El secreto de Romelia

Por Sergio E. Cerecedo

 

La década de los ochenta vino con muchos cambios para la industria del cine mexicano, como la llegada del video casero, la decadencia del género de la sexycomedia y, con ello, las disyuntivas entre lo que el público quería ver, debido a la debacle de los géneros cinematográficos populares. También es la época donde más que nunca se sustituyen los productos nacionales por los extranjeros. Y es en esta época que se vive la consolidación de la comunidad estudiantil egresada de las dos primeras escuelas de cine públicas en el país: el CUEC ahora ENAC, y el Centro de Capacitación Cinematográfica.

 

De esta última encontramos entre las directoras formadas ahí a Busi Cortés (1950-2024), quien rueda su ópera prima en una década con dificultades para las propuestas autorales. Además de su larga carrera como documentalista y directora de programas de televisión, ostenta logros como ser la primera estudiante del centro de capacitación cinematográfica en recibir el apoyo para la producción de su ópera prima, como alumna graduada de dicha escuela, un programa que dio oportunidad a través del esfuerzo de que estudiantes fueran cabezas de área por primera vez o de ser asistentes y recibir entrenamiento de maestros expertos.

 

Busi Cortés (1988)

La maestra Busi siempre tuvo una visión de la demostración de la fuerza femenina, de la lucha en contra de las pretensiones sociales y del mostrar los resultados de la represión y el peso de los roles de género en la vida de las personas. De los duros tiempos de represión que atestiguó de las circunstancias hacia las mujeres construye personajes complejos, imperfectos y que ni buscan ser un ejemplo ni tampoco se conforman con el yugo social que imponen sus decisiones, especialmente devenidas de sus sentimientos.

 

Y precisamente esa conexión en temáticas le llevaría a adaptar las letras de Rosario Castellanos, otra gran defensora de la tridimensionalidad en la visión Leer más

Pechos eternos: la completud del ser escritora

Por Sergio E. Cerecedo

 

En los años cincuenta se empezó a ver con una mayor frecuencia que en las cinematografías del mundo se abriera el paso a las mujeres directoras. En el caso de Japón, y también de otros países, esa brecha se abrió principalmente por dos caminos: las guionistas que llegaron del mundo de la literatura y las actrices que conociendo el oficio frente a las cámaras se animaron a aliarse con las escritoras y escribir papeles para ellas y sus colegas. Entre ese grupo se establecieron alianzas para proponer a las producciones historias que miraran más desde el punto de vista femenino y también que dieran presencia en las películas a los temas de interés de la actualidad de ese entonces y que dieran, por supuesto, voz a las historias femeninas.

 

Una de estas actrices fue Kinuyo Tanaka, quien es recordada en grandes películas de directores reconocidos como “Cuentos de la luna pálida de Agosto” (Kenji Mizoguchi, 1961) o Barbarroja (Akira Kurosawa,1965). Tanaka empezó desde muy joven con su carrera en las artes escénicas tocando la biwa (un instrumento musical de cuerda típico de Japón) e incorporándose a un grupo musical. Obtuvo sus primeros papeles en los años 30, y en los 40´s su carrera fue tan exitosa que incluso los títulos originales de las películas eran cambiados comercialmente para ponerle su nombre con una referencia a la temática, como “El primer amor de Kinuyo”  o “Doctor Kinuyo”. Kinuyo fue entonces un ícono de una industria que crecía rápidamente a pesar de haber vivido poco tiempo antes una guerra que trajo nuevos horrores y amenazas.

 

Kinuyo Tanaka (1955)

Sin embargo, ella tenía más ambiciones que la de ser un rostro reconocido, para los años 50 empezó a dirigir  y juntó sus inquietudes con gente con quien compartía ideas e intereses. Una de sus colaboraciones más importantes fue con la creciente dramaturga Sumie Tanaka, que colaboraba con elLeer más

“Yo no soy guapo”

Por Sergio E. Cerecedo

 

