Una radiografía del poder: liderazgo y gestión desde la perspectiva de género

Por Verónica Ethel Rocha Martínez

Introducción

A nivel global las organizaciones experimentan cambios vertiginosos que les instan a pensar en mejores formas de coordinar sus recursos para lograr sus objetivos con miras a desarrollarse y crecer en un panorama globalizado. Por tanto, las necesidades de los colaboradores en estos entornos son fluctuantes y conllevan nuevos retos desde otras perspectivas.

Una de estas perspectivas es la de género, la cual se articula al revisar la gestión y el liderazgo dentro de la representación de las empresas en el contexto mexicano, entendiendo que las actividades sustantivas de quienes detentan el poder en ellas determinan el clima organizacional y, por tanto, las oportunidades de desarrollo entre hombres y mujeres. Es importante destacar cómo la relación entre las actividades de liderazgo implica actitudes y valores que determinan las relaciones entre los colaboradores de cualquier organización.

Es así que la existencia de sesgos de género en la idea de liderazgo sustentado por hombres en las empresas y en los proyectos generados para beneficiar a la población dentro de la gestión pública, pueLeer más

[contra]Cartografías eróticas

Nuestras fantasías eróticas, sexuales y amorosas[1]

 

Por Marisabel Guerrero[2]

 

¿A quién no le gusta fantasear? ¿Quién no ha pasado largos ratos disfrutando de sus fantasías eróticas?

Sí, sé que en nuestro contexto hay más culpa que gozo, a menos eso dicta la política sexual imperante, y ¿quién no ha sentido culpa alguna vez por fantasear sexualmente con tal o cuales personas, tal o cuales situaciones? Sin embargo, hoy no me enfocaré en las censuras, los temores y/o la vergüenza. Quiero darle vuelo a la fantasía que gusta.

¿Lo más interesante de las fantasías eróticas, sexuales y amorosas, es que son o que no son realizables?

Si nos preguntamos por el terreno de las fantasías eróticas-sexuales-amorosas actualmente, no solo en las parejas, sino en cada una de nosotras, como individuas interconectadas que somos, ¿cuáles serían las reflexiones más apremiantes? ¿las “tareas” pendientes? ¿los placeres compartidos? ¿Las feministas mexicanas, las de treinta, cuarenta, cincuenta y más, hablamos de nuestras fantasías sexuales entre nosotras? ¿y con nuestros amantes/parejas?

¿Qué es una fantasía erótica-sexual-amorosa? ¿cómo se compone? ¿cómo intervienen los sistemas de opresión en la producción de nuestras fantasías?

Marcela Lagarde, en sus Claves feministas para la negociación en el amor (2001), cuando habla de fantasías se refiere a una de las formas en la que los mitos románticos se organizan, se introyectan y se expresan en nosotras. Esta feminista se enfoca en las fantasías amorosas, sin embargo, aquí eLeer más

Contra-cartografía erótica: Placeres compartidos

Por Marisabel Macías Guerrero

Hace un año iniciaba la escritura de una columna que me dejó trastocada y me valió cierto encierro. Desde entonces, el tiempo osciló entre las reflexiones sobre la violencia sexual vivida, reconocerme víctima para sanar y buscar vías para que esas experiencias dejaran de doler. Para esto último, uno de los caminos que suelo tomar es el “hedonismo”, darme tiempo para procurarme placeres, por ejemplo, escribir sobre nuestros deseos eróticos y gozos compartidos, o vivir “aventuras” a consciencia plena, como materia para la alquimia escritural. A eso me aferro. Por eso estoy aquí intentando mostrar el mapa de satisfacciones que me permiten seguir lidiando con la complejidad y las crisis (mundiales/existenciales).

Hace una semana irrumpió en mi rutina el deseo ardoroso por escribir sobre lo placentero de los vínculos, de la vida. Experimenté la cosquilla de un texto que quería salir. Un calorcito sabroso me recorría y luego en automático pensaba en algunas ideas para el ensayo. Después de sentir esa punzada mental y sonreír, de tomar notas y abrir ciertos libros, me descubrí un poco culpable de dedicarle dos o tres horas diarias a dicha tarea. Sí, me dejé seducir por el placer de escribir sobre los placeres del trato cariñoso, y eso me trajo algo de “culpa” por el tiempo que no dedicaba a mis trabajos.

