La Mirada Materna como Espejo: el arte relacional de Claude Cahun y Marcel Moore

 

Por Janaína Marina Rossi*

 

De la izquierda a la derecha: Claude Cahun y Marcel Moore. Jersey Heritage Trust Collection. 1928. [1]

 

¿Cómo apreciar, ver, una obra artística femenina? ¿Sin contaminaciones hermenéuticas y excesos de ruidos críticos?

Aprendí con el Master DUODA que hay que ver con las entrañas, haciendo “Tabula Rasa” de los prejuicios. Por la práctica nombrada por Carla Lonzi, entiendo desnudarse, deshacerse de los monumentos fálicos de los conceptos e ideas adquiridas, empezar virgen y así, llegar al horizonte de nuestra propia visión original.

Así que empiezo con una pregunta sentida: ¿por qué la obra de Claude Cahun y Marcel Moore me instiga y a una generación de mujeres ubicadas en la monstruosidad femenina, como yo?

Sé que las monstruas me seducen. Así, difícil no partir de mí: mujer que ama mujeres y siempre planteándome, no por mis “derechos”, sino desde el deseo, por la monstruosidad. Yo, quien siempre elijo los márgenes como lugar más cómodo, siguiendo el vuelo de las Arpías que como dice Barbara Verzini: “…están colocadas en el borde del mundo, en el límite de lo que el hombre conoce, de lo que el hombre conoce, ha pisado, ha colonizado y navegado”[2]. Luego, fuera del Patriarcado. Mirándolo de lejos o desde lo alto, sobrevolando, airosas, en gracia y risa clitórica de la decaída del mismo”.

Las monstruas, guardianas de la Diferencia. Siempre en plural en su aparición. Aladas, te raptan, te transportan, extáticamente, hacia su Misterio magnético.

El arte de Cahun y Moore nos rapta. Nos lleva al lugar trascendente de la alteridad que es política de la relación, condición del engendramiento no solo de su obra, sino de todo ser vivo y de todo lo creativo. Aunque los hombres hayan iniciado una tradición donde o se olvidan de Ella (Naturaleza, Mujer, Diosa, como dicho por Luce Irigaray[3]), o se les roba la metáfora y producto de la generación.

Su creación consiste en un juego entre iguales en su diferencia sexual, que a causa de este contexto intercalan e intercambian entre ellas en un diálogo amoroso, erótico, creativo y entretenido, que consiste en un campo experimental de otras estéticas y otras éticas, generando juntas, conjurando, un arte que nos trasporta al mundo de la monstruosidad femenina.

Donatella Franchi afirma que “crear un contexto de relaciones es un verdadero acto creativo y que para una mujer, la relación es un valor en sí[4]. Y está la marca de la diferencia sexual en la obra de estas dos mujeres. Carla Lonzi ha denunciado la visión patriarcal que quiere dibujar el artista como genio solitario: “Yo encuentro abstracto, es decir, no verdadero, irreal, todo ese constituirse de la personalidad masculina como un producir a partir de sí […] existe siempre una relación, un diálogo”.

Claude y Marcel demuestran el gusto femenino por la relación como característica presente en el arte femenino. Establecen una relación artística dual, nutritivamente fusional, en mediación amorosa. Como las imágenes en el espejo, está la inversión, la mutualidad, y la alternancia de miradas, papeles, y existencias, toda esta “vuelta de la tortilla” que el cuerpo a cuerpo entre mujeres permite, deshaciendo el juego de ilusiones y mitos dialécticos que sostienen débilmente la lógica falogocéntrica.

Engendramiento sin coito en el encuentro de dos libertades femeninas amantes que custodian su fertilidad virgen, lo que culmina en lo que Julie Richard bautiza “estéticas del compartir”[5]

 

Monstruoso Femenino

Claude y Marcel hacen en su arte monstruosa un ejercicio de lo que Mary Daly llama de spooking (ahuyentar) y de exorcismo extático metapatriarcal[6]. Busca, antes de llegar a la experiencia de Belleza, generar en su primer momento un rechazo, la abyección, el incómodo, frustrar la mirada que espera que “el bello sexo” sostenga una identificación tranquila tanto para los hombres que esperan un espejo de sus “Yos” narcisísticos masculinos coherentes, como para las mujeres capturadas en el hipnotismo de la falsa imagen reflejada de la vaginalidad.

