Un futuro brillante: el destino de una semilla rara

Por Sergio E. Cerecedo

 

 

Lucía Garibaldi (2025)

En México ha iniciado la temporada de festivales hace un par de meses y es muy bonito presenciar la exhibición de corto, medio y largometrajes nacionales, pero también ver que se cuelan propuestas del Caribe, Centro y Sudamérica. En lo personal, me emocionó ver una propuesta de ciencia ficción, género que casi siempre se piensa como algo necesitado de mucho dinero y de difícil capacidad de verosimilitud si algo no se ve como Marvel, Warner o las grandes casas productoras. “Un futuro brillante” abrió el festival de Guanajuato de 2025 en el teatro Juárez, ante una audiencia que no quedó exenta de sensaciones y de fascinación por una película que le saca la vuelta a las propuestas espectaculares a raíz de una puesta en escena con detalles tecnológicos pequeños pero que están donde tienen que estar y que crean una película muy impresionante.

 

Elisa es detectada con un coeficiente mental alto y recibe una oportunidad de movilidad, estudios y mejor vida a partir de ello; la fuente de oportunidades se ubica en el norte de esta versión futurista (o retro futurista) de Uruguay. Ha habido un cataclismo ambiental atribuido a las hormigas, que ahora son exterminadas en cuanto se ven, los edificios residenciales son sometidos a una infinidad de fumigaciones para mantenerla lejos (es muy estético visualmente el humo verde sobre los edificios durante estas limpiezas). La tasa de natalidad ha bajado y el cliché de “los jóvenes son el futuro” se ha asentaLeer más

Concierto para otras manos: la adaptación física por la vocación

Por Sergio E. Cerecedo

 

En el quehacer del documental cinematográfico hay un consejo muy escondido que quien lo mira como espectador imagina poco su existencia: “ármate de paciencia, porque estas películas son de lento cocimiento”. Y, en lo personal, alguien que se desespera cuidando el hervor de unas papas o zanahorias o en la cola de las tortillas la va a tener muy difícil a la hora de acometer un seguimiento a una historia, región, situación que puede llevar años de ir y venir. En una asesoría, una persona de experticia en la materia te puede mirar fijamente para decir: “Tienes una película de dos años”, y tú decides si te bajas o ahí vas. Pues sobre todo para las personas que hacen ficción es muy difícil aceptar que vas a filmar una historia que probablemente se cuente sola y agarre un camino propio que tendrás que simplemente seguir a momentos.

 

Ernesto González Díaz (2025)

“Concierto para otras manos” tuvo un camino de 5 años para ver la luz desde que inició su filmación, y si bien no es fácil, barato, ni para muchos viable el aguantar a que los momentos lleguen y se hagan filmables, este recuento de vidas y haceres llega a nuestras salas después de haber ganado La diosa de plata en Guadalajara, para traernos un retrato interesante, con un lenguaje cinematográfico sencillo y atento.

 

José Luis González quiso ser pianista, estudió, se esmeró en sus pasiones y lo logró. Al formar una familia, llegaron al mundo sus hijas, quienes siguieron sus pasos estudiando música; y por último su hijo David, a quien desde los estudios de ultrasonido se le vieron diferencias en el desarrollo que no iban por el camino. Conforme nació y fue creciendo se hicieron visibles las diferencias entre un brazo y el otro y la estructura de su rostro, también se hizo patente un problema en los oídos que no le permite escuchar al cien por ciento, sin embargo, el gusto de observar a la familia practicar la música hizo que le llevaran a clases de piano. Sus padres pensaron que hasta donde él llegara sería un camino bueno, pero con todo y la limitante de no poder mover algunos dedos, empezó a participar en concursos y cimentar una carrera como pianista.

