No hay placer, sino maldad: la obra de Flannery O’Connor

Por Brenda Berenice Zambrano Córdova[1]

“Flannery O’Connor, autora de una de las obras más extrañas, perturbadoras e inclasificables de la literatura universal”.

Gustavo Martín Garzo

Flannery O’ Connor, sureña de Savanah, nace en 1925 en una familia católica, este último elemento lo encontramos inmerso en sus relatos, donde juega un papel fundamental, ella misma decía que lo que le había dado forma a su escritura era “ser católica y sureña.” Fue una representante de la generación de los llamados escritores del sur, que floreció en Estados Unidos en el siglo XX.

Un hombre bueno es difícil de encontrar”, el relato en el que nos centraremos, nos deja con desconcierto, vacío y fascinación, tal fascinación nos orilla a conocer más de la escritora, aunque al adentrarnos en su vida nos desconcertamos aún más, pues la imagen de la autora de aquel inquietante relato del asesino desalmado, la abuela perversa, los niños detestables, no corresponde a la granjera sureña y devota que cualquiera puede imaginar. Leer más

El sino podrido del poeta: Un vistazo relámpago a la vida y obra de Jacobo Fijman

Por Rogelio Dueñas

No hay canto sin llanto.
Es el misterio de la llaga el que estructura la metáfora.

Ramón Martínez Ocaranza

Nota introductoria

Me provocan náuseas todos esos individuos que con falsa ingenuidad sostienen que el glamour del reconocimiento y la bonanza económica son inherentes al ejercicio poético. Como si no supieran que para que eso suceda el poeta debe ajustarse, en mayor o menor medida, a los designios de las élites políticas y culturales. Como si en verdad ignoraran  que cuando el poeta decide reflejar en su obra una realidad que contraviene los valores e intereses de la clase dominante, muchas de las veces debe asumir la miseria y el ninguneo como consecuencias; sin importar cuan renovadoras o propositivas sean sus creaciones.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos que la cultura hegemónica lleva a cabo para sepultar las voces de los poetas que gozan de una rábida y descarnada autenticidad, sus obras brillan. Tarde o temprano se abren paso y se propagan. De agua nueva su condición a cuestas llevan, ahogando la calumnia vertebral de la poesía a sueldo.Leer más

A propósito de «El espinazo de las lámparas», de Braulio Aguilar

Por Rogelio Dueñas[1]

La vida de la poesía, sépalo el sépalo de la flor y no el pistilo que lo canta al aire, tiene sus propios compases de espíritu y no queda sino asumirlos sin morir o morir sin asumirlos (…)
Orlando Guillén

UNO

Cada vez son más los poetas que afianzan sus obras a la lógica de la competitividad y el consumo. De ahí que nos escupan sus propuestas abarrotadas de versos inanes que al igual que la leña de pirul, no sirven ni pa’ arder; nomás para hacer llorar. Nos sorrajan sus publicaciones bien cuidadas y sus recitales en donde pesa más la promoción de la personalidad que lo medianamente logrado de sus obras. La poesía es una forma de volver mucho más humana la existencia. Sobre todo cuando los versos nacen alejados de los preceptos deshumanizantes que resuenan en los muros del capitalismo y la posmodernidad. Asir a esos falsos cimientos una facultad tan humana como lo es escribir poesía, es un acto de sumisión. ¿Por qué tantos poetas se empeñan en tomar ese camino? Y justo ahora que nos resulta tan urgente la ruptura y el desentendimiento con los valores burgueses. Si es que en verdad estamos tan conscientes de los tiempos aciagos que atravesamos, ¿por qué entonces no apartar a la poesía de los caminos donde el dinero y el ego dominen? “Eso es precisamente el narcisismo, la expresión gratuita, la primacía del acto de comunicación sobre la naturaleza de lo comunicado, la indiferencia por los contenidos, la reabsorción lúdica del sentido, la comunicación sin objetivo ni público, el emisor convertido en el principal receptor” (Lipovetsky, 2010).Leer más