No hay placer, sino maldad: la obra de Flannery O’Connor

Por Brenda Berenice Zambrano Córdova[1]

“Flannery O’Connor, autora de una de las obras más extrañas, perturbadoras e inclasificables de la literatura universal”.

Gustavo Martín Garzo

Flannery O’ Connor, sureña de Savanah, nace en 1925 en una familia católica, este último elemento lo encontramos inmerso en sus relatos, donde juega un papel fundamental, ella misma decía que lo que le había dado forma a su escritura era “ser católica y sureña.” Fue una representante de la generación de los llamados escritores del sur, que floreció en Estados Unidos en el siglo XX.

Un hombre bueno es difícil de encontrar”, el relato en el que nos centraremos, nos deja con desconcierto, vacío y fascinación, tal fascinación nos orilla a conocer más de la escritora, aunque al adentrarnos en su vida nos desconcertamos aún más, pues la imagen de la autora de aquel inquietante relato del asesino desalmado, la abuela perversa, los niños detestables, no corresponde a la granjera sureña y devota que cualquiera puede imaginar. Leer más

El Horror y la carne: El antropófago de Pablo Palacio

Por Karla Hernández Jiménez

Pablo Palacio fue un escritor ecuatoriano, nacido en Loja en 1906, cuya obra se caracterizó por un deseo de innovar y experimentar con las formas gramaticales.

En un Ecuador dominado aún por el costumbrismo y el realismo social, Palacio manifestó en su obra un carácter rupturista por lo cual se le llegó a considerar como uno de los primeros exponentes de la vanguardia ecuatoriana, aunque actualmente sea poco conocido.

De su producción, los cuentos son quizás uno de los puntos máximos de experimentación para Palacio debido a que en ellos dejó plasmado ese punto de quiebre presente tanto en la forma como en el contenido de los mismos, tal como comenta Celina Manzoni (2000): “Sus actos de escritura se proponen desenmascarar la retórica del realismo, es decir, la ficción de realidad que los textos realistas presentan como «la realidad». Una propuesta que no supone recuperaciones ni ampliaciones, sino quiebra: su escritura crea un centro «otro», en torno del cual se constituye; se vuelve excéntrica, se coloca en los márgenes de lo canónico”Leer más

“El Iris”, la primera revista literaria del México Independiente

Por Angélica Mayoral[1]

La consumación de la independencia representó para la prensa mexicana un cambio muy enriquecedor. Es una etapa que se caracteriza por publicaciones de índole predominantemente político y polémico.

La primera época de estudio del periodismo que establece María del Carmen Ruiz Castañeda, una de las estudiosas más representativas de la prensa mexicana, comienza en el año 1821. Durante este periodo, la prensa se constituye principalmente por la pugna entre dos tendencias políticas contrarias: los que tenían una marcada línea liberal y aquellos con aspiraciones conservadoras.Leer más

El fin del Antropoceno

Una reflexión acerca del poemario Apokalipsis de Arnulfo Vigil

Por Isaac Gasca Mata[1]

La postmodernidad y su inmanente multiplicidad de discursos ha permitido que en los últimos años estilos, ideas, y corrientes de pensamiento se fusionen para sustentar expresiones que antaño parecían irreconciliables. En la literatura actual no hay periferias, no hay márgenes, centros ni perspectivas unilaterales. Al contrario, hay una representación caleidoscópica del mundo y la Historia. Al respecto, el sociólogo francés Gilles Lipovetsky considera que:

“El postmodernismo se rebela contra la unidimensionalidad del arte moderno y reclama obras fantasiosas, despreocupadas, híbridas (…) no tiene por objeto ni la destrucción de las formas modernas ni el resurgimiento del pasado sino la coexistencia pacífica de estilos, el descrispamiento de la oposición tradición-modernidad, el fin de la antinomia local-internacional” (Lipovetsky, 2003: 122)Leer más

El sino podrido del poeta: Un vistazo relámpago a la vida y obra de Jacobo Fijman

Por Rogelio Dueñas

No hay canto sin llanto.
Es el misterio de la llaga el que estructura la metáfora.

