Aníbal Fernando Bonilla
“Os confieso que yo también tuve que hacer cambios drásticos y dolorosos para que me publicaran: tuve que trabajar los textos más de lo que lo hacía antes, investigar bien las editoriales con las que contactaba y dejar de creer que el mundo entero estaba en mi contra”, dice en un tuit Daniel Jándula, escritor español. Son estas las condiciones y circunstancias, entonces, en que el escritor trabaja para una potencial circulación de lo que en esencia es su oficio: la propuesta textual, sin bajar la guardia, en medio de la crítica y autocrítica.
¿Cuál es el motivo que propicia la publicación de un libro? Tal vez, que las ideas del autor lleguen al más amplio público lector. Que los planteamientos analíticos y/o creativos alcancen retroalimentación y se concrete el anhelado proceso de la lecto-escritura. El escritor esté o no de acuerdo, requiere de vasos comunicantes que permitan un adecuado flujo receptivo. No se escribe pensando en el lector, sin embargo, el poeta o narrador concreta su apostolado una vez que ve la luz su lúdica escritura. Incluso, aquellos manuscritos empolvados en algún momento pudieran ser —y a veces son— rescatados para su aparición en el libro como objeto, ratificando así el destino final de las ideas, párrafos o estrofas en condición de artificio.
¿Qué contiene el libro que pongo a consideración lectora, titulado Tesitura inacabada[1]? Un compendio de lo que en el periodismo se denomina artículos de opinión. Aunque con la posibilidad que me otorga la recreación escritural, los textosLeer más









