El fuego de distantes estrellas

Un poemario para rebeldes con corazones de kyber

Por Diego Medina

 

 Y sepan esto, llegará el día en que todas estas escaramuzas y batallas, estos momentos de desafío habrán inundado las orillas de la autoridad de los Imperios y entonces habrá uno de más. Una sola cosa romperá el asedio.

Manifiesto de Nemik

 

Este poemario de Darío González se incorpora a la lírica mexicana como una rara avis que despliega su plumaje épico para extender el universo de Georges Lucas. Decimos rara avis porque el firmamento de la lírica mexicana pecaba de orfandad en cuanto a la ciencia ficción. Afortunadamente esta carencia ha sido bien atendida por el autor. Más allá de las palabras complacientes, El fuego de distantes estrellas se levanta como aquel viejo armatroste que conquistó el corredor de Kessel en doce parsecs para emprender conquistar la galaxia una vez más.

 

Sin duda los conocedores del universo de Star Wars, ya sea a través de las películas, los cómics, las series, las novelas o los videojuegos, reconocerán las afortunadas referencias a esa galaxia muy lejana de la que habla González. Una épica espacial que enfrenta a Jedis contra Siths, a rebeldes contra imperiales y al miedo contra la esperanza. Se habla aquí de la Estrella de la Muerte, de los Banthas, del Episodio IV, de blásters, de la Fuerza y de distantes estrellas. Una orgía de referencias que a pesar de todo no llega al fetiche, por el contrario, el autor reescribe, adapta, reconstruye el universo de Lucas para que el poemario pueda ser leído por feligreses y gentiles.

 

Vibrante, perifrástico y barroco, épico, a fin de cuentas, desde la pluma de González se nos introduce en una guerra a lado de los héroes que lucharon por la libertad y la justicia en una galaxia que no tiene nombre y que podría ser cualquiera, un acierto, ya que de esta manera el autor declara su independencia de su hipotexto, es decir, no estamos frente a un fanfic, sino ante un artificio literario mucho más sofisticado. Hay en este libro imágenes transparentes que logran arrebatar al lector del asiento: “como la verde tiranía”, y casi podemos ver el rayo de la estrella de la muerte caer sobre Alderaan, Jedha o Scariff, o “El cielo, en cambio, sacude su lomo, / esparce su coraza por nuestros sueños rotos” que sucede en medio de una batalla en los cielos, que bien podríaLeer más

Análisis de la cinta “Tenemos que hablar de Kevin” | Sobre los ROLES IMPUESTOS: madre-hijo

Por Carmina Cardiel

 

Lionel Shriver, escritora de la controversial “Double Fault”, con su séptima novela “Tenemos que hablar de Kevin” –estrenada en los estantes de librerías hace veinte años–, el cine la llevó a la pantalla grande en 2011 bajo la dirección de la escocesa Lynne Ramsay quien, por su lado, es experta en llevar la literatura a la imagen cinematográfica para hacer explotar lo que no se dice con palabras, pero que es parte de la condición humana y, por tanto, sumamente complejo.

Ambas hicieron una buena mancuerna para tocar temas que son demasiado incómodos para un mundo en donde se espera que las mujeres seamos no solamente madres, sino las mejores madres y, en consecuencia, los hijos deberán ser dichosos y productivos ante un sistema que exige demasiado para realidades que no coinciden con lo esperado.

 

Kevin como constructo de identidad en la sociedad

 

Tenemos que hablar de Kevin es una trama muy cruda desde los ojos de una sociedad que impone la maternidad como una forma de realización femenina, como si ser madres leLeer más

Un texto queer raro, sobre Week-end en Zipolite de Armando Gutiérrez

Por Diego Medina

 

Decir solamente que una obra es interesante, pero no atreverse a decir que es bella, nos obliga a reflexionar lo que entendemos por arte. Habría que recordar que lo bello sólo es lo terrible que podemos soportar, como diría Rilke, y que no todo el arte goza de tal monstruosidad. Mas no por eso deja de tener valor artístico. Dicho en cristiano: el alma del arte no es la belleza. Una verdad difícil de tragar por muchos puristas y, sobre todo, por aficionados al arte en cualquiera de sus expresiones.