Ramón Martínez Ocaranza

Nota introductoria

Me provocan náuseas todos esos individuos que con falsa ingenuidad sostienen que el glamour del reconocimiento y la bonanza económica son inherentes al ejercicio poético. Como si no supieran que para que eso suceda el poeta debe ajustarse, en mayor o menor medida, a los designios de las élites políticas y culturales. Como si en verdad ignoraran que cuando el poeta decide reflejar en su obra una realidad que contraviene los valores e intereses de la clase dominante, muchas de las veces debe asumir la miseria y el ninguneo como consecuencias; sin importar cuan renovadoras o propositivas sean sus creaciones.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos que la cultura hegemónica lleva a cabo para sepultar las voces de los poetas que gozan de una rábida y descarnada autenticidad, sus obras brillan. Tarde o temprano se abren paso y se propagan. De agua nueva, su condición a cuestas llevan, ahogando la calumnia vertebral de la poesía a sueldo.Leer más

“Definitivamente voy a tener alzheimer”: Alaíde Ventura, ganadora de la quinta edición del Premio Mauricio Achar-Literatura Random House

Foto de Canal 22

Por Rodrigo Piña

“La verdad es que no podría estar más feliz”, respondió la escritora al momento de cuestionarle sobre los dos concursos que ganó en un lapso menor a un año.

Alaíde Ventura actualmente tiene 34 años, nació en Xalapa, Veracruz, estado en el que realizó sus estudios de Antropología, en la Universidad Veracruzana; ahora lo hace en la capital del país, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha trabajado en Canal Once, Televisión Educativa y Time Out México. Es escritora freelance y ha colaborado en algunas revistas como Este país y Hojasanta.

Recientemente, la joven novelista consiguió dos importantes premios: el primero fue el Premio de Literatura Juvenil Gran Angular, en 2018, con su novela titulada Como caracol, con el que aparte de la publicación del libro, también obtuvo una compensación económica de 35 mil euros; el segundo, lo ganó hace un par de semanas, con su novela Entre los rotos, presentada en la quinta edición del Premio Mauricio Achar-Literatura Random House, el cual contempla la publicación del libro y un lauro de 300 mil pesos.Leer más

Ahí nos vidrios, carnal

Foto de  CNL/INBAL

Por Alfredo Alejandro Parra[1]

En memoria de Armando Ramírez

   Regina, la calle, nos encontró.

   Habían pasado muchos años sin que estrecháramos las manos Armando Ramírez y un servidor, desde aquellos lejanos, muy lejanos días cuando coincidíamos, dominicales, en el mercado de legumbres en el mero centro de Tepis, cuando iba  a comprarle dulces a su entonces pequeña hija, o cuando lo visitaba en su casa, allá por la añeja calle de Peralvillo.

   Un jovenzuelo aspirante a escribidor y un novelista que rompía esquemas “intelectuales”, con una historia nacida del vientre de un Barrio madre del que nadie quería hablar y mucho menos escribir.Leer más

Lengua vulgar, a propósito de política y planeación lingüística en México

Imagen de Gerd Altmann

Por José Fernando Castillo Mejía[1]

Desde el principio de los tiempos, todo evoluciona y seguirá evolucionando. Esa es la regla: adaptarse o morir. No es, precisamente, que los organismos tomen la decisión de cambiar, sino que es una necesidad adecuarse a las circunstancias y condiciones nuevas. La lengua, como la literatura, diremos, es un  ser vivo[2] y,  por lo tanto, debe atender a las mismas exigencias de la vida. Entendamos esto al punto; la lengua nació como una necesidad comunicativa del hombre, se desarrolló según las necesidades, maduró hasta el punto de ser norma y comenzó a cambiar para adaptarse a las nuevas exigencias comunicativas… Desde la economía hasta la iteración. La lengua vive y, para hacerlo, necesita reinventarse.

Siempre resulta difícil el tema de la lengua vulgar, la polémica que genera es grande porque ¿es esa lengua vulgar el resultado de la evolución de la lengua culta, o su simple corrupción? ¿Hasta qué punto es lícito el cambio de una lengua? Aún en nuestros días el dilema sigue a medias resuelto. Lo innegable es que el uso y no la norma determina el camino de las lenguas.

