Ciudad de México: Seminario de Investigación en Juventud UNAM.

Stiegler, B. (2004). La técnica y el tiempo 3: El tiempo del cine y la cuestión del malestar. Hondarribia: Hiru.

 

 

 

[1] Doctorante en Ciencias Sociales y Maestro en Comunicación y política por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, Licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Actualmente, trabaja en el Seminario de Investigación en Juventud de la UNAM, donde desarrolla trabajos de  investigación. Además, coordina la Red Nacional de Jóvenes Investigadores (RENAJI) y el Grupo de Investigación sobre Juventud y Cultura Digital del SIJ UNAM. Ha participado en diferentes encuentros y congresos sobre juventud, tecnología, cultura digital y participación política en México y otros países. Desde 2016 ha impartido es profesor de asignatura en la licenciatura en comunicación en la UACM. Sus temas de interés abarcan los estudios de juventud y comunicación, tecnologías y cultura digital.

[2] Se retoma la distinción entre redes sociales, plataformas digitales y plataformas sociodigitales “consideramos que estas (redes sociales) se establecen independientemente de las tecnologías. Por otro lado, el uso cotidiano que se da al término Plataformas Digitales pone atención únicamente en la dimensión técnica. Dicho de otra manera, el utilizar Plataformas Sociodigitales refuerza nuestra intención de dar cuenta de los procesos de socialización que se dan entre quienes las utilizan y de los significados que se construyen alrededor de estas, con esto queremos destacar el carácter dialógico entre el artefacto y los usuarios”. (Montoya y Pérez, 2020: 13).

 

[3] Conviene recordar que más que un teórico-académico Guy Debord fue un cineasta y crítico de la cultura influenciado en gran medida por el situacionismo internacional. En la obra abordada en este ensayo Debord analiza el papel de los medios de comunicación en la conformación de la sociedad espectaculista, además de realizar una crítica al consumismo y capitalismo en la configuración de la sociedad moderna.

[4] Martín Jay se refiere a la existencia de regímenes escópicos en la sociedad moderna cuya característica central es la manera de mirar, y a partir de esta mirada se constituyen regímenes de verdad. Jay habla de la existencia de distintos regímenes en el devenir de la sociedad, el primero de ellos referido al perspectivismo cartesiano donde permea una mirada cosificadora y estática en la relación hombre-naturaleza; en segundo lugar describe el arte de la descripción donde se privilegia justamente la descripción y la superficie antes que la narrativa; finalmente el modelo escópico barroco caracterizado por lo colorido, la diversidad de formas, lo extravagante, lo abierto y lo peculiar. Al respecto cabría preguntarse si la era de la imagen, del espectáculo, de la extimidad y de la intimidad como espectáculo supone un nuevo régimen escópico caracterizado ¿por cuáles elementos?, ¿por lo interno hecho externo?, ¿por la necesidad de atención?, ¿por la saturación y la hiperexhibición?

[5] En el mismo sentido que Jay, Jonathan Crary también defiende la idea de la primacía del sentido ocular y la instauración de formas de visualidades hegemónicas. Refiriéndose a la modernidad y el problema del observador Crary entiende a los dispositivos ópticos como puntos de intersección entre los discursos filosóficos, científicos, estéticos, requerimientos institucionales y fuerzas económicas.

 

 

 

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