La Pointe-Courte – Una nueva ola por sí misma

Por Sergio E. Cerecedo

 

Ahora que miro hacia atrás —no tanto tiempo como parece— admiro esa pequeña puntada, sacar una serie de videos cortos en los que una ya casi nonagenaria mujer les habló a las generaciones jóvenes en su idioma poniendo un marco simulando la interfaz de Instagram y dando consejos sobre el arte y la mirada. Increíble cómo hasta las tías posteaban en los muros de los sobrinos que se dedicaban a las artes en general, y de verdad esa influencia positiva en un mundo donde los llamados influencers en su mayoría incitan a la alienación, la crítica sangrienta y el copiado de sus estilos de vida, se agradece y se antoja necesaria, por lo cual, además de las numerosas semblanzas que justamente la maestra se ha ganado, se amerita un viaje al pasado cuando Agnès Varda era como los estudiantes y artistas audiovisuales en ciernes que se sintieron motivados por esos videos .

 

Varda siempre fue de vena social, por eso a nadie extrañó su dedicación completa al documental al final de su carrera y es dentro de ese género que es más conocida por las generaciones jóvenes, por lo que el paso del tiempo ha sido un tanto injusto con sus ficciones en cuanto a la difusión para el público. Mientras que en los ochenta alcanza un punto máximo con “Sin techo ni ley” —internacionalmente conocida como Vagabond—, veo necesario hablar de sus trabajos tempranos y cómo estos son considerados tanto paralelos como iniciadores del famoso movimiento de la “nouvelle vague”, con jóvenes críticos reconvertidos en realizadores. Agnès irrumpiría fuerte 5 años antes de los títulos clave del movimiento, involucrándose desde ésta, su ópera prima, en escenas de la vida cotidiana y donde ya están perfectamente trazados sus temas recurrentes: la documentación del trabajo cotidiano y, por ende, su dignificación; la pertenencia al lugar geográfico doLeer más

El lamento de Perséfone | Narrativa

 Por Vanessa B. Lizárraga Juárez

 

El solsticio de verano enmarcó el inicio de nuestro desencuentro. Yo, no recogía precisamente narcisos cuando me encontraste. En el valle buscaba algo más que flores, no obstante, me conformaba con la adulación de los hombres que alababan mi belleza como forma de conseguir mis favores; halagos para alimentar el ego.

Nuestro sino estuvo marcado por los errores, un superlike involuntario determinó nuestra conexión. Mentiría si dijera que me sentí físicamente atraída a ti, sin embargo, con la convivencia cotidiana de las interacciones virtuales, le fuiste dando color a la monotonía de la cotidianidad. Quisiera decir que fuimos una historia de amor, pero sólo fuimos contingencias dependiendo si la historia la narra Perséfone o Hades. Interacciones virtuales y encuentros casuales en diferentes estaciones.

Llegaste a poner fin a una larga sequía. Trece años de espera, y desperté con tu voz, tacto y letras. Salí de la recóndita cueva habitada a conocer de nuevo el mundo, ese del que me alejé como ciervo herido. Emerger del letargo para sumergirme en un mundo nuevo e inexplorado donde las reglas del mundo online me resultaban angustiantes ante la liquidez de los vínculos afectivos. La fragilidad con la cual se maneja la búsqueda del amor a través del sexo, la volatilidad de las interconexiones, la manera en que el amor se convirtió en un producto de consumo al alcance de una cuenta gold o platino.

Mis miedos exacerbados al abandono y mi subyacente rechazo al compromiso. En el caos, tú. Aquel verano en tus brazos, encontré el camino para transformarme de capullo a flor. Abrirme toda ante la docilidad de tu mano gentil en mi piel, territorio inexplorado. Recuerdo un suave beso en el arco de mi pie izquierdo y tus manos tocando delicadamente mis muslos, mi cuerpo desnudo frente a ti y todos los miedos hincados a tus pies. Un tierno beso en el vientre abultado, vestigio de la maternidad, se convirtió en epicentro de mis deseos descontrolados. Nuestros cuerpos fundidos, fuimos fuego y ardimos juntos.

Por una extraña razón me sentí pura en tus brazos, tus labios descLeer más

Ana Chig | Poesía

Ana Chig (Los Mochis, Sin., 1974) poeta, editora, creativa gráfica y gestora cultural. En 2012 funda y dirige la revista mensual de poesía Frontera Esquina y Nódulo Ediciones. En 2015 y 2016 formó parte del jurado para el Premio Nacional de Poesía Tijuana. Actualmente es beneficiaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Sinaloa (PECDAS 2024-2025). Ha publicado: La noche sobre el rostro (2010), antología de poesía “La Ciudad, encuentros y desencuentros”; (2016), Estanques de Arena (2022). Su obra se incluye en antologías nacionales, internacionales y en revistas electrónicas e impresas.

 

 

Pedwest San Ysidro

 

¿Hasta cuándo he de esperar tu vuelta, como si volvieras

de tiempos lejanos, desde remotas y extrañas tierras?

María Polydouri

 

Camino la noche que me he inventado

cruzo el Pedwest San Ysidro,

retorno por el breve puente de La Línea,

emerge la cegadora estructura del Easy Park.

Hay un camino de luces en la ciudad,

lejanos y sombríos apartamentos,

esbeltas torres de concreto

que apenas dialogan entre sí.

La noche en Tijuana

es como un gran yonke asediado por el fuego,

un repositorio de sustancias en veda,

duro gesto no olvidado de cierto desencuentro,

«The Nearness of You», baby… cuesta ser así,

Red Garland, tuvo que sitiarse también en alguna esquina de este lugar,

púgil de manos de oro, dijo alguien,

«Round About Midnight» y un trago de Whisky en el bolsillo.

Somos pugilistas de palabras, la fuerza alienante del egoísmo,

el combate continuo de contradicciones,

heridores –al– fin de la gran bestia amorosa de los días.

 

 

 

La galería sin título*

Visto el día transcurrir, ayer también fue la noche.

Una hilaza trazando la ruta centenaria,

el Centro y su vieja panadería, un swap meet en ruinas,

la estación de bomberos erigiéndoseLeer más

La habitación de al lado – La ausencia de futuro

Por Sergio E. Cerecedo

 

Pedro Almodóvar (2024)

El camino de Almodóvar en inglés ha priorizado más a las actuaciones y a la sutileza que a lo explícito y transgresor que había caracterizado sus abordajes a los temas, a la teatralidad en el sentido de sugerir más que mostrar, y debo decir que entre más pule la forma también el fondo se ha perdido un poco, los conflictos se sienten más platicados que vividos, lo que no quita que estemos ante una pieza con muchos valores técnicos y que desde esa aparente frialdad y distancia tiene momentos muy logrados.

 

Ingrid, una escritora exitosa que camina por el mundo a través de autoficciones, es notificada de la enfermedad de Martha, quien en otro tiempo fue su amiga cercana, una corresponsal de guerra con una vida itinerante y una hija que tuvo muy joven y a la que casi no ve. De esta visita y la necesidad de escucha, nace una continua compañía que deriva en la desesperación de la metástasis del cáncer que Martha, la reportera a quien visita, padece y ante el cual acude a ella para buscar una solución a la agonía, un bien morir al que la ley no ve con buenos ojos. Para esto, se irán a una casa conLeer más

“Poeta Griego Arcaico” ofrenda a los dioses de Luis Felipe Fabre

Por Diego Medina

 

El pasado martes 28 de enero de 2025 se presentó el poemario Poeta Griego Arcaico de Luis Felipe Fabre, en la Cafebrería El Péndulo de Álvaro Obregón 86 a las 19:40 pm, en la que el poeta dio lectura a su libro acompañado del Maestro Marcos, quien amenizó la lectura con diversos instrumentos de viento de la zona balcánica. Coronado de laureles, Fabre nos sirvió helenismo, esteticismo y poesía en su sentido más “puro” (aunque quizá no le guste este término al maestro).

 

El poemario, editado por Sexto Piso en 2024, es un poema de largo aliento sobre el encuentro de Medusa y Perseo, tiene un coro, intervención de dioses, un monstruo y un héroe, además de un poema dedicado a Ganímedes. Se nota que el autor hizo caso de la máxima de Horacio y tuvo presentes los modelos griegos (más que romanos), porque le da el peso adecuado a cada parte de su composición, como si de una tragedia griega en verso se tratara.