Luego, me enfadé conmigo porque me descubrí apurándome, contándome el tiempo y a punto de ser raptada por el deber. Sí, me molesté y me rebelé, decidí cínicamente sentarme las horas necesarias para escribir sobre aquello que me aligera la carga existencial en el día a día, sobre los bálsamos que apaciguan la herida sistémica, sobre todo aquello que me pone Leer más

¿Quiero o no quiero ser madre?

Resistencias y conflictos en torno a la maternidad

Por Anabel Flores Ortega

 

“Ser mujer va más allá de la maternidad.
La feminidad se encuentra en la diversidad de experiencias
y elecciones que nos hacen únicas.”
– Simone de Beauvoir

 

Este ensayo, tejido con las hebras de mi propia existencia, emerge como una manifestación de lo que Haraway (1991) denomina conocimiento situado. Es un tapiz que se entreteje con las fibras de mi experiencia, una travesía atravesada por un complejo entramado subjetivo. Como destellos en la penumbra, mi realidad se revela, como bien lo expresa Amuchástegui (2001), “teñida por los métodos que seguimos para conocerla, y éstos, a su vez, son marcados por la subjetividad del o la investigadora” (Amuchástegui, 2001: 103). Cada palabra, cada reflexión, se despliega como pétalos de un jardín secreto que solo yo conozco en su totalidad. Es un acto de desnudar mi propia narrativa, permitiendo que la subjetividad impregne cada rincón de este relato. Así, en el acto de narrar, se despliegan los matices de mi perspectiva única, marcada por las huellas de las elecciones, los anhelos y las cicatrices que componen mi historia.

En este ejercicio de conocimiento situado, las palabras no son meros instrumentos, sino pinceles que delinean los contornos de mi realidad vivida. Se exploran las sinuosidades de la subjetividad, donde las emociones se entrelazan con las ideas, dando forma a un paisaje donde la objetividad se diluye en la paleta de la experiencia personal. Este ensayo no es solo un ejercicio intelectual; es una danza de la subjetividad, una celebración de la complejidad y la riqueza que reside en el acto de conocer desde la propia vivencia.

Es un eco de mi historia, resonando en las páginas como un testimonio de la intersección entre la subjetividad y el saber, entre el ser y el conocer. En el centro de esta danza literaria, se erige un tema específico: la maternidad. Es un hilo dorado que se teje con esmero, una reflexión profunda que se sumerge en las aguas turbias y claras de este vasto océano de experiencias. La maternidad, como un jardín de flores y espinas, se revela en sus matices, en los momentos de éxtasis y las sombras de la incertidumbre.

 

El mandato de ser madre

A lo largo de mi existencia, he escuchado palabras que resuenan en mis oídos como suaves susurros: “Aunque ahora no lo sientas, verás que un día anhelarás ser madre”. También, entre las mareas del tiempo, se entrelazan frases que danzan en mi mente: “Aún estás a tiempo”, “Te arrepentirás si permites que el tiempo escape”, “El tiempo corre para las mujeres”. El tiempo, un enigma que se desliza como sombra, ha sido transformado por la sociedad en un antagonista de la feminidad. Se tejen imaginarios que susurran a los vientos: “Las mujeres envejecen peor que los hombres”, “Una mujer mayor ya no sirve, pues no Leer más

Las preguntas que no (te)(me) hago

Por Marisabel Macías Guerrero

Esta contra-cartografía intentará mostrar la inexactitud del territorio, solo una pequeña parte, de las “grandes preguntas” relativas al amor, la sexualidad y la erótica que me habitan, y que por lo tanto también anidan de vez en vez en mis vínculos sexuales y/o afectivos (familia, amistades, pareja, compañeras, etc.), pero que no siempre logro verbalizar para convite. En realidad, las vierto acá como gesto cariñoso, con el afán de compartir con otras a modo de brindis cuestiones que me rondan desde hace algunos meses y que no pretenden tener respuesta, quizá solo ser espejo. Compartir el viaje.

