El estructuralismo en escena | Narrativa

Mayo del 68

Por Christian J. Kanahuaty

 

Y sí, en pleno invierno austral, Argelia arde. Escribes en tu diario las primeras impresiones, pero luego das continuidad a tu trabajo. Versa esta vez sobre el poder capilar y sobre las relaciones normativas que se establecen desde el arte entre las palabras y el cuerpo.

Pero aún no das con la manera de enlazar todas tus investigaciones con el nuevo libro que te pide la universidad.

Este viaje, entonces, resulta ser solamente una excusa más. Algo con lo cual puedes dilatar el tiempo sin las miradas de soslayo en los pasillos.  

 

A medida que pasan los días sientes que este sitio tiene algo para tu memoria. No es tu infancia a la que regresas, tampoco es tu juventud, que ya imaginas perdida en esas calles doradas por el sol del verano. Sientes algo así como una magnífica revelación. Te subleva, pero no es el mar rojo, ni las edificaciones que parecen emanar de un cuento. Quizá sean los cuerpos desnudos que viste en la playa.

No pudiste acercarte demasiado porque ibas acompañado, pero ahora que es tu primer sábado de libertad, deseas ir de nuevo al sitio en el que se paseó tu mirada. Podrías presentarte en inglés, pero prefieres el francés. La lengua de la seducción. Y hablas con el primer muchacho de piel cobriza que te devuelve la mirada. Al principio son sólo trivialidades. Las palabras de circunstancia que ocurren en cada encuentro. Se buscan. Tantean el terreno. Él no sabe nada de ti. Eres otro extranjero que se irá al terminar el mes. Así que no hay problema. Puede inventar una historia para ti. Sin embargo, por razones que ni siquiera alcanza a comprender, te dice toda la verdad.

En cambio, tú, sí te inventas una vida. No quieres pasar como el profesor que busca experiencias más allá de las aulas y su geografía.

Ruegas por una noche a su lado y de regreso en tu habitación, escribes. Se sueltan las oraciones y una a una adquieren sentido. Dejas el manuscrito descansar y a la mañaLeer más

La historia subyacente, reseña de la novela Aprovéchate de mi de Xóchitl Lagunes

Por Diego Medina

Publicada en 2022, por el Fondo de Cultura Económica y ganadora del Premio Nacional de Novela José Revueltas 2020, Aprovéchate de mí sigue la historia de Manuel y Santiago, el primero de 30 y tantos el segundo de 16, nuestros protagonistas se conocen porque trabajan en locales contiguos en San Mateo, Cuautitlán. Santi es mesero en un local de barbacoa y Manuel tiene una dulcería en el local de a lado.

Sin embargo, Manuel está casado con Elena y sólo le puede ofrecer sexo a Santi, lo que este toma como una traición a su idea de “querer a alguien”. Paralelamente Santi se relaciona con Vane, con quién estudia en la Prepa 9, pero aunque ella lo impulsa a buscar una beca de intercambio, tampoco quiere ser su “novia” sino que prefiere “seguir fluyendo”, decepcionado Santi entra en crisis y abandona la escuela y confronta a Elena a quien le revela que se ha estado acostando con su esposo, pero Elena parece saberlo porque no hace gran escándalo del asunto.

Finalmente nuestro protagonista se va a España gracias a un ensayo sobre Fuente de Vaqueros, pueblo natal de Federico García Lorca, lugar que Santi se imagina muy parecido a San Mateo y que se propone visitar una vez llegue a España. A grandes rasgos esa es la historia que Xóchitl nos cuenta a través de 126 páginas, bastante fáciles de leer aunque con una tipografía muy chica, lo que puede cansar la vista de los lectores con astigmatismo, como es el caso de su servidor. Los materiales del libro son de buena calidad, tomando en cuenta que es una versión de bolsillo, su precio es bastante accesible (en esta Feria Internacional del Libro del Zócalo la pude encontrar en 80 pesos), la portada estuvo a cargo de Nurivan Vilori Martínez.  

La historia está dividida en 12 capítulos, los cuales llevan por título nombres de canciones de Café Tacvba, y que sirven de leitmotiv de cada uno de sus capítulos, en palabras del protagonista “Estoy seguro de que tienen una canción que podría quedarle a cada momento de mi vida, y todas te hacen imaginar unas historia.” Estas canciones sirven pues como epígrafes de cada capítulo, en el que el protagonista eLeer más

Reseña colectiva: ‹‹¿Cric? ¡Crac!›› de Edwidge Danticat

Por Celia Alvarado, Victoria Pantoja, Danae Perales, Nat Mont y Ximena Cobos

 

La intención de hacer una reseña colectiva tiene que ver con que la experiencia lectora no es en solitario, en ese sentido, la sorpresa, el placer y los hallazgos que una puede tener cuando hace la lectura, se expanden y se potencializan cuando llegamos a las sesiones colectivas y escuchamos la experiencia de las otras. Entonces, quien lea esta reseña puede ser invitada a acercarse a Danticat desde la emoción de un grupo, conocer una experiencia lectora enriquecida a través de dialogar con otras, enriqueciendo también la conexión con los cuentos de Danticat, transformándola de un ejercicio intelectual a uno sensorial.

Esta reseña colectiva, además, da cuenta de que leer en acompañadas ha destapado nuestros sentidos para apreciar los distintos matices que encontramos en la autora y que al compartirlos se vuelve un manjar de una exquisitez espléndida. Es así que el acompañamiento modificó la forma de leer la obra, ya que cada mirada abría nuevas posibilidades y también datos históricos que daban un contexto mayor a lo que leíamos. La reseña colectiva fue también un pretexto para reconocer la forma como cada una mira la migración haitiana en México, al mismo tiempo que dimensionamos la problemática o los sucesos que ocurren en su territorio, aquello de lo que vienen huyendo sus habitantes.

Antes de hablar de su obra, queremos presentarles a la Edwidge Danticat que descubrimos. Yo la presentaría como una autora que cuenta con una gran sensibilidad y mucho amor tanto a Haití como a sus costumbres. En cada uno de sus cuentos se puede ver el grado de admiración que tiene hacia este país. La forma en que utiliza el lenguaje es hermosa. Hay mucha musicalidad en su prosa que asemeja a ratos más a una poesía. Es también una escritora muy completa que logra transmitir la complejidad de la vida y de los procesos de migración y violencia del pueblo haitiano, al tiempo que consigue transmitir la belleza y lo terrible de la experiencia humana. Asimismo, podemos decir que es una escritora que también vive corporalmente los escenarios que narra: la violencia durante la dictadura, la esperanza del Haití que sueña en medio de todo, y la realidad migrante que se debate entre las raíces y la nueva vida, como una cuerda que se tensa constantemente y se busca que no se rompa. En ese sentido, Danticat tiene una gran habilidad para narrar la vida cotidiana de lo que acontece a su alrededor y transmitir a través de sus escenas un mar de sentimientos y emociones, que nos muestran la complejidad de las relaciones que se tejen cuando vivimos en comunidad.

Podemos decir también que la escritora Danticat es muy grande, sus escritos son de gran valor, -yo no la conocía-  y que conocerla es absolutamente una forma de humanizarnos y de ver con otros ojos a un país que por su idioma, por su raza y por su historia pareciera no tocar mucho a México, pero que sí eLeer más

Crónica de un entierro | Narrativa

Por  Diego Covarrubias

 

