Por Sergio E. Cerecedo
Muy a menudo con los dramas en cine, televisión, radio, novela y demás narrativas sucede la interrogante de por qué se sigue hablando de ello, además no falta quien, al describir la trama de un audiovisual al respecto, asegure que es algo de “La Rosa de Guadalupe”, dejando en evidencia los lugares comunes, y sin voltear a ver al enfoque, la forma, el planteamiento y la manera de verlo. “Te doy mis ojos” de la española Icíar Bollaín ganó en su tiempo 6 premios goya por su dirección, guion y actuaciones; y aunque es una película que vi muy joven, ha ganado con los años por su forma que, dentro de lo que el tema lo permite, desafía la obviedad sobre los maltratos, entrega personajes tridimensionales e indaga en la ira y el miedo humanos como detonadores de una violencia destructiva. El maltrato al interior de las familias y los núcleos sociales se sigue dando y, en palabras de una persona cercana, “por eso necesitamos muchos días conmemorativos al año que nos recuerden que debemos luchar contra la violencia”.
En sus primeros años de carrera, Bollaín fue conocida por su trabajo como actriz más que por el de directora en sus primeros años, pues cuando tenía 15 fue la protagonista de la hermosa “El sur” (Víctor Erice, 1983), y siguió actuando en otras como “Nos miran” (Norberto López Amado, 2002) y Rabia (Sebastián Cordero 2010). Pero es a partir de que se propone realizar un estudio de la obra del cineasta social británico Ken Loach y lo sigue al rodaje de “La canción de Carla” que empieza su formación como directora. En 1995 se estrena su ópera prima “Hola, ¿Estás sola?”, y para 1999 sorprende y gana el premio de la crítica en Cannes con “Flores de otro mundo”, la narración de un peregrinar de tres mujeres de diferentes nacionalidades donde hablaba de la identidad femenina y las migraciones del caribe a España.
Dentro de esta filmografía, “Te doy mis ojos” fue su tercera película y la de mayor éxito crítico hasta la fecha, dando cuenta de sus intereses en las temáticas sociales que han sido constantes en España durante los últimos 30 años. Desde lo detectivesco de “Mataharis” (2007) hasta las huellas de los atentados de la ETA en “Maixabel” (2021), en las películas de Icíar siempre hay un tema importante del que hablar, que puede estar de moda o no, pero que nos garantiza una disección desde adentro alejada de los clichés y las visiones superficiales, con lo que continúa hasta la actualidad y mucho ha influenciado así como mantenido paralela a realizadoras jóvenes como Carla Simón, de quien hemos hablado en otras ocasiones.
En las primeras secuencias que presenciamos en pantalla, Pilar deja a Antonio y se lleva a su hijo con ella a casa de su hermana, posteriormente podemos ver que lo dejó porque la ha golpeado, y esos problemas de violencia le han causado lesiones además de perjudicar su salud. Ante la necesidad económica, su hermana le consigue un empleo de prueba como cajera de un museo local donde descubre su interés por el arte y encuentra en el ser guía y dar explicaciones sobre las piezas una alegría inusitada.
Paralelo a ello, Antonio, tras los problemas de pareja, y a la par de un intento de reconciliación, busca ayuda psicológica en un grupo para hombres. Ahí nos damos cuenta que la incapacidad de controlar la ira y de ir más allá de lo que nos han dicho que un hombre debe hacer no es exclusiva, que en las dinámicas que el terapeuta a cargo del grupo propone se hace notar a veces la poca empatía por la pareja y muchos pensamientos paranoicos. Al ser indicado a escribir en una libreta sus emociones, se da cuenta de cómo ha crecido sin mucha oportunidad de expresarse y al menos intenta una reflexión sobre los aspectos nocivos de su persona. La convivencia con su esposa empieza a ser la de un segundo noviazgo, aunque hay cosas que siguen latentes y alimentan el conflicto de la trama de una manera cotidiana y verista.
