Anotaciones para concebirlo de otra manera.
Por Jesús De La Luz Castillo.
Introducción[1]
El humor negro puede ser definido como una rama de la comedia que tiene la característica de tomar premisas de temas que se consideran socialmente delicados o sensibles, tales como la muerte, la violencia, los accidentes, las enfermedades, las discapacidades, etc. A pesar de que el objetivo de toda rama de la comedia es hacer reír, es esta característica del humor negro la que en ocasiones puede resultar incómoda o molesta para determinadas personas, grupos o instituciones, según sea el caso, llegando a catalogarlo como políticamente incorrecto. Es por estos motivos que resulta pertinente aprehender otros sentidos, funciones y alcances del humor negro en tanto elemento cultural con implicaciones psicoemocionales y sociopolíticas, para saber si es posible concebirlo de otra manera, sin negar o ignorar la materia prima que emplea. Todo ello con la única finalidad de ampliar y enriquecer el panorama de argumentos, críticas y señalamientos que se tienen sobre el humor negro actualmente.
Luminosidad, consciencia y liberación.
Comenzando con el uso del adjetivo “negro”, Blanca Estela Ruiz (2014) en su texto El lado luminoso del humor negro puntualiza la ambivalencia de sentidos que hay en esa palabra conforme a la intencionalidad del interlocutor. La autora recuerda que “[…] entre tanta «negrura» del negro, hay una acepción que se alza cariñosa, afectiva, entre personas que se aprecian y «se quieren bien»: «mi negro», «mi negra», se dicen entre sí. Entonces se perciben matices y se vislumbra una luz en la oscuridad; podemos comprender, acaso, que no es tan malo el negro porque estar «en números negros» supone algo a favor” (pp. 92-93). Esta perspectiva de la doctora no solo es novedosa, también es ilustrativa, pues resalta aquello de lo negro que está frente a nosotros todo el tiempo y que por alguna razón suele pasar desapercibido aun cuando es positivo, además de exponer el imaginario social que se tiene sobre lo negro como algo negativo o maligno.
Ahora bien, en el caso puntual del humor negro en México es importante destacar que éste se suele utilizar para manejar un tema tan delicado como la muerte de una forma sumamente particular, a saber, como una “[…] tradición de convivencia con ella en una fiesta que se celebra una vez al año en donde se disponen víveres en un improvisado altar para ofrecerlas a los muertos […]” (p. 93). En este sentido, es menester resaltar el beneficio psicoemocional que trae consigo el ejercicio del humor negro: “Reírse del infortunio es una forma de protección ante su impacto psicológico. Quizá por eso se cuentan chistes en un velorio; quizá por eso también, es que comienzan a circular luego de que se ha presentado una desgracia. Nos reímos de nuestras carencias, de nuestra impotencia para hacer frente a la tragedia cotidiana que nos acecha” (p. 102), es por ello, quizás, que escuchar u observar humor negro es alarmante y escandaloso pero necesario socioculturalmente. La autora anteriormente citada describe al humor negro de la siguiente manera:
El humor negro es inquietante y subversivo. Propone una actitud burlona ante la vida a través del uso de paradojas con las que traspone límites y convencionalismos. Aunque no lo parezca, el humor de la bilis que nace de las oscuridades más profundas, precisa de un sentido extremo de perspicacia y una justa dosis de ironía y sarcasmo para trascender el más agudo dolor. Para muchos, responde a necesidades catárticas del hombre tendientes a superar la desgracia; para otros, es el entumecimiento del alma que raya en lo criminal y lo abominable; y para todos, es un espacio donde la provocación y el desafío imponen su ley (p. 103).
Se puede decir entonces que la complejidad tanto interna como externa del humor negro muchas veces sí es percibida pero no se piensa con detenimiento, especialmente en cuanto al alcance psicoemocional y función sociocultural que tiene dentro de la sociedad. ¿Qué hay de la manera en que se aproxima a los temas de los que parte y de sus implicaciones sociopolíticas?. Pues bien, Alan Quezada Figueroa (2015) en su texto Antología estética del humor negro: la risa como toma de la consciencia, medio de reflexión y praxis colectiva, designa dos rasgos capitales de este tipo de humor: “El humor negro descontextualiza una acción en algunos casos, pero en otros logra sobre-significar dicha acción, es decir, hace más evidente la reconstrucción de los hechos” (p. 92). En ese tenor, resulta pertinente subrayar que la descontextualización y sobresignificación en el humor negro no remite en sentido estricto al hecho o situación del que nace, sino a un fragmento del mismo, lo cual conlleva un abordaje e interpretación singular. No obstante, no es posible dejar de lado que ese fragmento evoque y promueva sensaciones negativas que están asociadas al tema que dan lugar, en especial cuando existe algún tipo de implicación personal sobre éste.
