Análisis de la cinta “Familia” | Sobre las máscaras y el Teatro social (microsociología en la cotidianidad)

Por Carmina Cardiel

 

Rodrigo García (2023)

Familia (2023) es una cinta mexicana dirigida por Rodrigo García que nos lleva a partir de la imagen y el paisaje a un escenario cotidiano desde donde podemos observar las dinámicas sociales de grupos pequeños como el agente “familia”, brindándonos así desde una sola locación, un manjar para la interpretación simbólica del ejercicio del poder y la identidad desde la microsociología que se proyecta en las dinámicas sociales de grupos más grandes como bien podría ser una comunidad o un país.

 

El Fachadismo y la presentación de la persona:

Para Erving Goffman la vida social es un teatro (1956), donde las personas/sujetos o individuos administran las impresiones que causan en lo demás. Cuando el individuo se presenta ante otros, su acción incorporará y ejemplificará los valores oficialmente acreditados de la sociedad (Goffman, 1956/2001, p. 45).  Los personajes de la Familia llegan a la casa del padre/patriarca con “máscaras” ya definidas: la hija exitosa, la hija responsable, la pareja perfecta. Sin embargo, la tensión surge cuando el espacio privado se filtra al escenario público. Los secretos y resentimientos rompen la “fachada” de la familia funcional.

Podríamos decir que, socialmente hablando, la Familia es una obra de teatro dentro del teatro, pues para el sociólogo, la familia no es una institución abstracta; sino que la analiza como un equipo de desempeño que intenta mantener una máscara de unidad frente a las amenazas internas y externas.

Erwing divide los espacios en “región anterior” (donde damos la función) y “región posterior” (donde nos relajamos y abandonamos el personaje). Por tanto, la escena eterna que vemos en la película que es la comida familiar, funcionaría como región anterior, o sea el escenario donde todos deben actuar bajo el guion de “la familia unida”. Dentro de esta puesta en escena también Rodrigo García nos muestra a través de la cinta, la simbología de la mesa que no sólo se utiliza para comer, sino que funciona como ese lugar que preserva el status del patriarca de la familia. En ese lugar que es la mesa los personajes cuidan sus modales, sirven el vino y mantienen la “fachada” de armonía. Sin embargo, la cocina, las caminatas por el rancho y los pequeños escapes de la mesa, actúan como regiones posteriores o backstage.

Con respecto a la fachada individual, también podríamos hablar de la ropa como una plantilla de signos dado que casi todos llegan con una vestimenta impecable que se acompaña del momento cuando va apareciendo en escena cada hija e hijo, portando así una máscara: una hija con problemas económicos que disfraza con bromas y una constante sonrisa, la hija favorita que espera un hijo de una persona no grata para el patriarca pero lo oculta para seguir manteniendo la armonía con la máscara, la hija exitosa con un sentimiento de moralidad superior porque frente a sus hermanas su matrimonio es perfecto y, finalmente, el hijo que busca aprobación.

De alguna manera todos mantienen su fachada para no romper la armonía del sistema, hasta que el alcohol –como el buen lubricante social que es– los hace caer en la región posterior, que es donde sale la verdadera frustración y se representa con la ropa desaliñada: Son esos espacios pequeños donde las hermanas confiesan sus verdaderos deseos o donde el padre muestra su vulnerabilidad. La tensión de la película nace de la invasión del backstage al escenario principal, pues los secretos ya no pueden ocultarse tras la cena ni tras la ropa y “modales impecables”.

 

El “Equipo de Desempeño” y la Lealtad Dramatúrgica

De acuerdo con Goffman, Un equipo es un conjunto de individuos cuya cooperación es necesaria para mantener una definición proyectada de la situación” (Goffman, 1956/2001, p. 89), en este sentido, la Familia actúa como un equipo que intenta proyectar una imagen de “estabilidad y linaje” ante la llegada de nuevos elementos (como las actuales parejas o visitantes). La propuesta de vender el rancho es vista como una traición a la lealtad dramatúrgica, pero también si un miembro del equipo (una de las hijas) menciona o revela que la familia está rota, “termina la función” para todos. El conflicto no es solo económico, es el colapso de una actuación colectiva que han sostenido por décadas en “beneficio” de un orden.