Con el pelo tiznado por el polvo que somos y seremos, con las uñas sucias y las palmas de las manos llenas de ampollas por sujetar la pala con la que, todos los días, entierran a los muertos, los sepultureros no saben de qué color son los ojos del cadáver que están enterrando, ni su nombre, ni su oficio, ni por qué murió, ni han leído el poema de León Felipe que dice que para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera sirve, cualquiera, menos un sepulturero, para que no se banalice la solemne ceremonia mientras los sepultureros silban por lo bajo una canción de moda, esperando que termine el entierro para irse a sus casas a ocuparse de otras cosas,  indiferentes al triste silencio del muerto que se queda en la tumba, y que será devorado por gusanos hasta la desaparición de sus vísceras, hasta el último cartílago que sostiene su esqueleto, y que pronto será un derrumbe de huesos, como si fueran las columnas de un templo griego convertido en ruinas, al muerto, que a partir de este día será testigo ciego de las lunas llenas  que se volvería a morir si pudiera escuchar el llanto de su hijo, que, a sus escasos trece años, con los primeros brotes de acné en su frente, enfrentado al misterio del vello púbico y al torrente de testosterona que galopa por sus venas, sufre una repentina orfandad en la que aúllan lobos solitarios, y en la que, una  tristeza venida de quién sabe donde, provoca llantos en sus ojos, un niño que, para no perder el equilibrio y caer en el agujero en el que acaban  de bajar el ataúd de su padre, se aferra a la mano de su madre, quien lo abraza como si quisiera protegerlo de una pesadilla, una madre joven, y ahora viuda, que  llora en silencio la promesa de amor eterno que no cumplió su esposo, y que estrena una oscura viudez inesperada, y la responsabilidad de ser madre y padre al mismo tiempo, y encargarse de los trámites para gestionar el testamento y el pago de la hipoteca amenazante, una madre que sacude la cabeza para sacar de su mente las imágenes y los sonidos del asalto en que murió su esposo, los gritos de “ya se la saben cabrones, pongan sus celulares y carteras en la bolsa y al que se pase de verga se lo lleva la chingada”, y su esposo, en violento forcejeo, negándose a entregar su nuevo iPhone comprado en Coppel a doce meses sin intereses, y los ladrones cada vez más nerviosos, y “estate quieto cabrón, si no quieres que te metamos un plomo”, hasta que la situación llegó al límite y el balazo rompió tímpanos, y la bala dLeer más

Manifiesta de las mujeres observadoras que caminan

Por Idalia, Árbola Almendra, Priscila, Odeth y Ximena

 

Mirar sin pudor

Miraremos sin pudor el camino, las gentes y todo lo que suceda:

Atraparemos las miradas de otrxs transeuntxs, aquellas que han pretendido borrar de las ciudades:

               sonreiremos a las niñeces curiosas

               a las personas mayores que toman el sol en las banquetas

               a las señoras que salen al mandado o a dejar a lxs pequxs a la escuela

               a las personas que regresan cansadas de barrer las calles

Seremos casa, cobijo y refugio

              de las especies animalas que habitan los rincones de calles, azoteas y terrenos baldíos.

Miraremos a quienes nos observan para reconocernos en esos espejos,

para sabernos iguales, para hacer comunidad.

 

Mirar sabiendo que somos parte de todo

Miraremos sabiendo que somos parte de todo:

nos reconoceremos al caminar

evitaremos destruir los micelios que habitan bajo la tierra 

nos crecerán alas y plumas y ramas

haremos surcos que dejarán huella

intentaremos rellenarlos con corteza y lodo y pasto

para renacer en forma de salvias y tulipanes

violetas y suspiros

Recuperaremos el dominio que siempre fue nuestro y que les fue arrebatado a nuestras ancestras: la tierra y lo que de ella nace, porque también crece en nosotras.

Y en medio de la calle nos encontraremos a nuestras yo niñas

Ellas sabrán y nosotras sabremos que la vida de una observadora que camina no acaba nunca y se replica

                 y se replica y se replica… 

                 hasta después del final de los tiempos. 

 

Caminar en no-línea recta

Diremos  no a los caminos trazados: 

Andaremos rutas nuevas, aquellas que nos dicten las piernas y nuestras ganas.