Por otro lado, Alan Quezada observa cierto potencial reflexivo que se encuentra latente en la carcajada que produce el humor negro, en sus palabras:
[…] en la naturaleza lacerante del humor negro se crean las posibilidades de accionar la maquinaria del entendimiento, para ubicarnos dentro de la situación o la representación que nos ha generado dicha sensación. Es en este momento que se da un proceso lúdico que llamaré el juego reflexivo, cuando el espectador se concientiza de su propia presencia frente al fenómeno en cuestión (pp. 93-94).
A pesar de esta concepción tan propositiva, el doctor en filosofía está consciente de los límites que también conlleva el humor: “Lo anterior no quiere decir que se tenga una fe ciega en el humor y la imagen contemporánea, el humor no resuelve nada, pero puede resultar una incubadora de pensamientos transformadores de sí mismo y de la colectividad […] no lleva contenido un ánimo libertario; sin embargo, su sensación de autonomía y desestructuración nos acerca más a la reflexión” (pp. 101-102). Por tales razones, tal vez la esencia del humor negro reside en trastocar el sentido de temas sensibles o delicados socialmente, pero sin hacerlos personales, sino sociopolíticos.
Por su parte, César Arturo Martínez Hernández (2023) en su artículo El humor negro y la risa como formas de liberación opina que el humor negro es una forma de inclusión social, desahogo y apoyo a las personas o grupos implicados en los temas de los cuales parte esta rama de la comedia. Textualmente el autor menciona lo siguiente: “Quienes participan de él no deben sentirse excluidos pues justo lo que se intenta es liberar y ver de otra forma situaciones en donde alguien pueda ser visto de una forma despectiva o humillado” (párr. 4). En ese marco, la aproximación hacia el humor negro que se plantea es la de promover cierta posición subjetiva a través de la cual el receptor pueda contemplar desde otro ángulo la situación a las que se hace referencia. El único inconveniente en ello radica en el hecho de encasillar y reducir a la capacidad de comprensión lo que puede estar también relacionado con los gustos que se tienen sobre el consumo de un determinado tipo de comedia, a saber, el sentido del humor que una persona posee, mientras que lo relevante reside en señalar la agudeza y sutileza exacta para saber y poder producir la risa a raíz de un tema social sensible o delicado.
Sin embargo, la aproximación más interesante sobre el humor negro a la que apunta el filósofo mexicano es aquella que acentúa el dilema moral que el humor negro suscita, ya que indudablemente la pregunta por conocer no solo cuáles son los límites morales, sino cuáles son los límites de esos límites morales en el humor, abre todo un espectro de reflexiones difíciles de abordar, empero es importante notar que, probablemente, el humor negro sea uno de esos pocos elementos culturales que permite poner sobre la mesa este clase de cuestionamientos morales.
Conclusión.
Conocer otras maneras de concebir el humor negro mediante perspectivas y aproximaciones poco reconocidas y destacadas no cierran el tema en ningún sentido, por el contrario, lo encaminan a discusiones y análisis culturales, sociales y políticos más profundos y detallados, por lo que se espera que este trabajo le sirva a quien lo leea para que continúe generando un juicio propio, debido a que la única certeza que tenemos es que el humor negro está irremediablemente condenado a un sin número de críticas, apreciaciones y consecuencias sociales hoy, mañana y para siempre.
Bibliografía.
- Estela R. (2014). El lado luminoso del humor negro. Sincronía. Núm. 25, pp. 92 – 103. Revista de Filosofía y Letras.
- Martínez H. (2022). El humor negro y la risa como formas de liberación. HumanidadEs Comunidad.
- Quezada F. (2015). Antologia estetica del humor negro: la risa como toma de la consciencia, medio de reflexion y praxis colectiva. Revista Pensamiento. Núm. 2, pp. 87 – 115. UAEMEX.
[1] Jesús De La Luz Castillo (Ciudad de México, 1998). Licenciado en Psicología por la UAM-X, practicante de psicoanálisis y estudiante de la Maestría en Comunicación y Política de la UAM-X. Profesor, ponente y tallerista en teoría psicoanalítica y en su relación con otras disciplinas de las Ciencias Sociales y Humanas. Ha participado como coordinador de diversos eventos académicos con líneas afines a la política, cultura y educación. Ha sido traductor y escritor de artículos sobre psicoanálisis.
