Hacia una psiquiatría social

La influencia de la sociedad y la cultura en los trastornos mentales

 

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

 

Introducción

La psiquiatría, como disciplina científica, históricamente ha sido objeto de distintas definiciones, las cuales han dependido de las condiciones sociales, culturales, económicas y políticas de una época determinada. El objetivo del presente artículo no es hacer un repaso de su historia (para esto se necesitaría todo un tratado), sino retomar la importancia de las condiciones sociales y culturales en la génesis y tratamiento de las enfermedades mentales.

En la época contemporánea, el avance del modelo biomédico y la ideología biologicista, presentes en la psiquiatría y la psicología, han reducido a la enfermedad mental a simples moléculas químicas del cerebro y el sistema nervioso, ignorando con esto la influencia de las condiciones sociales y culturales que imperan en las sociedades modernas en la etiología y desarrollo de los trastornos mentales. De esta manera, se ha individualizado a la enfermedad mental y se culpa con ello a la persona de estar “enferma”.

Así pues, este artículo tiene como objetivo analizar cómo la cultura y las condiciones sociales tienen una influencia significativa en las enfermedades mentales, haciendo uso de bibliografía de diferentes perspectivas en la psicología, la psiquiatría o la filosofía. A través de él, se hace un acercamiento a la complejidad de este fenómeno, por lo que es relevante mencionar que solo constituye una perspectiva de este tema.

Finalmente, a forma de comentario final, se hace hincapié en que es necesario que los profesionales de la salud mental no solo basen su trabajo en el modelo biológico o médico, sino que también consideren la significancia de las condiciones sociales y culturales en las enfermedades mentales. De esta forma, se busca enriquecer el trabajo de los profesionales de la salud mental e implementar una visión interdisciplinaria en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales.

 

¿Por qué pensar en las condiciones sociales y culturales en las enfermedades mentales?

Uno de los trabajos más interesantes que retoma la relevancia de las condiciones políticas, sociales y culturales en la definición y tratamiento de las enfermedades mentales es la fascinante investigación del filósofo y psicólogo francés Michel Foucault, Historia de la locura, en sus diferentes tomos. En esta tesis, Foucault explica que la locura, como forma discursiva, depende de un conjunto histórico y social, jamás aprensible en un “estado salvaje”, es decir, solo existe en sociedad y en la cultura (Foucault, 1967).

Igualmente, para este autor, la clasificación y tratamiento de las enfermedades mentales es un proceso sociohistórico marcado por discursos y prácticas que regulan aquello que es “normal” o “anormal”. Los asilos del siglo XIX surgieron dentro de un proceso universal de extensión de las disciplinas, las cuales fueron creándose desde el Medievo y progresivamente desde los márgenes de la sociedad burguesa, hasta organizar la constitución espacial de los centros urbanos. Las disciplinas comienzan a estructurar las escuelas, las cárceles y el poder psiquiátrico en los asilos (Moreno, 2015).

Con lo anterior, el pensamiento de Foucault y, en general, las ciencias sociales y la filosofía, invitan a pensar cómo el estudio y tratamiento de las enfermedades mentales no es algo puramente “objetivo”, “cientificista”, basado en la estructura cerebral, la segregación de hormonas o la producción de moléculas químicas; tal y como la psiquiatría contemporánea contempla a los trastornos mentales, sino, más bien, invita a pensar en nociones o constructos sociohistóricos que se forman en las disciplinas de la salud mental, las cuales tienen un amplio bagaje lingüístico, histórico y cultural.

Como ejemplo de lo anterior, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en inglés) considera que la transexualidad es un trastorno mental, al igual que lo hizo en su edición tercera con la homosexualidad. De esta forma, se vislumbra que la categorización y definición de los trastornos mentales es un proceso cambiante regido por los avances de la medicina y la psiquiatría como prácticas discursivas e históricas dotadas de poder para regular-clasificar a las personas.