 

Cuando leí Week-end en Zipolite y otros poemas póstumos me quedó claro que no estaba ante una obra que desbordara belleza, sino ante una propuesta interesante. Sabedor de sus recursos escriturales, Armando Gutiérrez Victoria, cuenta la historia de la muerte de A.G.V. a través de una serie de poemas que pueden dividirse en tres secciones. La primera parte titulada “A propósito de la vida y obra de A.G.V.”  gira en torno al descensus ad inferos de A.G.V. y se hace una semblanza del occiso a través de una serie de poemas que llevan títulos como “Esquela del domingo” y “De un Arcángel que está leyendo esto”.

 

En la segunda parte, titulada “Poemas póstumos y otroLeer más

Nudo Mixteco: El lado rudo de las raíces

Por Sergio E. Cerecedo

 

Ángeles Cruz (2021)

Ángeles Cruz lleva una carrera larga como actriz en todo tipo de puestas en escena, desde telenovelas, hasta obras de teatro y películas, ahora nos muestra precisamente la Mixteca, esa zona de unión de cordilleras donde encontramos uno de los lugares que preservan su idioma originario y también problemas y estructuras de hace mucho tiempo, sobre lo que su autora ahonda. Ha participado desde hace unos años en proyectos como “Espiral”, de Jorge Pérez Solano, que también retrataba una población Oaxaqueña, y teniendo en su haber como directora cortos como “La carta” entre otros que exploran los ejes temáticos que llegaron hasta esta primera película de su carrera.

 

Para este proyecto, Ángeles ha comentado en varias entrevistas que el punto de partida para la estructura fue basarse en monólogos de personaje, y se nota en el trabajo de dramaturgia cómo cada rama de la historia tiene su énfasis en una idea, teniendo en común la visión de tres mujeres que por tomar caminos que son impopulares o incómodos para pueblos de formación tradicional con base en el sincretismo católico, que incorporó el santoral a las creencias, enfrentan señalamientos públicos, rechazo de sus familiares o hasta en algunos casos odios dignos de crímenes en su contra.

 

En el primer segmento vemos la vuelta de María a su pueblo que es amarga por las circunstancias, acusada de no cumplir las obligaciones hacia su mamá, ahora fallecida, la búsqueda de una vida independiente y lejos no es buen vista. A ello se suma el rechazo de su papá, por estas cuestiones también viene una confrontación con su preferencia sexual, que su papá señala como causa de la enfermedad y muerte de su madre, aunado su amor hacia otra chica con la que creció y su disyuntiva para consumarlo.

 

La segunda historia nos pone como punto de partida el regreso al pueblo por parte de Esteban, que busca a su familia después de años de haber migrado, regreso que se da en los días de una fiesta patronal distintiva de la región. Tras echarse unos tragos tocando con su compadre, enfrenta casi a manera de cruda moral un hecho que le causa disgusto y le hace ver que su realidad personal y familiar ha cambiado, a lo que demanda una asamblea en el pueblo para pelear por lo que le parece justo,  en la cual los usos y costumbres deciden de qué manera las cosas cambiarán o seguirán, el seguimiento del resultado y los hechos.

 

En la tercera historia, Toña, una comerciante, igualmente regresa a casa de su mamá por su hija para encontrarse con circunstancias difíciles, con un mal social que ella enfrentó y que ahora la niña enfrenta, que en su momento no resolvió y que pinta para dejar una fractura en la relación con ella como la que la misma Toña tiene con su madre, enfatizando la permisividad social hacia quien tiene el poder por las cualidades con las que ha nacido, en este caso, el poder y prioridad que sigue teniendo el hombre.

