Mientras hablar sea gratis

Por jaazia

 

“La escritura (uno)”

Una vez más vengo con más preguntas que respuestas. He pensado mucho en la escritura, en su transformación con el paso del tiempo, el peso o la importancia que tiene o que le damos y, por último, la banalización y comercialización. La escritura es el factor principal de uno de los cambios de paradigma más grandes en la historia de la humanidad, es una técnica, es un lenguaje. Y me parece que al día de hoy la damos por sentada, la infravaloramos, lo mismo que con el lenguaje oral y el diálogo, no le prestamos atención, está tan inmersa en nosotras y en nuestra cotidianidad que le prestamos poca atención, quizá la mínima necesaria y eso.

La historia de la escritura es larga y tendida (les recomiendo seguir a @linguisticamentehablando divulgadora y lingüista, la escritura es uno de sus temas de interés y está bastante formada en ello), pero más allá de adentrarnos en las particularidades de su historia, me interesa destacar algunos momentos relevantes:

  1. La escritura como técnica, particularmente para la memoria y el conocimiento. Por un lado encontramos la escritura como este registro de la memoria colectiva y, por otro lado, también encontramos la escritura para la transmisión de conocimiento; me parece relevante subrayar que en ambos aspectos siempre fue importante la colectividad, tanto de una manera previa, quiero decir, para la construcción del relato, como en su paso posterior, que es el diálogo o la discusión de lo leído (no me voy a enfocar mucho en este aspecto, ya que la lectura en sí misma tendrá su propia columna).
  2. La literatura. En algún momento de la historia, la escritura además de ser utilitaria o funcional, se convierte en una expresión estética, artística o como la quieran llamar. La consolidación de la escritura como “arte” o expresión artística en donde la técnica incluye interés por la forma o el formato y el contenido.

Estos dos momentos me parecen relevantes porque creo que con el paso del tiempo se nos han mezclado un poco las técnicas, los saberes, los usos y desusos. Y aunque a mí me encanta la mezcla, la hibridación y todo eso, ha llamado mi atención el estado actual de la escritura. Hasta acá todo bien, no quiero adentrarme en el clasismo y racismo dentro de las academias o las grandes instituciones deLeer más

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“Hija de madre soltera”

 

Por jaazia

 

Recientemente vi un reel o un tiktok en instagram, que explica por qué la frase “hija de madre soltera” tiene un machismo de fondo, desarrolla su argumentos con puntos interesantes y que, hasta cierto punto, comparto. Habla de hacer énfasis en la irresponsabilidad del padre, de honrar el trabajo de la persona que se hizo cargo de dos, la justicia lingüística y de cómo el feminismo nos pide nombrar el mundo de forma justa.  

Hasta acá, todo bien. Pudo ser un reel más, un reel menos, en mis horas desperdiciadas en la plataforma, esperando generar un pico de dopamina o qué sé yo. Pero no, no fue así. No sé si porque habla de un tema que me toca personalmente, de temas que conozco profundamente o simplemente estaba premenstrual, pero me generó una clase de incomodidad y conflicto, aun cuando comparto (de nuevo, hasta cierto punto) su punto. Conforme pasaron los días, lo platiqué con mis amigas, lo charlé con mi mamá, lo pensé y resultaron algunos esbozos de ideas.

Estamos acaso en la era de la literalidad, entiendo que regresamos a explicarlo todo de nuevo (como lo dije en la columna anterior), pero es real que tenemos que llegar al punto tal en el que tenemos que decir las cosas así de claras: hija de padre ausente. Primero, quizá una cosa de la edad, pero para mí siempre fue bastante claro que cuando se hablaba de madre soltera existía una relación directa a la ausencia del padre, cualquiera que fuera la causa. Incluso, como fue pasando la vida y una se adentra al feminismo, me di cuenta que de hecho todos los padres medio que son ausentes, los papás no existen son las mamás. El trabajo de crianza, educación y cuidados ha sido, históricamente, feminizados o relegados a las mujeres (quizá por eso la mayoría de los varones quieren tener hijos, pero ese es tema para otra columna).

Esto me hace pensar también que estamos en un momento en el que tenemos la retención y la atención por los suelos, no por nada en las películas y series comerciales repiten el plot una y otra vez, pero de nuevo ¿de verdad llegamos a esto? Nuestra capacidad de pensamiento crLeer más

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“Viene por nosotras”

Por jaazia

 

No entiendo muy bien qué está pasando en el mundo, no entiendo por qué está pasando lo que está pasando, no sé si valga la pena buscar teorías del porqué, pero entre todas las cosas que están pasando se ha perdido la bonita costumbre de avergonzarse de ser facho, de ser de derecha, de ser conservador, de ser macho (un par de añitos nos duró).

 

Vienen por todas nosotras. No quiero ser fatalista, ni asustar a las compas, pero considero necesario dejar una advertencia, porque nosotras (todas las que no somos un varón blanco heterocis) siempre corremos el riesgo, es un recordatorio de que nosotras nunca podemos dar nada por ganado.

 

Sí, tenemos una presidenta con A ¡Qué maravilla! De izquierda ¡wow! ¡Somos una referencia de la justicia social para nuestrxs hermanxs latinoamericanxs! Sí, claro, se viene el tiempo de las mujeres, con todos los cuestionamientos, válidos, que se hacen a estos discursos. Pero no podemos hacer caso omiso a lo que está pasando alrededor del mundo, incluso al interior del país, unos pelados queriendo reforzar los estereotipos de género y demás.