Al respecto, Martínez-Guzmán e Íñiguez-Rueda (2010) analizan cómo lo que antes se conocía en la edición cuarta del manual (DSM IV) como Trastorno de Identidad Sexual (actualmente disforia de género en el DSM V) es una categoría que funciona como un acto para “patologizar” y “categorizar” las identidades que no se amoldan al sistema dominante de género, presentándose como una condición descriptiva de una “desviación” y/o “patología” objetiva y externa. Es así como la patologización de la sexualidad se vuelve un discurso construido en un momento histórico y cultural específicos.

Por su parte, Fernández, Lozano, Pascual y Suárez (1984) describen cómo la salud mental se ha convertido en una noción ideológica para legitimar y perpetuar sistemas de dominación y desigualdad social, poniendo como ejemplo a la mujer en un contexto mexicano. Para ellas, es interesante observar cómo se categoriza y califica a las mujeres de histéricas o neuróticas y no al medio en que viven, desplazando de forma “silenciosa” la responsabilidad del desajuste a las mujeres en lugar de a un medio inhumano, medio que las obliga a adaptarse al opresor y a la opresión.

Retomando esta argumentación, Fiódor Dostoyevski, en su fascinante novela El Idiota, narra cómo el protagonista principal, un príncipe llamado Mishkin que era considerado por los demás como “un idiota epiléptico”, manifiesta su malestar y sus crisis epilépticas no solo como productos “orgánicos” de su enfermedad, sino por las condiciones materiales y sociales que influían considerablemente en ello. Así, en una escena, Radomsky, un amigo de él, al pensar en porqué se produce su malestar, le dice

[…] Desde que usted comenzó a dar sus primeros pasos en el suelo natal, despertaron en usted impacientes necesidades de actividad. Y he aquí que en aquel mismo día le cuentan la triste y emocionante historia de una mujer ultrajada. Usted es un caballero, un hombre inmaculado…y se trata de una mujer. El mismo día la conoce y su belleza fantástica y diabólica le subyuga. Añada a eso los nervios, añada la epilepsia, añada el deshielo de San Petersburgo, que trastorna todo el sistema nervioso, añada una jornada transcurrida en una ciudad casi fantástica y extraña para usted, y una jornada, por cierto, tan movida, tan llena de encuentros…añada, en fin, la fatiga, el vértigo, el salón, y…Dígame francamente: ¿qué podía usted esperar de sí mismo en un momento tal, bajo influjo de semejantes circunstancias? [… ](Dostoyevski, 2015: 630).

 

Dostoyevski, con ello, expresa aquello que la antipsiquiatría y la psicología crítica aseveran sobre las enfermedades mentales o los malestares del ser humano: cómo la enfermedad mental es una salida ante una realidad no vivible, una realidad dolorosa para el sujeto. En este sentido, David Cooper y Ronald Laing, psiquiatras precursores de la antipsiquiatría, escriben, en 1969, la obra Razón y Violencia en donde sostienen que la enfermedad mental es la salida que el organismo libre crea para vivir una situación no vivible (Laing y Cooper, 1969).

No basta con que la psiquiatría contemporánea busque entender los trastornos mentales como disfunciones orgánicas del sistema nervioso, individualizando la enfermedad en la persona y despreciando el componente subjetivo y cultural de la sintomatología, también es necesario contemplar otras aristas de diferentes disciplinas y ciencias en el estudio y entendimiento de los trastornos mentales. 

Para Marconi (2001), la psiquiatría con un enfoque social nace de la aplicación de los métodos de las ciencias sociales y las humanidades al estudio de los trastornos mentales. Asimismo, la salud mental, como objeto de estudio, surge de la aplicación del método epidemiológico perteneciente a la salud pública como ciencia social. Para este autor, ante el incremento de la patología social (problemas psicosociales, violencia, consumo de sustancias, desigualdad social, discriminación, etc.) es menester que la psiquiatría incorpore una mirada crítica y social en el tratamiento de los trastornos mentales.

