Recuerdo las hormigas | Híbrido

Por Yaus Igual

 

 

Yo encendí un recuerdo

y me lo fui

fumando

 

Me fui a Guadalajara, en la nueva casa de mi papá, una habitación, un colchón, todo en blancos destellantes ¿sabías que los inuit distinguen nueve blancos diferentes?

 

El clóset de madera bubinga olía a barniz y a viejo o quizá eran solo los recuerdos de los antiguos habitantes. Un escritorio y una silla, improvisados, incómodos.

No traía medicamentos, ni siquiera aquellos de contraindicación médica para fumar o beber. La apatía me desbordaba, quise cambiar de aires, en realidad quería cambiar de vida.

 

Para esos días todo era  ̷i̷n̷f̷i̷e̷r̷n̷o̷  invierno para mí, frío y azul. Dice papá que el azul y el morado -“Leer más

“Especias, frutas, miel y vino”

Lo femenino es Cantar de los cantares

 

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

 

 

Pasiones tendríamos que pedirle a Dios si nos atreviéramos a pedirle alguna cosa, y Le Nôtre tenía mucha razón al pedirle al papa tentaciones en lugar de indulgencias.” Marquesa de Du Châtelet en su discurso de la felicidad.

 

Un poema erótico en todo el espectáculo de su naturaleza es El cantar de los cantares.  Aquí, la palabra se convierte en una exaltación a la sexualidad humana que, en tanto libre y verdadera resulta absolutamente exquisita. De tal modo que, la virtud es el disfrute de cuerpo y espíritu desde el respeto y la seguridad mutua. Al leer cada cántico, pareciera que se asiste a una liturgia del alma cuando de los cuerpos desnudos surge la más bella sinfonía capaz de detener al mundo.

 

En cantares a Dios no se le nombra, pero sabemos que su mirada se dilata entre líneas comola suavidad de la lluvia, cuando hace resonar sus acordes en la amplitud de la noche hasta hacerla dormir. Aunque toda la omnisciencia le pertenece a él, aún esa no es la razón ¿No es acaso cierto cuando los amantes aseguran que la fugacidad de ese momento de complacencia es el más sublime acercamiento a Dios?

 

Y ese ya es un acto de fe en la vida porque esta es primordialmente sexual. Por eso, como si fuese un impulso de la Ley divina El cantar de los cantares está situado en las escrituras cristianas entre Eclesiastés, una introspección sobre los propósitos de vida y el libro de la Sabiduría, una invitación a la justicia y la fe. Y sí, Dios es voyuerista, pero no como un perseguidor de un sexo considerado pagano sino como un ser que admira su propia creación.

 

Un hecho es comprobado. En el Nuevo Testamento, El cantar de los cantares es irrelevante. Quizás en alusión a la idea de que la sexualidad solo sirve para procrear hijos al servicio de la sociedad. Razón hay entonces que, más por decoro puritano que por apetito, los apóstoles hayan cuidado de no detener sus reflexiones en las debilidades de la carne.

 

Otro hecho es una conjetura declarada durante tiempos inmemoriales. Cantares obedece a un juicio que el mismo Salomón hizo sobre su distanciamiento con Dios. La culpa de la perversiónLeer más

Arte para reflexionar sobre el vacío y la oscuridad

Por Ernesto Moreno

 

En el principio todo era oscuridad y vacío. Al menos así nos lo relatan algunos de los textos arquetípicos más importantes de la humanidad. Por un lado, la Santa Biblia que, en la versión del Rey James, ilustrada por Gustave Doré, dice “And the earth was without form, and void; and darkness was upon the face of the deep”, mismo que traducimos como “Y la tierra no tenía forma, y estaba vacía; y la penumbra yacía en el rostro del abismo”; y por el otro, la tradición grecolatina nos ilustra con la obra de Hesíodo, la Teogonía, que nos relata que “En primer lugar existió el Caos… Del Caos surgieron Érebo y la negra noche… En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro”. Érebo era una divinidad consagrada a la oscuridad, a esa densa niebla que cubría todo lo conocido. Probablemente estas mitologías emanaron a través de miles de años desde el paleolítico, a las culturas sumerias, egipcias y druidas, siendo fortalecidas según Robert Graves, por los cultos mistéricos de Eleusis, Corinto, Samotracia y otros.

