Zaira Moreno | Poesía

Zaira Moreno (México, 1997). Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Ha publicado escritos en Áspera Fanzine, Periódico Poético, Revista Engarce, Poesía de morras, Revista Estrépito, Especulativas, Revista Literaria Polilla, Revista Monolito, Sorelle Magazine, Paradigma, Revista Alcantarilla, entre otros. Ha participado en la exposición El arte de ser mujer (2023) en Casa Quinqué y Feria del Fanzine (2021) en Casa Vidrio. Realizó la gestión e impresión del fanzine Ciudad, resultado del taller Escribir la ciudad del Laboratorio de Arte Público. Además de escritos, realiza collages digitales y análogos. Actualmente labora en Impronta Casa Editora.

 

Sin título

llego tarde

a los primeros lugares de la escuela

al dinero y privilegio

al talento

a la piel lisa y pálida

a la obediencia

a las curvas del cuerpo

al trabajo estable

y a la reciprocidad. 

                              

llego tarde y 

me desbordo.

 

 

 

Agua

El océano dentro de mí, se desLeer más

Leer a Tenoch, reflexiones sobre la amistad y la literatura gay

Por Diego Medina

 

 Hace tiempo conocí a Tenoch en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, sostuvimos una amistad y luego, cosas de la vida, nos distanciamos. Cuando me enteré que había publicado un poemario no me sorprendí, el talento es un cheque en blanco que se cobra tarde o temprano. Pero no hice gran esfuerzo por conseguir su libro, el resentimiento pudo entonces más que mi afición por la literatura gay. Debo mencionar también que durante este 2024 me enfrenté a situaciones que me alejaron de la literatura en general.

 

Cuando superé este golpe de la bifrontal Fortuna y volví a la universidad, sostuve una conversación con una amiga que, palabras más, palabras menos, me dijo “…lo bello de la literatura es que hace que pongamos a un lado nuestras diferencias y se convierte en una bandera por la que luchamos juntos”. Poco tenía que ver aquella conversación con Tenoch, pero aquellas palabras me hicieron eco ¿cuántas veces no me quejé con amigos de que fulanito o perenganito ignoraban deliberadamente mis letras por cuestiones personales? ¿cuántas veces no me negaron espacios y reconocimiento personas con poder a las que les resultaba antipático? (Yo no tengo poder alguno, ni considero que mi voz tenga “autoridad” más allá de la que le da mi honestidad).

 

Pensaba en el daño que le ha hecho a la literatura la soberbia y el orgullo infecto de los escritores, cuando una amistad me comentó que Tenoch había dedicado uno de los poemas dLeer más

Violetas y claveles: vale la pena trabajar por un jardín en el cual ser libres

Por Diego Medina

 

Este viernes 6 de diciembre se presentó en Somos Voces la antología Violetas y claveles que reúne a los ganadores del Premio de Poesía PRIDE Antonio Alatorre 2023, el cual fue organizado y subvencionado por Andrea E. Reynoso. La antología tiene un costo de $200 (doscientos pesos), y debo decirlo: los materiales no son los mejores, de hecho, las hojas sólo están engrapadas, no cuenta con un índice y el ejemplar que adquirí tenía páginas con la tinta chorreada. Sin embargo, la selección de Andrea es un diez total, algunas de las mejores plumas de la joven poesía cuir mexicana están reunidas en esta antología, unas de ellas ya reseñadas en esta columnita semanal, como es el caso de Alejandro Miravete y Eriko Stark, otras de las cuales hablaremos muy pronto como las de Bladimir Ramírez y Rubén Fischer, así como algunas novedades para este que les escribe.

