Por Sergio E. Cerecedo

Lee Tamahori (1994)
Hace años, con el motivo del estreno de Aquaman, se hicieron públicos algunos videos de las alfombras rojas alrededor del mundo, el más viralizado fue uno del protagonista Jason Momoa haciendo “Haka”, una danza ceremonial maorí, con los actores que representan a su corte real. Lo cierto es que este divertimento es parte del exotismo actual que Hollywood siente por las culturas oceánicas y polinesias como pudimos ver en “Moana”, donde una leyenda similar a la de Prometeo era puesta al día con un gran trabajo visual , además de la fama de actores de esa ascendencia como Dwayne Johnson “The Rock” o el mismo Momoa.
Uno de los predecesores de este boom es Temuera Morrison, neozelandés de fama local que en Hollywood ha hecho secundarios en muchas películas de acción (la segunda trilogía de Star Wars) y da vida al padre de Arthur Curry. No obstante, Morrison protagonizó un drama sobre los problemas sociales de las razas no blancas en las ciudades modernas, centrándose en una familia de ascendencia maorí. La película se volvería un clásico de culto que cumple ya 31 años en el 2025.
El inicio con una toma abierta nos muestra el andar de los autos sobre la avenida de una zona industrial, vemos a una mujer usando ropa de motociclista que maneja un carrito de supermercado con cara de hastío ante el calor, a lo lejos alcanza a ver en un terreno baldío a una chica leyéndole a dos niños, más adelante sabremos que dichas lecturas son leyendas maoríes y que la muchacha es hija de esa mujer, y de los pocos que ha preferido mantenerse fuera de las pandillas, las drogas y todas las cosas que son lugar común en los barrios bajos de toda ciudad.
Del otro lado, su esposo Jake, bravo y pasional, acaba de ser despedido y lo enfrenta haciendo una fiesta bohemia a la que su esposa se integra. Como en los viejos dramas mexicanos, su esposo le canta algunas canciones, pero tarde o temprano, cuando el trato de los amigos acaba por molestarla, al expresarlo es golpeada de manera salvaje. Rápidamente nos damos cuenta del lado oscuro de este ambiente aparentemente festivo, dos lados demasiado extremos que acompañan a los marginados, a los descendientes de razas colonizadas que han terminado por sentirse extranjeras en su tierra.
“Once Were Warriors” tiene puntos en común con otros dramas de esas décadas, de familias de orígenes foráneos sobreviviendo en las urbes, en especial los chicanos con títulos como “Mi familia” (Gregory Nava,1995) o la clásica generacional “Sangre por sangre”(Taylor Hackford, 1995), solo que aquí no hay mucho tiempo para el compañerismo, el cual es visto como algo ciego y de supervivencia, más que el que la hija encuentra en su amigo indigente que vive en un carro abandonado y que le valora de verdad, o de uno de los hijos menores encontrando en las artes marciales de sus ancestros un remanso entre los pleitos familiares y de pandillas, las cuales han tomado como emblema los ahora famosos tatuajes faciales.
“Jake the muss”, como le apodan sus amigos, no es un padre perfecto. Es golpeador, autoritario y no se sabe sobreponer a la adversidad si no es mediante la furia y reacciones impulsivas —buen guerrero, pero poco asertivo como cabeza de familia, una constante que se repite continente a continente—, prefiere vivirlo alcoholizado y entre los amigos de siempre, más parecidos a un grupo de bikers que otra cosa y con quienes es excesivamente permisivo. Por supuesto que estos detalles desencadenaran una tragedia, pero también el auténtico espíritu resiliente de cada miembro de la familia , incluido el hijo mayor, que pese a ser el único que ya no vive con sus padres, demuestra estar cerca cuando se necesita y tener más empatía con sus hermanos que su mismo progenitor. La película plantea un eje protector y rector, que es la madre, interpretada espléndidamente por Rena Owen —recientemente conocida por la serie “Siren”—, quien salva lo que puede de una familia descompuesta y trata de brindar comprensión y apoyo a cuesta de ser golpeada e ignorada.
Con una música que va de reggae relajado a riffs violentos de guitarra —un poco básicos pero correctos— y un montaje directo que experimenta poco, la película dura lo que tiene que durar y se vuelve cada vez más contundente en ideas, utilizando locaciones reales y combinando actores jóvenes con personas de la vida real. En especial, los hijos son resultado de un gran logro de casting que supo ver naturalidad en sus reacciones y colocarlos al frente de gente experimentada.
El director Lee Tamahori llegó a este material ya entrado en los cuarenta años y con vasta experiencia en publicidad, después sería captado por Hollywood para trabajos por encargo como “Al filo del peligro”, un clásico de las proyecciones televisivas donde Alec Baldwin y Anthony Hopkins sobrevivían a un avionazo en medio del bosque o inclusive una entrega del 007 (“Otro día para morir”), trabajos cumplidores pero lejos del intimismo y crudeza de su ópera prima, donde se nota su compromiso personal con el tema y su soltura tras las cámaras.
El blu ray contiene la película remasterizada en FULL HD y pocos, pero valiosos extras como el making off y entrevistas del crew reunido 20 años después, con impresiones bastante interesantes que complementan un filme crudo, vigente y que mucha gente adoptó con la misma devoción que los dramas urbanos parecidos que fueron estrenados en diversas partes del mundo.
