Por Crysti, Danae, Nat, Victoria, Cecilia, Gloria
Cuando nos acercamos a la obra de Mayra Santos-Febres nos encontramos una autora con la capacidad de escribir sobre diversos temas y a cada uno darle su toque especial. Es lindo hallar una escritora que tiene tantas historias por contar. Además de que resulta liviana, divertida, con una profundidad que no termina por ser pesada, sino disfrutable por su dinamismo en esa variedad de historias que imagina. Mayra se muestra como una escritora con muchas voces y estilos, en sus narraciones destaca la sensibilidad de sus personajas, la manera en la que ellas viven su cuerpo, sensualidad y negritud; siempre con un maravilloso toque de humor y crítica.
En esta edición de Pez e vidrio también podemos encontrar una escritora que se comparte en su proceso, pues en su segunda edición, revisada y aumentada, contiene un apartado dos con cuentos que, ella misma nos comparte en el prólogo, tienen otra intención. Son cuentos en los que se ha dado otros permisos como autora, entonces experimenta incluso con la extensión de los textos, con los juegos de estructuras de cajas, con la seriedad que, no obstante, no vuelve cansino el texto. Además, es una escritora atrevida de diversas formas, y la que se nos revela en ese compartirse en su proceso como cuentista a través del segundo apartado es una Mayra que se permite trastocar a ciertas figuras de la historia de la literatura —entre otras—, y poner el foco en las mujeres, desmitificando a los grandes héroes.
Así pues, leer a Mayra siempre es un deleite; las historias que ofrece van más allá de lo normativo y eso es quizá el centro de su escritura. Romper con aquello “válido y aceptado”, para ofrecer precisamente esos matices tan variados. Al ser una mujer caribeña, cuando la leo tengo la sensación de estar en un ir y venir, como el mar. A veces el oleaje es fuerte y bravo, pero no violento, y eso se nota también en sus escritos. Otras veces es suave y ligero, sin embargo, eso no le quita fuerza. Al contrario, la combinación de sus relatos demuestra la importancia de conocer más allá de la idea antropocentrista que se vende sobre las islas del Caribe, Mayra hace un excelente trabajo al mostrar la realidad mediante sus historias.
De esta forma, la experiencia de acercarnos a la obra de Mayra es como estar en un vaivén de sensaciones y emociones, pero con un rumbo fijado. Como en un mar abierto, pero con la idea de siempre tener una guía en la mano de la escritora, no sentirse perdida, maravillarse por esas pequeñas encrucijadas que vienen en cada uno de sus relatos y ser como una especie de espectadora que se encuentra a la espera del siguiente. Entonces, al avanzar en los relatos que forman Pez de Vidrio, se perfila esta sensación del vuelo de una mariposa, pasar de lo personal, como los deseos y el sentir profundo que las mujeres habitamos, a temas con un tinte político más marcado. Hablar del cabello como un símbolo político en “Hebra Rota” y luego regalarnos la posibilidad de imaginar o reescribir temas históricos como en “La Oreja de Van Gogh” me hizo sentir parte del libro.
Leer a Mayra también es esperar a que en cualquier momento del cuento nos preste la tinta para escribir con ella y eso es excitante. Pienso, además, que al ser una escritora de los 90’s se siente más cercana en el lenguaje a pesar de la distancia entre países, y que eso permite también atravesar estas sensaciones de cercanía, de ser parte de las historias y de la escritura. Al mismo tiempo, está repleta de referencias populares que justo se vuelven ese puente para sentirte dentro y parte de las historias, aunado a que esos referentes revelan las conexiones entre los países del Caribe y cómo comparten elementos que constituyen un imaginario tan cotidiano, como Mirta de Perale, ícono y referente en el mundo de los tratamientos de belleza en latinoamérica. Y no faltan en sus historias esa conexión con Estados Unidos que existe en Puerto Rico a través de esa castellanización del inglés o esa presencia de Miami. Es así que leer a Mayra puede acarrear momentos de esa sensación expansiva de todo, de la cuerpa, de los sentidos, del gozo, como en “Mariana y su olor”.
Ahora bien, si pensamos en los temas que Mayra Santos-Febres aborda en sus cuentos, podemos decir que giran en torno a lo cotidiano, desde sentirse cómplice al ver a través de una ventana al vecino cambiarse de ropas o ser parte de acontecimientos de “descubrimiento” y formar parte de comunidades de la periferia o poseer “poderes” que permiten no leer la ciudad, pero sí las desgracias de los demás. Mayra nos permite adentrarnos y empaparnos de esos relatos, para crear un abanico de posibilidades, para caer en cuenta en esa ruptura de lo normativo. No obstante, creo que como lectoras intentamos agrupar los temas que nos presenta y justo eso es lo emocionante. Quizás Mayra no pensó en líneas temáticas pero la forma en que nosotras vamos agarrando los hilitos sueltos y vamos tejiendo nos hace parte activa de su voz.
Los temas me recuerdan mucho a eso que decimos en el feminismo de “lo personal es político”. Siento que, aunque quizás no en todos los cuentos, Mayra lleva una bandera política explícita, incluso podemos notar que hay un mensaje que nos quiere dar o preguntas que nos quiere hacer. En ese sentido, Mayra nos regala un abanico de experiencias humanas encarnadas en sus personajes: la exploración de la sexualidad, la vida cotidiana, el matrimonio, el aborto, hasta cuestiones políticas y sociales como la lucha por la independencia de Puerto Rico, las presas políticas, varias críticas a la cultura eurocéntrica. En este tejido, algo que resalta es la importancia que da a la presencia de las mujeres, con Mayra es posible hallar algunas de las pocas historias que a través de la literatura dan cuenta de la participación activa de las mujeres en la lucha social y política, sin perder su dimensión humana y sensible; y esto es uno de los hallazgos más gratos en medio de todas sus historias.
Aunado a ello, pienso que Mayra construye personajes femeninos que se adueñan de sí mismas, de su cuerpa, de sus decisiones, de sus sentires e, incluso y gratamente, de sus convicciones de lucha social y política, aunque esto último sea una cuestión que Mayra trata de forma tenue, pero no por ello menos fuerte en su crítica. Me encanta cómo las personajas se vuelven protagonistas hasta en cuentos tan pequeños como en “Acto de Fe”, donde Blanca Canales, Juana de Arco y hasta la cartera son el centro de la historia que nos cuenta. María Luisa fue de mis favoritas ya que encuentro en ella un proceso de emancipación que se da entre hojas de libros y tecito. Las personajas que Mayra nos presenta quizás no son famosas, pero definitivamente cambiaron el rumbo de su entorno.
En suman, algo que me gusta de la lectura de Mayra, es la construcción de las personajes femeninas. Pues las voces que ella les ofrece no resuenan desde un peldaño mínimo o inferior. Sus protagonistas siempre van de la mano de la autora, al mismo tiempo que las dota de una autonomía que permite crear escenarios con los cuales, quienes llegamos a leerla, nos sentimos apapachadas, incluso identificadas con ellas. En los relatos de Mayra llega un momento cuando puedes incluso sentir las emociones y sensaciones por la descripción de sus historias y no ser indiferente con lo que se relata.