En el trabajo de estudios culturales y etnomusicología que he tenido la suerte de realizar, cada vez reafirmo más mi gran pasión por el fenómeno social que se engloba dentro del gusto de la gente por cierta música, y puedo disfrutar géneros de diferentes orígenes con la misma alegría. Desafortunadamente, a través del tiempo, he visto que sobre cierta música en especial en este país donde el sistema de castas no se nos sale de la cabeza ni de las vísceras, hay géneros y estilos que son discriminados por el grueso de la población y cuyos orígenes en el barrio, en las venas abiertas de las clases populares, los prejuicios y estereotipos alejan a muchos grupos sociales que buscan “lo de moda” más allá de lo que les hace sentir y disfrutar. Así pues, los géneros tocados por los sonideros fueron mucho tiempo ninguneados y calificados como algo de mal gusto, y en lo personal, me da mucho coraje que hasta que un músico o intérprete que gusta a la clase alta se acerca a los géneros y decide hacer una colaboración —mucho también tienen que ver las decisiones de las disqueras—, que la mayoría de las veces diluye el sonido original, la esencia del género, es que afortunadamente sirve para que algunos curiosos volteen a ver más la importancia de los llamados “Sound Systems Mexicanos”

 

Joyce García (2017)

Del trabajo de los músicos que menciono, vinieron otras fusiones que actualmente legitimaron ante la chaviza estos géneros. Un fenómeno de aceptación que hizo posible que el sonido “La Changa” y similares se presenten en el plaza Condesa y otros lugares en colonias que distan mucho de ser populares, lo cual es gracias al paso abierto por ciertas disqueras y músicos que reconocieron una influencia valiosa en la música caribeña y sudamericana de influencias africanas que los sonideros dieron a conocer. La película documental “YO NO SOY GUAPO” es en parte un tributo a esa gente que en ocasiones ha dejado de comer por adquirir un disco y hacer que los trabajadores, los expertos en oficio y la gente que se parte el lomo diario tengan también la alegría que las fiestas populares implican en el mexicano.

 

Y es que en los años 50´s y 60´s, en los momentos de mayor desigualdad sLeer más

Armas blancas: Ópera prima

Por Sergio E. Cerecedo

 

En el cine nacional es muy fácil perder de vista a las producciones que no tienen mucha publicidad; la poca difusión de algunos filmes y la centralización en las ciudades grandes, entre otros factores, hacen que propuestas interesantes se pierdan en la ignominia. No obstante, gracias a muestras como los ciclos virtuales en torno a la entrega de los arieles o a algunos festivales que desde la pandemia del 2020 empezaron a compartir funciones virtuales es que los productos pueden llegar a otros públicos, este es el caso de la ópera prima de Mariana Musalem Ramos, un acercamiento auténtico y sensible a temas tocados muy a menudo como los dilemas de crecer.

 

Valeria, su hermano Emiliano y su amiga Sabina viven en San Miguel de Allende en un vecindario clasemediero, caluroso y donde la alberca del lugar es su refugio; ahí se divierten casi diario juntos, después de salir de la escuela. En el agua se desarrollan sus juegos, crecen sus lazos y los de sus padres, pero pronto llega un suceso que aleja a Sabi. Verse sin esa amistad coincide con el despertar de la adolescencia de Vale, que empieza a mirar a otros lados y a hacerse otras preguntas. Es curioso, incluso a nivel simbólico, que el alejamiento de Sabi, simultáneo a su enamoramiento, la mueva cada vez más fuera del agua.

 

La cinta se muestra precisa en su exploración del cuerpo que crece, y desde el movimiento hasta la ropa que va portando nos hablan de decisiones, de maneras de hacer las cosas en sus personLeer más

No soy una bruja

Por Sergio E. Cerecedo

 

Rungano Nyoni nació en Zambia y es una directora previamente formada como actriz en Gales. A lo largo de sus cortometrajes, ha logrado plasmar sus inquietudes alrededor de las creencias y costumbres de las sociedades africanas, las relaciones humanas en estos contextos y concretamente en las infancias y su crecimiento en el entorno de las creencias, clases y jerarquías sociales. Con ésta, su ópera prima, logró abrir diferentes discusiones sobre todo hacia la visión que en el mundo occidental se tiene de los países que durante mucho tiempo fueron parte de ellos.

 

Rungano Nyoni (2017)

El choque entre pensamiento mágico místico y la ejecución de las leyes civiles deja a una niña en medio de una situación que no puede controlar, desde un día que ella se encuentra en una zona rural de Zambia observando a una mujer mientras lleva el agua de un río cercano, la señora tropieza y, posteriormente, la siguiente secuencia nos muestra que la misma mujer acusa de brujería a la niña junto con más de veinte personas en la comandancia de policía, todos mueren por hablar en contra y algunos dicen puras sandeces y subjetividades, pero al final, al permanecer en silencio, se asume que el cargo es cierto y se decide llevarla a una comunidad para que desarrolle su vocación.