 

Ortega y Gasset llegó a decir que quien ha leído la Odisea y luego visita el mar no necesita más mediador para entender el mundo de los griegos y el fuego que habitaba el pecho de sus héroes. Tal vez Gasset tenga razón, pero sucede que Fabre no trata de explicarnos el mundo de los griegos como lo haría un filólogo, sino que nos cuenta un mito como lo haría un Poeta Griego Arcaico, porque lo que Leer más

“Transfiguración”

Té helado con manzana, limonaria y miel inspirado en la novela El amante de Marguerite Durás

 

“Años después de la guerra, después de matrimonios, hijos, divorcios, libros, llegó a París con su mujer. La llamó por teléfono. Soy yo. Ella lo reconoció de inmediato por la voz. Él dijo: Sólo quería oír tu voz. Ella dijo: Soy yo, hola. Él estaba nervioso, asustado, como antes. Su voz tembló de repente. Y con el temblor, de repente, ella volvió a oír la voz de China. Él sabía que ella había empezado a escribir libros, había oído hablar de ello a través de su madre, a quien había vuelto a encontrar en Saigón. Y de su hermano menor, y había estado de luto por ella. Entonces no supo qué decir. Y entonces se lo dijo. Le dijo que era como antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte”.

(Fragmento El amante)

 

Ella y él. Una niña de 14 arrullada por el desastre que dejó la bancarrota de su madre, una viuda colonial; y un millonario de 26 comprometido en matrimonio por un pacto familiar. En esta historia bañada por las aguas del Mekong ninguno de los dos tiene nombre, solo son: ella y él / la niña y el chino / la pequeña blanca y el hombre de Cholen.

 

Esa falta de nombres no es negligencia. Él porque resulta ser el deseo insaciable del sufrimiento silencioso hallado por primera vez una tarde de jueves caminando por las calles de Sa Dec. Ella, la del vestido de seda natural, casi trasparente ajustado con un cinturón, la de tacones y sombrero de fieltro palo de rosa. Como esas prendas, nunca algo le perteneció: ni la inocencia, ni el bienestar, ni la determinación, ni las ganas de vivir; el amor, en su caso, es una condena que a muy temprana edad la convirtió en mujer, mitad agua, mitad cenizas.

 

En El amante de Marguerite Durás, cada palabra es una imagen herida fruto de las más profundas insatisfacciones de la protagonista. Su carácter está tejido por la violencia, la corrupción, la vergüenza, los prejuicios sociales. Pero también por los quiebres familiares. La ausencia del pLeer más

Le grito al agua | Narrativa

Por Mapi Scarlett Flores Cruz

 

Durante el día se convierte en nube y en la noche, en aquella pequeña estrella que acompaña a la luna, me decía mi abuela. Nunca la alcancé a comprender, pero siempre me dijo que solo llegan a entenderlo quienes pierden lo más cotizado por los ancianos: la inocencia; o quienes ven a la muerte de frente. Pero esas palabras volverían a tener sentido en mi vida muchos años después.

Cuando una cumple quince años, sueña con aquella gran fiesta, chambelanes, viajes, regalos y la idea de ser una adulta. Pero mi historia no fue así; a mí me robaron la juventud y robaron la muñeca de mi alma.

Era un jueves 13 de abril a las 4 de la tarde. El sol estaba tan radiante que hacía brillar mi piel morena. Mis papás, Emiliana y Alejandro, me llevaron a nadar porque querían cumplir la fantasía de que yo era una sirena. A pesar de mi edad, ellos deseaban que siguiera soñando. Era la primera vez que mamá me dejaría regresar sola a casa después de mi clase de natación. Estaba tan emocionada, me sentía tan grande, como aquellas chicas del colegio con su pecho desarrollado y tomadas de la mano de su pareja. Me sentía independiente, una mujer, pero ¿cómo a esa edad iba a saber lo que es ser una? Bueno, ¿alguna vez sabré qué significa serlo?

