Por Liliana Rivera
El artista es un niño, el niño crea, nos rodea de un mundo objetivo, y el arte surge como añadidura, y la realidad se reconfigura. Esa es la labor de un escritor, resignificar o recrear la realidad, y esto es a través de la memoria, de recordar, despertar el alma dormida, y descubrir sus caminos secretos, así como lo logra hacer la niña Maryse.
Corazón que ríe, corazón que llora, una novela sencilla en sus letras, pero poderosa en su contenido. En ella, Maryse, a través de la memoria nos va llevando a la construcción de su niñez y adolescencia. Sus recuerdos, llenos de amor y desamor, de amistad, de vida, de muerte, y el choque racial, que como niña no entendía, y como adolescente tuvo muy claro, pues lo llevaba en la piel. La ganadora del premio Nobel alternativo, nos enfrenta a un mundo prejuicioso, que ella misma descubre a través del vacío.Leer más