A su vez, López-Andrade y Colina (2019) explican que ante el modelo biologicista hegemónico que impera en la psiquiatría, esta ciencia debe aspirar a un modelo que describa y dé sentido a los síntomas, valorándolos a partir de la subjetividad y la función que cumplen en el sujeto. No interrogarse por las hipotéticas causas naturales del malestar sino por las implicaciones que éste posee y las motivaciones de lo que dice, desea, sufre o hace el individuo.

 

A modo de conclusión

La psiquiatría actual, regida por el modelo biomédico y la trivialidad de las clasificaciones nosológicas, debe aspirar a trabajar desde una mirada interdisciplinaria, crítica y humana. Igualmente, es necesario que los profesionales de la salud incorporen la relevancia de las condiciones sociales y culturales que influyen en la etiología y desarrollo de los trastornos mentales.

No obstante, es necesario mencionar que este artículo solo es un acercamiento a la complejidad de la psiquiatría y sus diferentes formas de trabajo. También, que los profesionales de la salud mental no son malintencionados al trabajar desde un modelo biomédico que no contempla otras perspectivas en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales, por ello se busca hacer una crítica a cómo los mismos profesionales de la salud mental, al ejercer este modelo, continúan perpetuando desigualdades sociales, individualizando las enfermedades mentales y relegando la subjetividad y el significado de la sintomatología en las personas.

 

 

 

Bibliografía consultada

Dostoyevski, F. (2015). El Idiota. Editorial Tomo.

Foucault, M.  (1967).  Historia de la locura en la época clásica I. Siglo XXI. 

Fernández. C., Lozano, I., Pascual, D., y Suárez, B. (1984). “La ideología de la salud mental y la mujer”. En S. Marcos (Ed.). Antipsiquiatría y política (pp. 185-203). México: Editorial Extemporáneos.

Laing, R. y Cooper, D. (1969). Razón y violencia. Paidós.

López-Andrade, L. y Colina Pérez, F. (2019). Manual de Psicopatología. La Revolución Delirante.

Moreno Pestaña, J. (2015). El poder psiquiátrico y la sociología de la enfermedad mental: un balance. Sociología Histórica, 5, 127-164.

Martínez-Guzmán, A y Íñiguez-Rueda, L. (2010). La fabricación del Trastorno de Identidad Sexual: Estrategias discursivas en la patologización de la transexualidad. Discurso y Sociedad, 4(1) 30-51.

Marconi, J. (2001). La psiquiatría en el cambio de siglo: psiquiatría social. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 39(1), 10-11. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272001000100004

 

 

 

[1] Licenciado en Psicología (UdeG). Maestro en Humanidades, Línea de Formación Docente con eje de especialidad en Ciencias Sociales, Humanidades y Comunicación (UAZ). Tiene una Especialidad en Diagnóstico Clínico y Tratamiento de los Trastornos Mentales (AMSP, A.C.), una Especialidad en Psicosomática Psicoanalítica (IPPF, A.C.), una Especialidad en Clínica Psicoanalítica Lacaniana (UniFreud), así como formaciones y diplomados en materia de ciencias sociales, psicoanálisis, psiquiatría, criminología, ciencias forenses, educación y derechos humanos. Fue becario por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT). Colaboró como auxiliar de investigación en distintos centros de investigación (CICS, DECS, DS, UdeG). Ha cursado seminarios de investigación en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y ha sido ponente en congresos y coloquios nacionales e internacionales. También, ha escrito literatura para distintas compilaciones y ha divulgado las humanidades y las ciencias sociales en revistas académicas estudiantiles y medios digitales. Actualmente trabaja como becario-asistente de investigación en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS, Occidente), estudia la Especialidad en Sexualidad y sus Psicopatologías (UniFreud) y es candidato a cursar el Doctorado en Antropología (COLMOR).  

 

 

Sobre el humor negro

Anotaciones para concebirlo de otra manera.

 

Por Jesús De La Luz Castillo.

