De los escombros de mis padres de Ricardo Locia

Por Diego Medina

 

 La poesía gay tiene varios tópicos por todos conocidos, por ejemplo, el clóset, el enamoramiento de un heterosexual, la homofobia, la autoafirmación identitaria, los marineros, los toreros y los futbolistas; estos últimos tres forman parte de la idealización de los cuerpos masculinos, oxímoron entre aquello que se nos impone y rechazamos y aquello que deseamos. En este poemario de Locia la figura sobre la cual gravita la metáfora de la homosexualidad es justo la del toro, ¿quién es el homosexual, el toro o aquel que clava las banderillas en nuestro lomo? La respuesta es abierta, somos ambos, porque nos batimos en duelo todas las noches contra tales supuestos.

 

Sin embargo, la poética de Locia escapa a la semántica de lo erótico y encuentra sus motivos en sus orígenes familiares, entre un padre violento y un enfrentarse a la masculinidad desde su saberse homosexual. Ganador del XI Premio Estatal de Cuento, Poesía y Ensayo Literario Joven “Juventud que transforma 2024”, en la categoría de Poesía, esta publicación auspiciada por la Secretaría de Cultura del Estado de Guerrero y Ediciones SER, hay que decirlo desde ya, nos queda a deber en el formato de la publicación, pues fue diseñada como una plaquette engrapada y aunque el tiraje consta de 500 ejemplares, la verdad es que esperaríamos un mejor cuidado editorial para un ganador de un concurso de tal importancia, esto desde luego no es culpa del autor, en todo caso es una denuncia y exigencia para que la instituciones culturales se tomen en serio la publicación de sus jóvenes escritores.

 

Las carencias de la plaquette, sin embargo, se ven compensadas por la calidad del diseño; la portada a cargo de Karina Maldonado sí que es un reflejo del reLeer más

Señorario

Diccionario de las mujeres que adultecen

 

Por Natyeli Montiel, Piligrosa, Vanessa V. Lizárraga Juárez, Arlette Luévano, Victoria Pantoja Campa, Paola Flores Miranda, Luz Guerrero, Odeth Osorio, Tania Martínez Suárez, Cristy Quiroa, Oli Guarneros, Soledad Díaz Vázquez, Claudia Fragoso Susunaga, Alejandra Olson, Jacqueline Campos y Ximena Cobos Cruz

 

 Adultecer: No es volverse seria: es volverse cierta || Aceptación a la vida adulta || reconocimiento de nuestra facultad de ballenas, repletas de experiencia y saberes. || Ser históricas y temporales. || Ciclo de la vida en espiral.

 

Agua Bendita: el sudor de las señoras cuando bailan || Elíxir de las Diosas.|| Líquido que emana del cuerpo de la mujer para liberar emociones, ya sea de tristeza o placer.

 

Amiga: persona ineludible, inalterable e inconmensurable compañera y cómplice a lo largo de toda la vida. || Cada mujer que adultece necesita ir haciendo su manada, su grupa, su cuerpa de agua que cuida.

 

Amor entre mujeres: el sentimiento de complicidad y acompañamiento que entrelaza la vida de las mujeres, las reconforta y sostiene. || Tipo de amor que se recomienda, que salva y sana y por el que vale la pena reírse a carcajadas.|| Entre otras cosas, amistad.

 

Arruga: Lo que queda cuando te despojas del disfraz de la lozanía. || Aquello que como cambio inevitable, hospedamos con gusto en nuestra piel. || Sabiduría que se marca en la piel sin pedir disculpas. || Belleza rugosa, indómita. || Signo de envejecimiento que puede convertirse en enemigo acérrimo de la mujer, inicia con una pequeña línea de expresión hasta ir convirtiendo el lienzo de la piel de la mujer en territorio conquistado. Algunas mujeres se sienten orgullosas de poseerlas y las muestran con orgullo; para otras, se convierte en signo de su declive.

 

Arrugarse: Tatuarse con el tiempo || Dejarse ver. || Piel en . || Señal de todas las sonrisas y carcajadas a boca abierta a plenitud.