Entenderemos mejor esto si damos como ejemplo de norma la literatura. La literatura busca, regularmente[3], la corrección en el habla, por lo cual puede considerarse un buen ejemplo de norma. Sin embargo, podemos apreciar que la literatura no puede transformar la lengua como puede hacerlo el uso. Como diría Fulgencio Planciades (personaje de Alfonso Reyes): Eso que leemos en los libros no es el idioma, sino el retrato o reflejo de un solo momento del idioma. Es la fría ceniza que cae de la combustión de la vida. Es como la huella de los idiomas. Mas éstos siguen adelante y van caminado según las flexiones que les comunica el habla familiar[4]. En resumen, por mucho que una obra literaria pueda renovar la lengua (sea el caso extremo de la poesía, por ejemplo, donde la catacresis[5] intenta crear nuevas formas de designación a las nuevas realidades o, simplemente, a realidades distintas: la constante búsqueda de maneras novísimas para expresar lo subjetivo… Ese amor que no es el amor que todos conocen sino el que conoce el poeta en su individualidad.), no impone nuevas formas de uso sino hasta que el vulgo, mejor dicho, los hablantes en general aceptan y hacen suya la expresión. La lengua vulgar, en cambio, se encuentra en constante muda y búsqueda de las mejores formas de comunicación, conque logra desarrollarse a partir de la “prueba y error” hacia maneras más adecuadas para la expresión de la realidad que encaran los mismos hablantes.Leer más

Pedro Páramo y el estereotipo inconsciente del «padre mexicano ausente»

Imagen tomada de institutoculturaldeleon.org.mx  

Por Alberto Rojas[1]

Juan Rulfo, en su obra más icónica, nos sumerge en un confuso, melancólico y sombrío mundo atemorizante y lleno de penas; todo inicia con aquellas palabras que muchos de sus lectores recordaremos, recitándolas casi como una letanía: “Vine a Comala porque me dijeron que a acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo…”.

Más allá de las referencias históricas a un pasado que dejó heridas en la sociedad mexicana, que aún no cicatrizan del todo, Pedro Páramo está repleta de metáforas ―conscientes o inconscientes, no se puede saber con certeza― sobre las particularidades del arquetipo de la paternidad en México, y sobre sus consecuencias no solo sociales, sino individuales.

Si nos ponemos a buscar, incluso en nuestros conocimientos de cultura pop, seguro encontramos a un personaje varón, mexicano de nacimiento o ascendencia, desventurado en México o en el extranjero, cuyo padre no conoce o no ha visto en años. Autores que se dirigen al público infantil como Alire Sáenz o series populares estadounidenses están llenas de estos personajes. En ese sentido, es interesante observar que no solo culturas extranjeras perciben de esa forma la paternidad mexicana; los mexicanos mismos lo admiten a través de sus expresiones artísticas, sus conductas y sus decisiones colectivas. Y lo han hecho desde siglos.Leer más

Una X más en el mapa de la narrativa escrita por mujeres

 

Por Ximena Cobos CRUZ

 

En cierta parte de su recorrido por el papel de la mujer en la literatura, Virginia Woolf acierta a referir la producción poética, primer bastión de las escritoras, como «literatura de la queja». Continúa avanzando, revisando, dando ejemplos del desarrollo escritural de las mujeres; hallando aciertos y desencuentros con el fondo y la forma, hasta cerrar dejándonos la tarea más ardua como creadoras: conseguir engendrar obras que ya no dependan de las condicionantes de género que la sociedad nos obliga a vivir, a veces sin reconocerlo.

Pero qué pasa si la queja se vuelve denuncia, si la palabra se convierte en un lugar tomado como sitio de batalla, de resistencia desde la crítica. Qué sucede si reconocemos en la narrativa escrita por mujeres una realidad punzante que se repite a dos casas de la nuestra o a una lengua de distancia. ¿Cambia algo realmente? O será que nos es difícil asumir hasta en la ficción que cuando la mujer alza la voz no es simplemente una queja.

Pensemos en dos escritoras: Natalia Ginzburg (Italia, 1916-1991) y Nelida Piñón (Brasil, 1934). Si revisamos sus obras, resultaría difícil sostener que en su totalidad encierran una temática concentrada en el papel de la mujer en la sociedad. No obstante, entre todo lo que ellas produjeron hay dos cuentos de los que quiero hablar aquí: “La madre” (Ginzburg) y “I love my husband” (Piñón). Estos relatos, me gusta pensar, lograron denunciar lo que las feministas han tratado en las teorías, esa bella prosa académica que nos empodera en el discurso.Leer más