 

En la narrativa de las tres historias podemos ver también que esas decisiones difíciles se acrecientan por la necesidad económica contrapuestas a las convicciones propias o a los valores con los que la persona ha crecido. Vemos tres retornos en diferentes circunstancias, unos para quedarse y otros que apuntan a ser la última visita al lugar, un rompimiento con el pasado que puede marcar el presente y futuro de las personas.

 

Al sentirse dentro de estas problemáticas en mucho ayuda el reparto, encontrar caras y expresiones que representan etnias y regiones mucho tiempo excluidas del cine, mezclando actrices experimentadas con personas que no están familiarizadas con la actuación, con ello tiene un mérito importante la dirección en el sentir de este conjunto, llevando a buen puerto una decisión arriesgada, rostros conocidos del cine nacional, como Noé Hernández en un dueto actoral muy fuerte con Aída López en escenas difíciles y dolorosas, así como también el contraste de firmeza y ternura que hay en los personajes de Sonia Couoh y Eileen Yáñez. En lo personal, el segmento de ellas dos me conmueve en particular por darnos cuenta de la fortaleza de la mente más allá de los estereotipos de la fuerza física, Piedad y María, con su carácter diferente, defienden una idea de vida y se aferran a ella.

 

También ayuda mucho a esta cercanía la intuición y conocimiento que desde el guion se demuestra de los pueblos de la región explorada y de México en general, la visión común de los lugares donde todos se conocen, donde la mayoría de gente joven y con fortaleza física se ha ido y donde la organización social y política puede dejar en evidencia nuestros errores y falencias de la manera más humillante. Las raíces étnicas y sociales tienen cosas bellas, únicas, rasgos de identidad que nos generan pertenencia, pero también rigidez en conceptos, en creencias, que nos pueden dejar fuera a pesar de sentir amor y arraigo por la tierra en donde nacimos, y ese es el punto que enfatizan las tres partes.

 

Otra cosa importante de la película es el uso de las secuencias de montaje acompañadas por música que no es un adorno sino una contextualización del espacio donde se desarrolla la historia. Mientras Esteban toca el clarinete con su compadre, podemos ver imágenes demostrativas de cómo se realiza una mayordomía por parte de la comunidad en la fiesta a un santo, ofreciendo comida y bebida libre a la gente, que una persona o familia acepta donar o para la que el pueblo coopera y ofrece lo que puede. También en el entierro del papá de María, el acompañamiento de una banda de viento y su sonoridad guía la marcha y contrasta con los rostros de tristeza y soslayo de la familia de la fallecida.

 

La fotografía nos permite sentir la naturaleza del lugar, hay recorridos de las dunas arenosas del pueblo donde las texturas son muy bellas y significativas, realzando tanto la aridez como la fertilidad. En especial, me parece muy interesante la manera de iluminar las tomas nocturnas, destacando siluetas y miradas con un toque muy especial, la corrección de color destaca los tonos ocres y amarillos. Filmada en gran parte en Tlaxiaco, Oaxaca y sus comunidades, la cámara muestra la geografía de manera íntima y sin exotizar a las personas.

 

En un país donde hemos visto durante varios años ejemplos de narrativa fragmentada, historias que se entrelazan, es decir, tenemos muchos referentes de puestas en cámara y propuestas de edición, comparada con la mayoría de ellas, “Nudo Mixteco” lo hace con naturalidad. Aquí el recurso que usa es darnos dos perspectivas del mismo hecho, donde captamos la interacción de las protagonistas de las tres historias en una plática que es tan cotidiana y casual que funciona para ver cómo los momentos nos unen circunstancialmente en un momento y lugar, y nos guían a tres temas comunes en dichos núcleos sociales, quien protagoniza y tiene la palabra un día puede ser esporádico al otro.