 

En ese sentido, la negrura y la nada fueron el principio de todo y serán, tal vez, el final de todo. ¿Proviene de ese presentimiento el inmenso terror que la oscuridad y el vacío nos provocan? ¿Cómo manejar ese miedo? ¿Cómo entenderlo? El arte es quizá una de las expresiones más acabadas de la humanidad, y es también una de las herramientas que hemos usado para intentar expresar y entender parte de esas ideas que nos aquejan. ¿Cómo plasmar esta sensación de vértigo y misterio que nos provoca asomarnos al abismo, que nos inunda cuando una noche sin estrellas nos envuelve?

 

El escritor Felice Picano relata en su cuento “Ébano absoluto” cómo el artista Michaelis descuLeer más

Salsa y estoicismo: la Filosofía que danza ante la tragedia

Por Leidy Viviana Padilla Márquez[1]

 

La salsa no es solo un sonido que emerge del Caribe, es un modo de estar en el mundo, una forma de conjurar la adversidad con ritmo y cadencia. Nacida del mestizaje y la diáspora, su esencia encarna una resistencia que no se limita a soportar el infortunio, sino que lo transforma en arte, en movimiento, en celebración. Este ritmo de las Antillas no es solo una expresión cultural, es también un saber que se inscribe en el cuerpo y la memoria de quienes la viven. En cada clave, en cada golpe de conga, se articula una filosofía que dialoga con algunas de las más profundas reflexiones sobre la existencia humana. ¿Qué nos dice la salsa sobre la condición humana? ¿Cómo su cadencia refleja la tensión entre el destino y la libertad? Al igual que el estoicismo y el existencialismo, la salsa propone una respuesta ante la tragedia: si la vida es incierta, si el dolor es inevitable, entonces solo nos queda el acto radical de bailar sobre nuestras propias ruinas, de encontrar en el movimiento una afirmación desafiante de la vida misma.

 

El estoicismo, nacido en la Grecia helenística, nos enseñó a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, el destino es inamovible, pero la virtud radica en nuestra respuesta ante él. Y, en la salsa, esa respuesta no se limita a resistir, se convierte en una celebración de la vida misma, en un acto de transgresión frente a lo que parece inmutable; con sabor y cadencia, genera su propia filosofía, un saber caribeño nacido en esas calles que no se someten al destino, sino que lo reconfiguran y lo subliman en movimiento.

 

Esto se percibe claramente en las letras de Héctor Lavoe en el  “El día de mi suerte”: “Cuando llegará el día de mi suerte, Sé que antes de mi muerte Seguro que mi suerte cambiará...”

 

Este canto no es solo una espera pasiva, es una invitación a la perseverancia, aLeer más

Rendez-Vous: Seguimiento de una cita psicopática

Por Sergio E. Cerecedo

 

Pablo Olmos Arrayales (2019)

Las veces que una película se vuelve famosa por osadía técnica, como estar filmada en un solo plano secuencia (truqueado o real), se vuelven cada vez más numerosas y la verdad hay que, sin ser hater, analizar objetivamente si este recurso o cualquiera que suponga un reto mayor de producción está siendo bien utilizado. En este caso se puede decir que sí, y aunque el resultado tiene detalles a pulir como cualquier ópera prima, es una propuesta que, sin ser propiamente terror, resulta un ejercicio fresco, con buenas intenciones y que hace pasar un buen rato.

 

El filme comienza con una cita entre Eduardo, un hombre guapo y pudiente, y Lili, una chica española bonita y enamoradiza, quienes se conocen por internet y quedan de verse en un museo. A partir de aquí, el largometraje transita preguntándose de sus vidas, no obstante, que pretendan que la cita acabe en una noche de pasión se vuelve incierto ante la actitud errática de Eduardo frente a los coqueteos de Lili, denotando que hay intenciones ocultas detrás de sus acciones, las cuales se revelarán conforme avance lo que aparentemente iba a terminar en una noche de pasión y poco a poco se empieza a convertir en un “Nada es lo que parece”, con consecuencias desastrosas y fatídicas —recurso que tampoco garantiza un buen producto—. Resulta así una obra que de su sencillez en situaciones yLeer más

Breve acercamiento al Muralismo en América Latina

Por Yared Hernández Retana

Carlos Alberto Jiménez Elguero

Brandon Rodrigo Arteaga Jiménez

 

En toda América Latina han aparecido distintos ejemplos de arte mural —muchos de los cuales nacieron inspirados por el muralismo mexicano— que han pasado por un proceso largo y paulatino en el que el ideal de muralismo se fue complementando con otros elementos dando pie a una corriente que busca retratar en gran escala las condiciones bajo las que se vive en América Latina, adicionando elementos del arte urbano, el grafiti y estilos de pintura clásicos; una forma de expresión gráfica que va en contra de las injusticias y busca empatizar con la cotidianeidad del pueblo.