Quizás desde aquí es donde debemos frenar para a ver el teatro donde nos paramos y las máscaras con las que actuamos todos los días en los distintos grupos sociales a los que estamos afiliadas: el lugar de trabajo, la escuela, los clubes de amigoas, el lugar donde se practica alguna religión, el estudio de cualquier arte o disciplina y, en general, cualquier grupo social en los que nos desenvolvemos todos los días y donde el interaccionismo simbólico y las tensiones en torno a estas, cobran un sentido mayor desde la interpretación de los roles o “personajes” que queremos mostrar hacia afuera.

Ahora bien, Goffman también revisa que, para evitar la vergüenza, los participantes suelen practicar el “tacto”, que consiste en ignorar las fallas y/o errores de los demás para evitar el quiebre de la interacción: Casi todos los establecimientos parecen estar protegidos por una capa de cortesía y de acuerdo aparente (Goffman, 1956/2001, p. 249). En el filme podemos ver momentos brillantes de silencio incómodo donde los personajes deciden no profundizar en una mentira evidente para no “destruir” la cena, o sea el status del orden social.

León, la figura patriarcal o la que representa la mayor jerarquía, que es como director de escena, intenta constantemente redirigir la atención cuando alguien “sale del personaje”. La tragedia ocurre cuando la información disruptiva es tan fuerte que el tacto ya no es suficiente para salvar la cara (save face). A pesar de esto, el juego de miradas en la mesa es lo que Goffman llama interacción focalizada[1], desde donde se podría decir que la cámara del director captura perfectamente estos “microrrituales” de control. Escenas específicas donde León les dice a cada uno en dónde y en qué orden sentarse, también cuando reprende a los nietos por tener la atención  en el celular y, finalmente, cuando le pide su opinión no sólo a las hijas, sino a los invitados.

¿Alguna vez has estado en un círculo social donde por comodidad prefieres callarte, fingir que no sucede nada para evitar la confrontación no sólo con pares, sino y principalmente con esa figura jerárquica que supone un orden sistemático? La pregunta se dirige al señalamiento de que esto no sólo ocurre al interior de la Familia, con más frecuencia de la que creemos o suponemos, esto ocurre todos los días en la vida diaria, en lo micro, pero también se proyecta en lo macro.

Por ejemplo, en nuestro país es mejor para la jerarquía que mueve a México hablar del Mundial, invitar a las actrices a hacer promoción política, asegurar que somos de los países más felices en el mundo, antes que hablar de la terrible ola de inseguridad que azota a la nación, porque el partido en turno decidió optar por la fachada de “la Familia unida”, en lugar de hablar de lo incómodo de esta familia nacional para llegar a consensos y posibles soluciones en beneficio de todos los actores.

Así como en la cinta todos los personajes prefieren fingir que todo está bien y evitan hablar de ciertos temas para no generar tensión, en la cotidianidad actuamos de la misma manera ante las injusticias y verdades que se nos arrastran en el rostro, pero que preferimos ignorar para agenciar un orden ficticio que, tarde que temprano, explota en el escenario del teatro llamado vida.

 

 

 

Bibliografía:

  1. Goffman, E. (2001). La presentación de la persona en la vida cotidiana. Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1956).

Goffman, E. (1971). Encounters: Two studies in the sociology of interaction. Penguin University Books. (Obra original publicada

 

 

 


[1] Para Goffman, la interacción focalizada es el núcleo de la vida social. No es simplemente estar en el mismo lugar que otros (eso sería interacción no focalizada), sino el acto de establecer un foco de atención común y sostenido. La interacción focalizada ocurre cuando un grupo de personas acuerda (implícita o explícitamente) mantener un centro de atención visual y auditivo, estableciendo una apertura y un cierre de la comunicación. Goffman llama a estas unidades “encuentros” que se dividen en dos: El muro de cristal que es una barrera simbólica que separa a los integrantes del resto del mundo y que son los únicos con el derecho a hablar. Y el segundo es la obligación a participar, que es cuando existe una presión social para demostrar que los miembros están presentes, en ese sentido los momentos de silencio prolongados y la distracción continua del celular, se considerarían como una ruptura de etiqueta.

 

 

 

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