Por María de Jesús López Salazar
Este artículo surge de la necesidad de visibilizar una problemática actual que atañe no solo a las mujeres sino a los hombres. Esta investigación ha puesto el acento en el análisis de una expresión específica de violencia intrafamiliar, es decir, aquella violencia que se da al interior de una relación de pareja exista o no convivencia o cohabitación —esposos, novios, actuales o que lo hayan sido en otro tiempo—. En concreto, se ha investigado la violencia que tiene como sujeto que la padece a las mujeres y como sujeto que la ejerce a su pareja, actual o pasada, exista convivencia o cohabitación, o no. Además, la presente investigación se ha delimitado exclusivamente al análisis de parejas heterosexuales.
La elección de lo anterior obedece a la intención de emplear un enfoque de género al análisis de la violencia, dado que este tipo manifiesta de modo especialmente concreto las dimensiones de género de las experiencias violentas, es decir, que “las agresiones que sufren las mujeres de sus esposos o compañeros ofrecen la máxima evidencia posible del papel tan determinante que tienen las desigualdades fundadas en el género”.
Pues bien, puede suceder que las mujeres no suelan darse cuenta o quieren darse cuenta cuando algo no encaja, la vida da señales, el problema es que no siempre sabemos reconocerlas. Especialmente si hablamos de relaciones de pareja, donde entran en juego las trampas del enamoramiento, los patrones de apego heredados de la infancia, la confusión entre amor y proyección y la narrativa idealizada del amor romántico que sostienen un sistema de opresión.
A lo largo de todo el análisis la intención de quien aquí escribe ha sido conceder un papel clave a las narraciones de las mujeres, además de recurrir de manera complementaria a información de otra naturaleza. Así, se ha observado que las particularidades diferenciadoras de la violencia de género en contra de las mujeres por parte de sus parejas estuvieron definidas por un contexto de dominación en que tal violencia tiene lugar, los efectos físicos y, más aún, psicológicos de larga duración, el constante empleo de distintos mecanismos de sometimiento y miedo.
El análisis de los datos a través del cual se abordó la descripción e interpretación de la violencia en contra de las mujeres recurrió al empleo de entrevistas a las que se les aplicó un análisis sociológico. En este sentido, la intención no ha sido tanto describir en detalle experiencias violentas concretas, sino captar el sentido y el significado que otorgaban las mujeres entrevistadas a tales experiencias y la forma en que se normaliza o justifican dichos actos.
La clasificación básica entre formas de violencia se realizó a partir de la distinción entre violencia física y violencia psicológica. En lo concerniente a la violencia física, de acuerdo con las palabras de algunas de las mujeres entrevistadas, parece inevitable que se obtenga un determinado nivel de intensidad para que sea considerada propiamente como violencia por parte de la misma víctima. Por su parte, la violencia psicológica tiene una relevancia específica en el relato de las mujeres entrevistadas. Inclusive, aquellas mujeres que sufrieron diferentes combinaciones de violencia física y psicológica acentuaron en su relato la decisiva gravedad de esta última.
A su vez, se consideró pertinente dedicar un tratamiento diferenciado a lo que puede designarse como violencia económica. En varias investigaciones se examina esta violencia en el marco de la violencia psicológica, e incluye tanto diferentes estrategias de limitación de la autonomía económica y de la participación laboral de las mujeres, así como el control por parte del hombre de los recursos económicos del hogar.
Al indicar los efectos del anterior tipo de violencia, las mujeres no pusieron de manifiesto únicamente las limitaciones derivadas con relación a su bienestar material, sino que también destacaron los efectos psicológicos de esta violencia. Un aporte sustantivo derivado de las mujeres entrevistadas es que la violencia económica implica un cuestionamiento de necesidades básicas en términos de libertad e identidad, disminución de la autoestima y la capacidad de independencia por parte de las mujeres víctimas de la misma violencia económica, donde hay una pérdida de identidad de sí y para sí.
Otro de los asuntos propuestos para el examen a partir de la revisión de las entrevistas es el abandono de responsabilidades familiares. Esta forma de violencia consiste en que la mujer asuma en solitario el conjunto de responsabilidades familiares, ya sea porque la pareja está ausente físicamente o porque, aun habiendo la convivencia, la pareja se desentiende completamente de dichas responsabilidades, lo cual es una cuestión que se normaliza al creer que ellas deben sacar a la familia adelante despersonalizándose.