 

En el lugar al que la llevan el entorno es parecido al que se da a las reservas de poblaciones originarias en Estados Unidos y Canadá, una organización social donde pueden regirse por sus creencias pero que conlleva también un trato con el gobierno, inclusive hay una canción oficialista sobre las brujas al servicio del Estado y vemos que esto no se reduce solo a estar amarradas con un lazo blanco como un mecanismo de control, sino que taLeer más

Un futuro brillante: el destino de una semilla rara

Por Sergio E. Cerecedo

 

 

Lucía Garibaldi (2025)

En México ha iniciado la temporada de festivales hace un par de meses y es muy bonito presenciar la exhibición de corto, medio y largometrajes nacionales, pero también ver que se cuelan propuestas del Caribe, Centro y Sudamérica. En lo personal, me emocionó ver una propuesta de ciencia ficción, género que casi siempre se piensa como algo necesitado de mucho dinero y de difícil capacidad de verosimilitud si algo no se ve como Marvel, Warner o las grandes casas productoras. “Un futuro brillante” abrió el festival de Guanajuato de 2025 en el teatro Juárez, ante una audiencia que no quedó exenta de sensaciones y de fascinación por una película que le saca la vuelta a las propuestas espectaculares a raíz de una puesta en escena con detalles tecnológicos pequeños pero que están donde tienen que estar y que crean una película muy impresionante.

 

Elisa es detectada con un coeficiente mental alto y recibe una oportunidad de movilidad, estudios y mejor vida a partir de ello; la fuente de oportunidades se ubica en el norte de esta versión futurista (o retro futurista) de Uruguay. Ha habido un cataclismo ambiental atribuido a las hormigas, que ahora son exterminadas en cuanto se ven, los edificios residenciales son sometidos a una infinidad de fumigaciones para mantenerla lejos (es muy estético visualmente el humo verde sobre los edificios durante estas limpiezas). La tasa de natalidad ha bajado y el cliché de “los jóvenes son el futuro” se ha asentaLeer más

Concierto para otras manos: la adaptación física por la vocación

Por Sergio E. Cerecedo

 

En el quehacer del documental cinematográfico hay un consejo muy escondido que quien lo mira como espectador imagina poco su existencia: “ármate de paciencia, porque estas películas son de lento cocimiento”. Y, en lo personal, alguien que se desespera cuidando el hervor de unas papas o zanahorias o en la cola de las tortillas la va a tener muy difícil a la hora de acometer un seguimiento a una historia, región, situación que puede llevar años de ir y venir. En una asesoría, una persona de experticia en la materia te puede mirar fijamente para decir: “Tienes una película de dos años”, y tú decides si te bajas o ahí vas. Pues sobre todo para las personas que hacen ficción es muy difícil aceptar que vas a filmar una historia que probablemente se cuente sola y agarre un camino propio que tendrás que simplemente seguir a momentos.

 

Ernesto González Díaz (2025)

“Concierto para otras manos” tuvo un camino de 5 años para ver la luz desde que inició su filmación, y si bien no es fácil, barato, ni para muchos viable el aguantar a que los momentos lleguen y se hagan filmables, este recuento de vidas y haceres llega a nuestras salas después de haber ganado La diosa de plata en Guadalajara, para traernos un retrato interesante, con un lenguaje cinematográfico sencillo y atento.

 

José Luis González quiso ser pianista, estudió, se esmeró en sus pasiones y lo logró. Al formar una familia, llegaron al mundo sus hijas, quienes siguieron sus pasos estudiando música; y por último su hijo David, a quien desde los estudios de ultrasonido se le vieron diferencias en el desarrollo que no iban por el camino. Conforme nació y fue creciendo se hicieron visibles las diferencias entre un brazo y el otro y la estructura de su rostro, también se hizo patente un problema en los oídos que no le permite escuchar al cien por ciento, sin embargo, el gusto de observar a la familia practicar la música hizo que le llevaran a clases de piano. Sus padres pensaron que hasta donde él llegara sería un camino bueno, pero con todo y la limitante de no poder mover algunos dedos, empezó a participar en concursos y cimentar una carrera como pianista.