Al mismo tiempo, para nosotras, mujeres monstruosas, mujeres desviantes desde niñas, que nunca fuimos muy conformes con lo esperado, al mirar las fotografías donde figura Claude Cahun encontramos un espejo que nos devuelve, que nos recibe de brazos abiertos, es como volver a una casa: la tierra-Matria de las amantes-monstruas.

 

Mi encuentro con ClaudeMarcel

Claude Cahun. Galerie Berggruen, Paris, 1928. [7]

Encuentro a modo de choque, como me gusta. Esta es la primera obra con la cual me fue introducida la artista. Se dice que tal foto fue dirigida por Marcel Moore. Claude demuestra su escisión, su ambigüedad, me fascina la monstruosidad andrógina: un manifiesto anti-belleza, luchando por extrapolar estas molduras limitantes impuestas a la libertad femenina.

Dicen en Aveux non Avenus sobre la relación fusional de las artistas:

Nuestras dos cabezas (cabellos entremezclados inextricablemente), inclinarse sobre una fotografía. Retrato de una o de la otra, nuestros dos narcisismos que se ahogan allí juntos, es lo imposible realizado en un espejo mágico. Intercambio, superposición, fusión de deseos. La unidad de la imagen lograda a través de la estrecha intimidad de dos cuerpos, si es necesario ser, enviando sus almas al diablo![8]

El talento de mujeres para la inmersión en la otra lo debemos a la Madre, a ser del mismo sexo que ella en nuestros inicios, una relación de una cercanía e intimación que es don sexuado, al no estar distanciadas por el ser de un sexo diferente del de ella, como es el infortunio de los niños, separados de ella y con la tarea de construir una identidad negativa a la madre, a la mujer, a Ella, fuente de la misoginia. Por no tener miedo a la práctica de la diferencia entre mujeres, no temían perderse en este mezclarse con la otra. Así, dejarse sumergirse en las profundidades de la otra existencia sin escuchar sobre la patologización de la “fusión entre mujeres” promovido por las “patriciencias”[9] de la vaginalidad.

Así, negando el autor/sujeto/observador neutro y no involucrado, asumiendo su sujeto-híbrido, dicen: “Elles s’aiment”. Ellas se aman. Ellas se aman a sí mismas. Amar a las mujeres es amar a una misma: “Yo soy una. Tú eres la otra. O lo contrario” dice Claude Cahun en su autobiografía-ficcional Aveux non Avenus de 1930[10].

Esta es una de sus muchas fotos de cabeza pelada, perturbando lo que la vista espera, con la aparición por la mágica fotográfica de un ser híbrido, hablando de la ambigüedad esencial del ser. La división, la contradicción, la pregunta de Delfos: conócete a ti misma. La sacerdotisa que sostiene el espejo de la filosofía originaria. La relación con la alteridad que somos, con el Daimon, el diálogo que nos engendra partenogénicamente, en y de nosotras mismas.

La cabeza rapada es la búsqueda de una desnudez esencial. Deshaciéndose de todos símbolos, de toda contaminación representacional, nace otra vez, o mejor, sigue naciendo de Ella. Las niñas bebés vienen así al mundo también peladas, inmaculadas, inocentes, lo cual habla de Ino-cere, incapaz de hacer daño, incapaz de Mal, intocada por el Mal. Vírgenes de desorden fálico. Vienen sin nada, tabula rasa, apenas lo fundamental: el cuerpo. Dice María Milagros-Rivera acerca del desnudarse en el arte performático femenino, que ahí se pone en juego el cuerpo de manera inclasificable, lo que genera estupefacción: “La mujer da a luz desnuda aunque esté tapada. (…) La mujer da a luz en la máxima carencia, en la máxima pobreza, y en pobreza, arriesgándolo todo, ofrece la fecundidad máxima. Se desnuda del yo y obtiene el todo.”[11]

Es la búsqueda de este reencuentro con la madre y su orden simbólico por lo cual generalmente las mujeres pueden hallarla: dando ellas la luz a ellas mismas, como un día les fue dada la luz. Re-actuando las madres, en este intercambio del lugar de quien se identifica con el otro ser, que pasa a ofrecer la mirada para la identidad/espejo del otro ser, en un ciclo benigno que se reinicia perpetuamente.