En relación a lo anterior, el abandono de responsabilidades familiares por parte de la pareja ha estado fuertemente vinculado a las relaciones, los roles, las definiciones y las identidades de género dominantes. De este modo, conforme al contexto sociocultural, existe la posibilidad de que los hombres establezcan la opción de asumir o no responsabilidades familiares. En contraposición, las mujeres no parecen tener tal opción y asumen, con cierta naturalidad, dichas responsabilidades como propias.
Ahora bien, si por razones de análisis se optó por considerar de manera diferenciada las distintas formas de violencia, en la experiencia real de muchas mujeres aparecen de modo combinado, constituyendo una dinámica de relación que se amplía a lo largo del tiempo y viene a caracterizar el tipo de relación mantenida entre los integrantes de la pareja, donde lo directo, lo estructural y lo cultural convergen. Al investigar esta dinámica de violencia, se identificaron cuestiones concernientes a todo un conjunto de dificultades relacionadas al proceso de salida de dicha situación.
Las propias mujeres entrevistadas manifestaron distintas explicaciones en torno a su propio comportamiento. De este modo, es de subrayar el planteamiento de los deseos por ocultar lo que está ocurriendo en la intimidad, dado las presiones sociales del contexto que, muchas veces, influyen para mantener una aparente unidad familiar, siendo un campo que promueve la posible manifestación de violencias tanto estructural como cultural.
Otra cuestión destacada en las entrevistas al momento de pensar la larga permanencia en la relación violenta es el papel que juega la dependencia respecto a la pareja. Las mujeres con las cuales se platicó plantearon la relevancia de la dependencia económica, pero igualmente la dependencia psicológica. Esta dependencia es adjudicada por las propias víctimas que, muchas veces sin importar las condiciones reales, se llegan a considerar a sí mismas como incapaces de iniciar una vida independiente de su pareja; en cierta forma, puede advertirse que las mujeres se encuentran en una situación de indefensión aprendida cuya raíz es una compleja red.
Ahora bien, tal y como plantearon las mujeres que compartieron sus relatos, muchas veces la decisión de abandonar a la pareja se da a partir de considerar como excesivamente graves los niveles de violencia alcanzados, o cuando dicha violencia sale, de alguna manera, al espacio público. De los relatos de algunas de las mujeres puede inferirse que si tales eventos no llegan a ocurrir, las mismas podrían mantenerse en la relación violenta por un tiempo sumamente prolongado y, en los casos más graves, poniendo en peligro su vida, siendo esto una manifestación de la violencia en su dimensión socio-cultural, pues el contexto se desenvuelve para que las mujeres se consideren a sí mismas como objetos y no como sujetos políticos con capacidad de decisión para una mejor vida, digna y dentro del buen vivir.
Del propio discurso de las mujeres también se han podido extraer algunas explicaciones de carácter más estructural y cultural; por ejemplo, se han planteado los efectos derivados de la cuestión no igualitaria de las relaciones de género, el pensar masculino y femenino predominantes, los roles de género y la división de funciones entre mujeres y hombres, entre otros asuntos.
Al respecto, llama la atención cuando la definición de roles de género afecta la formación educativa y profesional de las mujeres, conduciéndolas a escenarios en los cuales se limita su toma de decisión, pues como lo señala uno de los relatos, ella decidió dejar de lado sus intereses personales: “Ojalá y algún día lo soltaré a XXX completamente, la primera vez sentí que me estaban arrancado algo del corazón. Él quería que viviéramos juntos y dejara mi escuela, pero no puedo”. Por otro lado, de los relatos de las mujeres entrevistadas se puede inferir que éstas otorgan cierta normalidad al reparto de roles; definitivamente, vienen a ser las funciones aceptadas socialmente lo que las quebranta.
En conclusión, en estrecha relación a las definiciones de roles e identidades de género, se han podido establecer cuestiones concernientes al ideal de pareja, a la idealización del amor romántico, del matrimonio, el cual muchas veces termina constituyéndose en uno de los elementos sustanciales de la vida de las mujeres. Estas cuestiones son especialmente importantes con relación a la violencia y pueden explicar, en algo, las dificultades para identificar una conducta como violenta y asumir la decisión de abandonar a la pareja cuando existe la pérdida de la identidad, del amor y el respeto por sí mismas.
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