Por Víctor Hugo Ramos Rosas[1]
El paradigma absoluto de Occidente es, sin duda, la técnica. Comprendida no solo como el conjunto de ventajosas herramientas, máquinas y procesos realizados por la humanidad, sino también como una manera de ver y pensar la realidad del mundo. El enajenamiento que permea en la sociedad debido a un sistema económico de producción, cuya base es la explotación del trabajo y el trabajador, reduce todo (incluida la sociedad misma) a un mero objeto mercantil, el cual no es capaz de apreciar, en su completa esencia, la relación dialéctica que existe entre lo natural y lo artificial, entre Naturaleza y Tecnología.
La caverna donde vive este aturdido hombre unidimensional tiene una función singular: Le esconde que los individuos de cada época y periodo histórico se han producido a sí mismos a la par que también van construyendo el contexto del mundo, en el cual están correlacionados, indiscutiblemente, lo natural y lo artificial. El hombre de “Occidente”, guiado por un orgullo ciego, ha llegado a creer que puede —y debe— dominar a la Naturaleza por medio del uso de la técnica.
La técnica es el olvido del Ser asevera, concluyente,Leer más









