Yahir Aguilar | Poesía

Yahir Aguilar (Ciudad de México, 1987). Poeta, librero y promotor cultural. Estudió en la Escuela Mexicana de Escritores. Ha colaborado en la antología poética Caminos Inciertos Madrid, España. Antología poética Un disparo en la nuca para terminar el verso, Potosí, Bolivia. Colaborando en el libro Arte y Literatura Hispanocanadiense edición 2022 y 2023 Ottawa, Canadá

 

 

 

 

Toronto

En la sala de espera del aeropuerto

Lester Bowles Pearson 

me tejes sin darte cuenta

una sonrisa carnosa de labios rojos.    

Y te escribo con las palabras que no se mencionan

sentado en la sala de espera 

en esos versos con taquicardia 

sudando frío

al escribir el poema    

incendiándose desde el centro de la hoja 

para interrumpir el despegue y el aterrizaje de los aviones

por el incendio de tus ojos mientras escribes en tu celular  

por el humo de mi corazón mientras lo ignoras 

por el aeropuerto de Toronto en llamas 

expandiéndose con el viento

como un hechizo de tus ojos negros por Ontario 

para que no olvides despegar a donde te venga en gana  

y de volver contigo

y de volver sin mí

y de volver completa a casa 

hablando el lenguaje de los árboles rojos 

al descifrar la desgracia de las gaviotas heridas en la costa.

Somos adictos a las cenizas

es por eso que nos guardamos en el corazón como tesoros  

para no terminar como metales oxidados atrás del mar

cuando no hay mejor lugar para habitar que el mar

cuando mis ojos opacos brillan oxidados

como piedras al sol negro estampado en mi playera de cielo

al estar lejos de ser tu primera palabra del día.

 

 

 

Distante

A pesar de la distancia

de la ausencia

de la fe

construyendo ciudades desiertas en el corazón

luchar no tiene sentido sino se lucha

hasta conseguir que viva

lo que se protege

lo que se lucha

lo que se desea constante y respirando.

Lo vulnerable dentro de nosotros

tiene que florecer en la tierra de la voluntad.

Reinvéntate

muda de alma 

cambia de piel 

no hay acto más vergonzoso

que dejar de ser uno mismo. 

Olvida lo que la gente piensa de ti

estás primero ante todo

domestica el dolor porque nunca lo dejarás de sentir

ondea la bandera roja en noches desesperadas 

con un cerillo prende fuego a las nubes

nómbrate por tu nombre

has tregua con la tristeza

no te desconozcas

no te detengas

ni con todo el odio y el amor acumulado  

dejes de ser lo que eres

hasta reconocer en el opaco reflejo del espejo 

el avance de lo ganado abriendo caminos en el cielo  

para no detenerte 

o

no mirar atrás

al arriesgar las lágrimas en cada despedida.

El agua cristalina hasta cuando se estanca se pudre. 

Enamórate de los instantes

estamos hechos de ellos

porqué todo el tiempo somos carne, huellas y poesía. 

Solo falta abrir los ojos cuando los tenemos abiertos.

Toca encapsular el oxigeno que respiramos

es momento de tallar las montañas del norte 

es evaporar la cordillera rodeando

el centro del sur

es respirar con los pulmones ponchados

es estremecerse lejos de la respiración

de tus seres queridos 

¿y cuál es el maldito problema? 

si el espíritu y los imperios se construyen caminando solo. 

Alguna vez vibró a flor de piel

la fuerza

la rabia

el universo de un abrazo 

el festejo en los días sin los míos

una vida con los tuyos 

una vida tan brillante

como esas formas tan oscuras que somos al amanecer:

curiosamente

al amanecer recolectamos 

todas esas miradas que soñamos

para arrojarlos al fuego al abrir los ojos. 

Ahora es afrontar la desgracia

encararla

encarecerla 

mirar fijamente sus pupilas dilatadas 

aceptar su insípida realidad

su antipatía

pero nunca abandonar la lucha

el espíritu

la rabia

para buscar de bajo de las nubes en llamas

ilusiones

y desilusiones  

y nada más

y nada más 

y nada más. 

A estas alturas 

no se espera nada 

de la vida

ni de la muerte 

ni de una sonrisa llena de anhelos

entonces 

vívete

sálvate de ti mismo

apuesta todas las fichas en el juego del absurdo  

porque el futuro es hoy. 

El secreto radica en no guardarse nada.

 

 

 

La más bella suicida.  

Ya no escucharemos   

tus murmullos arrastrarse  

por las piedras adoloridas de tu sombra

detrás de la puerta de tu cuarto. 

 

Hechizabas 

con esa dulce voz cantando 

un corrido tumbado

en la barra del Búnker

 

No habrá más de tus sonrisas

danzando en el balcón iluminado

por el sol ahorcado en la ventana 

con tus ojos en blanco colgando de tu rostro.

 

¿Dónde quedarán los poemas 

sobre las ánimas rotas

emergiendo de las recetas del psiquiatra

salpicadas con tu sangre?

 

Pero te vas honesta

te marchas en forma 

de pastillas antidepresivas 

de paloma blanca histérica

de bomba de luz

explotando

sobre los parásitos 

que nunca dejaron de moverse  

en el centro de tu paz.

 

Sé que no volverás a cerrar los ojos  

al cobijarte en ese cuarto oliendo 

fabuloso mezclado con sudor amargo

a orines secos de tu gato Lirio 

clonazepam caducado 

a montañas de cigarrillos dejados 

sobre el despostillado tocador de madera.

 

Esperaste sentada en la banqueta

la cruda voz de la vida  

diciendo al odio:

 

encuentra la luz

un sitio para tu alma

un abrazo del fantasma de tu madre al cerrar los ojos

un arma para colocarla en la sien de la muerte.

 

¿Encontraste la mirada?

 

Vivías dentro de ti

en ese lugar

donde el alma siente más frío.

 

Caminaste invisible en las calles regias  

cuando lo único que deseabas

era iluminar los rincones oscuros de Monterrey

con tu sonrisa.

 

Ahora florecen tus lágrimas en mis ojos  

cuando prendes un porro mirando desde el más allá

al Cerro de la Silla

y no puedo fumar contigo.

 

Siempre llevaste dentro de tu bolso

la sal de tu sombra corriendo detrás de ti

esa dulce voz de bruja

domando gatos en noches de luna llena

bolsas de piedras y de diamantes de tu corazón

la fotografía sepia de tu madre muerta 

una navaja afilada para tus cicatrices

50 pesos de mota

y toneladas de tristezas 

fumando

Marlboro tras Marlboro

por las lunas

por los soles

por la eternidad.

 

Al paso de los días te conviertes

en esas mariposas de colores ácidos 

que no paran su vuelo silente

sombreando mis caminos.

 

Durante la crudeza de los tiempos 

brillar nunca ha sido suficiente 

para sobrevivir en estado puro.

 

¿Por qué calle de La Febriles montas tu bicicleta? 

¿En qué jardinera del barrio cortas las flores? 

¿Por dónde vuelas ahora Marifer?

 

 

 

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