Perrito

Por Christian Arely Sandoval Hernández[1]

Una casa sencilla pero llena de luz, era lo que Ángela estaba presumiendo últimamente en Instagram. A toda hora, fotos de los hijos que tenían en común aparecían en el inicio de su cuenta falsa. El Jardín de la exesposa de Anuar era amplio para estacionar un auto, pero no había tal, solamente pasto fresco bien cortado y un perro “Un perro jodido”. Anuar no podía aceptar que la estrategia de presentar su rutina de bañar y revisar escrupulosamente a los niños en busca de chinches o piojos como una forma de abuso infantil, le sirviera a ella para quedarse la custodia total. Para ella y los niños era “El malo” porque no permitía que fueran al zoo, la alberca o pijamadas y no tener perro era la queja de los niños cada mes. Ahora que su madre les dio uno, la casa de su padre, sin jardín ni videojuegos, parecería una prisión donde nadie querría pasar el fin de semana.

 “Ninguno sabe lo malo que puede ser para su salud, dormir a ventana cerrada con otros niños emitiendo gases, unos con piojos, otros incubando varicela, ni de las enfermedades que un animal sucio puede causar y ella aparece radiante ahora que puede restregarme en la cara fotos de nuestros hijos abrazados a esa bestia, pero ahora que lo de Tania se haga formal se va a arrepentir” pensó contemplando otra foto de su ex, antes que le llegara un mensaje de Whatssap.

Era un emoji de carita de ojos llorones de parte de Tania.

 

                                ¿Qué pasa? 8:59 p. m.

Necesito un favooor!! 8:59 p. m.

                                ¿Qué paso? 8:59 p. m.

No te lo pedía, pero sabes que no tengo familia en la ciudad.

Tengo que salir hoy para el Estado: mi abuela está internada.

                                          9:00 p. m.

 

                               Que necesitas 9:01 p. m.

No t lo pedía, pero debo salir ya para el Estado y no tengo

con quien dejar a mi perrito.                    9:01 p. m.

        

                 Nunca dijiste que tenías perro! 9:01 p. m.

Lo rescate de la calle hace un par de días 9:01 p. m.

                      Cómo que de la calle!! 9:05. p. m.

Por favor Anuuuuu, llovía demasiado y estaba super peque

 y lo hubieran atropelladu                    9:05 p. m.

 

Anu? 9:10 pm

Anu!! Solo por el fin!!!!!!! te dejaré lo necesario!! 9:10 p. m.

Por fa porfi porfiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii 9:15pm

                                 Bueno ya ok 9:30 p. m.

Gracias, gracias por mil, gracias por dosientas mil.

Estaré allí en 20min                           9:31 p. m.

 

 

Nada le gustaba más a Anuar que una mujer se sintiera comprometida con él, aunque en esos momentos Tania, le estaba pareciendo más odiosa que Ángela. Le hubiera encantado mandarla más lejos del Estado de México pero su ex tenía que verlo disfrutando una nueva relación y subir un par de fotos con el perro podría ser bueno: que sus hijos pensaran que podía cambiar, aunque después se encargara de desengañarlos.

Pasaban las diez cuando sonó el timbre. A pesar de que Anuar se arrojó al pasillo, alcanzó a sonar dos veces más antes que abriera pensando “Como siempre de impertinente” Traía al bicho envuelto en una cobijita como un bebé, eso lo irritó aún más.

— Hola, hola, hola — Cuando se ponía nerviosa, no dejaba de hablar — Gracias por esto, gracias, gra…

— Ni lo menciones.

— Aquí te traigo a mi bebé — Y tendió el bulto para que él lo cargara.

— ¿Puedes ponerlo en el suelo? — dijo él, retrocediendo.

— Perdón. Estoy feliz de que nos abras las puertas de tu casa… ¡Qué bonita y limpia está!

— Sí. Bueno… No puedo hacerlo. Tendrás que llevártelo de regreso.

El “perro” para Anuar no parecía ningún miembro de los cánidos, sino una pequeña y fungosa criatura: El “pelaje” esponjado y terroso parecía un grupo de hongos que crecían hacia todas las direcciones posibles, las patas retorcidas de un largo desproporcionado a su cuerpecillo, que si bien eran cuatro, daban a su dueño un aspecto arácnido, una cuenca de ojo estaba vacía mientras en la otra había una carnosidad azul brillante, que giraba a todos lados pese a su inutilidad, todos los colmillos proyectados hacia enfrente en un hocico chato. Sin ninguna expresión de inteligencia.

— ¿Al menos bañaste a esa cosa después de recogerla?

— ¡Lo hice! pero como no puede caminar bien, termina rodando por el suelo… el pobre.

— No puedo tenerlo.

— ¡Dijiste que lo harías! ¡No tengo a nadie más a quien acudir! ¡Y debo salir de inmediato!

— ¿Por qué recogiste eso de la calle?

— ¿No sientes compasión? Es un animalito enfermo, el veterinario dijo que había pasado mucho tiempo en la calle.

Tania había llorado antes por lo de su abuela y ahora lloraba de nuevo, la cara se le empezaba a ensuciar de maquillaje corrido. El anfitrión se retorció, había dos cosas que no soportaba: mujeres llorando y enfermedades, revivió los momentos en que su madre con lyme lloraba por el tinnitus en sus oídos y sus constantes jaquecas. A veces deambulaba en el pasillo y emitía una serie de gemidos lastimosos que parecían infinitos, eso era en los días tranquilos, pero si en su camino encontraba algún bicho o mancha que lo pareciera gritaba, se golpeaba a sí misma y a otros, acusándolos de no amarla, por haber permitido que un portador de enfermedades entrara a su casa.