 

Al escuchar y ver a David podemos notar una mente abierta, sensible y muy consciente de qué puede y no puede hacer. Durante el metraje le vemos como un habitante del mundo que también crece para ser dueño del suyo, un camino de adaptación y adecuación en una disciplina tan difícil como la música académica o de concierto (o tantas definiciones que pueden parecer imprecisas para el caso), que muchas veces tiene reglas protocolarias de siglos atrás que, en la opinión de muchos, ha hecho que la composición para orquesta haya llegado a un límite. Y es que precisamente el mLeer más

El hombre que mató A Don Quijote: Piedras en el camino narrativo

Por Sergio E. Cerecedo

 

El Quijote ha sido el gran reto inadaptable y maldito del cine para más de uno; Orson Welles nunca pudo concluir su encomienda y a lo mejor, si somos muy supersticiosos, podemos decir que el presente film fue concluido gracias a que nunca fue precisamente una adaptación. Y aun así, gran parte del público adepto sabe ya de sobra lo difícil que fue para Terry Gilliam levantar este proyecto, pues durante casi 20 años tuvo que pelear con cancelaciones, recortes de presupuesto, deserción y muerte de algunos de los actores elegidos. La mayor parte de esto se conoce mediante el largometraje documental “Lost in La Mancha” de 2002, hecho con el material recogido como detrás de cámaras.

 

El proyecto revivió gracias a inversionistas españoles e italianos y se anunció un nuevo rodaje, causando tanto expectativas por un nuevo objeto de culto, como incertidumbre por un producto que se realizaría casi 20 años después de lo planeado. Y aunque la película tiene sus virtudes, está lejos de ser un punto alto de la filmografía del director, pues toda esta demora en logística sin duda afectó la realización, y esta diferencia entre tiempos de concepción y producción provocan que la cinta se sienta accidentada y falta de ritmo.

 

La trama gira alrededor de Toby, un realizador de comerciales que dirige una campaña de promocionales turísticos a grabar en la región de la Mancha; Leer más

Alcarrás: la transición de la tierra formadora  

Por Sergio E. Cerecedo

 

Como una persona oriunda de una región agrícola y ganadera de este país, una parte fuerte que me conecta con el segundo largometraje de Carla Simón es la precisión y cercanía naturalista con la que sitúa las problemáticas del campo y de la transición a la modernidad y nos hace sentir que esto no ocurre solo en Latinoamérica o en el sur global. En mi infancia me tocó recorrer muchas veces siembras y regiones donde en cada municipio que vas la base de la economía es un cultivo diferente. Sin embargo, recuerdo un viaje donde le decía a un chofer que me encantaba ver tanta gente vendiendo fruta y tantas plantas fértiles a la orilla de la carretera, en medio de ese relato un señor de unos setenta y tantos me interrumpió y me comentó que lo malo de esa venta era la dificultad para que el agricultor tuviera un buen ingreso con ello, ya que la reventa o coyotaje y otras técnicas del mercado hacen que el precio de los cultivos baje demasiado, por supuesto que esta información no me dejó indiferente y me hizo voltear de manera más precisa a la realidad que me rodeaba.

 

Carla Simón (2022)

En los primeros momentos de la película se nos presenta la tierra precisa, árboles frutales, montañas lejanas, un lago pantanoso, para después llevarnos a una secuencia que nos cautiva desde adentro. La cámara curiosa revela a una niña compartiendo con sus primos el juego, instantes de imaginación donde el carro abandonado que ocupan se convierte en algo más con el poder de la imaginación, algo intenso y bonito que durará poco, pues después de que bajan de él, una maquinaria pesada procede a llevarse el vehículo, los niños observan con una sorpresa disruptiva, se sienten despojados del espacio de juego libre, y no será la primera vez, ya que una realidad cambiante más grande que ellos está por venir.

 

En la región catalana de Alcarrás, somos testigos desde cero de una parte de la vida de una familia que se dedica al cultivo del durazno, a pesar de cada quien tener sus intereses, la familia completa, desde el miembro más joven hasta el más grande de edad, participan del trabajo manual y de recoger la fruta. En este contexto, son informados de que las tierras no son suyas, sino que su abuelo recibió un permiso de palabra durante la guerra civil para trabajar en ellas y hacer su patrimonio, cosa que logró en su momento, pero ahora la tierra es reclamada por el descendiente de quien hizo el trato, lo que también cambiará de giro el terreno al dedicarlo a la instalación de paneles solares. Un cambio que sin duda es un duro golpe para la economía de toda la familia.

