Por Andrea Valdés
—Soy Luisa Vega. Tenía veinte años cuando me pusieron en este lugar. Mi memoria fragmentada no me permite tener muchos recuerdos, pero lo intentaré. Ésta es mi historia.
Nunca había creído en los fantasmas, pero ahora me doy cuenta de que sí existen; también puedo afirmar que las personas dan más miedo que ellos. ¿Se acuerdan de las veces que nos decían los adultos que no habláramos a extraños porque era peligroso? ¿Se acuerdan cuando nos decían que tuviéramos cuidado al caminar porque los de la camioneta te podían subir? A mí me pasó. Todo era verdad.
Nací en Juárez, Chihuahua. Me terminé de criar con mis abuelos porque mi papá un día fue por cigarros y nunca más regresó. Mi madre se fue a Estados Unidos a trabajar, que dizque para tener una mejor vida. Tampoco regresó. Nunca supimos más de ella. Las historias que contaban mis tíos acerca de las personas que las agarran cruzando la frontera me daban mucho susto, así que mejor me iba cada vez que comenzaban a decir eso. Me aterraba pensar que a mi mami le hubieran hecho algo así. Fin de esta historia.
— Tengo frío.
—Yo también. Pronto estaremos mejor, lo peor ya pasó. Cálmate; ven, acércate más.
—No puedo, ya lo he intentado.
—¿Te duele mucho?Leer más