 

Baile furioso: Danzas que muestran la urgencia de nuestras cuerpas de mujeres que crecen y transforman su vitalidad por habitar el movimiento sin control, nada mesurado. Se asocia con la libertad de nuestras piernas y melenas, cortas o largas. || Proceso corporal en el cual la mujer exorciza diversas situaciones a través de movimientos impulsivos del cuerpo como acto de liberación emocional. Permite la descarga y regeneración.

 

Belleza: Manifestación de armonía y de un habitar pleno en la cuerpa. || Cualidad que se observa ya, sin ojos de patriarcado. || Estado de plenitud que alcanzan algunas mujeres cuando pueden verse en el espejo fuera de la mirada impuesta por el constructo social, plenitud que se alcanza y logra emanar del interior hacia afuera. En dicho momento la mujer irradia un brillo natural.

 

Bolso: Accesorio de señora muy útil para guardar libros, comida, llaveLeer más

Canto de ballenas | Manifiesta

Manifiesta de las señoras que bailan a pesar del dolor en las rodillas

 

Por Natyeli Montiel, Piligrosa, Vanessa V. Lizárraga Juárez, Arlette Luévano, Victoria Pantoja Campa, Paola Flores Miranda, Luz Guerrero, Odeth Osorio, Tania Martínez Suárez, Cristy Quiroa, Oli Guarneros, Soledad Díaz Vázquez, Claudia Fragoso Susunaga, Alejandra Olson, Jacqueline Campos y Ximena Cobos Cruz.

 

Primer acto | Aparecer
Somos un río 

ruge, canta

caudal de soles 

mar entero de disidencias 

      tejido inconmensurable 

que se hace y deshila en la soledad y la dicha

de mirarnos respirar unas a otras 

Estamos naciendo a la libertad que no era nuestra 

que no se articulaba en femenino

que no se nos nombraba

tuvimos que darnos a luz a nosotras mismas 

en un mundo caótico que se abre para engullirnos

seguimos aquí, haciendo frente a la violencia 

bailamos entre las horas de la pérdida 

sabemos de resistencia

hermosa rabia 

fuego 

sin cumplir expectativas ajenas 

                                     e x i s t i m o s

 
Segundo acto | placer y rebeldía 
viva la pausa 

el descanso 

la creación y las amigas. 

Viva nuestro arte, nuestra poesía que hace temblar 

al patriarcado, lo arrincona y acobarda

aunque quiera siempre aniquilarnos

en todas las etapas de la vida.

 

Quisieron quitarnos todo

también el amor y la ternura 

No esperaban el acto de fuerza que nuestras cuerpas

emanaron… 

semillas somos || semillas fueron nuestras madres

                                                                                     abuelas, tías

                                                                                     semillas plantamos

semillas 

que al mundo mejoran, porque les dimos la palabra con fiereza,

atraemos la calma, la fuega interna se nos ilumina

no hay maquillaje o mascarilla que nos apriete más 

la risa, las tetas, las piernas cansadas de bailar por años.

 

Mujeres de hoy, ¿señoras? o SEÑORAS,

el tiempo nos acompaña como una sombraLeer más

Poesía colectiva: después de leer a mujeres poetas de Haití

Por Danae, Victoria, Gloria, Margot, Nat, árbola almendra y Ximena

 

A veces casi todo el tiempo guardo 

en la brisa de una tarde el llamado

al que acudimos todas 

cuando nos juntamos a mojar

los campos sembrados por las abuelas 

El espacio ha cambiado 

y en mi memoría continúa estático

un sitio, luz encendida, lejana

ni la herrumbre de la sal lo ha marchitado 

el tiempo detenido es un tesoro caprichoso 

sale en los días en que me salpica el sol,

cargado de arena y de sonrisas. 

 

esa niña, esos ojos

 

demasiada nostalgia

para tan corta vida

la ventana en que las ancestras asoman

como si aquella mirada hablara por mí

 la memoria de mi carne

 la memoria de mi abuela

 la memoria que heredamos

cual  golpe de tambor que se repite

temblor, miedo, soledad

se repite

        una vez

               otra vez

                       otra vez

                 soledad

            miedo

temblor

 