 

Al escuchar y ver a David podemos notar una mente abierta, sensible y muy consciente de qué puede y no puede hacer. Durante el metraje le vemos como un habitante del mundo que también crece para ser dueño del suyo, un camino de adaptación y adecuación en una disciplina tan difícil como la música académica o de concierto (o tantas definiciones que pueden parecer imprecisas para el caso), que muchas veces tiene reglas protocolarias de siglos atrás que, en la opinión de muchos, ha hecho que la composición para orquesta haya llegado a un límite. Y es que precisamente el mLeer más

Las margaritas | La libertad multicolor de Věra Chytilová

Por Sergio E. Cerecedo

 

Las vanguardias cinematográficas de los 60´s son, fuera de la nueva ola francesa y el free cinema de Inglaterra, algo que raramente sale de los círculos más eruditos. Es difícil alimentar la curiosidad sobre hechos pasados sobre todo cuando lo que en alguna época fue novedoso ha quedado atrás, y a veces se siente feo, sobre todo cuando uno ve que las innovaciones tecnológicas han hecho sustituibles a las piezas porque, aunque su discurso sea relevante, su técnica no parece novedosa.

 

Hoy en día puede parecer muy fácil con los filtros digitales replicar los efectos visuales y tratamientos de imagen, pero hay que valorar que en varios países del este de Europa hay una tradición importante de dar vida a lo inanimado, ya sea a través de marionetas, fotografías, recortes tipo collage o un sin fin de técnicas que dan otro sentido a la creación de imágenes.

 

En plena efervescencia de cambios políticos que llegarían en muchos lados del mundo a su límite en 1968, la directora checa Vera Chytilova concibe y materializa una de las películas más plástica y sensorialmente audaces que han existido. El resultado puede ser extraño, desigual o difícil de entender, pero a mí me resulta tan disfrutable sin necesidad de comprender o ser certero al interpretar lo que sucede en ella, aunque su contenido y simbolismo por supuesto que merece una interpretación y búsqueda de ello. Aunque Vera no recurre a las técnicas antes mencionadas, como la animación, sino al montaje rápido, las superposiciones de imágenes y algunos filtros de color, su propuesta debe tanto a la visualidad de las artes plásticas de su país como a sus propias inquietudes y a las ganas mismas de romper esos cánones, una contraposición que al día de hoy sigue pareciendo maravillosa, divertida y con algunas líneas argumentales que van más allá del bien y el mal.

 

Dos mujeres de veintitantos años planeando salir a divertirse haciendo las bromas más pesadas, desde coquetear a señores con dinero para que les paguen todo hasta echar mucho desmadre. No es difícil ver, si uno tiene la paciencia, que a menudo en las secuencias hay un lenguaje simbólico entre ellas acerca de las cosas que tienen prohibido hacer, lo que resulta un poco absurdo si nosotros como público no aceptamos la convención de leer entre líneas. A continuación, veremos una serie de viñetas en las cuales siguen con este comportamiento y desparpajo infantil. Veremos a una interrumpir la cita de su hermana con un hombre mucho mayor e importunar al fulano en turno comiendo muchos dulces, preguntando cosas indiscretas y llevando con sus acciones toda la contra a lo que normalmente debía hacer una mujer según el conservadurismo rancio.

 

En el metraje podemos divertirnos mucho con números con música de fondo que en mucho remiten al cine mudo y al clásico de hollywood, pero solo en formalidad, pues es notable cómo Chytilova se sirve de estas formas a grosso modo para después trastocarlas con un sentido político y social muy puntilloso. Alrededor de todo el metraje ronda la pregunta de ¿Qué es la libertad? ¿A dónde vamos con lo que hacemos y a donde llevamos nuestro ser? Estas preguntas se exploran de maneras extremas, no siempre claras y nuevamente con un simbolismo sutil que deriva entre temas como el cuerpo y la sexualidad. La presencia de la comida, el atracón y la saciedad, funcionan como íconos de aquello que la sociedad siempre ha dicho, especialmente a las mujeres, que tomemos con medida.