Dentro de dicha expresión artística, es posible reconocer que Brasil, Colombia y Chile son de los más grandes exponentes del muralismo latinoamericano —sin demeritar al resto de países que conforman el territorio—, pues las condiciones sociales, políticas e histórica de estas regiones, que han estado bajo el yugo de dictaduras, represión, precariedad, desigualdad, etc., son cuestiones que diversos artistas han buscado visibilizar mediante la creación de pinturas murales que representen a los habitantes de estos países.

Al respecto, no es un secreto que las ciudades latinoamericanas existen dentro de un imaginario social como lugares coloridos y que esbozan júbilo, sin embargo, en el caso de las favelas de Brasil, por ejemplo, esto es todo lo contrario, ya que zonas con casas arracimadas y que lucen tan pintorescas son en realidad barrios marginales creados de esa forma tan irregular por la falta de espacio y la incorrecta distribución de terrenos. Aunado a esto, miles de habitantes utilizaron las colinas de los alrededores del centroLeer más

Progress Woman, una heroína empoderada | Narrativa

Por Gretchen Kerr Anderson

 

Las mujeres son la fuerza del futuro (…)

Wonder Woman

 

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Era una tarde cualquiera en la ciudad, donde una protesta se hacía escuchar con sus gritos y lemas. Liz estaba en la primera fila de la manifestación por los derechos laborales. Con su camiseta de “Soy una trabajadora y merezco más” y su pancarta que decía “¡No al recorte! ¡No al sistema!”, se sentía invencible.

Mientras gritaba consignas sobre salarios justos y condiciones dignas de trabajo, no se dio cuenta de las oscuras nubes que se arremolinaban encima de su cabeza. Era una señal para cualquier persona con un poco de sentido común, pero no para Liz.

—¡No dejaremos que el capital nos aplaste! —exclamó, mientras algunas gotas ya comenzaban a caer.

Primero fue una ligera llovizna, que pronto se convirtió en un torrente de agua a cántaros. La multitud se desmoronó como un castillo de naipes. Liz, inmune a la desbandada, levantó aún más su pancarta, incluso cuando un rayo iluminó el cielo y un trueno resonó como un tambor de guerra.

—¡No nos detendrán! —gritó, desafiando incluso a los elementos naturales.

En ese momento, un rayo cayó sobre ella. Un destello brillante y un estruendo ensordecedor la envolvieron. Cuando la tormenta se disipó y la tierra volvió a su aburrida monotonía, Liz estaba en el suelo, inmóvil y empapada, como un gato que ha tenido una experiencia realmente desagradable.

Despertó horas más tarde en un hospital, rodeada de máquinas que pitaban, médicos que hablaban en un lenguaje técnico y una enfermera con cara de aburrimiento. Después de unas horas de pruebas y un exceso de café que podría haber alimentado a un pequeño país, Liz fue dada de alta. Sorprendentemente no había sufrido ningún daño producto de la descarga.

Pero al salir algo extraño comenzó a suceder. A medida que caminaba por la Leer más

Reseña colectiva después de leer ‹‹Bahía sonora›› de Fanny Buitrago

Por Celia, Victoria, Nat, Cristy, July, Gloria, Osiris, Danae y Ximena

Acercarnos a la obra de Fanny Buitrago supuso una sensación de gozo al descubrir sus estrategias narrativas que suelen romper con lo predecible, lo esperado dentro del desarrollo de las historias. La experiencia de leerla suscita mucha expectativa sobre los cierres de los cuentos, ya que siempre me sorprendieron, y eso como lectora se agradece. Un placer que brota también al notar que hay una apuesta meticulosa por la construcción de una unidad interconectada a profundidad. El vacío fue el punto de partida, no querer sentir lo que me proponía Fanny. Negarme a conectar con lo que ha dolido por su proximidad. Las espinas que atacan desde afuera, que no se parecen a las del amor, no son buscadas y llegan desde el contexto macroeconómico y político. Hay una desesperanza y un constante estar respondiendo a aquellos que llegan y modifican el paisaje. También, a través de sus cuentos, me sentí con la libertad de ser fea desde la libertad de encontrarme yo, de tener el derecho a ser protagonista desde este cuerpo, desde esta piel y con este sexo, porque Fanny entrega personajas en las que podemos mirarnos más allá de que esto sea una frase hecha, utilizada ya con ligereza frente a nuestro encuentro con autoras. Sus personajas no son esperpénticas, solo son, ocurren con sus cuerpas algunas veces grandes, de las que Fanny decide hacernos ver su tambaleo.

