La habitación de al lado – La ausencia de futuro

Por Sergio E. Cerecedo

 

Pedro Almodóvar (2024)

El camino de Almodóvar en inglés ha priorizado más a las actuaciones y a la sutileza que a lo explícito y transgresor que había caracterizado sus abordajes a los temas, a la teatralidad en el sentido de sugerir más que mostrar, y debo decir que entre más pule la forma también el fondo se ha perdido un poco, los conflictos se sienten más platicados que vividos, lo que no quita que estemos ante una pieza con muchos valores técnicos y que desde esa aparente frialdad y distancia tiene momentos muy logrados.

 

Ingrid, una escritora exitosa que camina por el mundo a través de autoficciones, es notificada de la enfermedad de Martha, quien en otro tiempo fue su amiga cercana, una corresponsal de guerra con una vida itinerante y una hija que tuvo muy joven y a la que casi no ve. De esta visita y la necesidad de escucha, nace una continua compañía que deriva en la desesperación de la metástasis del cáncer que Martha, la reportera a quien visita, padece y ante el cual acude a ella para buscar una solución a la agonía, un bien morir al que la ley no ve con buenos ojos. Para esto, se irán a una casa confortable, a pasar unos días juntas antes de que esto suceda. Martha le dirá que por su bien, no sabrá cuándo ella tome el medicamento que le quitará la vida para hacerlo pasar por inesperado, solo compartirán la cotidianeidad juntas como amigas, disfrutar, ser, hablar y todo lo que se espera de este tipo de viajes.

 

Desde el principio, algunos temas constantes de la obra de Almodóvar están ahí, el cuidado con amor a otra persona camino a un destino trágico, la obsesión de descubrir el pasado, de la ausencia de lazos en el presente y el acompañamiento entre dos mujeres que llegan a este vínculo en una soledad tanto voluntaria como involuntaria a partes iguales, en una contradicción a la que se añade otra que tiene Ingrid —¿Como sigo apoyando a una causa que me es difícil creer?—. El tema sexual y pasional en esta ocasión es visto como una mera mención, un anhelo, poco mostrado en pantalla más allá de sus consecuencias y recuerdos.

 

En esta ocasión la huella del pasado de los personajes principales y secundarios es la guerra, enfocando los conflictos políticos desde el punto de vista de lo que nos quita la vida directamente, más como las referencias al franquismo hechas en “Volver” y “Dolor y gloria”, el trauma a través de los ojos de las personas, haciéndonos cuestionar si una parte de ellas quiso estar ahí.

 

Siento que para esta búsqueda en particular, Almodóvar intenta integrarse al discurso que aborda y también ahondar en él mediante la cámara y el sonido con los referentes artísticos y plásticos que conoce, varios encuadres están impregnados de una búsqueda sobresaliente en la obra de algunos pintores estadounidenses e ingleses, las pulsiones de color y textura de los lienzos de Edward Hopper (Una pintura suya está presente en la película), David Hockney y Andrew Wyeth, entre otros, están muy latentes a la hora de exaltar la visualidad, en un discurso cromático donde a pesar de la tristeza y los clichés de lo que lo cromático nos debe hacer sentir, los cálidos destacan y le dan un contraste a lo cruento de algunas subtramas —La secuencia del incendio en la cabaña me parece muy poderosa y significativa—.

 

Inclusive, yo que soy partidario de no hacer del drama humano algo fácil y pleno de manipulación, siento que hay un candor un tanto ausente, una desvergüenza quizás muy latina de sus obras anteriores que aquí no está, siento que le quita el misterio del dolor terminal que sí tenía “Hable con ella”. Aun así, lo que en el guion no está, emociona a través de la elección de dos actrices que saben transmitir, Julianne Moore dentro de esta duda sobre su fuerte vitalismo, y una Tilda Swinton en la frialdad y calma de la aceptación de lo que va a acabarse dejando a su vez cosas inconclusas; se nos muestran con fortaleza dentro de la fragilidad, Swinton, por ejemplo, encarna a Martha como una persona que es contundente y no deja que la duda le gane hasta en los últimos momentos. Todo esto es retratado por una cámara con poco movimiento , encuadres más bien fijos y contempladores de la fuerza de sus protagónicos en un fin de aura femenina, en el que aparecen pocos hombres a cuadro como incidentales a través de los cuales vemos por igual razones por las cuales aferrarse o no a la vida.

 

La música de Alberto Iglesias es elegante, con una sutileza de percusiones y elementos laminófonos y a momentos la candidez de sus oberturas me recuerda a lo hecho por Joe Hisaishi para el estudio Ghibli, pero con una seriedad solemne que no tenían esas obras de animación. El tratamiento del sonido en general nos remarca el aislamiento del espacio, si escuchamos la naturaleza de la ventana, ésta se percibe lejana, filtrada por esa burbuja que las protagonistas han construido.

 

A falta de leer el material original, Puedo sentir que filmar en inglés le cambia a su director algunas nociones, si bien siempre se ha dicho que el inglés es una lengua más directa y con tiempos verbales menos rimbombantes que el español, en este caso concreto, el idioma le brinda una concreción en la cual parece que no se siente del todo cómodo y perteneciente. Seguramente también por respeto al original, la narrativa se muestra reservada en su habitual irreverencia, lo cual a momentos me lleva a tramos muy planos en los que me cuesta conectar emocionalmente, pues aunque lo que cuenta el director es fuerte, importante y bien actuado, a momentos lo siento muy descrito desde la distancia, como escuchar que lo cuentan en lugar de presenciarlo. Hay momentos en los que el fondo está muy sometido por la forma distante, incluso cerca del final donde la inclusión/caracterización de un personaje se siente artificial y con un paralelismo/metáfora tan obvio como poco convincente.

 

En esta película y en la anterior “Extraña forma de vida”, puedo sentir una comodidad en la parte plástica, una exhibición que en aquél mediometraje sentía hasta exotizando el oeste en un diseño de arte que parecía burlarse de cómo ven a los latinos los comerciales de perfumes, mitad crítica, mitad exploitation. Aquí por el contrario, puedo percibir en su narrativa una contradicción, hay mucha cercanía a la escucha de sus personajes y diálogos, pero una lejanía fría que parece querer ser científica, estudiosa, objetiva, y eso es, lo que a pesar de su lindo esteticismo y buenas actuaciones, no nos permite del todo la cercanía.

 

 

 

Publicado en Cine y etiquetado , , , , .

Un comentario

  1. Me gusta el punto de vista de la crítica. Contada desde la distancia, creo que tienes razón. Amo las pelis de Almodóvar, btw, la maestría en experiencia le ha restado transgresión, su característica que lo hace/hacía? único. Igual lo amo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *