Por Sergio E. Cerecedo

Steven Kostanski (2020)
Cuando se estrenaron las películas de Deadpool y le impactaron mucho a la gente, me parecieron divertidas, pero sobre todo pensé que mucha de su irreverencia y humor políticamente incorrecto no era nada que un aficionado a la Serie B no estuviera acostumbrado a ver. No hay nada más pasado de lanza que una película que sabe que no está destinada a los cines grandes donde se tiene que someter a las clasificaciones de la industria y por eso se permiten chorros de sangre, lenguaje procaz a montones, efectos visuales baratos y una trama con jaladas increíbles que no pretende quedar bien con nadie.
En esta misma tónica, la casa productora Astron 7 se encuentra operando desde 2007 de forma local (en Canadá) especializándose en películas de bajo presupuesto de terror, ciencia ficción y similares, de una manera similar a las producciones de la Troma Films —Sargent Kabukiman y la Saga de The Toxic Avenger, entre otras— combinaban la acción y fantasía desbordada con el humor más ácido y variaban desde las comedias tontas hasta la ciencia ficción. En esta ocasión nos traen una historia divertida contada tanto en modo morboso como simple y que toma mucho.
Un conquistador alienígena exiliado por ser el mayor mal que ha aquejado el universo se encuentra enterrado en un lugar del planeta tierra, da la casualidad que quien lo encuentra es una niña ruda que trata pésimo a su propio hermano y tiene la extraña suerte de, en uno de sus juegos extraños (El que pierda se dejará enterrar vivo), desenterrar el féretro y hacerse con una joya ancestral que le permite controlar las acciones del monstruo.
Su relación crece como la de cualquier película de extraterrestre amistoso pero sin la parte amable, los niños disfrutan que al que han nombrado Psycho Goreman destruya las cosas a su paso, reviente o derrita a quienes le desagradan a Mimi y que pueda romper cosas a voluntad y engullir con su enorme boca todo lo que se le atraviesa encontrándolo con gracia, solo que al contrario de en “Mi villano favorito” y películas infantiles similares, acá el malo que simpatiza con los humanos es mucho más amoral e inconsciente y por ende es un personaje que sin buscar la simpatía fácil lejos de hacerse entrañable, sí es malo, destructor y con motivaciones al fin y al cabo egoístas.
Como era de esperarse, el despertar del monstruo es percibido por una especie de logia gobernante del mundo de donde proviene, y Pandora, la representante de estos viaja a la tierra con la intención de matarlo y restaurar un supuesto orden. Aquí es donde la cinta se da vuelo, pues lejos de buenos y malos, todos los seres extraterrestres son de bajos instintos y hacen lo que se les pega la gana. Ese divague infantil, y no por eso del todo inocente, es lo que hace crecer la película, la amoralidad y descaro de que la niña haga con Goreman lo que quiere, y su mejor virtud es esa burla y ese carácter de “antimensaje” —el final nos da cuenta de que la lección aprendida no se va a llevar a cabo—, donde la niña gandalla ve las consecuencias del maltrato hacia su hermano, luego si tomamos en cuenta una madre nerviosa y un papá holgazán con iniciativa marca Homero Simpson que no hacen sino nutrir ese humor absurdo mezclado con lo macabro.
La cinta toma mucho prestado del humor de la saga de Toxic Avenger, especialmente del final absurdo y la amenaza demoníaca que sucedían en la parte 3, pero virándolo hacia lo infantil. Aquí lo relacionado con los niños no es del todo inocente, la voluntad de Mimi es caprichosa y siniestra, y ni el mismo monstruo aguanta estar condenado a juegos tan tontos con todo su poder, inclusive vemos al alien transformar gente en criaturas de aspecto espantoso y romper a su paso cosas sin importarle nada, y por supuesto a la niña dándole cuerda ante el terror de la gente.
La fotografía maneja lenguaje visual también muy televisivo que recuerda a las series como “Escalofríos” y “Le temes a la oscuridad”, también canadiense, pero en especial la caracterización recuerda muchísimo a los villanos de los power rangers —con todo y texturas viscosas—, unas botargas y máscaras que ahora resultan de risa loca y que vemos desmembrarse y aplastarse a voluntad, al fin y al cabo en ese universo tanto el orden como el caos tienen un carácter déspota y siniestro y da lo mismo. Digamos que la niña hace lo mismo que la clase política, pero con más gracia.
De igual manera, en la parte sonora, la música es divertida y desmadrosa, especialmente una canción que Mimi canta en el karaoke poniendo a Psycho en la batería en un número musical de risa loca que sirve para narrar cómo el invitado no esperado se integra a la dinámica de la familia. Las actuaciones son jocosas, despreocupadas y le dan el tono ligero alternando las actuaciones de los seres humanos con caracterizaciones y secuencias de pelea que parecen sacadas de las primeras temporadas de power rangers, permitirse hacer obvia la artificialidad como se hacían hace treinta años es ahora casi artesanal, y funciona muy bien.
Para disfrutarla al cien por ciento es necesario saber que es una película para desconectar el cerebro y divertirse, y especial para los amantes de lo grotesco y que no se toma nada en serio. Me encanta cuando dan a entender que las cosas están mejor sin él, pero de todas maneras el caso es que el protagonista gane a la mala. Aunque todo se vaya al diablo, al fin y al cabo, dentro del artificio de los efectos visuales, “Psycho Goreman” es un divertimento que saca provecho del escuincle mala leche que todos llevamos dentro.