Retomar este vínculo con el origen y con la otra mujer, amando a una mujer. Es necesario la mirada de la madre o la mirada de la otra mujer, para re-inaugurar la existencia femenina atrapada en el desorden fálico que nos devuelve un falso reflejar de su existencia, algo que enferma a tantas.

En el orden simbólico masculino, denuncia Luce Irigaray, la mujer se ha convertido en el doble del Mismo masculino, reducida a la función de sostenerle un espejo, siendo toda nuestra cultura un gran espejo donde hombres se miran continuamente, aunque acusen a las mujeres de ser las que se miran demasiado al espejo[12].

Claude y Marcel proponen una danza, un intercambio, una movilidad, entre los lugares de sujeto y otra, donde se reinventa una mirada que, en lugar de encasillar y capturar, definir y objetificar, es generadora de vida y subjetivante, retomando simbólicamente, la mirada materna como primer espejo del Ser.

 

Ser y Ser Vista: la retomada del Espejo en los ojos de la Madre y la Amante

Ser vista es el comienzo del existir. Quien primero nos ve, es la madre, quien primer nos recibe en su cuerpo, luego, nos abriga en su mirada.

El Arte de Cahun & Moore es la retomada de la mirada sin el abandono de la tradición femenina de mirarse en el espejo. En el intercambio de puntos de vista se permite la desenajenación de la lógica patriarcal Yo-Objeto.

La artista Claude Cahun, es fotografiada por su amante, Marcel Moore, en una danza donde mujeres se restituyen la mirada y pueden, así, “darse la luz” entre ellas, la luz de la mirada, la luz del reconocimiento amoroso.

Los orígenes de la tradición especular femenina nos llevan hasta los sitios arqueológicos donde se descubren los entierros de sacerdotisas con espejos en manos. Este antiguo y misterioso instrumento que vimos sostenido en manos de las Diosas y orishas que se miran en espejos, al símbolo que hoy es utilizado para representar el femenino, el espejo de Venus, de la diosa Afrodita. Desde mucho antes del Patriarcado, el espejo es un instrumento mántico, místico, de adivinanza, y de la genealogía femenina. “Conócete a ti misma”.

Lo relaciono con la naturaleza dual con que mujeres conciben el filosofar y el saber, la epifanía, en diálogo con una, desde las diosas duales, con dos cabezas, el daemon con quien las visionarias y místicas alegaban hablar, recibir visiones y escuchar voces… la “modestia femenina”, que es nunca acreditar la autoría a ellas mismas, sino que a un diálogo interno con una Entidad que es Ella: Naturaleza, Mujer, Diosa, Musa, la Otra, que viene a habitarles la cuerpa sexuada. Las pitonisas y médiums que dicen estar “incorporando” un otro ser… quizás otro yo.

Este otro-yo, este Daemon, Alter-Ego, lo viene a exhibir Claude en sus multifacéticos aspectos de ella misma. Un yo metamorfo y múltiple. Un doble especular.

La figura femenina con un espejo ha sido, dicho por Meri Torras[13], una imagen asociada antes que a vanidad en la modernidad, a la propia figura de la filosofía, de la mujer sabia y a la propia Verdad. Dice Mercader que en las civilizaciones matrilineales el espejo es el lugar de la verdad, no su imagen o apariencia[14].

Una aparición que puede ser descifrada y degustada especialmente por las mujeres monstruas. Nosotras frustramos la mirada masculina y solo somos desveladas por quienes deseamos, por quienes nos damos a ver. Y por quienes nos perciben, nos ven realmente.

Yo soy una posición que ve. Y con mi mirada puedo juzgar y definir, encasillar, o puedo empatizar, posibilitar y libertar.

La posición de la amante de mujeres es distinta pues es mirada de amor, de concesión del existir, como la mirada de la madre concede existencia y reconocimiento luego de nacer.

 

El Encuentro de dos miradas

Ser una mujer que ama otra mujer es volverse objeto de la mirada de otra forma y de una manera controvertida, pues quién me ve, quién yo consiento que me vea, es una mujer, una otra yo, una semejante, es otro ser que también suele ser objeto de la mirada y de la representación en la cultura patriarcal.

En esta fotografía que abre este ensayo, Cahun no se mira a sí misma en el espejo. En lugar de esto, algo distinto le llama la atención: fuera de la escena está la amante, quien tiene la cámara. Metalingüísticamente mira fuera del script y de la ficción. Es como un despertar de la pesadilla fálica.

