Leer a Tenoch, reflexiones sobre la amistad y la literatura gay

Por Diego Medina

 

 Hace tiempo conocí a Tenoch en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, sostuvimos una amistad y luego, cosas de la vida, nos distanciamos. Cuando me enteré que había publicado un poemario no me sorprendí, el talento es un cheque en blanco que se cobra tarde o temprano. Pero no hice gran esfuerzo por conseguir su libro, el resentimiento pudo entonces más que mi afición por la literatura gay. Debo mencionar también que durante este 2024 me enfrenté a situaciones que me alejaron de la literatura en general.

 

Cuando superé este golpe de la bifrontal Fortuna y volví a la universidad, sostuve una conversación con una amiga que, palabras más, palabras menos, me dijo “…lo bello de la literatura es que hace que pongamos a un lado nuestras diferencias y se convierte en una bandera por la que luchamos juntos”. Poco tenía que ver aquella conversación con Tenoch, pero aquellas palabras me hicieron eco ¿cuántas veces no me quejé con amigos de que fulanito o perenganito ignoraban deliberadamente mis letras por cuestiones personales? ¿cuántas veces no me negaron espacios y reconocimiento personas con poder a las que les resultaba antipático? (Yo no tengo poder alguno, ni considero que mi voz tenga “autoridad” más allá de la que le da mi honestidad).

 

Pensaba en el daño que le ha hecho a la literatura la soberbia y el orgullo infecto de los escritores, cuando una amistad me comentó que Tenoch había dedicado uno de los poemas de Vespertilio. Hoguera de reminiscencias a este que les escribe. Entonces el gusanito de la amistad mordió la ramita de la que colgaba la manzana y el libro de Tenoch cayó en mis manos.  

 

Lo que leí es un poemario agridulce, tiene algunos tropiezos propios de las óperas primas (no es la primera vez que hablamos al respecto de esto), pero la belleza de ciertos versos nos obliga a la indulgencia. En general el prólogo que hace Isaac Rodríguez acierta cuando dice del poemario de Tenoch “…estamos más cerca de convertirnos en un personaje de Mariana Enríquez”, pero la herida que nos revela la poesía de Tenoch me parece que tiene raíces más profundas. En sus versos sí hay violencia intra familiar, marginalidad, pobreza, violencia, drama y las marcas del estigma, pero también hay heridas luminosas, sus versos exudan primaveras, otoños, inviernos, canciones pop y vanidad (dulce licor del carpe diem), y por eso creo que este poemario es también más complejo que algunos personajes de Mariana Enríquez.

 

Decía Virgilio que hay poetas que no escriben en su vida si quiera un verso que valga la pena, pero hay otros que con unas líneas logran la inmortalidad, yo no sé si Tenoch logre la inmortalidad, lo que sí sé es que hay versos que revientan de luz las páginas, versos como “Pero mi único sol fueron los hombres, sí, cubriendo mi soledad con la luz de sus manos” y versos tristemente oscuros como puñaladas profundas “llega el momento de sacrificar a alguien en el recreo”, “Mis ojos se marchitan ilesos”.

 

Eso sí, hay partes del poemario que me parecen cansadas, si lees esto Tenoch espero que recuerdes lo que te dije alguna vez sobre la economía del lenguaje.  Otra cosa que me parece puede pulir nuestro poeta es el manejo de sus referencias, no me refiero a los 7 epígrafes al inicio de la obra, sino a la construcción de versos como “seguimos experimentando la levedad de existir con el temor de morir todas las noches”,  es inevitable pensar en Guillermo Osorno y creo que al poema le habría explotado mejor la tacha si se hubiera citado el título en cursivas o entrecomillado, sobre todo porque en este poema sí que están entrecomilladas otras referencias e incluso el título grita su intertexto: “Paris is burning”. Sin embargo, son tropiezos con los que podemos ser fácilmente indulgentes, porque la belleza tiene sus prerrogativas, con la esperanza de que nuestro autor pula este y algunos otros detalles.

 

Este primer poemario de Tenoch deja la vara en alto para su siguiente título, es un gran debut, no deseo que le pasen cosas horribles que lleven su poesía a alturas insospechadas, pero sí espero que exprima la vida, que atestigüe lo maravilloso y lo terrible de la bicéfala diosa de la Belleza. Esperemos que a diferencia de aquellos versos donde dice “me han arrancado la lengua y soy más piedra que la misma piedra” a Tenoch le crezcan astromelias, rosas, violetas, crisantemos y chupamirtos muy pronto.

 

En cuanto a los materiales, propios de las ediciones independientes, no son los mejores, pero la ilustración a cargo de Bibis Garza son un diez, cabe mencionar que esta es la tercera edición de Vespertilio. Hoguera de reminiscencias, a cargo de Miazma Ediciones. Finalmente este primer poemario de Tenoch me mereció un 3.8/5. Léanlo.

 

 

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