 

Quiero detenerme un momento en el hecho de que tanto la convocatoria, la edición y la impresión corrieron a cargo de Andrea E. Reynoso, una entusiasta de la obra de Alatorre, que a través de este concurso honra la memoria del sabio de Autlán (de quien por cierto el Fondo de cultura Económica editó Migraña, una novela póstuma e inconclusa). Como alguien que ha hecho fanzine, que publica en editoriales independientes y que hasta hace poco no había tenido ningún estímulo del gobierno (y que descubrí por la mala que el gobierno paga mal y tarda en pagar), no puedo sino asombrarme, maravillarme y aplaudirle de pie (desde estas páginas las veces que sea necesario) por su labor editorial, de difusión y de gestión cultural. No es fácil ser jurado en unLeer más

Aciertos y desventuras de una Ópera Prima

Sobre Polirritmia Primera rapsodia: Como Aquiles y Patroclo

 

Por Diego Medina

La distancia entre el primer paso y la cumbre no siempre es la misma, a veces está condicionado por nuestra determinación, por la horma de nuestros zapatos, por lo sinuoso del camino o por el talento, ya sea que abunde o que escasee. Hay escritores que acometen la hoja en blanco con un ímpetu similar al del montañista que está frente al pico más alto del Himalaya, que repasan sus borradores, memorizan los versos que no convencen su imaginación para encontrar una solución a los acertijos de la esfinge que a veces se traviste de musa. Hay poetas que experimentan, que juegan a los siglos de oro, a las lánguidas voces de los grecolatinos (ecos apenas distinguibles en los altavoces de la hiper modernidad), a las aguas del Guadalquivir donde García Lorca jugaba a los pastorcitos y la Guerra Civil, hay poetas que dan la pisada en falso y caen, desde la altura de las cumbres que pretendieron conquistar.

Nos pasa a todos. Sobre todo en nuestros primeros poemarios. Me pasó a mí con El llanto es un perro inmenso, que dejó fuera mucho de lo mejor e incluyó mucho de lo que creí más “adecuado”, le pasó aLeer más

La casa que nos vio crecer | Narrativa

Por Giselle Arlette Velasco Matías[1]

Antes esta casa no tenía ventanas, ni parecía un pastel color durazno. El recuerdo más viejo que tengo aquí soy yo, toda despeinada y en calzones, recogiendo naranjas con una mano, mientras con la otra sostengo una muñeca igual de despeinada que yo. Es extraño, no sé qué tan real es ese recuerdo, tal vez es el recuerdo que alguien más me contó y ahora lo utilizo como mío. La verdad es que no tengo memoria sobre muchas cosas de mi infancia. Los juegos, las vistas, las travesuras se me borraron. El recuerdo propio más lúcido que poseo es cuando mi prima Nica empezó a llorar porque se cayó de la cama. Lo recuerdo porque mi papá llegó al lugar de los hechos y me pegó con el cinturón por no haber cuidado bien a mi prima, que es dos años más chica que yo. Ser mayor a veces suele ser un fastidio.

Últimamente me la paso sola en casa, sin otros seres humanos, digo. Aquí llegamos a vivir ocho personas y ahora durante el día solo estoy yo. Me acuerdo que para dormir mis papás colocaban tres sillas a la orilla de una cama para poner nuestros pies, una silla para cada par de pies. Es muy irónico porque ahora tenemos ocho colchones, si nos reuniéramos de nuevo, cada quien tendría su propia cama. Vivimos muy apretados, tanto en espacio como en comida. Mamá compraba un plátano para cada habitante de la casa porque ya no alcanzaba para comprar más. Ella salía todas las mañanas a vender quesos, iba a los pueblos cercanos y era muy conocida por todas las personas. A veces hacía trueque con la señora de la verdulería en Candelaria y regresaba con muchas verduras y frutas. Otras, no traía nada más que una cara de preocupación.

Papá ordeñaba las vacas y trabajaba en el campo. Cuando papá llegaba a la casa y mamá no estaba, mi corazón se aceleraba tan rápido y por alguna razón tenía miedo. Sentía que mi papá se molestaría y empezaría a decir cosas feas de mamá como lo hacía a veces, cosas que me dolían porque eran sobre mi Leer más

Vaitiara Villagrán | Poesía

Vaitiara Villagrán es profesora de lengua y literatura, tallerista y gestora cultural. Participó en diversas antologías, publicó los poemarios Universa (2021) y Madreselva (2023). Formó parte del Plan de lectura de la provincia de Santiago del Estero, desarrolló proyectos docentes y participó en encuentros y concursos literarios. Sin embargo, si le preguntan a ella, prefiere presentarse como lectora y aprendiz.