Aquí se demuestra lo dicho por Marilyn Frye: “la lesbiana es la que ve mujeres” [15]. Y al hacerlo, se sale del guion patriarcal. Al mirar a la amante, busca el verdadero espejo donde nos encontramos: la mirada de otra, la mirada de madre, que es quien nos realiza en la lengua materna viva.

Ocurre así una des-enajenación de esta captura femenina por el mirarse a sí misma de manera hipnotizada como narcisismo patriarcal que yace prisionero de una ilusión: lo que el espejo me refleja no es mi verdad. Hay algo más que tú misma. Se nota: la otra te está mirando. La oportunidad de verse desde otra perspectiva. Y tú percibes esta otra, y así tu mundo se vuelve más amplio. Tú ves más que solamente a ti misma: ves la otra y te ves por mediación de la otra. Zambrano pone el ofrecerse a la vista como única vía del encuentro de sí[16].

Por lo tanto, las agencias femeninas se alternan: Marcel, por su vez, mira para el espejo. Pero quién ella busca mirar ahí no es su imagen reflejada. Busca, por el contrario, el retorno de la mirada de su amante y otra, por mediación del mismo espejo, el instrumento que antes solo reflejaba a sí misma. Esto consiste en una invitación a más de un punto de vista en el campo representacional. La complicidad en la producción de los sentidos, que retoma la contratación simbólica entre madre y bebé.

Claude&Marcel invitan a atravesar el espejo, nos conducen hacia el otro lado, hacia aquella que está detrás del hechizo: la mujer que sostiene culturalmente el escenario masculino, invitando a dejar de reflejar al hombre para existir para una misma – y para la otra.

Tal restitución en la práctica visual de Claude y Marcel se da por la mirada de otra mujer, por la mediación de amor.

Lo femenino patriarcal es el especular del varón, el espejo donde él se ve como quiere. Luce Irigaray, en su obra de título sugestivo, “Speculum de la otra mujer”, esboza el proyecto y esfuerzo de la libertad femenina hacia el final del patriarcado: que nos hagamos un espejo una de la otra. Que la otra mujer venga a ser el espejo que nos refleja. En una sociedad sin genealogía femenina, construida sobre el matricidio originario del contrato sexual, la mirada de la Madre está ausente de los espejos femeninos y de la cultura del Uno donde La Otredad es reducida al doble del Mismo masculino hegemónico. Lo que la mirada femenina subvierte.

 

Atravesar el Espejo para hallar la Madre

Ser vista realmente, verdaderamente, por una mujer que dirige su atención a otra mujer, que es amante de las mujeres, para una otra mujer, es empezar a Ser. Pues, dicho por Marilyn Frye, la orientación de la amante de mujeres no es sexual, sino de atención.

Y ésta fue una de mis epifanías sobre “por qué mujeres se miran tanto en el espejo”, la pregunta misógina.  ¿Explicará esto la compulsión de mujeres por los espejos? Una búsqueda incesante de la madre, de la mirada de la madre, en una cultura matricida, una cultura que no nos refleja. Las mujeres siguen buscando que las madres las perciban.

Utilizar la fotografía fue para estas artistas una forma de recuperar la mirada materna. La búsqueda de sentirse real, Sí Misma, sólo se resuelve con los brazos de la madre, mirada de la madre, que es donde nos sentimos en casa y en verdad. Es la recuperación simbólica y reactualización de este registro vívido, su mirada, nuestro espejo. En este gesto de restitución, retomamos este holding existencial imprescindible que es el orden simbólico de la Madre.

La lengua materna está siempre antes de todo concepto y discursos sociales e históricos de la “Verdad”. Pues esta lengua, que es carne y sensación, que retiene todavía sus vínculos con la poesía, nombra las presencias vivas del mundo, correspondiendo la realidad y las cosas. Este poder originariamente es de Autoridad Femenina. Sin embargo, es robada por este “Rey”, un usurpador del trueno de la Madre. Esta “realidad virtual” es sobrepuesta a la realidad sustrato de la vida, por debajo de este holograma donde vivimos. Y es antes del holograma donde habitan las arpías: en el borde de este mundo, raptando otras monstruas candidatas a lanzar este vuelo trascendental.