 

 A diferencia de la película anterior de Simón, “Alcarrás” aborda el relato de manera coral y nos revela un poco de la vida de cada personaje, explorando aspectos como el miedo al cambio, la transición  entre tradición y modernidad, el forjamiento de la identidad en los más jóvenes y por supuesto la entidad de la familia, los factores que la mantienen unida o que la separan, siendo la decisión de luchar o no luchar por hacer que el dueño de las tierras se retracte lo que terminará de separar los caminos de las familias, por las diferencias entre las cabezas principalmente.

 

El lenguaje audiovisual es de una cámara en mano cercana, intrusiva pero casi invisibles; la propuesta es observar de cerca, no se preocupa por una composición muy elaborada con técnica muy rimbombante, sino por el hecho en sí. Con una calidad de imagen plena en mostrar lo dorado, hay en la manera de exponer la historia una contraposición que nos habla de la calidez de los colores del verano, pero al mismo tiempo de lo otoñal que puede ser ver el fin de una época.

 

Los miembros jóvenes de la familia también tienen un camino sumamente interesante, en Rogelio, el hijo mayor de Quimet, vemos un debate entre el deber laboral para con la familia y el deseo de diversión y otras cosas que puede haber en su camino propio; en Mariona, también adolescente, una búsqueda de explorar la socialización, su atracción por un chavo y su repudio ante la represión que su hermano pretende ejercer con la jerarquía del género; y en la pequeña Iris encontramos en el cambio de sus juegos y dinámicas una fuente inagotable de preguntas como lo es esa etapa de la infancia, su aprendizaje social va desde observar las costumbres de los empleados africanos que trabajan en las tierras prestadas a su familia y querer emularlas, hasta el darse cuenta que a veces nuestras amistades y vínculos son dependientes de las amistades y vínculos de nuestros padres, resintiendo sin merecerlo los alejamientos internos que se viven en su familia.

 

Es muy evidente que esta cámara inquieta, casi invisible, nos deja en claro por el transitar de los personajes que la tierra no le pertenece a la gente, pero la gente pertenece y escucha, vive de lo que la tierra le da, interacciona con quien se le asemeja y defiende lo que le parece justo, lo mismo les seguimos en los asados, en la cosecha conjunta, en el compartir una fruta para refrescarse en plena jornada, que vemos también las manifestaciones de los agricultores frente a las alcaldías por conseguir mejores condiciones y claridad sobre su trabajo, recordándonos la generalidad de las luchas obreras que no son solo en un país, sino que la existencia de un sistema generaliza la situación más allá de los límites geográficos.

 

La trama de Quimet, el padre, como el líder laboral activo de la familia, no es una persona preparada para el cambio, en él vemos una institucionalización que, aunque no sea ligada con algo del gobierno, ve irse a cada elemento de la realidad que conocía, al oficio, a los hombres contemporáneos a él y también su nivel de autoridad moral y personal ante los demás. En su arco dramático vemos al hombre rebasado por dos cosas: las circunstancias previas a su existencia; los tratos que hizo su padre, el oficio familiar  que se volvió su vida en su formación temprana. El trabajo en la tierra no es romántico, no todo mundo lo hace a gusto, como tampoco la vida campirana y tradicional es un deseo de toda la gente, ahí es donde Simón siembra el conflicto tanto de la tradición como de los roles de una manera sutil, el rol de proveedor y heredero de una jerarquía y un oficio oprime a las figuras masculinas al mismo tiempo que les habla de qué son y deben ser, trastocando las decisiones sobre su presente y futuro.

 

Por el lado femenino también destaca una contraposición entre el accionar de la madre para el funcionamiento de la familia en el esquema interno y social que se lo han planteado, frente a su hartazgo hacia lo que cumplir todo al pie de la letra conlleva, contrario a la hermana de Quimet, que tiene una dinámica diferente con su pareja y también trabaja. Las reuniones de mujeres son representadas con discreción, dentro de la iglesia, las labores de organización de las fiestas, etcétera. En este contexto podemos entender el disenso de las mujeres jóvenes de la familia hacia el estilo de vida, apuntes que no por sutiles dejan de ser interesantes.

