Por Diego Medina
Estos días de terror televisado, dígase Teuchitlán, un poema se repetía en mi cabeza, obstinado, cruel y reclamando su lectura en voz alta: “Cadáveres”, de Néstor Perlongher, es una de esas obras que pasan inadvertidas en los estudios de poesía contemporánea, en parte por la censura que lo vio nacer, pues al ser un poema que denuncia las atrocidades de la dictadura argentina, su divulgación no fue muy amplia, pero también porque es un poema escrito por un escritor y activista abiertamente homosexual y ya sabemos que al canon cultural no le gusta mucho la idea de abrirle sus puertas a una turba de locas.

Néstor Perlongher
El poema de Perlongher es crudo, directo, barroco, performático (en mi opinión es un poema para leerse en voz alta), y se une a las poetas locas (queer) que se alzaron en contra de la dictadura, como Lemebel o Puig. Este poema —además de un ensayo del que hablaremos más adelante— es el punto de partida para el poema de largo aliento Cadáver Perlongher con el cual Juan Antonio Alfaro se hizo del Premio Nacional de Poesía Elías Nandino 2022. El texto se divide en dos partes, la primera “Retrato hablado del cuerpo antes de ser borrado” es una descripción vívida de Néstor Perlongher, “parecía no una chica sino una de ultramar. ultramaricona.”, la segunda parte “Ladrillos de registro”, desarrolla preguntas y respuestas que se valen de intertextos (muy a la Sara Uribe en Antígona González), que responden a otros autores, que dialogan con otras obras, que exigen conocer los sustratos para entender las imágenes y los puntos de enunciación de Alfaro.
El poemario se sumerge en los cadáveres, en los cuerpos, en los desaparecidos desde un logocentrismo, es decir, el lenguaje, el signo, el trazo, incluso el silencio, son recursos perifrásticos para nombrar al cuerpo, al cadáver y al desaparecido. Este poema resulta satisfactoriamente filosófico, un manjar para los entusiastas del giro lingüístico, pero también para los estudiosos de la literatura queer, pues si bien no es un poema LGBTTTIQ, este poema es heredero de una tradición contestaria queer y resulta emocionante ver hasta dónde han llegado las contribuciones de una de esas locas radicales como lo fue Néstor.
El autor nos advierte que el hipotexto de este poema es el ensayo “Néstor Perlongher y sus cadáveres: del neobarroso a la necropolítica” de Ezequiel Zaidenwerg, acompaña esta aclaración una serie de autores a los que hace referencia a lo largo del poema. Si bien no es imprescindible conocerlos a todos, como todo escrito basado en la intertextualidad resulta difícil valorarlo íntegramente sin los referentes, este es quizá su mayor defecto y virtud. Recomiendo buscar, además del artículo, información sobre los autores que Alfaro cita, así como el ensayo de Ezequiel y la lectura de la obra de Perlongher.
Hay otra razón por la que he querido hablar un poco sobre este libro y es que este tipo de lecturas resultan catárticas en momentos como los que atraviesa nuestra sociedad mexicana, rodeados de violencia, desaparecidos y cuerpos. Hoy más que nunca la lectura de Perlongher resulta necesaria y oportuna (jamás oportunista) así como la propuesta de Juan Antonio Alfaro.

Juan Antonio Alfaro
Finalmente, recomiendo leer sobre la vida de Néstor Perlongher, así como su obra, seguir leyendo a Juan Antonio, quien también fue ganador del Premio Nacional de Poesía Joven Salvador Gallardo Dávalos (2018) y cuyo poemario (cápsulas venados) se encuentra en Poesía Mexa. En cuanto a los materiales del libro Cadáver Perlongher son de buena calidad, aunque austeros, ya que está publicado por Tierra Adentro, una lástima porque el libro se presta para que se haga una edición más cuidadosa, eso sí, el precio es sumamente accesible, no más de cien pesos. Aunque es un libro exigente, es, como he dicho, un manjar. Mi calificación final es de 4/5.
