Margarita Mora | Poesía

Margarita Mora. Originaria de la Mixteca Oaxaqueña y trabaja en el ámbito de la comunicación. Su trayectoria incluye la gestión de proyectos orientados al empoderamiento de mujeres, personas racializadas y otras voces diversas. Paralelamente, ha cultivado la escritura, la pintura y el dibujo como refugios para explorar y transmitir historias que reflejan realidades complejas, desde la interdisciplinariedad, la vulnerabilidad y la resiliencia.

 

 

 

 

1.

He querido convencerme

que una oración es suficiente,

y he llegado incluso a repetirme

que mi vida yace sobre mis manos.

 

Los tomadores de decisiones,

los corruptos, los inmunes,

los tibios e indiferentes,

los ciegos por comodidad,

todos se ríen de mi ingenuidad,

no les satisface mi dolor, mi esperanza

tampoco el grito mudo de mi pecho.

 

El dolor y la impunidad se han infiltrado en cada célula

de cada pequeño círculo en el que me desenvuelvo.

La injusticia es un cáncer haciendo metástasis:

es imparable, irreversible, irrevocable.

 

 

 

2.

Cuando la garganta se agota,

cuando no hay más palabras en el pecho,

ni sentimientos para ser contados.

¿Será quizás el silencio

una cura para todos nuestros males?

Un remedio para nuestros adioses,

nuestros desamores,

para todas nuestras desilusiones

y sueños marchitos.

 

¿Será que el silencio es el que trae la cariLeer más

Violetta de la Peza | Poesía

Violetta de la Peza es una mujer feminista, animalista, apasionada de la naturaleza, poeta amateur y collagista en desarrollo. En sus ratos libres intenta rescatar árboles y animales. Ha encontrado en el arte un refugio del mundo en decadencia y del horror cotidiano.

 

 

 

Despojo urbano

Hay vestigios de dolor

en las copas de las palmeras.

En sus ramas inertes

la historia de una ciudad

despojada del verde.

 

 

 

I.A

¿Cuánto tiempo ha pasado
desde que vi luciérnagas?
Desde que una libélula perdida
se posó en mi hombro,
sorprendiéndome.

 

Hace cuánto que no me arrulla

el canto  de las cigarras

anunciando la lluvia.

Que no revolotean en mi pelo

los escarabajos de mayo.

 

De niña, pasaba horas

observando las orugas,

con fluorescente persistencia

trepaban los troncos de las jacarandas

como presagio de la primavera.

 

Ahora, les queda casi nada

que medir a los gusanos.

¿Será que las abejas

ya no regurgitan polen

sino microplásticos?

 

En las jardineras vacías,

la nostalgia por mi infancia,

cuando el tiempo

lo marcaban los

animales más pequeños.

 

No sé si han migrado

o decidieron esconderse de nosotros.

Tal vez agonizan

paralizados por peLeer más

Todos fuimos al mitin | Narrativa

Por Eduardo H. González

 

¡Ahora sí, compadre, ya nos llegó el progreso! ¿Qué cómo se me ocurre decirle tal disparate? Pues si vinieron los del Partido Recumplidor e Incondicional. Por fin llegaron hasta este pueblo rascuache, y viera qué bien se expresaron de nosotros. Dijeron que somos gente bien trabajadora, y que lo único que necesitamos es una oportunidad para salir de esta pobreza. Por mis demostraciones de júbilo, compadre, porque yo fui testigo de sus promesas, por eso le digo lo del progreso, porque clarito oí con estos oídos que me acompañan desde chamaco sus palabras de aliento.

¡Claro, compadre, no es que sea yo un iluso, pero le aseguro que de sus bocas salían puras palabras llenas de sinceridad! Nomás había que ver al hombre entrado en años, el del pelo albo; vestía un traje reluciente y blanco como su cabello; y unos zapatos de puritita piel. Ese fue el que me abrazó, me dio de palmadas en la espalda nomás para demostrarme su afecto. También fue el que le regaló a mi mujer un montón de tiliches para su cocina, y comida para atiborrarnos el estómago de menos medio mes. Todo eso venía en el presente que el hombre le hizo a mi mujer. ¿Y a mis chamacos? ¡Ni se diga! Les prometió que ahora sí los iba a acercar al estudio, que les evitaría la pesadez de la ignorancia construyéndoles un lugar digno para ejercitar los pensamientos y que, de menos, de aquí salen licenciados.

