Por Paloma, Yessica, Gloria, Danae, árbola almendra, Margot, Jazzia, Elisa, Laura V. y Ximena
Mar de colores nos hereda
la música de tu semilla
buscamos entrar en el lila de tu voz palabra
que nos lleve por el sensible
camino de la ciudad jacaranda
semilla que no ha nacido
futuro incierto de ciudades donde escasea el verde luego lila
de tus pensamientos musicales
de la vida encerrada en ciudad-concreto
que crece en gris perpetuo retorno a la sequía
desapareces en la imagen de una película olvidada
con el fondo de una niña perdida que vende rosas- lilas
En la oscuridad de tu sueño
desde el jardín recibes:
el alimento que guiará tus hilos
a la luz, al aire, a la vida,
tu primavera, tu prima vera,
un aliento de vida
una chispa, un destello
florecemos tus pasos
florecemos tus tallos
esperas
Estamos a marzo
y la ciudad se hace cama de metal
con sábanas cielísticas
lilas y azules
Se acaba la esperanza
cuando llega el rojo in extremis
que no son solo los árboles
—todas lo sabemos—
con el dolor profundo del recuerdo
memoria tallada en troncos y postes de luz
y manos que arden
Mas toda cuerpa de agua
recuerda la ruta
recuerda la carrera
y nos recuerda ser lodo
ser bomba de semillas traslúcidas
vuelo ligero que aterriza
Ponemos la epifanía
en las copas de las mimosas folias
en el árbol migrante
que confía en el Cutzamala
que confía en el poro del concreto
que le pide que absorba agua
que la filtre la enbodegue
que la sostenga
para la próxima sequía
para la próxima contingencia ambiental
mientras todas
deseamos la epifanía jacarandosa
de las flores y las hojas
¿cómo construiremos el árbol metafísico en los inviernos?
¿cómo construiremos la esperanza después de la muerte?
amnesia en la primavera
cómo se ocupa ese lugar de cuando no hay flor ni fruto ni señal de vida
dormitamos
en invierno hay raíz que respira todavía
ensoñando bajo avenidas
entre tuberías carcelarias
que no retienen el sonido
que el invierno sea el espejo hilado entre tus pestañas y el suelo
si te vi fue porque había luz morada alumbrando la catedral
así se siente el lila en mis noches,
cuando las flores secas truenan muertas en mi pecho
y sé que alrededor todo está frío
Luego somos:
semilla todas
encerradas
prestas a ser crecimiento y bóveda
un día recubrirlo todo
acaparar la respiración
llenar pulmones con el dulzor florido
de nuestras bocas alegres
en medio de una ciudad que se sabe seca
cada vez más seca
resistiendo
tratando de mostrar un contraste
entre los grises pavimentos
y el smog
que borra cerros del oriente
Jacarandas
fantasmas silenciosos
gestando en sus vainas
gritos de colores
prisma que nos regala su belleza
arquitectura enramada
con raíces profundas
que se mezclan
con la sinfonía etérea
de sus habitantes alados
Testigos mudos
de la locura de las selvas
de cemento muerto
Sobre ríos entubados
que se mueven
como serpientes extraviadas
buscando una salida
al laberinto de Ariadna y Teseo
Arquitectura de colores
texturas
Aromas rebeldes
que se liberan felices del asfalto
que las aprisiona y las somete
Amanece el día
a los pies de un árbol
hojas amarillas
en la puerta de una casa
fruto suave al levantarse
espalda verde
boca blanca
Y en la brevedad de los cuerpos
la palabra como semilla
apacigua el hambre.
alguien condenó a
las jacarandas por ser “plaga”’
¿de qué nos plaga?
de qué nos llena, lilas hojas
la esperanza en la muerte —todavía—
la esperanza de la noche más larga
la esperanza que anuncia
el siguiente día
el siguiente sol
porque aun en la muerte se gesta
la vida
la esperanza:
la enseñanza del color
que se acaba, pero no.
Regrésame al origen,
allá, donde la explosión
deviene violeta perpetua,
y el desorden de tus flores,
llenas de gracia, es abrazo
despojado de la asfixia.
Devuélvenos al tiempo-espacio
no ultrajado,
destruye con tus raíces
el concreto que nos niega
el derecho divino
del retorno a nuestra tierra.