 

Introducción[1]

 El humor negro puede ser definido como una rama de la comedia que tiene la característica de tomar premisas de temas que se consideran socialmente delicados o sensibles, tales como la muerte, la violencia, los accidentes, las enfermedades, las discapacidades, etc. A pesar de que el objetivo de toda rama de la comedia es hacer reír, es esta característica del humor negro la que en ocasiones puede resultar incómoda o molesta para determinadas personas, grupos o instituciones, según sea el caso, llegando a catalogarlo como políticamente incorrecto. Es por estos motivos que resulta pertinente aprehender otros sentidos, funciones y alcances del humor negro en tanto elemento cultural con implicaciones psicoemocionales y sociopolíticas, para saber si es posible concebirlo de otra manera, sin negar o ignorar la materia prima que emplea. Todo ello con la única finalidad de ampliar y enriquecer el panorama de argumentos, críticas y señalamientos que se tienen sobre el humor negro actualmente.

 

Luminosidad, consciencia y liberación.

Comenzando con el uso del adjetivo “negro”, Blanca Estela Ruiz (2014) en su texto El lado luminoso del humor negro puntualiza la ambivalencia de sentidos que hay en esa palabra conforme a la intencionalidad del interlocutor. La autora recuerda que “[…] entre tanta «negrura» del negro, hay una acepción que se alza cariñosa, afectiva, entre personas que se aprecian y «se quieren bien»: «mi negro», «mi negra», se dicen entre sí. Entonces se perciben matices y se vislumbra una luz en la oscuridad; podemos comprender, acaso, que no es tan malo el negro porque estar «en números negros» supone algo a favor” (pp. 92-93). Esta perspectiva Leer más

Invitación a las emociones: Al final, ni siquiera la hamburguesa es siempre la misma

Puebla… La resistencia… un sitio que alberga una puesta en escena lista para nuestra generación sin seguridad social ni derecho a la vivienda. Una generación que guardó sus más obscenos ideales detrás de un trabajo estable. Nos chingamos algo más que la rodilla, pero no la risa.

En Kikiri King. Disertaciones sobre la hamburguesa de pollo entramos en territorios mentales. Nos quedan los recuerdos, reflexiones en torno a la vida, el sentido que quizá no tiene, pero le vamos dando a través de la memoria, escenas tergiversadas por el dispositivo de protección que es nuestro cerebro, lugar de las invenciones, los pensamientos en bucle, mandalas de la rutina y vacíos como marcas de la concreción que hace a la muerte.

Qué otra cosa es la memoria además de imágenes mentales, sonidos, diálogos que pocas veces fueron de esa manera. La memoria emocional es extraída, puesta en marcha en medio del tiempo muerto en que ves pasar comanda tras comanda y recoges tus propinas. “Esta obra le gustaría a mi hermano”, me imagino, lo escribo y pienso en borrarlo con temor a que lo lea. Esta obra me gustaría a mí, me recordó la vez que escribí un poema sobre los pensamientos que no pagan renta en mi cabeza, dando pasos ruidosos de una habitación a otra, mientLeer más

Las mujeres y el traje de Tehuana

Por Karla Moreno Concepción

Este trabajo está realizado en la inspiración de mis raíces, de mis mujeres istmeña, que representan a mi abuela, a mi madre y que me representa a mí.

La “Tehuana”, “paisana”, “istmeña” como se les identifica a las mujeres del Istmo de Tehuantepec, al sur de Oaxaca. De origen zapoteco, con carácter fuerte, el alma de la fiesta, valiente, libre y orgullosa, su físico se percibe como exótico, aristocrático e, incluso majestuoso.

Para las mujeres del Istmo el traje de tehuana es un símbolo de orgullo y de representación de las tierras istmeñas e incluso del territorio mexicano y de las vestimentas más conocidas en todo el mundo.

Para el siglo XX, la imagen de la tehuana se explotó en las artes y se convirtió en ícono de la feminidad mexicana e indígena. La política nacionalista del oaxaqueño José Vasconcelos (fundador de la Secretaría de Educación Pública en 1921) buscó que en la pintura, la fotografía y el cine la figura de la tehuana se retratara como una imagen identitaria de “lo mexicano” y de la “oaxaqueneidad”. (Santiago, 2022)

 

Marco Teórico

El Istmo de Tehuantepec lleva el nombre de uno de los municipios que se ubica en la región. En náhuatl, Tehuantepec significa “cerro de las fieras”, el cual plasma la cotidianeidad de la vida en este lugar, debido a la gran cantidad de fiestas que involucran una diversidad de elementos de cultura popular.