Y si me pregunta por la señorita que acompañaba al hombre del pelo albo, basta decirle que relumbraba de bonita, además, era bien amistosa. Ella se la pasó acariciando a los casaderos del pueblo. Sus arrumacos les ponían tembleques las rodillas, y cuando la señorita los saludó con el beso en sus mejillas se quedaron todos atarantados de la puritita emoción. Ella también habló, con sus palabras que sonaban a música de ángeles, nos explicó sobre el asunto de las construcciones: que si una clínica donde sLeer más

María Fernanda Villanueva | Poesía

María Fernanda Villanueva es artista visual y estudiante de último semestre en la carrera de artes visuales. Su trabajo explora conceptos como la corporalidad, la memoria afectiva y las formas de resistencia desde una mirada crítica y poética. A través de soportes diversos que incluyen textiles, objetos encontrados, archivo y escritura, ha desarrollado proyectos que reflexionan sobre el cuerpo, la antropofagia simbólica, los tótems y la construcción de identidades colectivas. Su práctica se nutre tanto de la investigación como de la experiencia cotidiana, interesándose en cómo lo íntimo y lo social dialogan en el arte contemporáneo.

 

Salivando

 

 

Vienes caminando,  Ignorando sagrados ritos

Pisoteando sabios templos de amor espiritual

Largas vidas siguen  velando el sueño de un volcán

Para un alma eterna, cada piedra es un altar

Caifanes (el diablito 1990) –

 

Miedo y deseo.

Parece que estos dos sentimientos son lo único que he sentido en el

último año y medio…

 

Miedo al deseo que tengo.

Deseo por algo más que piel, por algo más que una cogida rápida en un baño ajeno.

Deseo por algo más que un buen sueldo o una familia tradicional.

 

Y miedo por todo.

La Ciudad de México me da tanto miedo que a veces no me puedo mover.

 

Me encuentro parada en una estación del Metrobús; la de Euzkaro, para ser exacta.

Voy tarde y sé que va a llover, pero mi necedad fue más fuerte: no metí el paraguas en la bolsa.

 

Voy tarde… y se me llena la boca de saliva.

Como si estuviera a punto de vomitar.

Como si algo se hubiese activado en el cuerpo sin que yo lo pidiera.

 

A veces es por una mirada que me cruza sin pedir permiso.

A veces una palabra que me nombra sin conocerme.

A veces, simplemente, caminar.

Caminar sola por la ciudad.

 

Mi  cuerpo lo hace antes de que lo piense.

Aprieta los dientes, cierra los labios, mueve la lengua hacia atrás.

Y traga.

 

Aprendí a tragar saliva antes que a responder.

 

Mi lengua se hace pequeña.

Los dientes se aprietan.

Y todo lo que quiero decir se me va hacia adentro.

 

Tragar es más rápido que pensar.

Más rápido que gritar.

 

A veces siento que estoy entrenada  para contener (me).

Que aprendí a sobrevivir tragando lo que no podía escupir:

la respuesta, la rabia, el deseo de tocar, de cLeer más

De los escombros de mis padres de Ricardo Locia

Por Diego Medina

 

 La poesía gay tiene varios tópicos por todos conocidos, por ejemplo, el clóset, el enamoramiento de un heterosexual, la homofobia, la autoafirmación identitaria, los marineros, los toreros y los futbolistas; estos últimos tres forman parte de la idealización de los cuerpos masculinos, oxímoron entre aquello que se nos impone y rechazamos y aquello que deseamos. En este poemario de Locia la figura sobre la cual gravita la metáfora de la homosexualidad es justo la del toro, ¿quién es el homosexual, el toro o aquel que clava las banderillas en nuestro lomo? La respuesta es abierta, somos ambos, porque nos batimos en duelo todas las noches contra tales supuestos.