 

Por si no fuera suficiente con los padres e hijos, la otra joya en cuanto a ensamble son los abuelos, ella proveyendo de refranes, buen humor y experiencia, preocupada pero responsable hacia lo que ha visto y lo que verá; el abuelo más bien relator de la poca expresividad, preocupado por el pasado y también comprendiendo que vive el invierno de su vida y que a veces es más importante escuchar que decir, sus observaciones del espacio, su esfuerzo por llevarla bien con el adversario e intentar dejar cuentas claras a su partida. Ambos nos hablan con cada movimiento de ojos y surco de su piel, recordándonos que la vida es bonita y difícil a la vez.

 

Las pocas canciones que escuchamos durante el metraje son trascendentes y emocionantes, como el tierno y profundo momento donde la pequeña Iris canta a su abuelo la tradicional catalana “Cançó de pandero” a lo mejor sin vislumbrar por su edad el contexto de lucha de clases. Hay lugar también para la fusión de música urbana con ritmos más afrolatinos, concretamente de Colombia, como en “La patrona” de Lao Ra, una canción bailable con la que Mariona y sus amigas quieren presentar una coreografía durante la fiesta del pueblo; y “Ya verás” de Systema Solar, igualmente en ese sonido cumbiero de Santa Martha y alrededores. También encontramos a la banda de Ska noventera Dr. Calypso, redondeando ese mosaico de mestizaje cultural y cambio en el que la película se encuadra.

 

Carla Simón ha sobresalido por  un minimalismo en su concepción de la imagen, una naturalidad que busca los momentos emocionales sin mucho adorno visual, su cine es directo y en él la dramaturgia parece reducirse al mínimo en técnicas y artificio. En su ópera prima “Verano” (1993) veíamos el mundo a través de una niña marcada por hechos difíciles de sus padres que es adoptada por sus tíos y que va averiguando en su día a día qué es lo que le hace sentir mal y por cuál camino dejar de ser aprehensiva y llevar las cosas un poco mejor. En esta ocasión la multiplicidad de visiones nutre aún más esa búsqueda identitaria con la que su directora nos conmueve y cuestiona a la vez.

 

 

Las margaritas | La libertad multicolor de Věra Chytilová

Por Sergio E. Cerecedo

 

Las vanguardias cinematográficas de los 60´s son, fuera de la nueva ola francesa y el free cinema de Inglaterra, algo que raramente sale de los círculos más eruditos. Es difícil alimentar la curiosidad sobre hechos pasados sobre todo cuando lo que en alguna época fue novedoso ha quedado atrás, y a veces se siente feo, sobre todo cuando uno ve que las innovaciones tecnológicas han hecho sustituibles a las piezas porque, aunque su discurso sea relevante, su técnica no parece novedosa.

 

Hoy en día puede parecer muy fácil con los filtros digitales replicar los efectos visuales y tratamientos de imagen, pero hay que valorar que en varios países del este de Europa hay una tradición importante de dar vida a lo inanimado, ya sea a través de marionetas, fotografías, recortes tipo collage o un sin fin de técnicas que dan otro sentido a la creación de imágenes.

 

En plena efervescencia de cambios políticos que llegarían en muchos lados del mundo a su límite en 1968, la directora checa Vera Chytilova concibe y materializa una de las películas más plástica y sensorialmente audaces que han existido. El resultado puede ser extraño, desigual o difícil de entender, pero a mí me resulta tan disfrutable sin necesidad de comprender o ser certero al interpretar lo que sucede en ella, aunque su contenido y simbolismo por supuesto que merece una interpretación y búsqueda de ello. Aunque Vera no recurre a las técnicas antes mencionadas, como la animación, sino al montaje rápido, las superposiciones de imágenes y algunos filtros de color, su propuesta debe tanto a la visualidad de las artes plásticas de su país como a sus propias inquietudes y a las ganas mismas de romper esos cánones, una contraposición que al día de hoy sigue pareciendo maravillosa, divertida y con algunas líneas argumentales que van más allá del bien y el mal.