Me quité la ropa, me puse el traje y me dirigí a las albercas. No había mejor manera de pasar mi cumpleaños que nadando, porque me sentía una con el agua. Es una mateLeer más

Mayahuel Xuany | Poesía

Mayahuel Xuany. Originaria de Kopalkojtlan (Copalillo, Gro.) Apasionada de los libros y el mezcal. Promotora Cultural, Docente, Mediadora de Lectura, Tallerista y Escritora. Se especializa en Literaturas Contemporáneas en Lenguas Originarias. Coordina un Círculo de Lectura virtual-permanente “In uitsyotl Mayauetl / Las espinas de Mayahuel” que fomenta la lectura y análisis de estas narrativas. Desarrolla proyectos creativo comunitarios para promover saberes locales enfocados a la enseñanza y preservación de las lenguas mexicanas dirigidos a todo público, con especial énfasis en el mexicano (náhuatl). Investigadora y recopiladora de “Arrullo de luciérnagas. Nanas en Lenguas Originarias de Puebla” en su 1era (2022) y 2da edición (2024). Puebla Alas y Raíces. Ha publicado en medios tanto impresos como digitales, algunas de sus obras se pueden encontrar en Circulo de Poesía, Gusanos de la memoria, Tzam-13 semillas, Ojarasca La jornada, Voces de las mujeres del sur y La fuerza de mi lengua-luz.

 

 

 

 

Espíritu del agua

Miro el mundo sin saber

(La vida en la tierra surgió en el agua)

en cada rezo

                     el agua salva

en cada rezo

                     el agua salva…

 

Sagrada Madre

tú que habitas

cuevas, ríos y caminos

¡bendice mi espíritu!

 

Sagrada Madre

permite que mi corazón sea hoguera

                                                          que se entregue a la luz

que no tema a la oscuridad

o al silencio.

 

Sagrada madre

consiente a mis hermanas aladas  

velar mi sueño

que su lengua sea tierraLeer más

Análisis de la cinta “La Chica de la Aguja” | Sobre la precariedad, la guerra y el retroceso de Los Derechos de las mujeres

Por Carmina Cardiel

 

En medio de la terrible amenaza de retroceso que el Mundo afronta con la advertencia de echar atrás derechos que las mujeres han ganado en algunos países del Occidente, La Chica de la Aguja aparece en la pantalla grande como una premonición que podría ser cambiada, pero también como agua en el desierto, como fogata en medio de una tormenta de nieve, como el regocijo de la humanidad castigada con el yugo de sus propias sombras arrastradas en el tiempo.

Con 19 premios, incluidos el de Periodismo, imagen de cámara y mejor fotografía; 6 nominaciones entre las que destaca La Palma de oro en Cannes 2024, Magnus von Horn y la guionista Line Langebek consiguen trasladarnos del pasado al presente desde imágenes en blanco y negro que develan rostros tan duros como los escombros que las tormentas de fuego dejan durante y después de los periodos de guerra.

 

Las mujeres en tiempos de Guerra

Solamente hace falta abrir un libro de historia sobre guerras para saber que, a contracorriente de lo que políticos actuales puedan decir desde su ignorancia, la población más vulnerable es la feminizada: infancias, tercera edad y las mujeres. Se sabe que lo primero que hace el enemigo más poderoso es violar a las niñas y mujeres y torturar a los hombres porque la violencia sexual es un arma de gLeer más

Kuroneko: los rencores ancestrales del Yokai

Por Sergio E. Cerecedo

 

Kaneto Shindō (1968)

En las celebraciones de muertos de nuestro país es cuando más se prestan las personas para recordar las leyendas fundacionales y originales locales relacionadas con fantasmas y criaturas fantásticas, sabemos de la diversidad de mitos que hay en nuestro país y que son llevadas al cine y de las series televisivas con desiguales resultados, pero cada vez en mayor cantidad. Con este motivo es importante rememorar también las películas que han abarcado estas temáticas en otras latitudes. Así como en México los nahuales, la llorona, el gran salvaje y otras criaturas son traídas a colación, al otro lado del mundo, en la tierra del sol naciente no se quedan atrás, Kaneto Shindo (Aprendiz de Mizoguchi) lo sabía, y no dudó en exhibir la magia de su tierra a lo largo de su carrera, alimentando desde las décadas de los 50´s y 60´s esa tradición fantasmal del cine de terror oriental que sería retomada en el boom que tomó el género en los 90´s y 2000 con éxitos de taquilla y crítica como Ringu (El aro) y Ju-on, entre muchas otras.

 

En el Japón medieval —al igual que “Onibaba” también de Shindo—, una mujer de mediana edad y su nuera son violadas y asesinadas por un grupo de hombres en plena guerra, quienes incendian la casa. Cuando se haya consumida y con los cadáveres en plena vista, unos gatos negros se posan en los cuerpos y comienzan a lamer sus heridas entre el humo que se disipa.