Tanto en él como en ella podemos ver escena a escena la influencia de la familia y los grupos sociales en las decisiones de vida y de pareja que la gente toma, si bien Pilar tiene una madre defensora del matrimonio ante todo, tiene una hermana que le pide que priorice su seguridad y se hace de un grupo de amigas en el trabajo, Antonio en cambio tiene una familia bastante competitiva, fúrica y que toma a mal sus buenas intenciones, el grupo de ayuda fuera del psicólogo nunca parece avanzar demasiado o secundar su necesidad de canalizar sus emociones, lo que desemboca en que aunque su ímpetu sea mucho, su proceso no esté completo y esto ocasione exabruptos que, en la búsqueda de una mejor vida de pareja, desemboquen en la codependencia y los celos, no solo de pareja, sino también profesionales, y es que lo que ha descubierto Antonio en sí es solo la punta de un iceberg de años en actitudes negativas que no lo dejan ver los pocos puntos de apoyo que tiene enfrente. Todo esto nos lleva a un tramo final triste, desasosegante, pero también esperanzador por el lado de que quien quiere hacer las cosas mejor, lo va a buscar continuamente recordando que el camino del autoconocimiento no es lineal.
El título del metraje hace referencia a una dinámica entre la pareja donde se comparten su cuerpo a manera de obsequios de amor, y se me hace muy asertivo porque al ver los esfuerzos de ambos por retomar lo mejor de su relación se cuestiona uno de este lado de la pantalla, donde esos regalos de entrega dejan de ser algo bonito y compartido, y la vulnerabilidad que se comparte en desnudez, complicidad, en abrirse, es traicionada por sentimientos y acciones del inconsciente de la pareja, y donde lo poco que hay de decisiones va orientado al poder y a alimentar las inseguridades que han estado ahí por años.

A la cercana y texturizada fotografía y una puesta en cámara muy hábil, que hace mucho uso del plano contraplano para darnos a entender cuando la pareja está más cerca y cuando más lejana emocionalmente separándose en encuadres, también se suma en generación de emociones la partitura de Alberto Iglesias, que parece por momentos de suspenso, denota una soledad muy marcada en los seres, sabemos que lo valseado es lo suyo, y aquí las arpas y cuerdas que pautan el vals son sutiles y sin la parte percutida, es decir, lo emulan sin llegar a ser valseados. Complementarias al contenido frecuencial de escenas difíciles de tragar, que no se basan en exabruptos sino en notas largas y texturales que complementan la escucha de la ciudad y espacios que se muestran, el sonido capturado por Eva Valiño respeta a la perfección la interpretación actoral, pues no es fácil grabar actuaciones tan bajas en nivel de voz, y tan musitadas y balbuceadas.
En el retrato de estos desencuentros, de ese intento por que la relación, la familia y el control de las emociones funcionen, destacan las locaciones de la ciudad de Toledo, desde el museo donde trabaja Pilar hasta las mismas calles recorridas e incluso la vista del departamento que comparte con Antonio, la presencia del arte y la cultura vieja no solo es vistosa y aporta su arquitectura, colores y geografía, también nos habla de la distancia ideológica y de sensibilidades que hay entre Pilar y Antonio, ella a raíz de su necesidad de ocuparse y su emancipación económica después de dejar la casa que compartían, encuentra su vocación, una alegría más allá de la vida en pareja, un conocimiento en las piezas del museo, la mitología que las envuelve y lo comparte.
A 22 años de su estreno, algo que la sigue manteniendo vigente aparte de la recurrencia de la violencia de género, es que los personajes sí tienen una humanidad ambigua. Pero ojo, que en el caso de Antonio, Bollaín construye una empatía sin jamás justificar sus actos, sino mostrarnos los orígenes y también que hay una parte que intenta no sucumbir ante la violencia pero que está demasiado avanzada en prejuicios y muy permeada por los entornos sociales, también se nos muestra la parte agresiva de Pilar, contenida y autorreprimida, que le lleva a un silencio causado por el miedo que también dificulta el diálogo. Estas emociones e ideas no tendrían este impacto en nosotros de no ser por las actuaciones de todo el reparto, Laia Marull y Luis Tosar nos meten en esos papeles así como también el elenco de secundarios, multipremiado por esas épocas por, a través de sus miradas a la cámara, hacernos ver el complejo mundo en el que vivimos y la no menos compleja y admirable visión de su directora.
