Por Diego Medina
La poesía gay suele hablar del contacto entre hombres en varios registros. Está por ejemplo aquel que nombra lo priápico: la erección y el culo que le rinde culto, la adrenalina, los sitibundos desesperados de leche masculina. Están también los que hablan del trauma sexual: la violación, el incesto, los deseos antisociales. Pero hay un erotismo que habla de estrellas, atardeceres, rompecabezas y hombres que lloran y juegan deportes de contacto; un erotismo arriesgado porque desnuda a los hombres desde adentro. Ésta es la poesía de Israel Nicasio, autor de El punto de donde se ha desprendido el cometa, un poemario de una ternura purísima.
A través de 27 poemas, nuestro autor nos ofrece una perspectiva gay de los hombres que pisan la cancha, que se baten atléticamente en duelo contra sus semejantes, el pináculo del homoerotismo. Sin embargo, su poesía no es la de un sexópata, sino la de un militante de la sensualidad que explora a través de los sentidos: que si el olor del sudor o del suavizante de telas, que si los balones cayendo cual cometas, que si el frío o la “palmada en la espalda” o los moretones después del entrenamiento, todo ello es parte del animal erótico llamado hombre.
Nicasio, no obstante, no se limita a nombrar los lugares placenteros de este ritual llamado “ser hombre”, hay poemas sobre clases de geografía, trastornos alimenticios, sobre la homofobia de los “heterosexuales” o de padres explotados; pero en todos estos hombres hay una herida llamada ternura. El texto que rompe esta norma es uno que habla sobre un asalto, pero incluso en dicho poema donde un niño rompe en llanto porque se le exige comportarse como hombre se hace presente la ternura.
Al leer la obra de Nicasio queda claro que otra poesía es posible y con ella otro mundo, uno luminoso, lúbrico y erótico para los gays. Es una poesía que observa el partido de fútbol desde la cancha, es decir, es una poesía situada abajo del cielo y arriba del infierno, una poesía terrenal y divina como lo puede ser el deseo. En cuanto al lenguaje es necesario destacar que a través de descripciones hipotácticas el autor construye un lenguaje que lo abarca todo, algo que sólo los grandes escritores pueden bienlograr, pues se sabe que lo si es bueno y es breve, es doblemente bueno.
Las imágenes poéticas son contundentes, pero no son frenéticas, sino apacibles, como si nos invitaran a desnudarnos desde adentro, y sugieren eso que no se nombra: “Soy llanura soleada / cuando subes a mi auto / y pretendes no reconocer el calor / de todo lo que hay aquí”. El registro léxico no es complicado, no se requiere tener un diccionario a la mano para entender palabras complicadas, aunque hay algunos intertextos para los cuales, como hemos dicho anteriormente, es bueno tener el celular a la mano para buscar tal o cual pintura, trabajo que no desmerece el poema, sino que en última instancia lo embellece.
Finalmente, este poemario está hermosamente ilustrado por Sebastián Delgado, los materiales del libro son de buena calidad y es de precio accesible. Si desean adquirir un ejemplar, Nicasio estará presentando el libro este 12 de abril en la Librería El último encuentro (Calle Puebla #45, Col. Roma Norte, CDMX), a las 18:00 h. Nuestra calificación es de 4.4 / 5.