Siempre iremos dando vueltas, observando las curvas que nos permitirán destruir la línea recta, recordando que no existe en la naturaleza, nos negaremos a reproducir los trazos perfectos de algunas ciudades.

Caminaremos por las huellas de los pies marcadas en las primeras capas de la tierra. 

            || la maleza se peina y se abre a nuestros pasos, para señalarnos el camino ||

Serpentearemos las banquetas, sin restricciones

Como las lagartijas cerca de las construcciones viejas, nuevas y sucediendo

marcaremos nuestras propias rutas y seguiremos las de nuestras ancestras

el cielo se llenará de mapas-guía y la noche será nuestra amiga

 

Caminar con curiosidad

Caminaremos con la curiosidad de las niñas que fuimos y de las niñas que serán

que acompañarán a otras por caminos lodosos, oscuros y estrechos

que serán mapa y camino, que serán conductoras y transeúntas

que llenarán las paredes de las ciudades con sus risas

Descubriremos las grietas añosas de las paredes, el moho de los edificios, la humedad escalofriante y las divisiones del concreto que simulan raíces de un bosque, nuestro bosque invisible.

 

Caminar con la memoria puesta en la cuerpa

Caminaremos equipadas de la memoria de otras caminantas puesta en la cuerpa:

Tendremos la capacidad de reconocer roca resbaladiza, tierra firme y cuerpa de agua. Sabremos sus nombres, sus texturas y la diversidad de caminos posibles que nos lleven a ellas y vamos a enseñarlas

Andaremos las rutas heredadas de las ancestras y construiremos veredas para las jóvenes

            las que siguen nuestras huellas,

            las que vienen detrás y de frente, 

            las que son tierra y viento y fuego

Quemaremos todo si alguna se pierde en el camino

alumbraremos todo hasta que aparezca ella y todas las que nos han arrebatado.

 

Las mujeres del futuro no tendrán mapa sin descifrar, han estado en cada rincón de cada selva, en cada telaraña, ocupando todos los trenes y todo el espacio al mismo tiempoLeer más

Poesía colectiva: después de leer a Michele Najlis

Por Nat, Priscila, Diana, Ixchel, Danae, Gloria, Tere, Laura y Ximena

 

Memoria de aves y viento

I

 

Si digo que no siento caería en una mentira,

callaría el grito que me recuerda tus ojos en el pasto,

el calor de tu respiración cercana al viento.

Descubrir que los pájaros persisten al vuelo 

aún cuando sus alas parecen suspendidas,

que algo en mí también palpita,

que supura alientos de cálida hierba

entremezclada al tacto,

al deseo de la risa particular, a tu presencia, 

que mi calma se albora si te

pienso en ese llano abierto, 

humedal repleto de besos 

que soy, memoria.

 

Sería como la semilla que muere en el surco sin dar fruto

a los pies del árbol,

que cruje al ser pisada. 

Arrancada de la tierra, 

el petricor se perdería entre la sequedad de los escombros, 

ceniza arrastrada por el aliento de estos días marchitos

en los que no reconozco que florecía, 

que bailaba con el viento elogiando la vida.Leer más

Ema: la hoguera de las profundidades

Por Sergio E. Cerecedo

 

Pablo Larraín es un cineasta con inquietudes bien cimentadas, que aunque con “Jackie” naufragaron contundentemente en un trabajo que se queda en producto de encargo que, eso sí, conseguía una gran actuación principal, ahora regresa a sus orígenes geográficos con una película controvertida, necesaria y con un nivel técnico que no necesita los millones para contar, más que una historia una declaración de principios cinematográficos y a la que no le interesa tanto responder como abrir nuevos cuestionamientos con cada concepto que introduce.

