Vuelta de Hoja… | Narrativa

Por Sylvette Cabrera Nieves[1]

 

“Debemos aprender que con el tiempo las cosas camban
y las manos sueltan, que cerrando ciclos se abren nuevos”.
-Rafael Cabaliere- 

 

Mabel se siente profundamente agradecida y en paz mientras observa la lluvia intermitente a través del ventanal de la sala. Suelta, al fin, el lastre de las cruces de su longevo calvario. Se mira coqueta en el espejo del tocador mientras se acaricia las cansadas canas cuando decide peinarlas hacia atrás con estilo. Asimismo, escudriña la suma de más arrugas en su cara, pero sonríe feliz.

Se acaba de mudar a un acogedor apartamento aledaño a la majestuosa e icónica Basílica Menor Nuestra Señora de la Monserrate en Hormigueros. Edificación típica del siglo XIX que parece detenida en el tiempo y rodeada de altos cipreses, canarias, y trinitarias; cuyo camino hasta la puerta principal está cubierto de ladrillos rojos y brillantes mosaicos. Lugar con tanta magia como historia de milagros. En aquel instante le hubiese gustado ser como el mejor pintor del mundo para reproducir esa singular belleza que la rodeaba bien fuera en óleo o acuarela, pero con los vibrantes colores de Van Gogh.

En su vida ha tenido pocos hechos importantes o decisivos que asumir, pues alguien siempre lo hacía por ella, y por tanto no conocía bien cómo afrontarlos, mejor dicho, cómo disfrutarlos como ahora. Su vida de mujer soltera recién comienza. Es la primera vez que reside sola en un nuevo entorno, a raíz de su divorcio y jubilación.

Pensativa enlaza recuerdos tristes de su pasado. Su dolido sentir se acentúa en la rigidez de su rostro. De pronto la viste una añeja nostalgia. Recuerda su vida, lo que ha sido, maltrato verbal y físico a manos de quien fuera su esposo.

Aquel hombre desalmado y maltratante, que nunca la mereció. El cobarde creyendo humillarla,  continuaba haciéndole la vida de cuadritos publicando en las redes sociales fotos íntimas de su desnudez. De otra época, décadas atrás, cuando ingenua y enamorada como una perfecta idiota, para complacer al amor de su vida, había accedido a posar desnuda como modelo para él, su marido.

Y como tantos otros manipuladores, creyó que ella era de su propiedad y seguiría siéndolo eternamente. Pretendió con ese chantaje retenerla a su lado por tiempo indefinido. Pero Mabel, resuelta y sabia, no se deja amedrentar más y decide afrontar el ataque como una estratega militar.  Lo estimula a continuar con el acoso cibernético, que es un delito. Le advierte las consecuencias legales, profesionales y sociales de sus actos, los cuales también terminarán por afectar su imagen y posición como reconocido empresario. Los expertos y peritos darían con él y probarían fuera de duda razonable que no era víctima, sino el artífice de toda la patraña, y recibiría su merecido y penalidades por perjuro.

Mabel obtuvo asesoría legal y ayuda de profesionales en múltiples disciplinas para romper con el círculo de violencia, sentimientos de culpa y el miedo. Se liberó del nexo tóxico, de aquel amor maldito por el cual estuvo encadenada tantos años y ahora con éxito ha ido superando y logrado cerrar ciclos definitivamente. Sabe que mejores cosas le esperan, por eso sin amarguras, da vuelta de hoja al pasado.

Afianzada a su dignidad, comienza a sentir que las palabras se le refugian corazón adentro y que su rostro no es castigo del cielo, sino uno bello, y su cuerpo es uno tentador todavía. Entonces, sin necesidad de más palabras prefiere que la vida sea como el buen perfume y que no haya tanto espejo mágico hecho añicos. Recupera su amor propio y su valía como ser humano.

Siente, en aquella gloriosa tarde, una honda satisfacción espiritual, pues aprende muchas cosas de sí misma y de la sabiduría antigua en el silencio.

Luego se pinta los labios con un rojo subido y se dirige al ropero para vestirse unos pantalones cortos de flores y se pone a bailar rumbas con la escoba mientras ordena el resto de la casa. Por primera vez en largo tiempo se siente atractiva y es una sensación que desea saborear sin prisa.

Al filo de las siete de la noche, se mira de reojo en el espejo y aprueba con un pícaro guiño. Es consciente de que su cuerpo ya no causa el revuelo o la atención como en su juventud, pero sabe que sus curvas son sugestivas para cualquier hombre.

Se maquilla con sumo esmero, esta vez, para resaltar su belleza y no para camuflar los golpes. Llena de entusiasmo, Mabel, convencida de tener una nueva piel y con muchas esperanzas de un prodigioso porvenir, sale a la calle, luciendo su nuevo vestido de lunares azul marino, sus tacones y bolso rojos en combinación con sus labios.

Perfumada y con paso firme, calle arriba, va tarareando el estribillo de la famosa canción de moda: “las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”. Ríe con la certidumbre de que puede ser feliz como el que encuentra un tesoro, a ella misma.

 

 

 

 

[1] Sylvette Cabrera Nieves (Guaynabo, Puerto Rico, cosecha otoñal del 58) Psicóloga Escolar, Poeta, narradora. Miembro del PEN Club Internacional de Puerto Rico. Lectora/colaboradora Azogues Espejos (México) y enlace especial de la revista literaria Ágora, papeles de arte gramático (España). Sus obras aparecen en antologías de Hispanoamérica, España y Puerto Rico. Mención de Honor en el Certamen “Mi vida en el Barrio” (Argentina, 2022), Finalista Certamen de Tarrazona, (España 2022). Antología de Amor, Desamor y Otros Romances. Editorial Rubin (Argentina, 2023), en la Antología “El boricua es cosa seria” Ediciones EnSerio (Puerto Rico, 2023), Revista La Manzana Mordida Edición 137. (Perú, 2023) Antología Materiales Ficticios de Ediciones Claymore, en Amazon (Chile, 2023), entre otras.

 

 

 

 

 

 

 

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