 

Dos mujeres de veintitantos años planeando salir a divertirse haciendo las bromas más pesadas, desde coquetear a señores con dinero para que les paguen todo hasta echar mucho desmadre. No es difícil ver, si uno tiene la paciencia, que a menudo en las secuencias hay un lenguaje simbólico entre ellas acerca de las cosas que tienen prohibido hacer, lo que resulta un poco absurdo si nosotros como público no aceptamos la convención de leer entre líneas. A continuación, veremos una serie de viñetas en las cuales siguen con este comportamiento y desparpajo infantil. Veremos a una interrumpir la cita de su hermana con un hombre mucho mayor e importunar al fulano en turno comiendo muchos dulces, preguntando cosas indiscretas y llevando con sus acciones toda la contra a lo que normalmente debía hacer una mujer según el conservadurismo rancio.

 

En el metraje podemos divertirnos mucho con números con música de fondo que en mucho remiten al cine mudo y al clásico de hollywood, pero solo en formalidad, pues es notable cómo Chytilova se sirve de estas formas a grosso modo para después trastocarlas con un sentido político y social muy puntilloso. Alrededor de todo el metraje ronda la pregunta de ¿Qué es la libertad? ¿A dónde vamos con lo que hacemos y a donde llevamos nuestro ser? Estas preguntas se exploran de maneras extremas, no siempre claras y nuevamente con un simbolismo sutil que deriva entre temas como el cuerpo y la sexualidad. La presencia de la comida, el atracón y la saciedad, funcionan como íconos de aquello que la sociedad siempre ha dicho, especialmente a las mujeres, que tomemos con medida.

 

El cambio de filtros de colores dentro de la misma secuencia monocroma a cada cambio de encuadre es de un surrealismo desbordado, divertido y que por sí mismo ya habla de desafiar el lenguaje, la atención, las convenciones del cómo narrar una historia con la estructura aristotélica clásica. Las personas dedicadas al arte en los sesenta cuestionan, destrozan y re estructuran todo aquello que las instituciones que dictan lo que debe de ser el cine. El montaje también está lleno de elipsis entre las aventuras de las chicas en la calle y la convivencia introspectiva que tienen en su casa, dentro de estas pláticas podemos leer muchas preguntas, muchas de ellas de carácter inocente, exploratorio y fuera de cualquier método científico, dando a entender que esta infantilización les ha sido dada por su propia opinión. Cuestionamientos punzantes que, junto con la destrucción de alimentos en una de las secuencias más recordadas, le valió la prohibición a la película durante muchos años.

 

La puesta en escena es curiosa, pues lo expresivo de las actuaciones puede resultar teatral, de artes vivas, sobre todo en lo que a expresión facial y corporal concierne —como en los bailes—, pero el montaje segmenta estas exageraciones, nos regala retazos incompletos de esta realidad. El experimento es notable en varias secuencias, pero especialmente en aquella donde una de las hermanas acompaña a un pretendiente a su casa y el lugar está lleno de mariposas disecadas, el ir y venir de los diálogos y las expresiones faciales es nuevamente reminiscente de la animación stop motion.

 

Hay también en varias ocasiones estampas referentes a las revistas de moda y los figurines, en ellas se entiende una burla a lo que pretende ser el estilo de vida vendido como el ideal para la mujer en esa época. Las escenas donde vemos cuerpos desnudos nos hacen patente esa libertad muchas veces ausente que estas amigas disfrutan y buscan de muchas formas, que casi nunca se dirían correctas.

 

De las sensaciones que recuerdo y han ido evolucionando en mí con cada visionado de esta película es la de tener, como estudioso y practicante del sonido cinematográfico, sentimientos encontrados respecto a la manera de abordar el sonido, hay desde las primeras secuencias unas ganas tremendas de burlarse de la convención y de lo típicamente bien hecho, el realismo en el sonido es sacrificado en pos de un expresionismo rítmico en el cual los personajes realizan varios movimientos que no tienen sonidos incidentales aunque estén en primer plano, pero de repente alguno de ellos lo tiene y esto crea un ritmo con la musicalización o con algún sonido continuo como un reloj, hibridando y confundiendo de una manera interesante entre los sonidos de las acciones (foleys), los efectos, y las mismas notas musicales de la banda sonora. Desgraciadamente no le podemos preguntar a su autora, pero lo plasmado crea una singularidad en la que oímos lo que ella quiere. Lo cual es palpable desde las primeras secuencias. La sonoridad de la película es rara, con música disonante llena de instrumentos de aliento que por momento parecen alarmas, por momentos cantos de gansos. Amorfas, desconcertantes pero que no nos dejan ignorarla.Leer más