 

En la trama, encontramos a Gastón y Ema: él ,un coreógrafo mexicano y líder de una compañía de danza contemporánea; ella, una bailarina Chilena del mismo grupo artístico. Juntos constituyen un matrimonio en crisis tras un hecho detonante, el rebelde niño que han adoptado ha atentado contra una de las hermanas de Ema quemando parte de su cara y su cabello, primera vez que el recurrente elemento fuego se hace presente.

 

La joven bailarina casada con Gastón es 10 años menor que él, y aunque la agilidad corporal que concede la disciplina dancística no hace ver tanto la diferencia de edad, lo cierto es que hay un abismo generacional entre ambos que es el que está terminando por separarlos con el acabose de haber adoptado un hijo incomprendido por ambos al que no pueden ayudar a mediar sus problemas de conducta que acarrea del hogar biológico. Ambos acuerdan renunciar a él y devolverlo a los servicios sociales, aunque como es de esperarse, la carga de padre desnaturalizado recae en ella, así como las represalias sociales, ante lo cual ella reacciona con una demanda de divorcio que será tortuosa y catártica a partes iguales, pues explorará por su lado esa nunca tenida libertad —se da a entender que el personaje se casó muy joven—.

 

 Ese abismo generacional es realzado en sus discusiones y da pie a un lucimiento en sus actuaciones, que, aunque la propuesta de dirección de actores de Larraín es casi siempre Leer más

El aliento divino | Narrativa

Por José S. Ponce[1]

 

“Buscarlos debajo de la tierra. Luchar para traerlos de vuelta a casa”
Cecilia Flores

 

Cuando desperté lo primero que sentí fue el peso de la tierra sobre mí, me acunaba en su seno oscuro y húmedo dónde todo era calma. Estuve ahí una eternidad o quizás solo un instante, no importa. El tiempo no importa mucho cuando estás muerto. Dentro no tenía recuerdos, ni sufrimientos, tampoco existía en mí el impulso de salir del ensueño y abandonar el refugio. No lo tuve hasta que las lágrimas de mi madre atravesaron la tierra y mojaron mis huesos. El dolor en ellas fue como un aliento divino que hizo que juntara mis partes y me apresurara a buscar su consuelo.

Con mis brazos y pies escarbé la tierra que me envolvía, buscando un haz de luz que me guiara a la vida y me permitiera desandar el camino. Al principio creí que me movía con dificultad porqué había olvidado cómo se hacía, pero aunque mi cuerpo fue descubriendo la magia contenida en él, algo seguía fallando, miré mis piernas y me di cuenta de que su largo no era el mismo. Busqué en la fosa la extremidad que más se ajustaba y la puse en su sitio, intenté caminar con ella y me pareció que funcionaba. Después cerré el agujero por el cual había salido pues no quería perturbar el sueño del resto. Aunque dejé una cruz como marca en caso de que alguna buscadora la viera para que así los tesoros escondidos regresaran a su hogar.

Deambulé por los alrededores esquivando ramas y espinas hasta que llegué a una casa formada por apenas dos cuartos que recientemente habían abandonado. Lo supe porque el polvo no se había adherido a los objetos como una segunda piel. Me pregunté sí en aquel lugar había vivido quien me puso bajo tierra. No estuve mucho tiempo en ella y también la abandoné, ahí no había nada para mí.

Anduve a través de matorrales y árboles secos hasta la cima del cerro desde dónde podía ver lo que ocurría debajo como un centinela. Botellas de vidrio y cartuchos de balas decoraban el lugar. Me senté sobre una piedra a esperar a que mi madre apareciera, pero ya se había ido o tal vez nunca estuvo ahí y sus lágrimas me llegaron desde lejos arrastradas por algún viento compasivo. Sea como sea, sabía que en algún lado tLeer más

Bring Me The Head Of Alfredo García: Peckinpah Libre y Loco

Por Sergio E. Cerecedo

 

Sam Peckinpah es uno de los cineastas más citados visual y argumentalmente por el cine de acción moderno e inclusive por los directores que han hecho del pastiche/collage de películas viejas su sello de calidad como Tarantino, el hoy olvidado Walter Hill o Robert Rodríguez, sus historias fronterizas, etílicas y polvosas han hecho las delicias de todo mundo, inclusive de quien no conoce la obra del cineasta más que por las referencias.