 

El cambio de filtros de colores dentro de la misma secuencia monocroma a cada cambio de encuadre es de un surrealismo desbordado, divertido y que por sí mismo ya habla de desafiar el lenguaje, la atención, las convenciones del cómo narrar una historia con la estructura aristotélica clásica. Las personas dedicadas al arte en los sesenta cuestionan, destrozan y re estructuran todo aquello que las instituciones que dictan lo que debe de ser el cine. El montaje también está lleno de elipsis entre las aventuras de las chicas en la calle y la convivencia introspectiva que tienen en su casa, dentro de estas pláticas podemos leer muchas preguntas, muchas de ellas de carácter inocente, exploratorio y fuera de cualquier método científico, dando a entender que esta infantilización les ha sido dada por su propia opinión. Cuestionamientos punzantes que, junto con la destrucción de alimentos en una de las secuencias más recordadas, le valió la prohibición a la película durante muchos años.

 

La puesta en escena es curiosa, pues lo expresivo de las actuaciones puede resultar teatral, de artes vivas, sobre todo en lo que a expresión facial y corporal concierne —como en los bailes—, pero el montaje segmenta estas exageraciones, nos regala retazos incompletos de esta realidad. El experimento es notable en varias secuencias, pero especialmente en aquella donde una de las hermanas acompaña a un pretendiente a su casa y el lugar está lleno de mariposas disecadas, el ir y venir de los diálogos y las expresiones faciales es nuevamente reminiscente de la animación stop motion.

 

Hay también en varias ocasiones estampas referentes a las revistas de moda y los figurines, en ellas se entiende una burla a lo que pretende ser el estilo de vida vendido como el ideal para la mujer en esa época. Las escenas donde vemos cuerpos desnudos nos hacen patente esa libertad muchas veces ausente que estas amigas disfrutan y buscan de muchas formas, que casi nunca se dirían correctas.

 

De las sensaciones que recuerdo y han ido evolucionando en mí con cada visionado de esta película es la de tener, como estudioso y practicante del sonido cinematográfico, sentimientos encontrados respecto a la manera de abordar el sonido, hay desde las primeras secuencias unas ganas tremendas de burlarse de la convención y de lo típicamente bien hecho, el realismo en el sonido es sacrificado en pos de un expresionismo rítmico en el cual los personajes realizan varios movimientos que no tienen sonidos incidentales aunque estén en primer plano, pero de repente alguno de ellos lo tiene y esto crea un ritmo con la musicalización o con algún sonido continuo como un reloj, hibridando y confundiendo de una manera interesante entre los sonidos de las acciones (foleys), los efectos, y las mismas notas musicales de la banda sonora. Desgraciadamente no le podemos preguntar a su autora, pero lo plasmado crea una singularidad en la que oímos lo que ella quiere. Lo cual es palpable desde las primeras secuencias. La sonoridad de la película es rara, con música disonante llena de instrumentos de aliento que por momento parecen alarmas, por momentos cantos de gansos. Amorfas, desconcertantes pero que no nos dejan ignorarla.Leer más

La Mirada Materna como Espejo: el arte relacional de Claude Cahun y Marcel Moore

 

Por Janaína Marina Rossi*

 

De la izquierda a la derecha: Claude Cahun y Marcel Moore. Jersey Heritage Trust Collection. 1928. [1]

 

¿Cómo apreciar, ver, una obra artística femenina? ¿Sin contaminaciones hermenéuticas y excesos de ruidos críticos?

Aprendí con el Master DUODA que hay que ver con las entrañas, haciendo “Tabula Rasa” de los prejuicios. Por la práctica nombrada por Carla Lonzi, entiendo desnudarse, deshacerse de los monumentos fálicos de los conceptos e ideas adquiridas, empezar virgen y así, llegar al horizonte de nuestra propia visión original.

Así que empiezo con una pregunta sentida: ¿por qué la obra de Claude Cahun y Marcel Moore me instiga y a una generación de mujeres ubicadas en la monstruosidad femenina, como yo?