 

 

 

Notificación

Cumplo con avisarte que ya no soy la misma,

crucé desiertos

y separé los mares

de dudas.

Mudé la piel unas cuantas veces

y junté en mis bolsillos

todas las piedras que me arrojaste.

Si nos encontráramos en esta tarde,

no podrías reconocerme

mis ojos tienen otro color

después de la niebla del llanto.

Cumplo con avisarte que ya no soy la misma

nadé el océano

de mis vasos de agua

y construí un paraíso con mis costillas.

No podrás encontrarme en esta tarde,

estoy en otros sitios,

más venturosos,

más serenos,

aquí, no me conoce nadie.

 

 

 

Linaje

Entre todas las sombras que me cercan,

la búsqueda del aire fresco,

de la verdad genuina de mi ser incompleto.

 

El peso de mil años arrastrado

por mujeres de esta casa.

El peso de mil sueños arrastradoLeer más

¡Manos arriba, esto es un Gangbang! 

Reflexiones sobre el FETA y un poemario de Óscar David López

 

Por Diego Medina

Las ferias del libro padecen una enfermedad común a las iniciativas culturales, ya sean públicas o privadas, no están dirigidas a los lectores, sino que funcionan para deshacerse de lo que no se ha vendido, salvo honrosas excepciones. Si las ferias del libro sirven, entre otras cosas, para que las editoriales rematen sus bodegas, las ferias del libro universitario rematan las migajas de esas ferias, pero ninguno de esos libros que se venden en 20, 30 o 40 pesos ha sido exhibido en los estantes de las librerías públicas, en librerías pequeñas, ni mucho menos en los estantes de las empresas transnacionales.

Sucedió con Gangbang, un poemario de Óscar David López, que encontré hace dos años (2022) en una feria de libro universitario en el stand del Fondo de Cultura Económica por 20 pesos, el título llamó la atención del sodomita que les escribe, lo hojeé y descubrí que en efecto se trataba de poesía homosexual, pero al revisar la solapa descubrí que el libro había sido publicado en 2007, lo que quiere decir que pasaron 15 años para que el libro, de un tiraje de 2000 ejemplares, llegara a las manos de un lector que era parte de su público objetivo: un maricón.

Aplaudo, y no es una flor al gobierno de la 4T, que Paco Taibo esté rescatando de la polilla estos títulos, que esté vaciando las bodegas para poner estos títulos en circulación, pero he aquí una demanda: que estos libros lleguen a su público, que el Fondo ponga a la venta estos libros en los lugares de encuentro, que se abran pequeñas vitrinas en los Vapores, en el cine Savoy, en  la parte trasera del último vagón del metro o que por lo menos haya un stLeer más

Anisley García | Poesía

Anisley García Suárez (Guantánamo, 1987) Bachiller en Humanidades e Instructor de Arte (Teatro). Poeta y narradora. Poemas y cuentos suyos aparecen en antologías como Poemas bajo el brazo (Los Cínicos Editorial, México); Té por limón 2 (Editorial Jungles House, de Estados Unidos); Un soneto me manda a ser amante, por Laia Editora, de Argentina con extensión en Cuba. Ha publicado en revistas como Omega Poética y Azahar, en España; en la revista Andariego en Cuba y en la revista literaria mexicana Aquiescencia. Es antologadora junto con otras escritoras de las antologías Un seno de nata y de ternura, de la editorial Aquiescencia, y La manzana en el cuerpo, de la editorial Primigenios, ambas en proceso de edición. Mención del I Premio de Poesía Diógenes 2024.  Pertenece al grupo internacional Grandes Poetas Iberoamericanos.

