Violetta de la Peza | Poesía

Violetta de la Peza es una mujer feminista, animalista, apasionada de la naturaleza, poeta amateur y collagista en desarrollo. En sus ratos libres intenta rescatar árboles y animales. Ha encontrado en el arte un refugio del mundo en decadencia y del horror cotidiano.

 

 

 

Despojo urbano

Hay vestigios de dolor

en las copas de las palmeras.

En sus ramas inertes

la historia de una ciudad

despojada del verde.

 

 

 

I.A

¿Cuánto tiempo ha pasado
desde que vi luciérnagas?
Desde que una libélula perdida
se posó en mi hombro,
sorprendiéndome.

 

Hace cuánto que no me arrulla

el canto  de las cigarras

anunciando la lluvia.

Que no revolotean en mi pelo

los escarabajos de mayo.

 

De niña, pasaba horas

observando las orugas,

con fluorescente persistencia

trepaban los troncos de las jacarandas

como presagio de la primavera.

 

Ahora, les queda casi nada

que medir a los gusanos.

¿Será que las abejas

ya no regurgitan polen

sino microplásticos?

 

En las jardineras vacías,

la nostalgia por mi infancia,

cuando el tiempo

lo marcaban los

animales más pequeños.

 

No sé si han migrado

o decidieron esconderse de nosotros.

Tal vez agonizan

paralizados por pesticidas.

 

Quizá la I.A tenga respuestas,

pero, ¿podrá transmitir

el cosquilleo de las cochinillas

caminando entre mis dedos?

 

¿Tiene chat gpt

un reservorio digital

de los deseos susurrados a las catarinas?

 

¿Se guardan en algún sevidor

las buenas noticias

auguradas por las mariposas blancas?

 

Tengo la esperanza puesta

en aquellos que resisten.

En los grillos que no callan,

en las cucarachas reapropiándose el espacio.

 

En las arañas tejiendo entre libros,

en las avispas construyendo panales en las azoteas,

en las polillas rondando 

las luces de las oficinas.

 

 

 

¿Con qué sueñan las abejas?

Volvieron las abejas a la cocina.

Confundidas revolotean

buscando flores en la tarja

|se han perdido

en el bosque de cemento.

 

En un zigzag zumbante

desorientadas

forman infinitos en el aire.

 

En el panal-mosquitero

se turnan para descansar.

No les veo los ojos,

pero imagino que duermen

 

¿Acaso sueñan?

 

Retoman el vuelo

sin rumbo,

búsqueda infructuosa.

Algunas sedientas

naufragan en el  espejismo del café.

 

No puedo salvarlas a todas

pero lo intento,

¿A qué sabe la miel

de las abejas extraviadas?

 

Les repito una y otra vez

¡Aquí no hay flores!

¡Se las tragó el concreto!

 

No me escuchan

o me ignoran.

Quizá solo me acompañan

ellas saben,

este tampoco es mi lugar.

 

 

 

Publicado en Obras literarias.

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