Sé que las monstruas me seducen. Así, difícil no partir de mí: mujer que ama mujeres y siempre planteándome, no por mis “derechos”, sino desde el deseo, por la monstruosidad. Yo, quien siempre elijo los márgenes como lugar más cómodo, siguiendo el vuelo de las Arpías que como dice Barbara Verzini: “…están colocadas en el borde del mundo, en el límite de lo que el hombre conoce, de lo que el hombre conoce, ha pisado, ha colonizado y navegado”[2]. Luego, fuera del Patriarcado. Mirándolo de lejos o desde lo alto, sobrevolando, airosas, en gracia y risa clitórica de la decaída del mismo”.

Las monstruas, guardianas de la Diferencia. Siempre en plural en su aparición. Aladas, te raptan, te transportan, extáticamente, hacia su Misterio magnético.

El arte de Cahun y Moore nos rapta. Nos lleva al lugar trascendente de la alteridad que es política de la relación, condición del engendramiento no solo de su obra, sino de todo ser vivo y de todo lo creativo. Aunque los hombres hayan iniciado una tradición donde o se olvidan de Ella (Naturaleza, Mujer, Diosa, como dicho por Luce Irigaray[3]), o se les roba la metáfora y producto de la generación.

Su creación consiste en un juego entre iguales en su diferencia sexual, que a causa de este contexto intercalan e intercambian entre ellas en un diálogo amoroso, erótico, creativo y entretenido, que consiste en un campo experimental de otras estéticas y otras éticas, generando juntas, conjurando, un arte que nos trasporta al mundo de la monstruosidad femenina.

Donatella Franchi afirma que “crear un contexto de relaciones es un verdadero acto creativo y que para una mujer, la relación es un valor en sí[4]. Y está la marca de la diferencia sexual en la obra de estas dos mujeres. Carla Lonzi ha denunciado la visión patriarcal que quiere dibujar el artista como genio solitario: “Yo encuentro abstracto, es decir, no verdadero, irreal, todo ese constituirse de la personalidad masculina como un producir a partir de sí […] existe siempre una relación, un diálogo”.

Claude y Marcel demuestran el gusto femenino Leer más

Las amargas lágrimas de Petra Von Kant

Por Sergio E. Cerecedo

 

Rainer Werner Fassbinder (1972)

Junio es un mes al que la cultura de los últimos 100 años ha aportado fechas más allá de las del santoral, fechas resultado de luchas sociales y recordatorios de empatía, de la necesidad de una lectura activa de la otredad y una convivencia diaria que la lleve a la práctica con quienes consideramos diferentes en creencias, identidad y muchos aspectos más, es un momento para pensar en toda la amplitud de la palabra diversidad.

 

En una escena crucial, la protagonista de la película dice a una amiga cercana que “Puedes compadecer lo que no puedes comprender”, y es precisamente en esta historia de amor y una relación disfuncional entre dos mujeres que la delgada línea entre un concepto y el otro se estudia, con resultados duros, punzantes, difíciles de ver porque se contraponen con muchos de nuestros ideales en la vida, en esas amargas lágrimas que describe el título, dado que empezamos a sentir que fuera de ese mundo opresivo, donde frecuentemente queremos lo que no podemos tener, nuestros sentimientos se desbordan, porque al fin y al cabo, eso compartimos como humanidad

 

La obra de Fassbinder se ha catalogado frecuentemente en el género del melodrama, el director pertenece a la lista histórica de cineastas que filmaron en tiempo récord (41 películas en 14 añoLeer más

La hija como madre en la lengua de la imagen: Ana Casas Broda

Por Kenia Namiliz Salas Peláez

*Este texto fue escrito para el Máster la Política de las Mujeres, Universidad de Barcelona

 

La casa, obra materna, conserva y expande la divinidad de las Tres Madres, origen de la genealogía femenina, origen del cuerpo en el mundo. Ana Silva precisa “Las Tres Madres —abuela, madre e hija— están trenzadas por un hilo de oro irrompible e intocable”.[1] Es así que la relación madre-hija, hija-madre, aquel hilo de oro, constituye la casa materna, que al tiempo teje y protege la obra de la madre; como apunta Luce Irigaray “[…] lo divino se encuentra en la casa, y es la mujer quien lo guarda. Y las madres lo transmiten a sus hijas”.[2] Laura Mercader, con una lucidez extraordinaria, da nombre y por ello una proposición significante —lo que sabemos no es cosa menor— a la relación de las Tres Madres: la casa natal.[3]