 

En la parte sonora, las bandas de viento que podemos ver y escuchar en varios momentos de la película refuerzan el carácter y temperado de la música de esa región, siempre diegética, ya que es una película que elige afortunadamente prestar más atención al espacio, no llevar piezas instrumentales en exceso sino escuchar, a las voces, los tumultos y murmullos, y que nosotros podamos también ser parte y dejarnos llevar por los diversos momentos de la sonoridad del pueblo.

 

 

Una poética en expansión

Hablemos de Mi nombre no es Ícaro de Eriko Stark

Por Diego Medina

 

Cada día me convenzo más de que la vanguardia de la poesía mexicana está en la poesía arropada bajo las seis franjas del arcoíris. Y en la poesía de Balam Rodrigo. Hace un año se publicaba El hombre que no se parecía a un caballo de Eriko Stark, un poemario que sorprendió a muchos, ya que su Divino poemario (2019) no había nacido bajo una buena estrella. Muchos pensamos entonces que Eriko había encontrado su forma de decir las cosas, el color de su voz y no estábamos equivocados.

 

Hoy nos convoca el nuevo libro de Stark Mi nombre no es Ícaro, publicado por la editorial Amatliöque. Nos encontramos ante una poética consolidada, elementos que funcionan como la huella digital de su literatura, altas y bajas propias de esa determinada manera de escribir y estrategias escriturales ya conocidas por sus lectores. Sin embargo, los temas abordados por Eriko gozan de buena salud, pues si bien la experiencia homosexual empapa las páginas de este nuevo engendro poético, encontramos también reflexiones concienzudas sobre la naturaleza de nuestra ciudad y nuestro pueblo. Desde una perspectiva queer, claro está.

 

Antes de hablar de las virtudes literarias de esta nueva entrega, me gustaría señalar algo que me pareció chocante. Primero, una de las secciones titulada “Tepito tenía el corazón” me parece más bien un ensayo dividido en versos. Pudo haber funcionado mejor como un poema en prosa. No entiendo por qué nuestro autor dividió este texto que claramente funciona si se lee a renglón seguido. Incluso me habría parecido más inLeer más

Análisis de la cinta “Nadie sabe” | Sobre las infancias como constructo olvidado de las sociedades modernas

Por Carmina Cardiel

 

Hirokazu Kore-eda es un director japonés que se destaca por los temas profundamente sociales que acarician la condición humana con tal sutileza que puede proyectarlo en su filmografía, que también abarca cine documental. Y es que no está de más mencionar que el director, antes de hacer cine, quiso ser novelista. Quizás de ahí venga su naturalidad para contar y conmovernos con sus tramas.

En 2018 nos conmovió con la película “Manbiki Kazoku”/“Asuntos de familia”, misma con la que ganó el premio Palma de Oro en el Festival de Cannes de ese mismo año. La trama va de la configuración social de la familia no parental y tiene, como en casi todas sus cintas, esa arista desde donde se puede observar al mundo desde los ojos no solamente adultos, sino desde la mirada de las infancias. Si no la han visto aún, ampliamente les recomiendo que vayan a buscarla. Entre los títulos destacados de su largo trabajo podemos encontrar:

2023 – Monstruo, 2013 – Soshite Chichi ni Naru (De tal padre, tal hijo), 2011 – Kiseki (I wish; en español: Milagro), 2008 – Still Walking (Aruitemo aruitemo), 2004 – Nadie sabe (Nobody Knows) y, de este último título es del que platicaremos hoy en el análisis de #ButacaVioleta.

 

En medio de una isla tan grande como la Ciudad, nadie sabe

Nadie sabe narra una historia construida a partir de hechos reales ocurridos en el centro de Tokio, una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, en un entorno donde paradójicamente reina la soledad. Desde el inicio de la trama el director no permite que te apartes de la vida de cuatro niños que viven ocultos en un pequeño apartamento de Tokio, abandonados gradualmente por la única persona a su cargo. La cinta aborda con sutileza y profundidad una problemática estructural: la invisibilidad de los más vulnerables dentro de sociedades urbanas modernas, aparentemente funcionales y desarrolladas.