             

 

 

 Tósigo en la boca

Tuerce la boca, desamor, veneno en sus labios,

gruesas huellas adheridas a la piel

romance que danza en acordes de olvido.

 

Otro beso,

otra gota de tósigo,

futuro de insidia.

 

La comisura delata,

muchas bocas dormitaron en sus mentiras,

despedida

adiós

poros abarrotados de extravío.

 

Palpita la soledad, erguida se enseñorea.

Una vena masoquista me crece

nostalgia del desamor.Leer más

El calambre se deshace no haciendo nada

 Contando las horas con los dedos, Jonatan María Reyes (2022)

Por Francisco Casado[1]

Así como en el ejercicio físico y el ejercicio de una profesión debe existir cierta pulsión de vida, el ocio encarna también una. Sirve para estirar el desasosiego, deshacer el calambre que contrae a la vida. Motivo por el cual, siguiendo la lógica poética de Octavio Paz, el ocio cuenta como material para la poesía: secuencia de posiciones que Jonatan María Reyes (Santurce, Puerto Rico) ha plasmado en Contando las horas con los dedos (2022), editado por Herring Publishers, con ilustraciones de Anton Reyes.

Recuerdo a papá reclamando que no debería estar sin hacer nada, incluso en domingo. Cuando tuvo mi edad, decía, no desaprovechó ninguna de las excursiones con sus amigos, ningún juego de frontón; andar en bicicleta, ir al estadio de fútbol. Él prefería cualquier cosa, menos “estar echado” sin hacer nada, de ocioso. Hoy le hubiera dicho, a mí también me hubiera encantado tu tiempo, con menos horas de trabajo, menos tráfico, y un mayor poder adquisitivo; sin embargo, aquí nos tocó vivir: entre el quehacer y el reposo del cuerpo antes de seguir cumpliendo un contrato por tiempo definido.

                        EXT | 11:23 PM

 

                        me devuelvo. mi espacio público favorito

                        anda cerrado por renovación,

                        lleno de cintas amarillas, letreros, vallas y escombros

                        hasta nuevo aviso.

                       

                        regreso por la acera más ajetreada con las ganas

                        de ver dentro de los negocios la gente que interactúa

                        al ritmo de las bolas de billar

                       

                        no sin antes parar en el colmado,

                        poner una canción familiar en la vellonera

 

                        amagar con dilatar el eco

                        de un lugar feliz, ya cerrado 24/7 (Reyes, 2022, 16)

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La Cosecha de los Espíritus | Narrativa

Por Naomi Pineda[1]

En un rincón olvidado del mundo, rodeado de montañas que respiraban como gigantes dormidos, se encontraba el pequeño pueblo de San Roque. Aislado y empapado por la neblina perpetua, sus habitantes vivían de la tierra, sin preocuparse por lo que ocurría más allá de sus fronteras. En el centro del pueblo, imponente y descomunal, una catedral gótica se erguía como un guardián olvidado, sus gárgolas vigilando con ojos vacíos, y las estatuas de los santos erosionadas por siglos de lluvias.

Nadie hablaba del cementerio detrás de la catedral, un lugar extraño donde las lápidas se retorcían como raíces y las tumbas parecían hundirse más profundo en la tierra con cada luna nueva. Pero los ancianos sabían. Y sabían bien.

Cada otoño, cuando las primeras hojas caían y el viento olía a tierra húmeda, los más viejos cerraban sus ventanas, cubrían los espejos y dejaban ofrendas en los umbrales. Decían que las almas de los muertos no descansaban en San Roque; sólo aguardaban el momento para reclamar lo que les pertenecía.

Hernán, un joven campesino, era el único que no prestaba atención a esas supersticiones. Para él, los muertos estaban enterrados y no tenían razón para regresar. Su abuela, la última de su linaje, acababa de morir, y ahora le tocaba a él heredar la tierra. La noche antes del entierro, Hernán fue al cementerio para escoger el lugar donde descansarían los restos de su abuela. Caminaba entre las lápidas cubiertas de Leer más