la memoria, una cana que ardeLeer más

Las Hienas Merecen Reproducirse | Narrativa

Por Jimena Villanueva

Soy creadora de mis aledaños. Decido marchar sola, y de vez en cuando acompañada por aquellos que se alinean con mis ideales. Porque me junto con sucios, desempleados, nómadas indocumentados, cinematógrafos herejes, unas cuantas cristianas y un chingo de franceses. Porque me da más melancolía no ir al bar el jueves que no ver a mi madre desde hace más de nueve meses. Porque escribir sin fundamentos, sin estructura y conocimientos previos sobre los clásicos me tiene sin cuidado. Porque un hombre blanco que escribió sobre ballenas monstruosas  y marineros culisudaos jamás podría plasmar lo que es ser una mujer mexicana en la periferia de lo macabro. Felinas que se aferran con uñas y dientes a lo transeúnte. Subsistiendo de la costilla de estacionarios lo suficientemente amables como para dejarlas pasar la noche en sus colchones. Algunos suaves, limpios, con olor a cítricos y sábanas blancas. Otros un tanto funestos, infestados por pelos de gato y pabellones vagamente candentes; ambos reconfortantes. Mujeres que cogen con la finalidad de sentir un poco de calor en el atroz intervalo entre el otoño e invierno. Probar que sus ojos descomunalmente grandes y separados o el surco nasolabial oscurecido no la hacen discapacitada sexual. Mujeres que aun en sus veintes son vistas como infantes, porque “cómo es posible que mi hijita linda haya visto un pene erecto”.

Mujeres que rigen su conservación en torno a la luna, cayendo voluntariamente en el abismo de signos zodiacales, siguiendo exclusivamente el consejo de constelaciones moribundas y tarotistas al por mayor. Portadoras de cristales sacros, protegidas por el cándido fulgor que estos emanan. Otras puritanas marchan decididas por las calles doradas de Papá Dios, la sagrada escritura es la única guía que necesitan. Mustias que se congregan los domingos en busca del perfecto esposo cristiano, pidiendo perdón al techo mientras manosean su vulva al tomar un baño. Por otro lado, mi existencia, y la de muchas trastornadas está regida por la dicotomía de Zenón. El establo mental donde se me engendró fue construido dentro de la hijadeputa paradoja. El hastío hacia lo cotidiano mutó y de mi boca nacían mapas de escape. Ideas que un ser ajeno a lo habitual recitaba en mi cabeza. Un súcubo famélico dedicado a trazar planos para sacarme del bucle; “el tiempo es elástico para los que se quedan quietos” me decía. Le tomó tres años, cuatro empleos asalariados, múltiples bajas del bachiller y dos países para que briago de mediocridad y con los cuernos en espiral tumbara la puertita de contrachapado que tardé tanto en construir. 

Lo único que quedaba era avanzar -¿Hacia dónde?- Con brújula en mano, navego de la cama al refrigerador, del excusado al sillón, de la farmacia al supermercado. Forcejeando con la bolsa del mandado; una docena de huevos rotos, leche descremada, manzanas moreteadas, zapatos de payaso talla ocho, un disfraz de mago medieval, chuleta ahumada de perro agresivo, medio kilo de tierra panteonera, cartas de amor apócrifas, un machete oxidado, semillas de chile guajillo y pintura verde menta por si se me cruza un no-espacio en busca de folclor o una vieja enamorada en busca de un amarre.  En la rebosante bolsa de mandado, lastro con bruma la absurdidad de ser mujer. 

 Simplificando lo insimplificable, avanzo como burro de carga.  Simultáneamente, soy el animal y la carga, el camino y también el destino. En el sendero de lo mundano llevo ya décadas. Desfilo con unLeer más

Christian Jiménez Kanahuaty | Poesía

Instalación

Poesía en movimiento. México 1915-1966

 

Por Christian Jiménez Kanahuaty

 

A caballo, Tarumba

A la cálida vida que transcurre canora

A la cama del día entran gentes y cosas

A las tres y veinte como a las nueve y cuatro

A los hombres, a las mujeres

A nada puede comparar un cementerio en la nieve

A quien los quiera, la vajilla

A su pregunta, yo sobre la piel

A tu lado

A veces me dan ganas de llorar

A veces uno toca un cuerpo y lo despierta

Abría las salas

Abrías temporadas en que la primavera nos invade

Abro la puerta, vuelvo a la misericordia

¿Acaso era necesario decir que las señales de amor eran tan evidentes?