Desde una mirada sociológica, la obra permite explorar la descomposición del núcleo familiar, la negligencia institucional, y la forma en que la exclusión social se manifiesta incluso en contextos de aparente prosperidad. Nadie sabe es un gran título para una historia que bien podría estar ocurriendo enfrente de tu casa, pero como prefieres no lidiar con, ni conocer a tus vecinos, puede que también seas parte de la indiferencia social que azota a nuestras sociedades actuales.

Los vecinos, la casera y los transeúntes no advierten la presencia ni Leer más

“Alegría”

El lenguaje del vino en Jorge Luis Borges

 

Por Diana Peña Castañeda[1]

En tanto alegría, el vino solo puede hallarse en el paraíso sensorial. Eso es lo que nos comenta Borges en su soneto al vino. En cada verso deja claro que la bebida no es una casualidad, es símbolo porque integra la comunión del rito. Desde una ceremonia hasta un gesto de hospitalidad se prolonga el significado de lo que somos como humanos.

 

También está presente cuando en solitario, el alma habla de sus más profundas intimidades para revelar verdades ocultas, entonces construir historias que después harán reír o llorar. Como consecuencia, se podría decir ciertamente que el vino tiene la virtud de la inmortalidad porque cada sorbo significa una eterna celebración de tiempo y de memoria. No es azar entonces que el poema abra con la siguiente pregunta:

 

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa

conjunción de los astros, en qué secreto día

que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa

y singular idea de inventar la alegría?

 

El otoño es una estación, época de abundancia. La uva destella sus aromas a cítricos anunciando la vendimia. El lagar se prepara para recibir una a una toda la fragilidad de la fruta, la prensa hasta que en la pulpa se vislumbra la acidez roja. Entonces en las barricas el mosto se vuelve flamante con su música invisible de burbujas. La lentitud va a su ritmo, como debe ser porque el paisaje entero se consagra a la ensoñación de un renacer.

 

Es sabido que, para madurar, el vino necesita el río del tiempo; debe mantenerse en botellas de vidrio verde o ámbar; almacenarse, ojalá en cavas oscuras y frescas atendiendo la temperatura y la humedad. La paciencia es subliLeer más

La negra Angustias: Matilde Landeta y la desmitificación de estructuras

Por Sergio E. Cerecedo

 

Con los movimientos sociales de la actualidad se han puesto en la mesa nombres que antes no se escuchaban tanto en las masas, debido a muchos factores: ignorancia, sesgos, que pertenecen al pasado, y mil y un razones más. Es ahí donde la figura de Matilde Landeta y su lucha es emulada en movimientos por la igualdad y en contra de la violencia de género, además, gracias a esa representatividad que los grupos de mujeres encontraron, el público en general, y que no está del todo consciente o al corriente de estas causas, puede saber del trabajo, figura e importancia de esta cineasta.

 

Matilde en el medio cinematográfico crece primero como continuista en El Prisionero 13 (Fernando de Fuentes, 1933) y asistente de dirección de varias películas de la época del cine de oro con directores como Ramón Peón, camino que le permitió aprender de diferentes géneros y formas de filmar. En su carrera encontramos tanto películas enmarcadas en la revolución y en las luchas armadas como dramas sobre el trabajo sexual y la vida en las ciudades (Trotacalles, 1951), y eso sí, adaptaciones literarias. Su interés por el teatro y la literatura siempre fue tal que llevó un par de novelas al cine, entre ellas está la película que hoy analizamos, devenida de la novela de Francisco Rojas González

 

Por cuestiones de género y política, Matilde estuvo relegada y censurada de la dirección durante muchos años, lo que no le impidió estar de cerca en la parte administrativa y sin dejar de escrLeer más