 

Sin embargo, la poética de Locia escapa a la semántica de lo erótico y encuentra sus motivos en sus orígenes familiares, entre un padre violento y un enfrentarse a la masculinidad desde su saberse homosexual. Ganador del XI Premio Estatal de Cuento, Poesía y Ensayo Literario Joven “Juventud que transforma 2024”, en la categoría de Poesía, esta publicación auspiciada por la Secretaría de Cultura del Estado de Guerrero y Ediciones SER, hay que decirlo desde ya, nos queda a deber en el formato de la publicación, pues fue diseñada como una plaquette engrapada y aunque el tiraje consta de 500 ejemplares, la verdad es que esperaríamos un mejor cuidado editorial para un ganador de un concurso de tal importancia, esto desde luego no es culpa del autor, en todo caso es una denuncia y exigencia para que la instituciones culturales se tomen en serio la publicación de sus jóvenes escritores.

 

Las carencias de la plaquette, sin embargo, se ven compensadas por la calidad del diseño; la portada a cargo de Karina Maldonado sí que es un reflejo del reLeer más

Señorario

Diccionario de las mujeres que adultecen

 

Por Natyeli Montiel, Piligrosa, Vanessa V. Lizárraga Juárez, Arlette Luévano, Victoria Pantoja Campa, Paola Flores Miranda, Luz Guerrero, Odeth Osorio, Tania Martínez Suárez, Cristy Quiroa, Oli Guarneros, Soledad Díaz Vázquez, Claudia Fragoso Susunaga, Alejandra Olson, Jacqueline Campos y Ximena Cobos Cruz

 

 Adultecer: No es volverse seria: es volverse cierta || Aceptación a la vida adulta || reconocimiento de nuestra facultad de ballenas, repletas de experiencia y saberes. || Ser históricas y temporales. || Ciclo de la vida en espiral.

 

Agua Bendita: el sudor de las señoras cuando bailan || Elíxir de las Diosas.|| Líquido que emana del cuerpo de la mujer para liberar emociones, ya sea de tristeza o placer.

 

Amiga: persona ineludible, inalterable e inconmensurable compañera y cómplice a lo largo de toda la vida. || Cada mujer que adultece necesita ir haciendo su manada, su grupa, su cuerpa de agua que cuida.

 

Amor entre mujeres: el sentimiento de complicidad y acompañamiento que entrelaza la vida de las mujeres, las reconforta y sostiene. || Tipo de amor que se recomienda, que salva y sana y por el que vale la pena reírse a carcajadas.|| Entre otras cosas, amistad.

 

Arruga: Lo que queda cuando te despojas del disfraz de la lozanía. || Aquello que como cambio inevitable, hospedamos con gusto en nuestra piel. || Sabiduría que se marca en la piel sin pedir disculpas. || Belleza rugosa, indómita. || Signo de envejecimiento que puede convertirse en enemigo acérrimo de la mujer, inicia con una pequeña línea de expresión hasta ir convirtiendo el lienzo de la piel de la mujer en territorio conquistado. Algunas mujeres se sienten orgullosas de poseerlas y las muestran con orgullo; para otras, se convierte en signo de su declive.

 

Arrugarse: Tatuarse con el tiempo || Dejarse ver. || Piel en . || Señal de todas las sonrisas y carcajadas a boca abierta a plenitud.

 

Baile furioso: Danzas que muestran la urgencia de nuestras cuerpas de mujeres que crecen y transforman su vitalidad por habitar el movimiento sin control, nada mesurado. Se asocia con la libertad de nuestras piernas y melenas, cortas o largas. || Proceso corporal en el cual la mujer exorciza diversas situaciones a través de movimientos impulsivos del cuerpo como acto de liberación emocional. Permite la descarga y regeneración.

 

Belleza: Manifestación de armonía y de un habitar pleno en la cuerpa. || Cualidad que se observa ya, sin ojos de patriarcado. || Estado de plenitud que alcanzan algunas mujeres cuando pueden verse en el espejo fuera de la mirada impuesta por el constructo social, plenitud que se alcanza y logra emanar del interior hacia afuera. En dicho momento la mujer irradia un brillo natural.