Puedo decir que nunca había tenido tanta estabilidad emocional, física, mental y económica como en los últimos cinco años, y por supuesto eso se refleja en mi actuar, y viceversa, pero no necesariamente en tener grandes certezas (vitales); tampoco significa que no haya momentos de precariedad o desasosiego (en muchos sentidos). Menciono esto porque, en efecto nunca tuve mayor claridad mental, teórica, afectiva incluso, lo cual en ciertos casos me lleva a tener mejor comunicación con las personas que me importan, sin embargo, ha sido en los últimos años cuando se han disuelto fuertes vínculos afectivos, sin que haya podido o querido evitarlo, y desde dentro me rasga el sentir doloroso de no lograr conciliar ideas con otras y otros; o de entregar preguntas que son recibidas como explosivos.

Quienes me conocen saben que soy “una preguntona”, me fascina dar tiempoLeer más

Carmen. Epitafio para la impunidad

II

Lavanda

Por Ana Hurtado

 

-¡Damaris, Ven!

Con su cinta métrica comenzaba a rodear algunos ángulos del cuerpo de Damaris y ella, sin poner resistencia, dejaba que Carmen registrara sus medidas en pedacitos de papel. Durante el tiempo que asistió a la escuela, Damaris portó uniformes confeccionados a su medida. Piezas únicas que nacían entre los ágiles dedos de Carmen. La tristeza de Damaris quedó desnuda. No hay prenda capaz de arroparla. Han pasado tres años. En vano, espera esa calidez que con remedios caseros, hilos, recetas de cocina y pláticas le alivió tantas angustias y temores.

La mañana siguiente al festejo por la conclusión de sus estudios normalistas, Carmen llamó a Ema —su mejor amiga— para contarle que el furor de la celebración la había hecho olvidar la hora exacta en que había tocado la cama. Fue la primera persona a quien llamó luego de que la despertaran con una noticia inesperada: tenía novios en casa. Chuy —su segundo hijo— y Damaris —su nueva nuera y su futura confidente— habían pasado la noche juntos. Tenía novios en casa.

Al principio fue estricta con ella, fueron los desayunos matutinos los que ablandaron la tensión entre ambas. El hijo menor de Damaris se acerca a sus piernas. Sus manitas están repletas de esmalte color negro. En una de ellas sostiene el frasquito de vidrio y, en la otra, el pincel empapado. Esto que parecía una interrupción fue, en realidad, un paréntesis para que Damaris recuperara consistencia en las palabras. Estamos sentadas en el patio de la casa de Carmen. El dolor se transfiere poro a poro, y las ganas de llorar se difuminan cortando el recuerdo, es decir, no profundizando sobre esos fragmentos de tiempo donde Damaris sintió tranquilidad y protección.

 En la forma en que también ella me contaba las cosas y pues ya, se fue soltando la confianza. Mientras desayunábamos porque era cuando estábamos nada más nosotras dos o tres. En el desayuno, cuando hacía los hot cakes, siempre me traía la leche, los huevos, la harina y la mantequilla. Extraño mucho hablar con ella.

Todas las mañanas siempre le iba a tocar a su puerta y le decía ya son las 7, las 8 y ya prendía su música. Se bañaba, y luego bajaba con la bocina. Bajaba con su bocina, la ponía y ya decía pues que ya estaba el desayuno. Y desayunábamos.

Ema Domínguez sabe algo que Damaris no. Desde que decidió sumarse a la familia Parral Santos, CarmenLeer más

Implicaciones de la mirada masculina sobre lo femenino

Una disputa entre la imagen y la construcción del deseo en la mujer moderna

 Por Juliana Gómez

 

A todas las mujeres
con quienes nos hemos permitido
reflejarnos para construir un nuevo Nosotras

 

La pregunta sobre la experiencia femenina tiene infinitas formas de responderse, podría corresponder a tantas verdades como personas hay en el mundo. Sin embargo, las formas en las que nos acercamos y afirmamos en las identidades de lo femenino son siempre el resultado de una interacción social que produce imágenes, que dibuja arquetipos y que idealiza patrones pensados desde el dominio masculino[1]. La experiencia de lo femenino se encuentra íntimamente construida por las formas subjetivas en las que reafirmamos, transgredimos, aceptamos, negamos y creamos nuevas formas de mirarnos a nosotras mismas y de dejar a esas miradas guiar y moldear nuestros deseos y acciones.