La casa natal es el espacio simbólico y material[4] que acontece, y lo ha hecho siempre, en la inmensidad de Amor. Tal es su infinidad que “se mueve, circula, se ondula, se cae, remonta, planea…”.[5] Infinidad que excede al orden masculino. La casa natal hace un desplazamiento preciso para la creación femenina y el cuidado de la grandeza de las mujeres. La entrañable Virginia Woolf lo supo y plasmó en su ensayo Un cuarto propio; quiero decir que pienso el cuarto de Virginia como una analogía de la casa natal, la morada simbólica y material de la libertad femenina. Virginia era plenamente consciente de las perlas que se gestan en la casa natal. Por ello, nos convoca a tener cuidado para no perderla, y con ella, perdernos a nosotras mismas. Nos susurra: cierra las puertas de la casa, revisa que no quede vestigio del orden simbólico patriarcal. Pon atención: “¿No hay ningún hombre presente? ¿Me prometéis que detrás de aquella cortina roja no se esconde un hombre? Somos todas mujeres. ¿Me lo aseguras?”[6]

Virginia incita, sin vacilar —quiero subrayar que no hay temor en su palabra—, a proteger la obra materna del dominio patriarcal, plenamente consciente de que las tradiciones patriarcales despojan a la madre, colocando al hombre en su lugar. Tal conclusión no surge de una supuesta locura, sino de su profunda sabiduría. Pues “con un olvido y un desconocimiento increíbles, las tradiciones patriarcales han borrado las huellas de las genealogías madres-hijas. Hoy en día, la mayor parte de los científicos pretende, a menudo con la mejor fe, que todo esto jamás ha existido, que no es otra cosa que imaginación femenina o feminista”.[7] Esta es la razón por la cual la lectura sobre la locura de Virginia que algunos han propuesto probablemente provenga Leer más

La catábasis del desamor en Cenizas de asfalto de Darío González

Por Diego Medina

 

Lo dicho, la literatura marica está dinamitando la tradición mexicana. Ya hemos hablado de Fabre y de Hernández Candelaria como autores que articulan su obra poética como obras teatrales. Darío González se suma a este grupo, al respecto Rodolfo Remolín comenta: “Épica en tema, sucesión de «cuadros teatrales” que oscilan entre el collage y el monólogo, los poemas están articulado por la decepción y el desencanto». Darío divide su poemario en dos actos, el primero con VIII escenas y el segundo con 3 más, de hecho, hay un error ya que la Escena X se vuelve a marcar como IX, mientras que la XI se marca como X, un detalle menor que vale la pena corregir en la siguiente edición.

 

Cada escena está descrita de manera poética, no se limita a dar un lugar y estado del clima, por el contrario, usa metáforas e imágenes poéticas para introducir el tema de las escenas, cada una de las cuales se compone a su vez de varios poemas. Aunque en realidad cada descripción de la escena es un poema en sí mismo, por ejemplo, mi descripción favorita es la de la Escena III: “Unos niños persiguen algo que ven desde arriba. Se entiende globo, pero también cometa, Dios. En cualquier caso, extienden las manos hacia arriba como pidiendo, queriéndolo alcanzar o diciéndole adiós.”

 

Como hemos dicho, cada escena agrupa una serie de poemas, entre 1 y 9. Hay también una serie de poemas-narrativos esparcidos en diferentes escenas titulados “Visitación”  —que van de la I a la IV— en los cuales el yo lírico se encuentra con un vagabundo con quien sostiene conversaciones que prometen ser el instrumento de una revelación final, pero cuya revelación final nunca llega, quizá para darnos a entender el absurdo y la carencia de sentido del dolor.