Acata la hermosura

Afuera llueve; sueña el insecto en una celeste hechicería

Ah pero a veces amanecemos con el alma de opereta

Al alba los gallos norteños

Al golpe del oro solar

¡Aleluya!

Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido

Altas, doradas urnas en sus lechos de níquel

Amanecen

Andar así es andar a ciegas

Ángel de lo negro

Antes del reino

Antes que el viento fuera mar volcado

¡Apenas si te conozco!

Aquí, está el sol con su único ojo

Así despierto. Mis entrañas

Así surges del agua

Asoman la cabeza por el solar vecino

Aún en vida un halo oscuro te rodeaba

Aún ha vuelto el alba. Pero naLeer más

Calladita no me veo más bonita | Ensayo

Por Jacqueline Campos

 

Mi hijo de 14 años me dijo: “Parece que no te has movido, ayer te vi sentada tecleando, era media noche… ahora me preparo para la escuela y te veo en la misma posición, tecleando con la cara cansada ¿no dormiste?”. Dormí pero muy poco; como muy poco es el tiempo que le he dado a mi hijo, a mi esposo y a mi gato en estos últimos nueve meses asociados a mi nuevo rol de estudiante de posgrado. Nueve meses en los cuales parece que solo los veo a la distancia. Me siento dentro de un escuche, como una muñeca dentro de una caja de cartón con el frente de plástico transparente por donde la muñeca ve el mundo sin pertenecer a él, esperando a que termine el tiempo de estar en la caja. Estoy fijada a una silla del comedor donde leo y tecleo, desde ahí alzo la mirada para verlos de lejos y les digo adiós por las mañanas, tardes y noches. Hasta mi gato ha sufrido la falta de tiempo y atención, se han reducido las caricias, las cepilladas y los baños con agua tibia; él aprendió que está de más maullarme…yo ya no soy quien atiende sus necesidades; ahora parece querer más a mi esposo.

¿Usted tiene ideas románticas de la escuela? Si nos detenemos a revisar el significado del constructo escuela, quizás encuentre elementos similares a los míos… Caminito de la escuela apurándose a llegar, con sus libros bajo el brazo, va todo el reino animal…me cantó mi madre incontables veces, mientras me preparaba para ir al kínder; al cantarme caminito de la escuela pretendía exorcizar mis temores, la ansiedad y el miedo a la separación; quería hacerme sentir que la escuela era un lugar bueno, cómodo, seguro y agradable, donde iba a ser feliz, porque me tratarían bien, haría amigas y amigos, la maestra me enseñaría cosas importantes y me trataría bien. La escuela es un buen lugar, donde tienes que estar y donde vas a ser feliz…La canción caminito de la escuela se lanzó en 1963, pretende asociar la escuela y el proceso educativo con algo emocionante, bueno y agradable, donde todos los que van a la escuela y hacen la escuela son buenos.

Otra idea romántica asociada a la escuela la encontramos en las películas protagonizadas por Mario Moreno (1911-1993), conocido con el personaje de Cantinflas, que continuamente se transmitían en la televisora con mayor poder de transmisión sobre las audiencias mexicanas. Estas películas estrenadas alrededor de 1950 a 1972 reflejan una época donde se idolatraba el rol del que enseña (profesor, maestro, docente y todos los demás sustantivos) y el poder transformador que puede experimentar el sujeto que deberá de ser educado.

Claramente se observan una relación de poder, del que sabe en relación con el que ignora, del que tiene el poder de evaluar un proceso educativo que implica la constrLeer más

Gibrán Villarreal | Poesía

Gibrán Christopher Villarreal Ramírez (1995, Ciudad de México). Devoto a la escritura desde niño, lector del mundo y de las hojas de oro del libro, periodista retirado, rapero extinto, psicólogo social de la UAM-I que autopublicó 100 ósculos pomulares y esparció su presencia en revistas como ERR-Magazine, Verso inefable, Cósmica fanzine, Universo de letras de la UNAM, entre otras; participó en el Primer Encuentro de Escritores Jóvenes de la UAM-I y en el proyecto de Colectivo Quetzalcóatl para hacer brotar su creatividad en su canal literario de Tik Tok (https://www.tiktok.com/@qaholom); oscilando entre lo cursi y lo imprudente. En resumen: viviente, construcción de una fortuna propia.

