Universidad Autónoma de la Ciudad de México: de la huelga a la institucionalidad, la resolución de un conflicto.

Foto tomada de Telediario

Por Alonso Mancilla

La controversia sobre la elección al puesto de rector para la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, en la cual el V Consejo Universitario eligió a Galdino Morán como representante legal de dicha institución, como conflicto que se desata a siete años de la huelga del 2012 de esta casa de estudios, llamó la atención de la comunidad y la llevó hacia el debate entre la legalidad y la ilegalidad de la elección. Esta no es la primera vez que la elección se da de esta manera; como si fuera un copiar y pegar, el antagonismo estalla, sin embargo, la resolución es diferente.

Pero, a quién le interesa el conflicto interno de una institución educativa autónoma si no forma parte de su comunidad. Quizá se lo pregunten y por ello, antes de empezar quiero reflexionar sobre el conflicto, pues a lo largo de toda la historia de la humanidad ha existido ―y seguirá existiendo― ya que somos seres diversos, todas y todos con sueños y deseos particulares; somos sociedades diferentes, inclusive dentro de una misma nación ¿a poco en México son iguales la comunidad del norte y la del sur? O ¿la población de Iztapalapa y la de Polanco? Y es que ya desde lo religioso existía el conflicto ¿no se acuerdan que Adán comió la manzana prohibida y lo desterraron de aquel paraíso?Leer más

Camilo, el revolucionario que todos podemos ser

Por Alonso Mancilla

Camilo, el personaje revolucionario más querido que representa al pueblo cubano, era su imagen, como habría recalcado el Che Guevara en el prólogo de Guerra de guerrillas.

Camilo, la figura que se fragua sola y que tiene un destino dictado, al más puro estilo de la tragedia griega, pues viniendo de Estados Unidos, se incorpora a última hora al ejército revolucionario en un contexto donde todos dudaban de todos, donde la confianza era el tesoro sagrado para preservar la vida, la moneda de cambio de justicia y razón. Así pues, Camilo era ese sujeto al que se le ponía “marca personal”, al que se vigilaba día y noche, por la creencia de que iba a traicionar a la revolución, pero nada más alejado de la realidad.Leer más

LA UTOPÍA COMO POLITIZACIÓN DE LA CONCIENCIA

 Por Alonso Mancilla

El término utopía se ha utilizado de manera corriente en todos los sectores de las sociedades del mundo, ya que los países hegemónicos ─por no decir imperialistas─ y los agentes financieros internacionales han vulgarizado el concepto, convirtiéndolo en una palabra en boca de todos, no importando la clase social ni la ideología que la penetre. De hecho, en la propia academia se ha usado irresponsablemente, pues el término en ese espacio connota un sinónimo de lo irrealizable, un lugar que no existe o un imaginario que nunca se logrará, pero nada más alejado de la realidad.

La utopía política tiene un peso específico y si se analiza en un contexto concreto puede llegar a determinarse como realizable o no. Banderas Martínez, en su texto Utopía política: relaciones cognitivas y prácticas, sostiene que el discurso político tiene tres fuentes: 1.- la filosofía política; 2.- la ciencia de la política; y 3.- el discurso común u ordinario sobre la política. Es decir, a la política la condicionan tres cosas: un ideal que es la filosofía; la idea de Estado en la realidad, que es la ciencia política y el discurso para preservar ese ideal. O sea que la filosofía responde al por qué, mientras que la ciencia al cómo de los hechos concretos. Dice Sartori que en la filosofía la explicación subordina a la descripción y en la ciencia, la descripción condiciona a la explicación.

Por otra parte, Banderas afirma que la acción política es parte de la realidad política y es el hacer de los hombres, lo que significa que no sólo está precedido por el conocimiento científico de la realidad, sino que además puede estar motivado por deseos, sueños, ideales y utopías, que también forman parte de lo político. En otras palabras, la acción política está condicionada por tres tareas: la utopía o los ideales políticos que son la filosofía, el conocimiento concreto de la realidad que es la ciencia y el establecimiento de un discurso para preservar o transformar esa realidad. Por consiguiente, como aclara Banderas, el verdadero motor del proceso histórico no viene del conocimiento científico, sino de la filosofía, pues, como plantea Sartori, la filosofía ofrece un alimento que la ciencia no puede proporcionar: un fin.Leer más

¿PARA QUÉ LA GUARDIA NACIONAL?