 

Detallada la estructura básica del poemario de Darío González, entremos de lleno en la “historia”. Este es un poema de largo aliento —dividido como tragedia— que puede resultar “pesado” para quienes no tienen el corazón roto, pues se trata de un poema de desamor, con un lenguaje épico, sólo que en este caso el lenguaje no está al servicio de las hazañas homéricas, sino de la derrota, del héroe trágico, de Héctor y Príamo, de quien ha visto destruido su corazón como los troyanos que vieron arder su patria en las manos de Aquiles. Sin embargo, a diferencia de Fabre, Hernández Candelaria y su servidor, Darío tiene la cortesía de no usar referencias épicas directamente, no hay nombres de héroes, dioses, ni mitos, en todo caso González construye su propio universo, aunque eso sí, lo poetizado sucede en Guanajuato.

 

Dice Alexis Aparicio de la obra de González: “lamento lírico a modo de venganza por lo que nunca pudo ser”, en este sentido hay que ubicar este poemario como una catábasis en la que el yo lírico se bate en duelo contra la ciudad donde una vez amó y fue despedazado, hay en las páginas de este poemario una belleza difícil de digerir porque nace desde el dolor y la amargura, sobre todo esto último, pues el tema del desamor se mezcla con el de la marginalidad de las vidas cotidianas de las ciudades. Así, de manera paralela nuestro autor detona la herida, revienta la cicatriz y saca la pus del alma del héroe trágico de este poema de largo aliento estructurado de forma “teatral”, es decir, desciende al infierno para completar el ciclo del héroe, aunque esto último sólo se sospecha en los últimos versos del libro: “Lo que quedará, además de las falsedades, / ya será dicho cuando termine la canción”.

 

Me parece que Darío González tiene un brillante futuro en la literatura, muchas de sus imágenes son exquisitas, la fluidez del texto se agradece y, aunque he dicho antes que para algunos puede parecer pesado, me refiero sobre todo a que no todos están acostumbrados a verse al espejo frente a frente con su lado más oscuro y triste, y eso es precisamente lo que hace González. Por otra parte, la estructura del poemario no es una cosa menor, sobre todo si se toma en cuenta que se puede fracasar fácilmente cuando se experimenta y se pone en crisis un género literario, en todo caso González sale bien librado.

 

En cuanto a los materiales debo decir que no son mis favoritos, pero se agradece que Escrúpulos Editorial haya trabajado tan cuidadosamente la maquetación y edición. Pueden adquirir su ejemplar a través del autor o ponerse en contacto con la editorial. Mi calificación para este título que continúa la tradición marica de poner en crisis el género poético es de 4.1/5.

 

 

 

“Hábitath”, del artista Rubén Silhy

Por Rodrigo Arroyo

 

La muestra hábitath, del artista salvadoreño Rubén Silhy, busca con un lenguaje pictórico verter la esencia propia de alguien que se cuestiona sobre lo que ocurre en el mundo. Lo que ocurre como agravio a la naturaleza expresado con pinturas de carácter simbolista.

 

El artista Rubén Silhy menciona que el simbolismo le permite no sólo ahondar en la esencia de lo que busca mostrar, sino también interpretar de forma única lo captado a la hora de pintar. Cada símbolo, cada signo, cada objeto visto, le permite, canalizar esa búsqueda.

 

El creador señala que en algunas pinturas incluye niños con pecho de madera, niños que simbolizan el hecho de que en algún momento hubo un árbol o un bosque antes de ser talado. El simbolismo además se hace presente en la representación cuando pinta animales con forma humana.

 

Dentro de la estética manejada y dentro de las temáticas que el autor nombra a la horaLeer más

Análisis de la cinta “Memorias de un caracol” | Sobre el sentimiento de la soledad

Por Carmina Cardiel

 

 

La soledad es independencia, yo la había deseado

y me la había ganado a través de largos años. Era fría, es cierto,

pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande,

como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas

Hermann Hesse, enEl lobo estepario”

 

Adam Elliot (2024)

Después de quince años, el director de “Mary y Max”, Adam Elliot, nos vuelve a sumergir en una trama de escenarios muy oscuros con tintes de depresión, soledad, problemas sociales como el alcoholismo, el bullying, el abuso y la amistad entre personas muy jóvenes con adultos, que parecen ser los ejes de sus animaciones para mostrar realidades que alcanzan a chicos y grandes.