En este contexto, el traje de Tehuana posee rasgos característicos, complejos y diversos. Cabe recordar que la vestimenta es el conjunto de prendas textiles y no textiles elaborada con diversos materiales o elementos que utiliza el ser humano para vestirse. (Silva, 2022)

Nuestro modo de vestir denota indefectiblemente una toma de posición, tanto en un sentido de inclusión (a un grupo, una identificación con un género musical), de exclusión o diferenciación frente a un referente establecido (familia, compañeros de estudio, otros jóvenes del barrio) (PhD., 2013).

Así como lo expresaba el psicólogo y teórico de la comunicación Paul Watzlawick: «Es imposible no comunicar», y es que hasta un collar de cuentas de colores tiene sus propios códigos que, al descubrir cómo interpretarlos, son capaces de expresar estatus, estado civil o pertenencia a un clan.

Al estudiar la identidad cultural expresada a través de la vestimenta se entenderán las características que como comunidad, municipio o región permiten a sus habitantes identificarse como miembros de éste. En ese sentido, para en las mujeres istmeñas, el traje de tehuana es un medio de representación. El vestuario y los difLeer más

Entrevista con Yolanda Bertozzi Barrantes

Por Victoria Marín Fallas[1]

El amor no es todo lo que hay, pero debería serlo en un sentido amplio. Yolanda Bertozzi Barrantes entiende esto y lo pone en práctica, no solo en el ejercicio de escribir, sino también en su trato con los otros. Su importante labor comunitaria, enfocada en la organización de mujeres y en la realización de proyectos de desarrollo en América Latina, inspira a convertir la vida en un viaje consciente, a transformarnos en acto.

Nació en San José, Costa Rica. Estudió en el Colegio Superior de Señoritas. Posteriormente, se graduó con honores en teología (Universidad Bíblica) y derecho (Universidad Latina). Además, se especializó en violencia de género.

Se desempeñó como profesora, investigadora, abogada litigante, consultora, promotora de derechos, educadora popular y activista social. Ha sido pionera en la atención de la violencia de género desde la Defensoría de la Mujer, del Ministerio de Justicia y de la implementación de la perspectiva de género en el Poder Judicial.

Ha participado en diferentes talleres literarios como Poiesis, Voces de la prosa nacional y Namai. Forma parte de la Asociación Costarricense de Escritoras e integra su Junta Directiva.  Es miembro del Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica. Es fundadora de la Colectiva Feministas en Resistencia y actualmente preside la AsLeer más

Viejismo: prejuicios, representaciones e imaginarios sociales negativos hacia la vejez

Imagen de Rankin/Relate

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez

Introducción

La población de personas de edad avanzada en América Latina, pero sobre todo en México, está aumentando de forma rápida. Fuentes-Pimentel y Camacho-Guerrero (2020) citando a Zúñiga y Vega (2004) refieren que, en 1970, la distribución de edad de la población en México tenía forma piramidal, es decir, una base amplia y una cúspide angosta, ya que el 50% de la población era menor de 15 años. Sin embargo, en el año 2000 se observó una pirámide abultada en el centro, lo que refleja un aumento de las personas en edades medias y una disminución de la proporción de menores de cinco años. Así pues, se prevé que en el año 2050 haya una mayor proporción de población en senectud, debido a la disminución de las tasas de natalidad y al aumento de la esperanza de vida.

El fenómeno del envejecimiento ha sido un camino anunciado con mucha anterioridad, pero hasta ahora se le ha prestado atención en vista de los niveles que está alcanzando, a tal grado que, en el siglo XXI, el sector de la población en edades avanzadas en mucho marcará los rumbos sociales y económicos de la nación (Ham, 1999).

La formación de actitudes negativas y estereotipadas hacia la vejez y/o el proceso de envejecimientoLeer más