Este ensayo no tiene la intención de agotar lo que puede ser la experiencia de lo femenino, no busca establecer totalidades, ni validar esta experiencia subjetiva como el entendimiento del amplio, diverso y complejo universo de lo femenino en el mundo; es más bien una reflexión que se sustenta en mi propia experiencia, en las formas en las que he transitado el mundo con un cuerpo que, a pesar de sus cambios permanentes, se acomoda en los estereotipos de lo femenino en la sociedad moderna y ha marcado las formas de relacionarme con el mundo y los seres que lo habitan.

Pensar la experiencia de lo femenino desde el propio cuerpo es mucho más que un desahogo personal: es una crítica al orden simbólico del patriarcado, un cuestionamiento encarnado sobre la producción de imágenes que construyen el deseo y que han hecho de las diferencias un sistema de dominación y jerarquizaciones que estamos constantemente desafiando o adoptando en el entramado de las relaciones sociales que construimos. Cuando escuché hablar a mi profesora Raquel Gutiérrez sobre la mediación patriarcal hicieron sentido muchas cosas en mi cabeza. Ella la definía como “la manera cotidiana y reiterada de producir y fomentar separaciones entre las mujeres, al instalar una y otra vez algún tipo de mediación masculina entre una mujer y otra y por tanto entre cada mujer y el mundo” (Gutiérrez Aguilar et al., 2018, p. 3); a lo que yo agregaría entre cada mujer con ella misma.

Al escucharla y leerla pude darle forma a mi experiencia concreta y entender cómo existen una serie deLeer más

Carmen. Epitafio para la impunidad

Por Ana Hurtado[1]

Hasta que los leones no tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador
Proverbio Africano


Este proyecto surge de la búsqueda por constituir espacios para redignificar las ausencias y paliar la impunidad del racismo. Estos escritos son resultado de extensas reflexiones en torno a imaginar un periodismo y una literatura situada, afrocentrada e inscrita en los principios de la justicia epistémica y la memoria. Aspiro a devolver atisbos de vida ahí donde el racismo estructural ha dejado muerte, deshumanización y pérdidas irreparables. 

“Carmen. Epitafio para la impunidad” es una serie de piezas narrativas dedicadas a Carmela Parral Santos, primera Alcaldesa afromexicana del municipio de La Estancia, Oaxaca. Fue asesinada en agosto del 2019. Estos escritos son, en conjunto, una carta a la ancestralidad fragmentada. 

 Nuestra lucha por la vida es también la lucha por ser recordadas con dignidad. 

 

I

Volver a la vida

La amistad más entrañable de Emma Domínguez nació a bordo de una pasajera, en las cabinas traseras de los vehículos modelo Nissan 2000 que fueron adaptadas para ser el transporte colectivo de la Costa Chica de Oaxaca. Después del primer día de clases en la Escuela Normal Superior de Oaxaca, los impetuosos trayectos de Pinotepa Nacional hacia La llanada no volverían a ser los mismos nunca más. Carmela Parral fracturó el silencio que divide a dos desconocidas y lo convirtió en un aire tibio que puso en libertad a más de unLeer más

Aportaciones de Christine de Pizan a la educación femenina

Por María Guadalupe Cruz Aceves[1]

 

RESUMEN 

El presente artículo forma parte de los resultados de un trabajo de tesis, el cual es de carácter cualitativo y de corte histórico, donde se tuvo como objeto de estudio la figura de Christine de Pizan. La erudita es una figura emblemática de la Edad Media, así como las obras que realizó a lo largo de su vida, empero, es importante poder analizar los aportes que hizo al campo pedagógico y educativo. Es así como me propongo resaltar aspectos esenciales inmersos en su manuscrito La Ciudad de las Damas. En particular, se expone por qué la obra en cuestión puede ser considerada como una utopía pedagógica, debido a que coincide con algunas características del género, pero lamentablemente no se ha reconocido como tal, ya que existen múltiples prejuicios androcéntricos para incluirla en compilaciones. Posteriormente, se abordan todos los postulados que hizo a favor de la educación femenina, los cuales consideran la lectoescritura, espacios femeninos, materiales didácticos, entre otros tópicos; cuestiones que conforman la educación que defendió incansablemente durante varios de sus escritos. Para finalizar, exponemos los motivos por los que, a nuestro parecer, es una pensadora de la educación adelantada a su tiempo.

