Por Fernanda García Ledesma
Aquí estamos de pie
¡Qué viva la América!
No puedes comprar mi vida.
[Calle 13. (2010). Latinoamérica [Canción]. En Entren los Que Quieran. Sony.]
Ante procesos de injusticia territorial, desigualdad, desposesión, desplazamiento y gentrificación, habitar es una forma de resistencia. Por la constante valorización y mercantilización de espacios urbanos e identidades, habitar el espacio público para hacer comunidad, es intervenir en la ciudad desde lo colectivo y desde la conciencia. Habitar no solamente es ocupar un espacio, es transformarlo de manera representativa y libre, porque construir una ciudad más justa comienza desde las calles, desde los espacios a los que recurrimos habitualmente y sobre todo desde la comunidad.
El académico Juan Carlos Mansur Garda, en su texto Habitar la ciudad, menciona que “una ciudad es habitable cuando en ella se cuida de la persona en cada una de las etapas de su vida –en su infancia, su juventud, su vida adulta y su vejez–, pues habitar es vivir bajo el cuidado, en nuestro ser temporal y en nuestra vida” (2015). Asimismo, menciona que “se habita cuando se establece una relación con nuestro propio ser y se entra en relación con los otros” (Mansur, 2015). La interacción con las demás personas implica un intercambio de símbolos y signos que codifican y estructuran el orden social a través de experiencias comunes y el uso del lenguaje; cuya finalidad es conducir a la formación de esquemas y significados que a su vez permiten el “«cuidado», el «amparo», el «arraigo» y el «encuentro»” (Mansur, 2015).
Dichos elementos son fundamentales para el habitar; al tiempo que la cultura es aquel elemento omnipresente que orienta nuestro sentido de existencia y de acción. La cultura se impregna en los espacios a los que recurrimos, pero también cambia y se adapta de acuerdo con las necesidades y capacidad de agencia de sus individuos que deberían de tener las condiciones para elegir qué incorporar y qué rechazar para conformar su identidad y prácticas sociales. Es así como las identidades se conforman a través de las diferentes culturas a las que se pertenece, y a su vez “se predican en el sentido propio de los sujetos dotados de conciencia y psicología propia” (Giménez, 2007).
Sin embargo, identidad y conciencia no implican lo mismo; ambos son procesos que forman parte de la socialización de los seres humanos desde el momenLeer más