 

Memorias de un caracol es una tragicomedia que tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy el 10 de junio de 2024, pero fue estrenada en Australia por Madman Entertainment el 17 de octubre del mismo año. Recibió la nominación a Mejor Película de Animación en los 97.º Premios de la Academia, la segunda película animada con clasificación R (como La Pasión de Cristo de Mel Gibson) en ser nominada después de Anomalisa (2015), otra película stop-motion. Curiosamente la clasificación R en Estados Unidos significa que no pueden verla menores de 17 años sin la supervisión de un adulto, aunque en México la clasificaron con categoría B, por lo que, cabe destacar que ésta no una película para las infancias, debido a los temas que trata.

 

La soledad como condición humana:

Distintos filósofos de distintas épocas han tratado de darle un significado al sentimiento de la soledad, pero para los existencialistas es una condición humana de la existencia; es decir, cada persona vive en un cuerpo separado de los demás dentro de los cuales existen mentes que son únicas e irrepetibles. Como una experiencia, la Soledad Existencial, tiene un componente emocional y otro cognitivo relacionado con la toma de conciencia de la propia finitud. Como un proceso de crecimiento interior, la experiencia negativa de la naturaleza solitaria del ser humano es transformada en una experiencia positiva. Por lo que la soledad sería una forma de angustia de separación que aparece cuando no se satisfacen las necesidades de apego.

 

Grace y Gilbert Pudel son un par de hermanos gemelos cuya madre perece en el parto y quedan al cuidado de su padre, quien es un alcohólico parapléjico que de joven fue artista circense. Ellos no salen de casa ni viven rodeados de más lujos que sus preciados libros, los juegos y la compañía que se hacen entre los tres. Un buen día su vida da un giro de 360° y son separados, Gilbert es adoptado por una familia de granjeros puristas en donde es explotado, mientras que Grace es adoptada por una familia exhibicionista de swingers que le dan todo económicamente, pero no lLeer más

La complacencia decorativa

Del ensimismamiento y la reactividad en el arte

 

Por Aldo Vicencio[1]

Plantear distintos aspectos críticos de nuestro mundo es, por principio, la construcción del acontecer. En este sentido, más allá de la interpretación lineal del tiempo nacida en la Modernidad y exacerbada por la Revolución Industrial en el siglo XIX, resulta evidente que el fluir temporal es básicamente, incertidumbre. La historia es entonces un relato que busca construir el sentido del devenir de lo humano a través de diferentes tropos, muchos de los cuales dependen precisamente de una narración progresiva y unidireccional.

También, es palpable que dicha construcción de lo histórico responde a la necesidad de la reproducción simbólica del capital. Su hegemonía es, por instancias de su propia naturaleza, totalitaria y excluyente; es la obcecación por la acumulación y el control de condiciones materiales y culturales que permitan su perpetuación. La constricción ejercida sobre sus propias dinámicas es, sin más, el interés por sostener su existencia.

Todo lo anterior resulta evidente cuando analizamos el panorama del arte de nuestra época. La discusión entre arte contemporáneo y arte integrista resulta ser más bien un acomodo económico alrededor de piezas que dotan de prestigio social a los sectores de poder. Algunos especialistas (los que se colocan como vehementes Virgilios de las galerías con patrocinio corporativo) ofrecen cursos para entender toda la producción plástica, sus dinámicas de compra y venta, así como los discursos curatoriales en boga, los cuales cubren las expectativas del hegemón estético del capitalismo. Dichas personalidades son perfectamente homologables a los desdichados crypto bros. Es decir, ofrecen la ilusión de acceder al lujoso modo de vida de los grandes autores y marchantes.

Por otra parte, los calificativos que algunos críticos usan —como decadente— para referirse a cierta producción plástica, son eufemismos que encubren un fenómeno más mundano: la esLeer más