Vírgenes amantes de mujeres son estas arpías de hambre voraz por lengua materna. Las clitóricas amantes de mujeres son aquellas que ven mujeres. La atención es también para Frye, un tipo de pasión. “La mujer, sintiéndose vista ella misma [por la otra], puede aprender que una mujer puede ver, o sea, que puede autorar la percepción.”(1983).

¿Dónde están las Madres de Claude y Marcel? Así que el motivo de la mujer ante el espejo es un esfuerzo repetitivo (pues no pierde la esperanza) de recuperar la mirada de sus madres que les devuelva el sí mismo originario que tuvo su inicio en estos ojos que la percibían y dedicaban atención. Restituir el espejo, que es mirada de la Madre, es el inicio de una nueva orden simbólica para las mujeres.

La casa natal-materna siempre espera que vuelva la hija. Esta casa son los ojos de la madre, los ojos de la amante. El arte es la ofrenda de un espejo, de una mirada que nos da hospedaje y nos devuelve. Es un gesto de amor que genera y regenera.

Respondiendo la pregunta sobre dónde está la madre en la obra de nuestra pareja… está en toda ella, una vez que restituyen el orden simbólico materno en la relación artística que recupera la mirada de la madre, revivida en la mirada de la amante que habita la misma diferencia sexual que la suya.

 

La mirada de Medusa: espejo para mujeres, aniquilación para los hombres

Medusa, distinta a las mujeres vaginales, que luchan con los límites sofocantes de hacerse caber en la vaina de la espada, no es objeto de mirada. Medusa no puede ser vista, no puede ser mirada. Como tampoco la Diosa Artemis y sus ninfas.

El mito patriarcal de Perseo, quien intenta decapitar la Medusa, marca el inicio de una historia donde mujeres son encasilladas por el patriarcado en una moldura asfixiante, en un escudo, un instrumento bélico, donde sus poderes de visión son robados. Nosotras, las visionarias, artistas originales, somos así desposeídas de la realidad de la creación convertida en metáfora.

Toda artista, en la cultura visual del Patriarcado, es monstrua. Monstruas suelen ser guardianas de enigmas. Imágenes de Medusas solían quedarse en las puertas de las antiguas casas, como he visto en un museo de arte etrusco en Roma, ruinas de una civilización de libertad femenina. Por lo tanto, las medusas etruscas se ríen y enseñan la lengua, y son protectoras de las casas maternas. De este espacio íntimo y de cuidado de la vida.

Son distintas a las Medusas que he visto en el museo de arte romano, que llevan una cara sufrida en su decapitación agónica, partícipes involuntarias de una campaña patriarcal de representación infeliz y trágica de estas existencias monstruosas femeninas.

De Barbara Verzini entendí que descifrar la Monstrua empieza por entender que la Monstrua es lo Femenino desbordante, que excede las formas, las molduras, lo que le contiene. Como la Mar de Tiamat, no encuentra límites ni teme la contaminación con lo distinto a ella. En su Chaos, mezcla armoniosamente aguas dulces y saladas[17]. La monstruosidad femenina es sobre este impulso originario de fluir la fuente sinfín, inundar, de resistirse a todo corte promocionado por espadas fálicas de la civilización patriarcal, es la propia Vida en su abundancia y an-arquía. Si son cortadas, renacen, se regeneran. Despedazadas, se diseminan aún más.

La Monstrua es un concepto que ha tomado connotaciones de maldad por la campaña patriarcal negativa hacia nosotras. En realidad, cuestiona el bien y el mal patriarcales: se ha dicho que las monstruas, brujas y tríbades[18], son malas y peligrosas, contagiosas. La desmesura es uno de los rasgos de lo monstruoso. Trascender, trasbordar, las fronteras corporales, y contagiar el otro con lo suyo. No teniendo una forma rígida, la monstrua puede jugar saltando entre los bordes.[19] Y, aun así, volver a su propia forma, no teme perder su sustancia propia, pues entre dos mujeres, aunque se mezclen los fluidos y seres, siguen siendo cada una sí misma, pues la práctica de la diferencia está presente para prevenir cualquier universalización que cancele la alteridad entre mujeres.

Kristeva llama a lo abyecto como “aquello que no respeta los límites, los lugares, las reglas”[20]. Lo abyecto escapa a la pureza de la identidad coherente.  Esta falta de contornos es lo que tiene su cualidad de lo perturbador. Su potencia perturbadora hace temblar la estructura simbólica, semántica y estética patriarcal al desorganizar y desordenar.

