Las amargas lágrimas de Petra Von Kant

Por Sergio E. Cerecedo

 

Rainer Werner Fassbinder (1972)

Junio es un mes al que la cultura de los últimos 100 años ha aportado fechas más allá de las del santoral, fechas resultado de luchas sociales y recordatorios de empatía, de la necesidad de una lectura activa de la otredad y una convivencia diaria que la lleve a la práctica con quienes consideramos diferentes en creencias, identidad y muchos aspectos más, es un momento para pensar en toda la amplitud de la palabra diversidad.

 

En una escena crucial, la protagonista de la película dice a una amiga cercana que “Puedes compadecer lo que no puedes comprender”, y es precisamente en esta historia de amor y una relación disfuncional entre dos mujeres que la delgada línea entre un concepto y el otro se estudia, con resultados duros, punzantes, difíciles de ver porque se contraponen con muchos de nuestros ideales en la vida, en esas amargas lágrimas que describe el título, dado que empezamos a sentir que fuera de ese mundo opresivo, donde frecuentemente queremos lo que no podemos tener, nuestros sentimientos se desbordan, porque al fin y al cabo, eso compartimos como humanidad

 

La obra de Fassbinder se ha catalogado frecuentemente en el género del melodrama, el director pertenece a la lista histórica de cineastas que filmaron en tiempo récord (41 películas en 14 años) consiguiendo resultados coherentes a su persona y a su evolución temática y personal. A quienes vivimos en Latinoamérica, el melodrama europeo nos puede parecer más elegante debido al temperamento distinto de las personas que vemos en pantalla, pero en esta ocasión, el dramatismo le acerca a una versión más refinada de lo visto en las telenovelas, aunque con igual nivel exacerbado en las actuaciones y un interés cercano en los sentimientos y emociones humanas llevadas al extremo o en la repercusión social del amar fuera de las reglas o el no controlar nuestra naturaleza.

 

Petra es una diseñadora de modas que vive una gran contradicción, hay en su vida diaria un lujo perpetuo, un departamento lleno de objetos interesantes y también tiene quien le sirva, Marlene, otra diseñadora que sin embargo está totalmente a su servidumbre. Es monumental la secuencia donde vemos que no le da la vida para hacer los quehaceres que Petra le suma sin dar oportunidad de terminar el anterior. Petra se codea con la alta sociedad, con el gremio artístico, con gente bella ante el gran público y prefiere vivir ahí en ese mundo que pensar en su madre y su hija, tan así que vive alejada de ellas, con una colega diseñadora que no emite palabra alguna, y que, si no fuera porque la vemos dibujar, diríamos que es su empleada doméstica a la vieja usanza; sigue sus órdenes dadas sin cortesía alguna y le atiende a ella y a sus invitadas frecuentemente.

 

En sus conversaciones, por teléfono y en las personas que la visitan, vemos mucha pretensión, lujos, alcohol, y un papel preponderante de las relaciones públicas que le han puesto sin duda en el lugar donde está. Todo parece transcurrir con una superficialidad llevadera, hasta que un día, una invitada de su amiga le roba por completo la atención, el interés y el corazón, hay una inquietud desmedida en este conato de relación que posteriormente no se tornará como el principio parece prometer.

 

Hay en “las amargas lágrimas…” una crítica hacia la falsa comprensión en pos de la vanidad o de la necesidad de quedar bien, que producen los sentimientos obsesivos. Hay en los personajes una profunda huella de violencia económica y de antecedentes familiares de adicciones y pobreza de los cuales se quiere huir a través de extremos. También se apunta frecuentemente el peligro del pensamiento de la musa y cómo la idealización de cualquier persona puede objetivar su vida en una relación y pretender. En este caso de inspiración pasiva, en el cual su inacción es subyugada por el poder económico de Petra, tarde o temprano se dan cuenta que sus voluntades y ritmos emocionales son distintos, y que el dar desmedido no le importa más que vivir a su manera, más allá de las fronteras que suele poner por costumbre la persona que mantiene económicamente.

 

El lenguaje cinematográfico de la película comprende el valor de la pausa, del pararse a contemplar y luego voltear, puedo decir que hay mucho de “semi – plano secuencia”, donde la cámara puede posarse un minuto entero en un encuadre para después seguir sin cortes las varias acciones que vemos en cámara o hacer un acercamiento rudimentario. En ese sentido, su puesta en cámara lleva al extremo la estilización de la narración del teatro. En un ejercicio del extremo, y de las preguntas acerca del querer, el entorno de la película es de una estilización rara, una casa con pocas paredes intermedias que tiene toda la vista de una escenografía, nuevamente de teatro, el uso de la luz también es muy interesante ya que las cáusticas de las persianas frecuentemente son usadas para enrarecer el rostro de las protagonistas. El universo en el que se desarrolla la película es plenamente femenino, no vemos un solo hombre a cuadro.

 

La cámara es siempre una narradora omnisciente con el espectador, pues no tenemos perspectiva desde los ojos de ella ni de ningún personaje. Eso, aunado a los trazos escénicos, da cuenta de una teatralidad que no se repetiría en las formas posteriores del cineasta a este nivel, ya que las siguientes y anteriores películas tienen más secuencias en exteriores. Aquí todas las acciones toman lugar en la casa de Petra, a la que veremos transformarse igual que el cabello, el atuendo y su semblante. Fuera de eso, su entorno parece no moverse. Variedad de tomas, el uso de los espejos, una puesta en cámara muy pensada y lograda de Michael Ballhaus que resalta la figura humana. De hecho, el aspecto crítico antes mencionado ante la vanidad y la superficialidad es recalcado con la metáfora visual de intercalar a menudo encuadres donde, después de las personajes, vemos los maniquíes de petra en distintas posiciones y ubicaciones, comparando por momentos la piel plástica con piel real.

 

La cuestión sonora es poco explorada en el filme ya que se hace énfasis en lo silencioso y aislado del espacio de Petra, sin embargo, la presencia de Marlene muchas veces es marcada con el sonido, que nos traslada su actividad, el nunca parar en varias escenas donde fuera de cuadro se escucha su movimiento en la cocina y su máquina de escribir, la música se reduce también a lo que Petra está escuchando en su tocadisco, la mayoría baladas y rock de los sesentas con un componente melancólico muy fuerte.

 

La parte actoral carga las emociones no solo a la expresión verbal, sino a la gestualidad de los cuerpos, cada mirada, e inclinación tiene una teatralidad plástica que transmite mucho. Podemos ver en Marlene una estructura de servidumbre ciega, nunca Fassbinder ha sido demasiado explicativo, pero aquí el no saber cómo llegó Marlene a semejante sumisión que le ha despojado de la palabra y a tener sus talentos y trabajo en las sombras, dota de una tensión a la presencia enigmática de ese personaje. Las explicaciones, el autor las reserva para Petra y Karin, cuyo primer tema de conversación serán matrimonios fallidos y lo duro de la pobreza vivida por esta segunda y que deriva en una búsqueda a veces necesaria y a veces frívola. Nuevamente las personas no son juzgadas, sino observadas y retratadas en la crítica a las circunstancias y actitudes que les ponen ahí

 

A más de cincuenta años de distancia de su creación, esta película tan expresiva y tan dura en su manera de mostrarnos los extremos del alma y del pretendido amor que nos han vendido merece observarse en lo esmerado de su estética y un diálogo potente entre el teatro del cine, dando un resultado estético y emocional pocas veces visto.

 

 

 

Publicado en Cine y etiquetado , , , , .

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *