Por Diego Medina
Este mes de marzo fue un mes horrible para la poesía gay. Uno de los mejores poetas de México, Aleqs Garrigóz, murió a la edad de 40 años. La causa: un infarto. Inmediatamente las redes sociales comentaron la noticia, algunos con auténtica consternación y, otros más, con una transparente maledicencia. Sucede que sobre el nombre de Garrigóz pesaban algunos señalamientos de acoso sexual, incluso hubo un proceso judicial en su contra, del cual salió airoso el autor jalisciense.
¿Por qué leer a Garrigóz si está funado? La literatura gay siempre ha estado al margen, como lo hemos estado los gays, lxs trans, las lesbianas, les queer, por eso considero que censurar la obra de un autor marica por sus funas es simplemente FASCISTA. Aleqs Garrigóz ya está muerto, ¿qué más quiere la policía del pensamiento y la moral? No podemos permitir que el punitivismo ascienda como política regulatoria del arte. Además, el trabajo de la crítica literaria consiste en recuperar la producción escritural y enmarcarla en el contexto de sus recepciones, influencias, su calidad y en el caso de la crítica queer enmarcarlas en el contexto de una moral hegemónica, puntivista e hipócrita.
Rescatar la obra de Garrigóz de su funa es un ejercicio crítico de la ontología homosexual, porque hay que dejar en claro que los homosexuales no somos medio humanos, mitades de algo, ni minusválidos, somos personas completas, redondas, que pueden ser terribles y maravillosos como los demás, que no somos susceptibles de lástima, compasión o caridad, por el contrario, somos complejos, tenemos un lado oscuro, siniestro, pervertido, huraño, misántropo que brilla con la misma intensidad que nuestra sed de ángeles desnudos o de orgías en jardines alejados del ruido del mundo.
Entre los detractores de Garrigóz no se pudo negar nunca la calidad de su obra poética, una obra que sin exagerar alcanza las cumbres del Parnaso mexicano, con algunas imágenes elegantes en torno a las cuales gravita el resto del poema, con un registro léxico exquisito: pues sin ser rebuscado logra construir metáforas que brillan como el oro, que saben a almíbar, que huelen a primavera e inciensos, que estremecen el terciopelo de la piel y que lo hacen hablando de hombres desnudos, de jóvenes, de amigos, de amantes prohibidos, de campeones y de derrotados. Garrigóz construyó un jardín en el cual los homosexuales podemos abrevar, como potros salvajes, las más cristalinas fantasías.
![]()
Sucede que lo monstruoso es también un semidios, si pensamos en Medusa, en las Amazonas, en Aracné, en Argos Panoptes, etc., descubriremos que todos ellos tienen rasgos divinos, monstruosos sí, pero ungidos por un Dios, algo similar pasa con la obra de Garrigóz, que emerge como un Pegaso blanquísimo, de los coágulos que fue su funa. Sin embargo, no son cosas separadas, de nuevo, lo terrible y lo maravilloso convivieron en su vida y obra.
Hoy quiero recomendar su lectura y con ello su memoria, destacan Primo, Los muchachos, Resplandor de oro amanerado y Penetrado por el amor, títulos que son ya parte de nuestra historia y nuestra literatura queer. Finalmente, quiero dedicar unas palabras a Aleqs: Poeta que conoció el amor, cayó de lo más alto como Ícaro y hoy descansa en versos que son como nubes. Mi calificación para la obra poética de Garrigóz: 5/5.