 

 

 

La boca de Krishna

Ya el anatema me nombra,

ya ofrece perdón la saeta

y la noche al poeta.

Pero de esa grácil sombra

no me aparto. Desde la alfombra

resisto la embestida

que sugiere tu perdida

prenda y el sol de tu piel.

Armonizas tu babel

y ya no importa la vida.

 

 

 

Asana

Del telar de la luna va naciendo tu piel.

Sobre tu piel se proyecta la escritura del jaguar

y la penumbra es un aullido al caer.

 

Caes en mi sueño —que ya no será sueño —

sino una faena de ritmos cardíacos y besos.

 

Del beso, conjugar el sol.

Del sol, conjurar mis manos.

Y con mis manos, conjuntar tu bioluminiscencia,

 

hasta que el monstruo que vive en el risco de mi pecho salga.

Salga con las uñas afiladas y la boca abierta,

no en rendición, en ataque.

 

Y atacar el árbol de Buda, ensalivarlo,

ensalivarte el dorsal y provocar la espera entre tus playas.

 

Contra tus playas, rogar que el tiempo pare

para parar las palabras imprecisas de la cama.

 

Y desde tu cama alimentar la quimera,

retrasar la muerte

y morir viviendo sin respiración bajLeer más

Pablo Andrés Rial | Poesía

Pablo Andrés Rial (Buenos Aires, 1984). Escritor, poeta, dramaturgo y periodista argentino. Sus obras rondan la observación y traducción de lo cotidiano a un propio idioma, con un enfoque de carácter intimista, en el que se ahonda sobre el sentido de las cosas. Entre sus publicaciones destacan los poemarios Aves desplumadas (2023) publicado en edición bilingüe por Ópera Editorial en Brasil y su reciente libro Forzado a Viajar (2023), lanzado por Paserios Ediciones en México. Además de su trabajo literario, Rial se desempeña como periodista en diversas revistas culturales, donde continúa aportando su perspectiva crítica y sensible a la escena cultural, apoyando la difusión de las obras de distintos artistas.

 

 

 

I

 

Detesto mi cuerpo

pero amo mi sombra.

Nunca envejece

nunca enferma

nunca duele.

 

 

 

II

 

Ando angustiado Augusto

por esas cosas ¿sabes?

la gente te hunde la piel

mientras preparan algo rico

y le pones la mesa.

 

Decime Augusto

¿qué estás cocinando?

 

 

 

III

 

Soy ese gato que se sube al árbol y no puede bajar.

Soy la señora que llama a los bomberos para auxiliarlo. Soy los bomberos que llegan a rescatarlo. Soy ese gato que vuelve a subir.

 

 

 

IV

 

Me desplomo. No como una destrucción

de mi conciencia sino como la memoria peLeer más

Victoria Marín | Poesía

Victoria Marín Fallas (San José, Costa Rica). Es Filóloga Clásica por la UCR, autora de La Edad de Hierro (2022). Dirige Revista Virtual Quimera y es jefa de redacción de la EEUCR. Es coordinadora de los libros Anábasis: antología de narrativa fantástica y ficción histórica (2021), El Legado (2023) y Los hijos del fuego (2024). Ganó el XIV Concurso de Escritura Creativa en Lenguas Extranjeras (Universidad de Costa Rica) en la categoría de poesía en lengua portuguesa y en 2024 obtuvo Primera Mención Honorífica en el Certamen Literario Brunca con su colección de poemas Hay un nido bajo mis párpados. Fue finalista del XV Premio de Relatos para Jóvenes de la Universidad Camilo José Cela, España.

 

 

*

Nada vale una vida excepto otra vida[1]

Su canto todavía se traza

donde duerme el soñador que ya no sueña

si no es con el tallo que sostiene su cuerpo moribundo

para hilar en agua fresca la infancia de sus costas,

los soles que se ocultan tras el corazón abierto

y traspasado de la Aurora,

la inocencia de no saber nombrar

que sólo quien mira retorna

en el amor que se abre

rumbo a la clara Ítaca

cuando la primera nave lo surca,

cuando el destino del primer muerto

 lo cultiva.

 

 

 

*

Tus ojos, cariño,

son los ojos de Dios.

Como él te deslizas sobre las aguas.

 

Es preciso ser lo que adorasLeer más