 

Sí, las luchas de las mujeres y las disidencias han conseguido un montón de cosas en los últimos años (y las que nos faltan por conseguir, cositas muy básicas como que dejen de matarnos), pero hay que plantarnos en la realidad histórica, cuando las cosas se ponen feas, por las primeras que vienen es por nosotras.

 

Por nosotras me refiero a nosotras, las mujeres, las disidencias. NosoLeer más

“Vagabundear”

Por jaazia

 

Viajar es abrazar la incertidumbre, es la posibilidad de posibilidades, experiencias, todas, posibles, nuevos niveles desbloqueados. Acompáñenme en esta, queridas lectoras, ya que es más que nada una catarsis sobre todo lo que es viajar.

Hay muchos tipos de viajes, la mayoría dependen de los motivos, puede ser un viaje por placer o por trabajo, hay viajes de placer que parecen trabajo y hay viajes de trabajo que pueden ser casi tan divertidos como unas vacaciones. Pienso que, al final, los viajes son pretextos, por ejemplo, un congreso es un pretexto, sí, te da curriculum, te reencuentras con colegas, quizá se conocen algunos nuevos, das a conocer tu trabajo, aprendes, compartes y bla. Pero también es una posibilidad a lo desconocido, respirar otros aires, aires diferentes.

 

La maldita y bendita incertidumbre, no saber a dónde llegamos, qué nos espera, yo procuro pensar que puras cosas divertidas y buenas, aunque sea a puro tapping y manifestación porque lamentablemente vivimos en un mundo que no nos asegura nada, ni nuestra propia seguridad, lo cual me lleva al siguiente punto: viajar sola, sola con A de presidentAAAAA, con a de mujer.

 

De entrada, ya existe una cuestión de ser mujer y tener el peligro en tu propia casa, en tu propia cama. Alguien puede entender el terror de viajar sola, el miedo de ser parte de una estadística más, alguien puede comprender las palpitaciones, el sudor frío, la inseguridad de subirse al auto de un desconocido esperando que de hecho te lleve al destino pactado, caminar por calles solitarias y desconocidas. ¿Qué se hace para solventar esa seguridad? ¿Para arriesgarnos sin que el ataque de pánico nos baje la presión? Es una lucha constante, interna y profunda, pero me resisto a quedarme encerrada en mi casa para no correr algún riesgo.

 

Una vez superado el miedo de algún tipo de acto violento hacia tu persona, hay otra situación respecto a viajar sola, algo muy curioso, hasta gracioso diría. De entrada, la cuestión: la soledad, hacer cosas sola, como ir a comer o al cine, que por más que a una no le importa, una siempre se enfrenta a la mirada del otro, cuando te hacen saber, quizá hasta con incomodidad, de lo “raro” que es viajar sola y por el mero gusto de hacerlo (y tener las posibilidades claro):

 – ¿No vienes con otros compañeros?

–  ¿Aquí no te vas a encontrar con alguien?

– ¿No te acompaña tu directora?

 

Entre las incomodidades y las inseguridades es un gran logro, por lo menos para mí, salir de viaje sola.

 

Viajar sola es comer en algún restaurante, en alguna plaza, en algún lugar, escuchar a lo lejos una canción y sonreír por lo que te recuerda, es escuchar las conversaciones de la pareja homosexual músicos o poetas, intentar descubrir de dónde es el extranjero trabajando a distancia. Me atrevería a decir que viajar sola es la full life experience de la vida misma, es vivir la emoción, el miedo, es también saber que el viaje es finito y en algún momento se termina y que el retorno es inminente, y que por lo menos yo, tengo un nido a donde volver.

 

Finalmente, mis queridas lectoras, les comparto la experiencia con la esperanza de que ustedes también se avienten, se aventuren a viajar solas, pero qué sé yo, yo solo hablo mientras hablar sea gratis.

 

 

Mientra hablar sea gratis

“Too much”

Por jaazia 

 

Parece que hoy en día es más sencillo hablar sobre las relaciones. Los discursos progres y los feminismos nos han dado herramientas para cuestionar la idealización del amor, la formas de vincularnos y el contexto en el que lo hacemos. O al menos eso pareciera.

 

Sin embargo, al hacer un breve repaso de mis propios relatos y los de mis amigas, me tropiezo con la misma piedra: la incomodidad y la inseguridad de ser “demasiado”. ¿Somos personas muy demandantes o con estándares imposibles? ¿Pedimos mucho o simplemente somos mucho? o ambas cosas, lo cual resulta, por supuesto, too much. Me resulta fascinante cómo, como humanidad, damos por sentado que el mundo está poblado por personas que sienten y piensan, con sus propias complejidades y contradicciones. Y, sin embargo, parece que se nos olvida constantemente. Estamos tan ensimismadas en nuestro propio sentir/pensar —nuestras necesidades, expectativas, traumas y deseos, siempre los propios— que olvidamos que frente a nosotras existe una otra, igual en humanidad, pero distintas historias.

 

Creo que la nueva serie de Lena Dunham, Too Much, retrata este proceso de manera tan entretenida como incómoda. Aunque tengo una larga lista de series y pelis para ver, fue gracias al análisis de Nati Maldini sobre la obra de Dunham (en su canal de youtube, que uso y recomiendo) que decidí verla inmediatamente, como ella dice: “la serie no es sobre amor, es sobre traumas”.

 

Too much, a primera vista, podría parecer sólo una comedia romáLeer más