 

Bolso: Accesorio de señora muy útil para guardar libros, comida, llaveLeer más

Canto de ballenas | Manifiesta

Manifiesta de las señoras que bailan a pesar del dolor en las rodillas

 

Por Natyeli Montiel, Piligrosa, Vanessa V. Lizárraga Juárez, Arlette Luévano, Victoria Pantoja Campa, Paola Flores Miranda, Luz Guerrero, Odeth Osorio, Tania Martínez Suárez, Cristy Quiroa, Oli Guarneros, Soledad Díaz Vázquez, Claudia Fragoso Susunaga, Alejandra Olson, Jacqueline Campos y Ximena Cobos Cruz.

 

Primer acto | Aparecer
Somos un río 

ruge, canta

caudal de soles 

mar entero de disidencias 

      tejido inconmensurable 

que se hace y deshila en la soledad y la dicha

de mirarnos respirar unas a otras 

Estamos naciendo a la libertad que no era nuestra 

que no se articulaba en femenino

que no se nos nombraba

tuvimos que darnos a luz a nosotras mismas 

en un mundo caótico que se abre para engullirnos

seguimos aquí, haciendo frente a la violencia 

bailamos entre las horas de la pérdida 

sabemos de resistencia

hermosa rabia 

fuego 

sin cumplir expectativas ajenas 

                                     e x i s t i m o s

 
Segundo acto | placer y rebeldía 
viva la pausa 

el descanso 

la creación y las amigas. 

Viva nuestro arte, nuestra poesía que hace temblar 

al patriarcado, lo arrincona y acobarda

aunque quiera siempre aniquilarnos

en todas las etapas de la vida.

 

Quisieron quitarnos todo

también el amor y la ternura 

No esperaban el acto de fuerza que nuestras cuerpas

emanaron… 

semillas somos || semillas fueron nuestras madres

                                                                                     abuelas, tías

                                                                                     semillas plantamos

semillas 

que al mundo mejoran, porque les dimos la palabra con fiereza,

atraemos la calma, la fuega interna se nos ilumina

no hay maquillaje o mascarilla que nos apriete más 

la risa, las tetas, las piernas cansadas de bailar por años.

 

Mujeres de hoy, ¿señoras? o SEÑORAS,

el tiempo nos acompaña como una sombraLeer más

Poesía colectiva: después de leer a mujeres poetas de Haití

Por Danae, Victoria, Gloria, Margot, Nat, árbola almendra y Ximena

 

A veces casi todo el tiempo guardo 

en la brisa de una tarde el llamado

al que acudimos todas 

cuando nos juntamos a mojar

los campos sembrados por las abuelas 

El espacio ha cambiado 

y en mi memoría continúa estático

un sitio, luz encendida, lejana

ni la herrumbre de la sal lo ha marchitado 

el tiempo detenido es un tesoro caprichoso 

sale en los días en que me salpica el sol,

cargado de arena y de sonrisas. 

 

esa niña, esos ojos

 

demasiada nostalgia

para tan corta vida

la ventana en que las ancestras asoman

como si aquella mirada hablara por mí

 la memoria de mi carne

 la memoria de mi abuela

 la memoria que heredamos

cual  golpe de tambor que se repite

temblor, miedo, soledad

se repite

        una vez

               otra vez

                       otra vez

                 soledad

            miedo

temblor

 

la memoria, una cana que ardeLeer más

Las Hienas Merecen Reproducirse | Narrativa

Por Jimena Villanueva

Soy creadora de mis aledaños. Decido marchar sola, y de vez en cuando acompañada por aquellos que se alinean con mis ideales. Porque me junto con sucios, desempleados, nómadas indocumentados, cinematógrafos herejes, unas cuantas cristianas y un chingo de franceses. Porque me da más melancolía no ir al bar el jueves que no ver a mi madre desde hace más de nueve meses. Porque escribir sin fundamentos, sin estructura y conocimientos previos sobre los clásicos me tiene sin cuidado. Porque un hombre blanco que escribió sobre ballenas monstruosas  y marineros culisudaos jamás podría plasmar lo que es ser una mujer mexicana en la periferia de lo macabro. Felinas que se aferran con uñas y dientes a lo transeúnte. Subsistiendo de la costilla de estacionarios lo suficientemente amables como para dejarlas pasar la noche en sus colchones. Algunos suaves, limpios, con olor a cítricos y sábanas blancas. Otros un tanto funestos, infestados por pelos de gato y pabellones vagamente candentes; ambos reconfortantes. Mujeres que cogen con la finalidad de sentir un poco de calor en el atroz intervalo entre el otoño e invierno. Probar que sus ojos descomunalmente grandes y separados o el surco nasolabial oscurecido no la hacen discapacitada sexual. Mujeres que aun en sus veintes son vistas como infantes, porque “cómo es posible que mi hijita linda haya visto un pene erecto”.