En esa misma línea, desde que leo a mujeres tengo el deseo de encontrarme personajas siendo protagonistas en las historias. Aunque no aparecen tan palpables en los primeros cuentos, me dio mucha alegría leer a mujeres fuertes guardianas de sabiduría y memoria. No sé si es el objetivo de Fanny, pero su obra también me despierta una especie de rabia histórica con lo que cuenta, y lo cierra perfecto con lo que yo interpreto como una justicia también de carácter histórico. Entonces, leerla deja una sensación de tristeza, es como leer lo que ha pasado a lo largo del tiempo desde el colonialismo y lo que está sucediendo en la actualidad; Fanny nos muestra el desastre que provoca el capitalismo y del que muchas veces no nos damos cuenta. Así, el trabajo de Fanny como autora, en Bahía Sonora, nos muestra una memoria colectiva e histórica, y lo que según es el progreso, a costa del despojo. En ese sentido, sus posicionamientos políticos están presentes en todos los cuentos, en unos más patentes que otros, pero siempre allí. Dejándonos ver quién es ella en torno a la colectividad en donde creció. Para mí como lectora es importante saber de dónde parLeer más

Noche de fuego: Visión femenina de tierras secuestradas

Por Sergio E. Cerecedo

 

Tatiana Huezo (2021)

Para una persona seguidora de los últimos tiempos del cine mexicano —y latinoamericano— que tiene como eje temático las luchas sociales de los pueblos más desfavorecidos, la temática puede sonar trillada y recientemente explorada en películas como “Cómprame un revolver” (Julio Hernández Cordón), “Sanctorum” y “La Maldad”(Joshua Gil), entre otras. Pero me permito recordar que cuando hay en las artes y los medios algo llamado zeitgeist —el espíritu de la época—, más allá de modas y patrones, es porque la gente que realiza cine, que expresa y comunica a través de los medios encuentra una importancia fundamental en recrear en argumentos ficcionados hechos y personajes de la vida real que les parecen imposibles de ignorar, y de vez en cuando, porque tiene una manera distinta de contarlo que complementa a las que ya existen.

 

La película que hoy nos ocupa —además de haberse proyectado en Cannes y otros festivales grandes y, por fortuna, haberse mantenido bastante tiempo en cartelera—, cuenta con todos los elementos antes mencionados, brinda una visión inteligente, emotiva, sin necesidad de sobresaltos acerca de crecer, tomar decisiones y las relaciones filiales en contextos difíciles.

 

Basada en el libro Prayers from the stolen de Jennifer Clement, la película sigue los hechos en un lugar indeterminado de Guerrero, Oaxaca o Veracruz, que sin duda tiene un dejo intencionado de la Centroamérica que la directora lleva en sus orígenes, al ser originaria de El Salvador, y en ese sabor personal que tieneLeer más

Arte y SIDA en Nueva York de José Luis Plaza Chillón

El arte en el epicentro del SIDA gay

Por Diego Medina

Dedicado a Luis Blanco quien generosamente me ha facilitado este material

 

Publicado en 2017, este libro de José Luis Plaza Chillón nos ofrece un análisis iconográfico de la obra del texano Delmas Howe, artístico plástico influenciado por la mitología griega, la masculinidad texana, la epidemia del SIDA en los años ochenta y su visión sobre los grupos marginados del vecino del norte, en particular migrantes y homosexuales. Sin embargo, el libro no se limita a hacer un trabajo monográfico, Plaza Chillón hace un breve repaso sobre los tópicos del arte gay, entre los que incluye una breve historia de la literatura gay y la literatura sobre el cuerpo enfermo.

 

El arte gay se ve transformado por el SIDA, ya que la epidemia le dio un giro de 180 grados al estilo de vida de la comunidad gay en Estados Unidos (y el mundo) que venía de una época de liberación sexual. Estos cambios se notan en la literatura, la fotografía y la pintura, si bien nuestro autor centra el discurso en la obra del texano, el libro ofrece un aparato crítico de primer nivel que nos ayuda a contrastar la información y profundizar en lo expuesto. En este sentido, el libro de Plaza Chillón eLeer más