Clarisa Pereyra | Poemas

Clarisa Pereyra (Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1974) Docente universitaria en el área de lingüística y sociolingüística; Profesora y Licenciada en Lengua y Literatura, Especialista en Estudios Culturales por la Universidad Nacional de Río Cuarto. Mi trayectoria en investigación radica en la función performativa del lenguaje a través de los dispositivos discursivos. El lenguaje nos atraviesa y me inspira, soy poeta de domingos lluviosos.

 

 

Encuentro

Estoy cubierta.

Las escamas de lluvia

recubren mi cansancio.

Se agota mi agonía,

se diluye por las alcantarillas del tiempo.

Me acaricia el sosiego.

Renuncio al olvido.

Me rindo a la espera.

Ya puedo esclarecer la realidad

con el alma desnuda,

con el alma abierta.

Me busqué lejos

y me extravié.

Hoy mis palabras se han reconciliado,

encontraron su razón de ser.

Estoy cubierta.

Me cubren siete letras transparentes,

me cobija el crepúsculo.

Estoy rodeada de mí,

me he encontrado.

 

 

Nada

Qué terrible es el vacío

de una soledad acorralada,

y qué vacío de dolor

está este mar que llevo

como cuerpo…

Cuán grande la angustia

de no sentirme siquiera latiendo,

pues la nada inmensa

me ha envuelto

hasta convertirme en desecho.

Hoy sólo me resta

una inexistencia inacabada,

una mirada despojada

de humedades

unos ojos llenos de silencio…

Y por último una voz,

una voz enmudecida de cansancio,

una voz resquebrajada,

una voz acurrucada

en lo que alguna vez fue pecho

 

 

Siendo

Adiós, abismo, ya puedes retirarte, ya no eres mi reflejo.

Y te digo adiós para convencerme de que ya no eres mi sombra.

Aléjate de mí, penumbra Que quiero entibiar mi rostro al sol

Desvanécete dolor, suelta las cadenas que te condenan a las lágrimas.

Grita de una vez, angustia, y cierra tus ojos, que ya está amaneciendo,

y no hay espacio para tus fatigas.

Oh resentimiento ahogado, apacigua tus pasos,

¿Acaso no sientes las llagas en tus pies?

Deja de llamarme ausencia, ahora no quiero acudir a ti,

otras voces me llaman.

Ya no preciso tu cobija, soledad, un abrazo entibia mis huesos y mi sangre.

Quédate cerca inocencia, golpea mis puertas, derríbalas y quiebra mi mirada,

llenándola de mar.

Arrímate magia, y cántale a mis oídos una tierna canción de cuna.

Arrebátame el suspiro, nostalgia, que tu aroma me lleve hasta tu puerto.

Devuélveme la sonrisa, vida, quiero asombrarme nuevamente.

Reconcíliate con tu nombre, amiga mía, ya es hora de levantar vuelo,

ha llegado el tiempo del reencuentro

 

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