Por Carmina Cardiel
El Eco (2023, México) participó en la Sección de Documental Mexicano del 21° Festival Internacional de Cine de Morelia y es parte de la sección Encounters del 73° Festival Internacional de Cine de Berlín. Y es que esta cinta es Poesía pura en toda la expresión que abarca esa palabra.
Tatiana Huezo se especializa en el cine documental y cortometraje, aunque en 2021 nos sorprendió con “Noche de Fuego” en la plataforma más popular de Latinoamérica. Desde 2011 el trabajo de la Directora nos muestra las vicisitudes que afrontan las personas en América Latina, principalmente en El Salvador y México. Retrata la impunidad de la forma más humanizada que se haya podido ver en la pantalla grande, sin caer en el amarillismo ni en lo mágico-surrealista, como otras cintas que recientemente hemos visto: Sanctorum, por ejemplo (según las críticas).
Pero en esta ocasión, Huezo intentó llevarnos de la mano a un experimento que pensó por un momento que no lograría, pues, como ella misma lo menciona en una de sus entrevistas, no ocupó cuestionarios, ni una estructura, ni voz en off. Tanto se preocupó, que hubo un momento en el que ella creyó que no había una historia como tal porque faltaba protagonista.
La importancia de la oralidad en el Campo
El Eco es un pueblo cercano a Zacatlán de las Manzanas, forma parte del Municipio de Chignahuapan en Puebla, que retrata una realidad rural que pareciera al inicio muy alejada de la que con frecuencia encontramos en noticieros y periódicos del país, a diferencia de otras comunidades que la directora nos ha dejado conocer en sus cintas anteriores. Este pueblo se convierte en el protagonista de su historia por sí mismo porque nos habla de cómo se vive, de cómo se siente, de cómo se toman riesgos y decisiones, de cómo se crece, pero principalmente de cómo se habla en aquel lugar. Y no es para menos cuando su población era de apenas 104 personas hacia el 2020.
La directora salvadoreña-mexicana le contó a IMCINE (2024) que una de las abuelas le dijo que este lugar tan particular lleva este nombre porque Cuando sopla el viento, se lleva a volar las voces de la gente por los cerros y todo el mundo puede oír lo que uno dice. Por eso en este pueblo uno debe tener mucho cuidado con lo que dice. Y vaya que esta premisa se cumple siempre que es un pueblo así de pequeño, dado su número de habitantes.
Cuadro 1: Pueblos América
De acuerdo con algunos pedagogos, en el contexto de la comunicación humana, el lenguaje es una herramienta que permite relacionarse socialmente, pensar, aprender, descubrir, saber, conocer, significar y resignificar. Además de ser una herramienta, el lenguaje es una actividad humana con carácter social, que se desarrolla y perfecciona en la medida que se cuenta con instancias sistemáticas, constantes y adecuadas.
En la película podemos asomarnos por las ventanitas para ver cómo es, por ejemplo, la manera en que las infancias aprenden las tareas en casa, pero también en el aula. Escenas que son de vida cotidiana se convierten en destellos de metáforas como recoger la leña, salvar del ahogo a una borrega en medio de la lluvia, el amor que un niño puede sentir desde la profundidad por un árbol, el cuidado de las abuelas y la conservación de sus memorias, la resignación ante la pérdida de la cosecha, el valor de la amistad, entre otras actividades que en esta cinta se nos presentan casi sin diálogos y, sin embargo, poéticas.
Una de las escenas nos cuenta cómo aprenden a guardar a los más pequeños del peligro, y de manera simbólica, el relato involucra la mitología de las brujas. Una de las madres le dice a sus hijos que, cuando un bebé no está bautizado, hay que tener una serie de cuidados o, de lo contrario, se corre la peligrosa suerte de atraer la desgracia, porque claro, en la vida rural se sabe que las brujas no son esas sabias que romantizamos en las urbes, sino seres demoniacos que comen las almas de los bebés.
Si bien desde que apareció el documental de “La educación prohibida” allá por el lejano 2011, sabemos que existe una educación más integral y libertaria que la educación progresista, raras veces podemos palpar con los ojos escenas donde este ejercicio sea de manera horizontal porque casi siempre existe un profesor al frente dando órdenes. No. En El Eco las infancias mayores pasan sus conocimientos a las menores a través del Método ABC que consiste en que el/la estudiante aprende un tema, lo investiga en los libros que hay en el salón, en su casa, con sus abuelos y luego se lo transmite a sus pares.
Y es en estas actividades cotidianas y escolares es donde encontramos la importancia de la oralidad al transmitir de generación en generación las actividades y usos en una comunidad pequeña, porque van cargados de simbolismos que muchas veces opacan las palabras para convertirse en gestos y actos de afecto, pero también de subversión y a veces de resignación.