El secreto de Romelia

Por Sergio E. Cerecedo

 

La década de los ochenta vino con muchos cambios para la industria del cine mexicano, como la llegada del video casero, la decadencia del género de la sexycomedia y, con ello, las disyuntivas entre lo que el público quería ver, debido a la debacle de los géneros cinematográficos populares. También es la época donde más que nunca se sustituyen los productos nacionales por los extranjeros. Y es en esta época que se vive la consolidación de la comunidad estudiantil egresada de las dos primeras escuelas de cine públicas en el país: el CUEC ahora ENAC, y el Centro de Capacitación Cinematográfica.

 

De esta última encontramos entre las directoras formadas ahí a Busi Cortés (1950-2024), quien rueda su ópera prima en una década con dificultades para las propuestas autorales. Además de su larga carrera como documentalista y directora de programas de televisión, ostenta logros como ser la primera estudiante del centro de capacitación cinematográfica en recibir el apoyo para la producción de su ópera prima, como alumna graduada de dicha escuela, un programa que dio oportunidad a través del esfuerzo de que estudiantes fueran cabezas de área por primera vez o de ser asistentes y recibir entrenamiento de maestros expertos.

 

Busi Cortés (1988)

La maestra Busi siempre tuvo una visión de la demostración de la fuerza femenina, de la lucha en contra de las pretensiones sociales y del mostrar los resultados de la represión y el peso de los roles de género en la vida de las personas. De los duros tiempos de represión que atestiguó de las circunstancias hacia las mujeres construye personajes complejos, imperfectos y que ni buscan ser un ejemplo ni tampoco se conforman con el yugo social que imponen sus decisiones, especialmente devenidas de sus sentimientos.

 

Y precisamente esa conexión en temáticas le llevaría a adaptar las letras de Rosario Castellanos, otra gran defensora de la tridimensionalidad en la visión Leer más

El voluptuoso duelo en “Jirones del deseo” de Rubén Fischer

Por Diego Medina

 

Hace algunos meses llegó a mis manos Jirones del deseo, un poemario editado por la Editorial CCH Vallejo, de la UNAM; un libro raro, queer, musical y melódico-melancólico, en el sentido griego de la palabra, Melos: dulce, Cólicos: dolor, autoría de Rubén Fischer, quien labora como docente en dicha institución educativa. Antes de comentar algunos aspectos clave del libro, es necesaria una reflexión sobre el papel de la UNAM en la promoción de la cultura y, en específico, de la literatura.

 

Durante mucho tiempo la máxima casa de estudios —lo escribo en minúsculas muy a propósito— fue un faro de conciencia, esperanza y lucha, un motor de movilidad social y templo del pensamiento crítico. En sus imprentas se editaron libros clave de la literatura nacional, incluso hoy la revista y el concurso Punto de Partida conservan algo de aquella aureola de prestigio, producto de su audacia para publicar autores noveles, pues si bien hay esfuerzos como Vindictas o Piso 16, la verdad es que la Universidad Nacional Autónoma de México ha declinado este protagonismo en la vida cultural del país. Una tragedia.

 

Por eso me entusiasmó este poemario, porque apuesta por autores VIVOS, sin embargo, el sentimiento final fue más bien agridulce, pues si bien se nota el entusiasmo y apoyo de las autoridades involucradas por reconocer el trabajo de Fischer y materializarlo en un libro físico, también es cierto que los materiales, el diseño y el cuidado editorial deja mucho que desear de parte de la máxima casa de estudios. Un empastado más bien descuidado, un lomo pegado con bordes irregulares producto de un mal secado del pegamento y un formato que le otorga más bien apariencia de devocionario que de poemario. Esta obra merece mucho más respeto y amor que el que la modesta Editorial CCH Vallejo le pudo dar. No se tome esto como un reclamo grosero para los invoLeer más