— Ya, ya, puede quedarse.

— ¡Gracias! ¡Verás que no dará ningún problema! Aquí tengo sus medicinas y la transportadora está…

— Vete, que me puedo arrepentir.

Hubiera querido dejarlo encerrado en la jaula pero no podía imaginar a la criatura ensuciándose de sus propios desechos por días. Fue a la habitación de los niños, ahora vacía y cubrió el suelo con una vieja lona, después repartió todas las hojas de la guía telefónica por el lugar sintiendo oleadas de rencor hacia su novia, pero sobre todo odiando al “bicho” que torpemente lo siguió.

— Maldito seas, monstruo deforme — le dijo Anuar. Y pensó que definitivamente no habría sesión de fotos para Instagram.

El animal hinchó la diminuta nariz cubierta de mocos, su hospedero pudo sentir como toda la información de su cuerpo era absorbida. Lo dejó, pues, retorciéndose con las patas al aire, luchando por incorporarse después de que tropezara con las hojas. Se preparó para dormir, pero no conseguía relajarse. Podía oír al perro rascando la puerta en la habitación de al lado, Anuar sabía de perros que no aguantaban estar solos, pero no podía creer que un animal tan feo pudiera ser caprichoso.

— ¡Suficiente! ¡Agradece no estar en la calle! — Gritó y golpeó la pared, entonces el perro soltó un gemido que lo impulsó a levantarse de la cama decidido a sacarlo de su casa, ya sin importarle las consecuencias que podría haber para su relación con Tania.

En cuanto abrió, el animalito que había estado atento en la puerta trató de colarse hacia el exterior, rozando su pierna desnuda con su pelaje lleno de su propio excremento con el que había tropezado y se había batido, la sensación caliente, y el olor llenó a Anuar de rabia, así que de un salvaje puntapié lo devolvió adentro. Eso, cerrar la puerta y arrojar la sandalia que el animal le había pisado fue una sola cosa. Anuar vomitó, después maldijo una hora bajo la regadera, frotándose con jabón desinfectante. Al terminar se frotó la pierna con alcohol. Más tarde, preparado con botas para lluvia, jeans y cubre bocas se asomó a donde estaba el can, que yacía muerto; un poco de sangre salía de su diminuto hocico, el ojo estaba cerrado por fin.

— Y dirás que no te lo buscaste.

 Mañana llamaría a Tania, le inventaría algo. Se sentía agotado, todo su cuerpo temblaba por el pánico, aún se puso unos guantes de hule y con la escoba trató de guiar el cuerpo hacia el recogedor ya embarrado de heces, estaba logrando colocarlo dentro de una bolsa de basura cuando una de las largas patas se atoró y el perro cayó al suelo haciendo un ruido pastoso, la cabecita quedó doblada bajo la masa de pelo y las patas dobladas hacia arriba. Eso era más de lo que podía soportar así que lo cubrió con la bolsa y la lona, decidido a contratar a alguien para que hiciera el trabajo.

Más tarde Anuar, en medio de la fiebre que creyó se debía a una bacteria del perro, se sentó en la cama y flotando sobre su cabeza vio manchas coloridas sin ninguna forma. Cuando logro despertar bien y enfocar la mirada quiso asomarse a la ventana y respirar aire limpio, pero se encontró con “el perro” de pie, cerca de su cama, tambaleándose sobre sus patas que lucían más largas que nunca, su único ojo clavado en él, a pesar de que su cabeza parecía extrañamente torcida y no dejaba de temblar. Entonces no lo había matado. Tuvo miedo y quiso decir algo para escuchar su propia voz y comprobar que todo se trataba de una pesadilla.

— Vaya perro extraño que…

Para ese entonces, la cabeza del animal giraba frenéticamente, su cuerpo empezó a retorcerse, las malditas patas se desdoblaron o se desenrollaron sobre si y de los bultos algodonosos que supuestamente eran pelo brotaron otros pares de ellas, dando a su dueño una altura superior a la cama donde Anuar estaba sentado.

— Ieeentz brruieegth aaaaaah zmeeeeikt ttaaaa… nnnooo nooss nosoy unn perro nooss…

Aquello que tenía el aspecto de una araña albina gigante estiró sus miembros infinitos hacia la ventana abierta y desapareció por ahí.

La noche que Tania volvió por su mascota nadie le abrió la puerta, Anuar no contestó el teléfono en ese momento, ni durante los siguientes días, tampoco estaba activo en sus redes. Cuando por fin se animó a buscarlo en su trabajo le dijeron que no se había presentado. Fue entonces que decidió reportar su desaparición.

La policía comenzó por acudir a la casa del ausente y forzaron su entrada, ahí encontraron a Anuar, sin haber comido nada, sin haberse hidratado ni tomado un baño, sucio de sus heces, con el pelo totalmente encanecido.

 

 

 

[1] Christian Arely Sandoval Hernández. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Fue columnista y reportera en diario “Síntesis” Con un diplomado en teatro y dos en Creación Literaria en el Centro de las Artes, ha relatos y poemas en los Fanzines “Kinkies” “Putx el que lo lea” y “Clan de letras” de Editorial Elementum. Actualmente conductora del programa de radio “Versadas” en CCR Radio.

 

 

 

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