Una característica de las monstruas es que no son bellas en los parámetros patriarcales, pues su estrategia es ocupar una no-deseabilidad. Las puertas que las gorgonas guardan se abren solo para las que saben decodificar, ver y descifrar su enigma: las vírgenes, clitóricas, inmaculadas y tríbades. La mirada de Gorgona petrifica porque la pasión nos petrifica, nos deja enmudecidas. Una mirada que, como dice Gen Doy, es para ser encarada, no para ser vista[21]. La mirada de Medusa petrifica a los hombres, seduce a las mujeres.

Las Gorgonas castigan a los matricidas. Defienden a la autoridad materna. Toda artista es una Medusa que ríe, con la lengua exhibicionista. Que es como exhibir, despavoridamente, la vulva exhibicionista de las Shee-las Na Gig, que también solían guardar las puertas de las iglesias medievales. Frente al sacro, el profano de la vulva prohibida.

Un día, las Diosas no fueron monstruas. La Diosa se hace oscura con el Patriarcado, pues se esconde ahí en lo Negativo a toda captura y tergiversación. Algunas artistas eligieron la Fealdad femenina como disfraz de esta belleza hermética que solo vírgenes pueden acceder, como camino ocultista de rescate de la Diosa de la Oscuridad. La palabra Monstrua evoca lo Negativo, pues este fue su refugio, su huida de la luz del racionalismo que ahuyenta el Misterio. En la Ausencia, su presencia es Fantasma que asusta y se burla, en risa clitórica. Vick Noble la llamaría La Diosa Oscura[22], que se ha hecho oculta con la ascensión del Patriarcado. Escondida en las tinieblas, se ha cultivado y adorado de otras formas. Las Monstruas son inmortales, pues son Diosas. Se regeneran. No han desaparecido, solo se han escondido y disfrazado como metamorfas que son.

El Final del Patriarcado convocado por las monstruas vírgenes amantes de mujeres abre todo otro mundo distinto. El colapso heteropatriarcal es para ellas, las clitóricas y tríbades, una fiesta. La risa clitórica de las artistas-medusas hace temblar las estructuras simbólicas del Patriarcado.

El cuerpo a cuerpo con la Madre y aquel que realiza la tríbade con la otra es convertido -por parte de la pesadilla fálica- en un innombrable y en un espacio del abyecto, de lo excluido, de lo irrepresentable y lo prohibido.

Las mujeres que aman mujeres son amantes de la obra materna. Muchas de ellas, inconformistas de género, sufren del desorden simbólico patriarcal de la disforia, un problema de equívoco de hermanas y de extranjería radical en las tierras del padre. Es la agonía de no hallar un espejo, es la extrema lucidez de que estos espejos del mirar masculino no me reflejan y son mentirosos.

Como Cahun y Moore, decido no mirar a lo que me refleja. Y prefiero mirar en los ojos de quien dijeron que no debería: ojos de Medusa, de las monstruosas, y todo lo indebido, lo maldito, lo inaudito femenino.

Investigando la palabra “Inaudito” el diccionario me da también: insólito, asombroso, increíble, pasmoso, sorprendente, inconcebible, extraño, extravagante, extraordinario, admirable.

Somos amantes de lo Abyecto femenino encarnado en las monstruas. Éstas encriptan entre ellas un código para acceder a una belleza que nos invitan a des-cubrir, un enigma a desvendar. Quiero conocer su idioma, su lengua materna. El arte de mujeres monstruas que aman a mujeres me permite acceder a este idioma donde mi ser y cuerpa puedan finalmente ser decibles con palabras que me ven y me devuelven lo que soy: hija y amante de mujer, monstrua terrible, monstrua adorable, monstruosa alegoría, enigma inapropiable.

Leperlier, François. Claude Cahun Photo Poche. Italie: Actes Sud, 2011 [23].

  

 

 

Bibliografía.

[1] Jersey Heritage Trust Collection. 1928. Imagen disponible en: <https://www.wikiart.org/en/claude-cahun/self-portrait> [Acesado en 14 de mayo de 2025].

[2] Barbara VERZINI. “Asignatura Tabula Rasa: Cuando la filosofía se encuentra con el corte de la diferencia”. Assignatura del Máster DUODA de 2024.