La otra cara de El Eco: La Violencia estructural
A pesar de que Tatiana Huezo quiso contarnos una historia menos violenta que en Tempestad o Noche de Fuego, “El Eco” se confesó de manera diferente pues el machismo, la falta de oportunidades y la migración no dudaron en mostrarnos la otra cara que es menos poética en aquel rincón de México: La violencia estructural.
Son sutiles y a veces muy directas las escenas que arrojan estos datos, por ejemplo, como cuando el padre de una de las familias le dice al hijo primogénito que no levante los trastes porque eso lo hacen las mujeres. O como cuando Montse, una de las chicas mayores, es retada por la madre por querer participar en una carrera de caballos. La escena que más duele, según mi perspectiva, es cuando la pequeña Ma, quien evidentemente tiene vocación por la enseñanza, le dice a su madre que ya juntó, con lo que sacó en el trabajo, para comprar su uniforme de la secundaria, pero la madre le contesta que eso va a tener que esperar porque no la inscribirá al ciclo escolar, ya que hay mucho trabajo en casa.
También podemos ver como la mayoría de las adultas en la película son mujeres, pues los hombres salen a trabajar a otros lugares del Estado en el rubro de la construcción para poder tener mayores ingresos en el hogar, pero esto a costa de la ausencia paternal y del trabajo no remunerado de las mujeres.
También hay otros hombres que se quedan, pero estos deben lidiar con problemas no menos graves: la invasión de las tierras a través de la tala clandestina que, como se sabe en México, casi siempre son para sembrar aguacate o traficar con la madera.
Dicho de otra manera: el machismo, la falta de oportunidades, el analfabetismo a pesar de tener un modelo educativo avanzado a falta de maestros rurales, la inseguridad en el país, el abandono del campo por parte del Estado y la sociedad en general, la migración, los escasos ingresos, el fenómeno del padre ausente y la explotación de las trabajadoras, pueden llegar a opacar la belleza de actividades que inculcan valores sociales y, por otro lado, la fotografía de la cinta que es preciosa —y quizás, a esta hora del texto, banal—.
A veces algunas personas pecan de ser ilustradas y “quieren ir a salvar a las comunidades” porque piensan o pensamos que viven en condiciones terribles, y de cierto modo sí, porque son menos y el azote se siente con mayor intensidad. Pero la riqueza de estos pueblos no tiene que ver con el título escolar, ni con el dinero o el estatus social. Más bien me parece que deben ver esta excelsa película de Tatiana Huezo para que comprendan de lo que estoy intentando hablarles: El campo vive muy distinto a la ciudad, pero con los mismos problemas, ¿Quién podría salvar a quién entonces y en qué condiciones?

Cuadro 2: Pueblos América

Cuadro 3: Pueblos América
Adicional:
Por si gustan, les comparto un poema de Fernando del Paso que me recordé al ver esta película:
IV
Y dijeron las palabras:
No todo ha de ser miel y musgo, cantar y olvidar, acero y trébol en ese mundo: si el mar está enamorado del cielo, es porque comparte al viento. Si los pájaros odian a las sandías, es porque no cantan, ni se desangran, por las mismas venas. Si los espejos aborrecen a la noche, es porque no se contemplan en los mismos luceros. Si el llanto se casa con el alba, es porque aspira a tener los mismos hijos plateados, así que, en este mundo, decíamos –dijeron las palabras–, no todo es coser y acariciar el agua, morir y ordeñar a los lirios, fornicar y comerse a las luciérnagas.
Los castillos, aquí tienen torres que crecen como brazos levantados, fosos donde antes corrían las aguas negras, y donde hoy crecen los nísperos. Este milagro se debió a la pertinaz pasión de dos amantes que aquí dejaron, derretidos, sus huesos. Pero no antes de apoderase de todos los instantes de sus vidas, para transformarlos en besos y caricias.
–Fernando del Paso
Bibliografía.
- Imcine, “Crecer y morir en el inicio del Mundo” (2024), consultado en línea el 01 de diciembre de 2024 en https://www.imcine.gob.mx/Pagina/Noticia/el-eco–de-tatiana-huezo–crecer-y-morir-en-el-inicio-del-mundo
- Alexander, R. (2019). Whose discourse? Dialogic Pedagogy for a post-truth world. Dialogic Pedagogy. An International Online Journal, 7. https://doi.org/10.5195/dpj.2019.268
- Avendaño, F. & Miretti, M. (2007). El desarrollo de la lengua oral en el aula. MAD.
- Suárez, P. & Vélez, M. (2018). El papel de la familia en el desarrollo social del niño: Una mirada desde la afectividad, la comunicación familiar y estilos de educación parental. Revista Psicoespaocios, 12(20), 153-172. https://doi.org/10.25057/21452776.1046
- Pueblos de América, “El Eco” (2024), México. Consultado en línea el 04 de diciembre de 2024 en: https://mexico.pueblosamerica.com/i/el-eco/
- Del Paso, Fernando, (2002), “Y dijeron las palabras”, México, en Castillos En el Aire, 12, Fondo de Cultura Económica.