Pronto en ese bosque empiezan a aparecer cuerpos de samurái arañados y muertos. Un joven íntegro y ejemplar es elegido para resolver el misterio y parar los asesinatos, encontrándose con circunstancias de su pasado reciente que no sabrá cómo afrontar, visitando a dos mujeres con quienes parece encontrar lo que perdió de una forma terrible…

 

 

Cada noche que este joven samurái es arropado y confortado por la mujer mayor, comparte la cama con la chica en esa cabaña neblinosa en medio del bosque, y esto le va transformando en un esperpento. Él también se envuelve en culpas y un camino descendente, añora el amor de casa y el honor se le vuelve más bien una cadena, que no le deja tomar decisiones y le quita credibilidad ante su gremio, una vez más la sensibilidad y el anhelo de cariño visto como vulnerabilidad por un pueblo en guerra.

 

El comentario social sobre la doble moral del voto de los samuráis, que normalmente son retratados como un ejemplo de rectitud y entereza, se hace presente. Aquí se cuestiona si, al igual que la milicia en otros lugares del mundo, protegen de verdad a quien lo necesita o solo se preocupan de ponerse en servicio para quienes tienen dinero para pagarlo, detalle que enriquece la narración, pues ese origen “maldito” de las criaturas se maneja con una ambigüedad interesante ¿Será que estos gatos mitológicos están dando una oportunidad de venganza o de redención?¿Una especie de agente del caos natural-espiritual? preguntas al aire que nos mantienen en suspenso.

 

 

Kaneto Shindo como narrador se siente pleno depurando sus constantes autorales. Inclusive repite la relación entre nuera y suegra con connotaciones místicas-macabras que se manejaba en Onibaba, su otro gran clásico, solo que aquí la brujería ancestral es sustituida por la exploración de uno de tantos yokai, una variedad de demonios del folklore japonés, algunos malvados y otros de moral ambigua o simplemente ajena al mundo humano. Criaturas que hemos conocido en occidente gracias a series animadas como Naruto y que incluso han inspirado el diseño de algunos personajes de pokemon.

 

Y aunque hay un par de detalles técnicos, como que en un par de secuencias nocturnas, es evidente que fueron filmadas de día o que la iluminación no es atinada, sus otras virtudes dentro de lo que la época permitía enriquecen la esencia del relato. Sus elementos fuertes, la creatividad del montaje, los trucos visuales como la manera de desplazarse de las extrañas criaturas, la expresividad del maquillaje que más que realista se decide por la expresividad heredada del teatro japonés, en la sombra de los ojos o rubor de la cara podemos ver lo fantasmal, devastado o natural del personaje y eso recalca el trabajo actoral que en general es bastante entregado, el del joven protagonista cuyo paso del hieratismo propio de un soldado al desquicio por el deseo pasado, son muestra de ello. Pero por sobre todo, hay que destacar el matiz de las dos fantasmales mujeres, pasando en sus inflexiones vocales y expresión corporal de lo humano a lo animal de un momento a otro pues dentro de lo macabro de su condición, también recuerdan, a través de la bondad y necesidad de afecto de su hijo y esposo respectivamente, el amor y compañía que tuvieron en vida antes del hecho que les hizo lo que son y la búsqueda de estas emociones más allá de la vida y la muerte.

 

De igual manera, la sonorización es rústica (en grabación) y pareciera ser en vivo por los ecos y lejanía inherentes del espacio donde se realizan las ceremonias en aquél país o del mismo recinto teatral, pero eso le otorga una atmósfera potente y sutil que nos envuelve complementando a los movimientos de cámara y contundentes elipsis que le permite ser lo menos explícito con la violencia posible, sin perder el impacto necesario en el espectador. esto se convierte en una huella de estilo, las elipsis a corte directo resultan sorpresivas no en argumento, si no en la emoción que nos transmite

 

Este clásico editado por criterion collection, que incluye la película restaurada, un panfleto con análisis y entrevistas al director y una entrevista al crítico Tadao Sato, es algo más que una mera curiosidad, es más bien el trabajo de un director curioso, entusiasta de las leyendas de su país y que se esmeraba por disfrutar cada momento de su pietaje, hasta la captura de imágenes de gatos reales se nota cuidada, hecha por alguien que se está divirtiendo al poner en pantalla su macabra historia con un lado de ternura y amor al origen de lo que cuenta.