[3] Luce IRIGARAY. “En el princípio era Ella: un retorno al origen griego arcaico de nuestra cultura”. Barcelona: Ediciones La Llave, 2016.

[4] Donatella FRANCHI. La Novedad Fertil. Mujeres y practicas artisticas. Asignatura Master Duoda, 2023.

[5] Richard, Julie. The symbiotic relationship of Claude Cahun and Marcel Moore: a space “between us”. En symposium “Parent-elles, partner, daughter, sister of…: Women artists and the ties of kinship”. Paris: 2017 . <https://awarewomenartists.com/en/publications/la-creation-symbiotique-de-claude-cahun-et-marcel-moore-un-espace-entre-nous> [Acesado en 14 de mayo de 2025]. 

[6] Mary DALY. Gyn/Ecology. The Metaethics of Radical Feminism. Boston: Beacon Press, 1990 (1978).

[7] Galerie Berggruen, Paris, 1928. Imagen disponible en <https://revistacult.uol.com.br/home/mulheres-surrealismo> [Acesado en 14 de mayo de 2025].

[8] Claude CAHUN. Aveux non avenus. Paris: Carrefour, 1930.

[9] Concepto de Susan Cavin en Lesbian Origins. San Francisco : ISM Press, 1985.

[10] Tirza True LATIMER. Women together, women apart: portraits of lesbian Paris. New Jersey and London: Rutgers University Press, 2005.

[11] María-Milagros RIVERA GARRETAS.TEMA MONOGRÀFIC La performance, una prolongació del part / La performance, una prolongación del parto DUODA Estudis de la Diferència Sexual / Estudios de la Diferencia Sexual. Número 51. 2016.

[12] Luce IRIGARAY. El Espéculo de Otra Mujer. Madrid: Ediciones Akal, 2007.

[13] Meri TORRAS (2007) “Bellas, sabias, narcisistas, prudentes y vanidosas: feminidades especuladas. Una aproximación al motivo de la mujer ante el espejo” [artículo en línea] Extravío. Revista electrónica de literatura comparada, núm. 2. Universitat de València. <http://www.uv.es/extravio> ISSN: 1886-4902

[14] Laura MERCADER. Ofrecerse a la vista no es dejarse ver. Libertad femenina en el autorretrato de mujeres. Asignatura Política Sexual, Política Visual. Master DUODA, 2024.

[15] Marilyn FRYE. To Be and Be Seen. The Politics of reality. The Politics of Reality. Essays in Feminist Theory. California: The Crossing Press,1983.

[16] María ZAMBRANO, La Confesión: Género literario (1943), Madrid: Siruela, 1995.

[17] Barbara VERZINI. La Madre y la Mar: el Enigma de Tiamat. Madrid y Verona: edición independiente. Colección a mano, 2021.

[18] Tb. tríbada. Del grego τριβάς, -άδος tribás, -ádos, der. de τρίβειν tríbein ‘frotar’. Mujeres que sienten atracción hacia otras mujeres y frotan sus clítoris para alcanzar el éxtasis sensual.

[19] Conversación privada con Barbara Verzini.

[20] Julia KRISTEVA. Powers of horror: An essay on abjection. New York: Columbia University Press, 1982.

[21] Gen DOY. Claude Cahun. A Sensuous Politics of Photography. I.B. Tauris & Co. London: 2007.

[22] Sobre la Diosa Oscura (Dark Goddess) lo explica Vick Noble en su entrevista para el antiguo programa “The Goddess in Art Series”: <https://youtu.be/mWu6_OVdEGM? si=Y4MxmWtNJtQXlmR6&t=138> [Acesado en 14 de mayo de 2025].

[23]  Leperlier, François. Claude Cahun Photo Poche.  Italie: Actes Sud, 2011.

 

 

 

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Un comentario

  1. Gracias! Creo que faltó mi bio:

    Biografía:

    Janaína Marina Rossi es psicóloga psicoanalista desde una clínica de la diferencia sexual femenina (@psicoterapia.feminista) y activista lesbiana en la colectiva Memória Lésbica. Tiene escritos sobre la subjetividad de mujeres que aman mujeres publicadas en antologías como “Desobedecer para Sanar” (Mundanas, Chile: 2022) y Insílio: La cárcel del Silencio (Mogrovejo, Mexico: 2022). También es ilustradora de la libertad femenina y la existencia lesbiana (@furiosaarte).

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