Alessio Arena. Nacido en Nápoles, divide su carrera entre España e Italia, conciliando proyectos literarios, musicales y educativos que buscan relativizar las fronteras entre los tres ámbitos. Autor e intérprete de cinco discos multilingües y de textos y música para el teatro y otros intérpretes.
Tres poemas inéditos
Aberración de la luz
“Esta cabeza, cuando viva, tuvo
sobre la arquitectura destos huesos
carne y cabellos, por quien fueron presos
los ojos que mirándola detuvo.”
Lope de Vega
Cuando el invierno hacía tiritar las cifras del calendario
me iba a la calle de los belenes, abarrotada de estrellas.
Había una vieja allí, doblada bajo mantas de borrego, en una equina.
Vendía cigarros y unos caramelos de granada,
pero si tú comprabas unos cuantos
ella te descubría el real negocio, poniéndose de pie como un rapaz,
y haciendo sacudir las alas de su manta
hasta encontrar las llaves.
Las que despanzurraban los candados de la iglesia,
la de Santa Luciella
y de su oculto cementerio, bajo tierra,
donde la gente se prostraba
ante una calavera con orejas.
Las tenía momificadas, no sé sabía por qué.
Si le cantabas algo, si tú le articulabas tus deseos,
lo escucharían los inframundos,
los santos, los espíritus, los agujeros negros
de Jesús crucificado en las constelaciones.
Yo solo conseguía inclinarme, pero se me moría la voz.
Quería sacar sobresaliente en un examen,
ser el primer astrónomo del barrio.
La calavera santa parecía moverse,
danzar sobre las ondas
longitudinales de mi discreción.
Listado de cuerpos celestes
Cosas que me gustaría que existieran entre los objetos transneptunianos,
allí, muy lejos, en el llamado acantilado de Kuiper,
donde el universo
se
cae
pero nadie sabe hacia dónde:
un rapidísimo asteroide que transporte pizza a domicilio
varios cometas que suenen con voz de June Christy
un planeta-biblioteca
(con textos en español e italiano,
sorry para los que no entiendan
los dos idiomas más retumbantes y orgásmicos de la historia)
muchos meteoritos para ir de un lugar a otro y sin revisores
un par de lunas con vistas al mar y un enorme restaurante
para la primera vez que has quedado con alguien
muchos cuásares para que iluminen muy fuerte la noche
un sol que no dé cáncer de piel
algunos satélites con camas elásticas y cursos de lengua gratuitos
(para los que luego salten al planeta-biblioteca, ¿vale?)
otro cometa para algo útil que ahora no se me ocurre
otra estrella gigante en la que nunca es lunes después de ser domingo
y donde viva y reviva mi abuela Antonietta con todos sus dioses,
para ir a visitarlos
un agujero negro por donde mirar otra galaxia
y sentir
que nada
se
acaba
Dímelo tú si vas a resistir después de esto
Yo sabía que la sonda espacial Stardust lanzada desde Cabo Cañaveral
había alcanzado su objetivo cinco años después,
es decir, cuando se había metido dentro de la cola del Cometa Wild
recogiendo muestras de su núcleo y de polvo estelar.
Lo que no podía imaginar era que, justo en los días en que aquello ocurrió,
otra sonda en forma de electrodo había aterrizado
en la pared del corazón de mi padre
para ser unida a un marcapasos que acababan de implantarle bajo la clavícula.
No lo podía ni sospechar porque yo conocería a ese viejo
algún tiempo después,
y en el mismo hospital en que le hicieron la operación escupiría mi adn
para probar ante los médicos que era su hijo.
Hasta entonces no me había dado cuenta de que toda mi infancia
había sido un ensamblaje mitológico de ideas, de súplicas, de empeños
relacionados con el hombre que algún día vendría a buscarme.
Para que yo pudiera crecer de verdad,
para que me atreviera a dejarme guiar por otras estrellas.
También vi muy claro que en todo aquel tiempo
no había aprendido a escupir.
Y la muestra resultó insuficiente.
Por eso, a los quince días sin tener una respuesta, tuvimos que volver.
La verdad es que me daba vergüenza hacerlo delante del médico
y más aún delante de mi supuesto progenitor.
Por eso agarré el frasquito y me fui a escupir al lavabo.
Lo hice muy atento, casi casi con rabia, preciso y puntero.
Yo creo que saqué hasta carbono al estado puro
y olivino, anortita, diópsido.
Todo mi polvo estelar.
