Por Diego Medina
Hace tiempo debí comentar alguno de los títulos de Bruno Bellmer, mas mea culpa, la tarea se postergó en mi escritorio durante mucho tiempo, en parte por el ajetreo urbano y las tribulaciones propias, pero sobre todo porque no encontraba las palabras adecuadas para hablar de la pluma de Bruno. Resulta que estamos ante una obra cruda, destripada, confrontativa e incómoda y por eso mismo genial y alucinante.
En Después del daño se narra la historia del Jordan, un bastardo que muchos desearían mejor no hubiera nacido, él mismo lo ha deseado a veces, pero fiel al instinto de supervivencia el Jordan se sobrepone a las dificultades a través, no tanto del crimen, sino del culerismo. Roba, trafica y se acuesta con su propia hermana, motivo que desencadena la odisea que transforma al Jordan. Pero es imposible sentir compasión por este hijo de puta, no es casual, la pluma de Bruno revela la oscuridad dentro del corazón del lector: somos capaces de desear el mal o, al menos, satisfacernos con la indiferencia ante el dolor de los demás, si lo consideramos merecido.
El Jordan también es violado, lo han tratado de asesinar y aun así la compasión o la pena se nos figura un sentimiento que este personaje no se merece. Si te subes, te paseas, reza el adagio popular. Jordan no es inocente, es culpable, pero hay algo en su universo que se pudo hacer por él y no se hizo. Este es el retrato de los hombres y su hombría herida, hombres que son entrenados como perros de pelea para ser arrojados al mundo a morder a cualquier que se atraviese en su camino. La historia del Jordan es la historia de los hombres defecados por la vida. El Jordan es cagada.
Tampoco es tan sencillo. Bellmer dibuja un personaje complejo, motivado por el amor trata de asirse al mundo, a la vida, pero incluso esta esperanza, este rayo de luz en el basurero se tiñe del fétido humor de la depravación. Jordan se enamora de su hermana, mantiene relaciones sexuales con ella, trata de separarla de su familia y aunque sabe que no es correcto insiste en esa esperanza torcida. Todavía en la cárcel, Jordan recuerda suspirante los encuentros amatorios con su hermana. No hay salvación para Jordan, pero esto nos hace preguntarnos ¿hay salvación para el mundo que parió a este bastardo? La respuesta se nos antoja fácil, no, no hay salvación para nadie.
Pero todo tiene sus matices. Cada personaje añade complejidad al comentario social que Bellmer hace en esta novela, cada personaje hiende sus colmillos en la palabra abuelo, madre, primo, padre, padrasto, etc. No hay nadie con las manos limpias. Esta novela puede provocar náuseas, indignación, incomodidad y hartazgo, pero nunca aburrimiento, es una novela que merece ser leída y por eso escribo el día de hoy. No adelantaré el final de este título publicado por Vitrali Ediciones, baste decir que Bellmer cumple con las expectativas que sus trabajos anteriores habían sembrado en sus lectores. Espero sinceramente que muchos se acerquen a su obra y descubran que el diagnóstico de sociedad enferma es más complejo que la escala de grises.
Si bien la obra peca de algunas erratas, la lectura de la prosa es más bien sencilla y aunque hemos dicho que es una novela incómoda, siempre nos exige leer otra página más, su estilo es sencillo y se agradecen las referencias musicales y la creación de un universo paralelo al nuestro, aunque gemelo en muchos sentidos. Nuestra calificación es de 4/5