 

“El loco Sam”, como le apodaban por sus desplantes y su gusto por la parranda, tenía un cariño inmenso por nuestro país y cada que podía venía a filmar aquí, de hecho se sabe que le encantaba venir a los sets de Durango y pasar las tardes en las cantinas después de filmar, pues después de todo, eran los ambientes que inspiraban gran parte de sus guiones, los personajes de arrabal, machos, coléricos y con la violencia siempre latente que le encantaba retratar ya fuera en películas que remitían al viejo oeste o cualquier otra época o películas actuales con aire a viejo y caracteres principales que se niegan a renunciar al pasado, dejando patente esa resistencia ya sea con gruñidos, mentadas, aislamiento social o, porque no,  a golpes, cuchilladas y balazos.

 

En este universo existe una dimensión de poco más de hora y media donde Alfredo García, un maleante de poca monta, deja embarazada a la hija de un hacendado (Emilio “El Indio” Fernández), por lo que lógicamente sale por piernas del pueblo. Pronto se corre la dudosa noticia de que el fugitivo ha muerto, por lo que el ranchero agraviado pone un precio a su cabeza y bastantes cazarrecompensas responde al llamado. De entre todos los matones dispuestos, el protagonista, Benny, parece el menos apto; recluido en su borrachera tocando el piano en un bar de Jalisco, refugiándose aparentemente de malos recuerdos y gente que lo ve como poca cosa, pero le toma poco que la incitación a la búsqueda le pegue en el orgullo y junto con Elita, la prostituta de la que está enamorado, emprende el viaje por una recompensa que aparentemente les concederá el muy común sueño de empezar de nuevo y dejar los bajos fondos de una vez.

 

En la aventura de Benny y Elita, los vemos pasear por los pueblitos busLeer más

Silvia Fernanda Díaz Cordero | Minificción

Silvia Fernanda Díaz Cordero (Puebla, 2000) Estudiante de artes plásticas, con un interés profundo por la escritura y la plástica, amante de incorporar las letras al trabajo plástico dándole un sentido complementario a la obra, le interesa nutrir su obra mediante escritos de distintos géneros.

 

 

 

 CAMELIA

No recuerdo cuándo fue la última vez que pude sentir algo verdadero, pleno y sustancioso, el sol acariciándome sutilmente, casi como un abrazo divino y celestial.

Mis recuerdos se limitan a aquella ventana grande y empolvada, en dónde el mundo solía resumirse en una sola imagen, un par de árboles verdes y frondosos, el cielo tan dinámico siempre en movimiento compartiendo el espacio con el sol, la luna, las nubes, pájaros, aviones, papalotes, jamás me aburrí. Un espacio en el que existía en ese rincón del universo, el regalo fue cada una de esas maravillas, nunca pude dejar de sentir admiración por los recursos básicos que me alimentaban, no necesité más y a pesar de mi corta existencia, tuve la oportunidad de dejar una huella en este mundo, las semillas para un futuro mejor.

(Memorias y recuerdos de una flor seca)

 

EDO MEX

Considero que la voracidad de este territorio recae en su condensación monumental, la desvalorización del estado es evidente, es la nodriza que nutre y abraza a la gran ciudad, la relación tan estrecha que guardan es un secreto a voces. La población flotante se vuelve fantasma al pisar la frontera de la caprichosa capital, dejan de existir sólo para convertirse en herramientas funcionales. Los traslados extensos proliferan, los caminos se ahogan, los transportes se desbordan. El precio por pisar la capital es excesivamente caro, es un sacrificio que al final del día rinde frutos de manera decadente, no es costeable, es un engaño.

 

CDMX

Susurros continuos, voces difuminadas, multitudes vivientLeer más