El voluptuoso duelo en “Jirones del deseo” de Rubén Fischer

Por Diego Medina

 

Hace algunos meses llegó a mis manos Jirones del deseo, un poemario editado por la Editorial CCH Vallejo, de la UNAM; un libro raro, queer, musical y melódico-melancólico, en el sentido griego de la palabra, Melos: dulce, Cólicos: dolor, autoría de Rubén Fischer, quien labora como docente en dicha institución educativa. Antes de comentar algunos aspectos clave del libro, es necesaria una reflexión sobre el papel de la UNAM en la promoción de la cultura y, en específico, de la literatura.

 

Durante mucho tiempo la máxima casa de estudios —lo escribo en minúsculas muy a propósito— fue un faro de conciencia, esperanza y lucha, un motor de movilidad social y templo del pensamiento crítico. En sus imprentas se editaron libros clave de la literatura nacional, incluso hoy la revista y el concurso Punto de Partida conservan algo de aquella aureola de prestigio, producto de su audacia para publicar autores noveles, pues si bien hay esfuerzos como Vindictas o Piso 16, la verdad es que la Universidad Nacional Autónoma de México ha declinado este protagonismo en la vida cultural del país. Una tragedia.

 

Por eso me entusiasmó este poemario, porque apuesta por autores VIVOS, sin embargo, el sentimiento final fue más bien agridulce, pues si bien se nota el entusiasmo y apoyo de las autoridades involucradas por reconocer el trabajo de Fischer y materializarlo en un libro físico, también es cierto que los materiales, el diseño y el cuidado editorial deja mucho que desear de parte de la máxima casa de estudios. Un empastado más bien descuidado, un lomo pegado con bordes irregulares producto de un mal secado del pegamento y un formato que le otorga más bien apariencia de devocionario que de poemario. Esta obra merece mucho más respeto y amor que el que la modesta Editorial CCH Vallejo le pudo dar. No se tome esto como un reclamo grosero para los involucrados en su producción, sino como una muestra de apoyo a su trabajo y solidaridad para exigir condiciones más justas dentro de nuestra universidad. Gracias por su trabajo, pues coincido con una maestra que tuve en la heroica Faculta de Filosofía y Letras, cuando un joven estudiante le preguntó qué opinaba de la política y las condiciones de la vida universitaria, ella cerró el Primero Sueño, arrastró la mirada hacia las Islas y, tras un suspiro, sentenció estoicamente: “la universidad sólo funciona porque estudiantes, profesores y trabajadores nos levantamos todos los días para hacer lo que tenemos que hacer”, así que gracias a Editorial CCH Vallejo, por hacer posible esta publicación, a pesar de todo.

 

Respecto al trabajo de Fischer, que es lo que nos truje, chenchos, hay mucho que decir, pero me enfocaré en dos aspectos fundamentales. Por un lado, el erotismo vibrante y musical que atraviesa todo el poemario y, por otro lado, el duelo que atraviesa la experiencia homosexual desde diferentes trincheras, como puede ser la pérdida de un ser querido, como lo es la madre, y la ruptura amorosa, que muy a lo Wong Kar Wai permanece en su ausencia. Respecto al erotismo hay palabras que como cuchillo sobre un pastel atraviesan la carne, “sin recato”, “ansias”, “sin cortapisa”, “ritmo”, “armonioso”, palabras que configuran esta parte de la dualidad, Fischer nos habla de un amor desbocado, que ansía amar, que ansía el cuerpo, que no puede sostener en las manos la desnudez porque se le derrama en caricias. Una sexualidad sin fronteras, pues nace en el centro, un centro incorpóreo. La brevedad de los versos, además, enlaza un poema con otro y de pronto llegamos al final, una virtud en su escritura que nos obliga a volver a ciertos poemas por el mero goce estético.

 

En cuanto al duelo, su poesía es cruda, desnuda también, pero he aquí una desnudez de la que poco se habla en voz alta: la desnudez solitaria, la que duele cuando el otro lado de la cama duele, la que se contempla a sí misma en el horizonte de un quizá, de un final definitivo y, en última instancia, de la resignación. No obstante, esta resignación, este duelo, esta desnudez solitaria, tanto física como espiritual, no corresponde a la amargura, sino a la trascendencia en la mayoría de los casos, como lo podemos leer en el poema que abre la antología, el cual trata de la muerte de su madre con versos dulcísimamente tristes: “[…] y la mirada con que jugabas a decirme / todo estará bien / aunque yo lo sabía/ y te solté / como a un barco de papel/ que se pierde / en el mar de sus deseos”. Decía Rosario Castellanos que el dolor no se puede compartir, creo firmemente en la veracidad de su sentencia, pero también creo que a veces basta con acompañar los duelos para no perderle el amor a la vida y creo que la poesía de Fischer es un buen Psicopompo, un conejo blanco que nos conduce de nuevo a la fiesta de té: “Esta noche vendré a ti / una vez más / azotado en la tormenta de mi deseo / para arrojarme al flujo de la vida”.

 

En general, este poemario cumple con aquello que el título anticipa, una lluvia de pétalos de rosa en la orgía de las ausencias. Un aspecto destacable de la edición es la portada, contribución de Fischer, la cual es una obra de Fernando Osorno Cruz. Esperamos con ansías noticias sobre futuras obras y que alguna editorial le abra las puertas a este poeta, no menor, de nuestras letras diversas. Así, nuestra calificación para este poemario todo que ver es de: 3.9/5. Para conseguir su obra hay que contactar al autor a través de sus redes sociales o en alguna de las lecturas donde participa frecuentemente.

 

 

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Un comentario

  1. Diego Medina, me dejas sin palabras y me conmueves hasta la raíz, saber lo que te dice mi escritura no me vanagloria, me regocija enormemente y me hace querer dilapidar más y más poemas. Tengo 4 poemarios esperando editor, así que ya veremos quién se aventura. Muchas gracias a esta revista Enpoli, por el espacio para hablar de mi escritura.

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