Mujeres que rigen su conservación en torno a la luna, cayendo voluntariamente en el abismo de signos zodiacales, siguiendo exclusivamente el consejo de constelaciones moribundas y tarotistas al por mayor. Portadoras de cristales sacros, protegidas por el cándido fulgor que estos emanan. Otras puritanas marchan decididas por las calles doradas de Papá Dios, la sagrada escritura es la única guía que necesitan. Mustias que se congregan los domingos en busca del perfecto esposo cristiano, pidiendo perdón al techo mientras manosean su vulva al tomar un baño. Por otro lado, mi existencia, y la de muchas trastornadas está regida por la dicotomía de Zenón. El establo mental donde se me engendró fue construido dentro de la hijadeputa paradoja. El hastío hacia lo cotidiano mutó y de mi boca nacían mapas de escape. Ideas que un ser ajeno a lo habitual recitaba en mi cabeza. Un súcubo famélico dedicado a trazar planos para sacarme del bucle; “el tiempo es elástico para los que se quedan quietos” me decía. Le tomó tres años, cuatro empleos asalariados, múltiples bajas del bachiller y dos países para que briago de mediocridad y con los cuernos en espiral tumbara la puertita de contrachapado que tardé tanto en construir. 

Lo único que quedaba era avanzar -¿Hacia dónde?- Con brújula en mano, navego de la cama al refrigerador, del excusado al sillón, de la farmacia al supermercado. Forcejeando con la bolsa del mandado; una docena de huevos rotos, leche descremada, manzanas moreteadas, zapatos de payaso talla ocho, un disfraz de mago medieval, chuleta ahumada de perro agresivo, medio kilo de tierra panteonera, cartas de amor apócrifas, un machete oxidado, semillas de chile guajillo y pintura verde menta por si se me cruza un no-espacio en busca de folclor o una vieja enamorada en busca de un amarre.  En la rebosante bolsa de mandado, lastro con bruma la absurdidad de ser mujer. 

 Simplificando lo insimplificable, avanzo como burro de carga.  Simultáneamente, soy el animal y la carga, el camino y también el destino. En el sendero de lo mundano llevo ya décadas. Desfilo con unLeer más

Christian Jiménez Kanahuaty | Poesía

Instalación

Poesía en movimiento. México 1915-1966

 

Por Christian Jiménez Kanahuaty

 

A caballo, Tarumba

A la cálida vida que transcurre canora

A la cama del día entran gentes y cosas

A las tres y veinte como a las nueve y cuatro

A los hombres, a las mujeres

A nada puede comparar un cementerio en la nieve

A quien los quiera, la vajilla

A su pregunta, yo sobre la piel

A tu lado

A veces me dan ganas de llorar

A veces uno toca un cuerpo y lo despierta

Abría las salas

Abrías temporadas en que la primavera nos invade

Abro la puerta, vuelvo a la misericordia

¿Acaso era necesario decir que las señales de amor eran tan evidentes?

Acata la hermosura

Afuera llueve; sueña el insecto en una celeste hechicería

Ah pero a veces amanecemos con el alma de opereta

Al alba los gallos norteños

Al golpe del oro solar

¡Aleluya!

Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido

Altas, doradas urnas en sus lechos de níquel

Amanecen

Andar así es andar a ciegas

Ángel de lo negro

Antes del reino

Antes que el viento fuera mar volcado

¡Apenas si te conozco!

Aquí, está el sol con su único ojo

Así despierto. Mis entrañas

Así surges del agua

Asoman la cabeza por el solar vecino

Aún en vida un halo oscuro te rodeaba

Aún ha vuelto el alba. Pero naLeer más