Por Ghana Hurtado P.
¿Cuántas personas afromexicanas desaparecidas hay en México? La falta de datos desagregados perpetúa las desigualdades en el acceso a la justicia de pueblos y comunidades tanto indígenas como afrodescendientes. ¿Las personas afromexicanas no son víctimas de desaparición forzada?
Acapulco, Guerrero. El pasado 27 de octubre, Vicente Iván Suástegui Muñoz cumplió 42 años y 1,544 días desaparecido. A la 1 de la tarde en la Parroquia de San Francisco de Asís de la Colonia Ciudad Renacimiento, familiares, amigos y periodistas honraron el aniversario de Vicente con una misa.
La Fiscalía del Estado de Guerrero responde a la petición de justicia con una estrategia de desgaste y crueldad. Hay inculpados, pero también prófugos. Hay declaraciones que afirman que Vicente fue ejecutado y abandonado en un sitio, pero también hay restricciones para realizar búsquedas en lugares invadidos por grupos delictivos. Hay una promesa de justicia, pero también hay procesos que no se cumplen. Hay medidas cautelares, pero también hay dos crímenes no resueltos: el asesinato de Marco Antonio Suástegui Muñoz —hermano de Vicente— y la desaparición forzada de Vicente.
“En cualquier caso de desaparecidos siempre la familia tiene que salir adelante por el Estado sumiso de esta situación”, declara Rogelio Teliz, abogado del Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, quien acompaña el caso.
Samantha Colón Morales—esposa de Vicente— encabeza las jornadas de búsqueda. Su deseo más anhelado es encontrar a quien durante años fue su compañero. En la ausencia de su pareja ha organizado actos políticos y ha administrado un hogar inculcando en sus hijas una memoria presente de su padre. El 27 de octubre celebra el cumpleaños de Suástegui portando una playera blanca con el rostro de Vicente, organiza un convivio con comida, cerveza y música al que asisten familiares, amigos, periodistas e integrantes de colectivos de búsqueda.
“Feliz cumpleaños donde quiera que te encuentres”, Samantha le dedica un estado de Whatsapp y organiza una verbena con comida y música de banda. Asiste también una rezandera, quien guía los misterios gozosos. Las plegarias incluyen, en voz alta, el deseo de que Dios proteja a Suástegui y le permita volver a casa.
Del 2022 al 2024 el índice de hombres desaparecidos en el Estado de Guerrero aumentó del 81.64% al 83.37%. Al 2025, Acapulco es el municipio que concentra el mayor número de casos de personas desaparecidas.
En Acapulco, además de playa y desapariciones forzadas, también hay cerca de 165 personas que se auto reconocen como indígenas y 75,476 que se identifican como afrodescendientes.
Las cifras oficiales sobre desaparición forzada no dicen nada sobre las personas indígenas o afrodescendientes, pero las playeras blancas con la fotografía de Vicente impresa y la leyenda ¡Nos falta Vicente! dicen que un líder afromexicano no ha vuelto a casa. Uno de quien sabe cuántos más.
Al terminar el rosario, la banda de viento toca algunas canciones frente al altar de Vicente. Hasta arriba, en el centro, está su foto, por los costados hay unos carteles donde se lee “Papá”, tiene flores y en el piso hay veladoras. No está muerto, está desaparecido, hasta que la Fiscalía del Estado haga lo suyo esclareciendo el caso y otorgando justicia a la familia Suástegui. Quien sabe cuánto hará de eso.
Suenan las mañanitas, luego una porra. La reunión está siendo custodiada por policías, es parte de las medidas cautelares para Samantha y su familia. Y aún con eso, la esposa de Vicente no está librada de recibir amenazas de muerte. Aunque difícil, ha aprendido a lidiar con ellas, igual que con la ausencia de Vicente. Es cuestión de maniobrar con la resistencia al dolor y al miedo.
Los avances del caso van a cuentagotas, algunos de los hombres que participaron en la desaparición de Vicente están sentenciados, pero no es suficiente (nunca lo será), porque quien tuvo mayor responsabilidad aún está libre y resguardando a hierro lo que sabe sobre el paradero de Vicente.
De ese hombre, Pedro Santos Cruz —reconocido como el Comandante Pino— la Fiscalía General del Estado tiene dos cosas: una orden de aprehensión y una negligencia institucional que no termina de explicar por qué esa orden no ha sido ejecutada. La versión sobre el desconocimiento de su paradero se ha vuelto insostenible. Se sabe que continúa frecuentando los Bienes Comunales de Cacahuatepec, pero la Fiscalía insiste en no saber.
Hasta que la Fiscalía no ejecute esa orden de aprehensión y, en apego a la verdad y la justicia, obligue a declarar y comparecer al Comandante Pino, Samantha y sus hijas seguirán vistiendo esas camisetas blancas con letras rojas y una fotografía. Nadie puede contradecirlas, ¡Nos falta Vicente!

Fotografía: Ghana Hurtado Pliego.