Introducción

A lo largo de la historia de la humanidad infinidad de mujeres hicieron aportes a la educación. Es cierto que muchas de ellas se destacaron por su posición social o por el contexto en el que se desenvolvieron. Algunas otras fueron invisibilizadas por múltiples factores. Justo por las mujeres que han vivido en la oscuridad es que creo necesario hablar de una pensadora desconocida para el campo pedagógico y educativo, siendo Christine de Pizan alguien que merece el reconocimiento adecuado dadas sus aportaciones hacia la educación femenina.

Metodología

En primera instancia, quisiera esclarecer los motivos por lo que se llevó a cabo un trabajo de tipo histórico. Cuando se aborda una figura en específico, también se ha de considerar todo el contexto en el que ha vivido, los momentos que están de fondo y que han permitido consolidar parte de su personalidad, sumada a su forma de ver y entender el mundo. La elección de este enfoque es porque se necesita comprender sucesos que acontecieron hace más de quinientos años, pues Christine de Pizan vivió un momento complicado como lo fue la Guerra de los Cien años. A pesar de eso, se pude decir que es una figura que tiene una notable vigencia, pues tocó temas que actualmente definimos como misoginia, violencia de género o perspectivas androcéntricas. 

Ahora bien, he de retomar la definición que hace De Almeida al hablar de esta metodología. De acuerdo con Leer más

Identidades en guerra

Una propuesta de estudio de los machismos cotidianos interiorizados en la identidad

 

Por Kelly Bocanegra Martínez[1]

 

“Prepara el desayuno”, dijo mi hermano; estaba sentado en la barra de la cocina, mientras yo preparaba mi propio desayuno antes de impartir mis clases virtuales. “Haz tu propio desayuno”, le respondí molesta. Ambos trabajábamos por la mañana, así que lo justo era que cada uno hiciera su desayuno o que lo preparáramos entre los dos.  Fue un suceso tan banal, sin embargo, al cabo de un rato empecé a sentir culpa y a cuestionar la forma en que le respondí, quizás exageré y pude haberle preparado el desayuno. Pensaba en lo grosera que había sido; en que, tal vez, lo había hecho sentir mal. Él siempre había sido atento conmigo, así que yo debí, simplemente, preparar su desayuno, nada me costaba.

Me sentí en conflicto conmigo misma por una situación tan simple que seguramente él ni siquiera recuerda. Entré en un proceso de negociación: por un lado, estaba la Kelly que creció con la idea de que, por ser mujer, tenía el deber de servir a mi hermano, la actual figura de autoridad masculina en la casa; por el otro, estaba la Kelly con conocimientos sobre temas de género y feminismos, consciente de que esa demanda sobre el desayuno no era arbitraria, sino una imposición que no podía simplemente aceptar. Me preguntaba: ¿le hago el desayuno aun conociendo el complejo simbólico que esa demanda significa y donde los roles de género juegan un papel crucial? ¿O sostengo mi postura de negación para evitar que esas prácticas de imposición y dominación se sigan reproduciendo?

Situaciones cotidianas como esa son las que me permitieron establecer y desarrollar el proyecto de investigación en curso. Lo que me faltaba era establecer aquello que hacía falta por nombrar: ¿qué era eso que entraba en conflicto cuando se presentaban situaciones como ésta? Mi propuesta es la identidad. Específicamente, hablo de la identidad de las mujeres, a quienes se nos ha impuesto roles y características a seguir que definen nuestro actuar, pensar y vivir en sociedad. Es verdad que tanto hombres como mujeres padecemos este problema, vernos en la obligación de seguir con estándares construidos socialmente y que definen y diferencian lo masculino yLeer más