Por Alonso Mancilla

“En lugar de matar y morir para
producir el ser que no somos,
tenemos que vivir y hacer vivir
para crear lo que somos”
Albert Camus

    El problema de la Guardia Nacional no radica en la militarización del país, tan sólo el tránsito cotidiano de la policía y el ejército por todo el territorio nacional ya es una forma de militarización ―aunque ambas tienen sus tareas específicas en la constitución y demás protocolos―. El problema se funda en la utilización de la guardia nacional. Así pues, quisiera abordar el tema por medio de dos interrogantes ¿a quién le sirve la guardia nacional? y cumpliendo su cometido ¿qué sigue?. Si bien el asunto del poder legítimo de represión es bastante complicado, pues nos encontramos entre diferentes conceptos básicos ―Soberanía, Sociedad Civil y Estado―, que si no se contextualizan se pierde la discusión, abriré un breve debate. Teóricamente, la legitimidad en la que se basa el Estado está dada por los contractualistas y liberales Locke, Rousseau, Montesquieu y, principalmente, Hobbes, que proponen salir de un estado de naturaleza en el que nadie puede asegurar su propiedad ni su vida, como dice Hobbes, “el hombre es el lobo del hombre”, por lo que hacen un contrato civil entre aquellos hombres libres y transitan a un Estado civil, que es la suma de voluntades en una sola voluntad soberana. Por consiguiente, ese Estado asegura la propiedad y la vida de aquellos hombres, situación que le da legitimidad para actuar por medio de la violencia, en representación del ejército y la policía, con el fin de preservar sus bienes y su vida.Leer más

La crítica social como denuncia; su efecto destructivo y constructivo

Imagen tomada de Mexicanos sin Fronteras 

Por Irving Garnelo Pérez[1]

garneloperezirving@yahoo.com.mx 

El presente artículo tiene la intención de exponer la necesidad que la realidad nos exige de sobrepasar la crítica, esa que se puede interpretar como crítica social, pues en cierta medida se ejecuta para hacer una demanda que puede llegar a tener un motivo legítimo. Si bien en el ámbito del periodismo se han hecho una serie de críticas referentes a todos los cambios que se suscitan por la administración de uno o varios partidos políticos, lo cierto es que pareciera que se sigue una tendencia ―que con el anterior sexenio era necesaria― que resulta ser una crítica social que pone de manifiesto los efectos caóticos y violentos de la impunidad y la injusticia.

En el gobierno del sexenio anterior no solo no se tuvo la capacidad administrativa de resolver varios conflictos generados por la corrupción, sino que en todo caso se resaltó una alianza entre grupos criminales y funcionarios corruptos que eran y son parte del gobierno del PRI. Frente a ello surgieron varias críticas, algunas para señalar a funcionarios corrompidos, otras para resaltar a aquellas minorías que han sido afectadas por las nulas políticas del Estado mexicano, otras para subrayar errores que se tenían al momento de procesar una ley o reforma, y otras para ser la voz de los grupos sociales oprimidos y violentados tanto por grupos delictivos como por las mimas autoridades.

En esos años, tales críticas en el ámbito del periodismo, pero también en otros, se formularon buscando, principalmente, ser una denuncia de las consecuencias dadas por la nula injerencia o por formulaciones de acciones políticas deficientes o bien de un sistema capitalista neoliberal que se señalaba y se sigue señalando como el generador de pobreza, desigualdad, violencia y una desmoralización en la sociedad. Todas esas críticas  aluden a que son denuncias sociales que se dan en los medios de comunicación, las cuales principalmente se formulan para poderlas compartir con el público que son grupos (mayoritarios o minoritarios según sea el caso) de la sociedad civil.Leer más

De pasajes y paseos comerciales, políticas públicas e intenciones subyacentes

Foto tomada de: Diario octubre

Por Ximena Cobos Cruz 

Estos meses de júbilo, descontento, incertidumbre, críticas prematuras y algunas acertadas es necesario hacer ejercicios profundos de memoria, no sólo pensando en que la memoria histórica es una de las grandes ventajas de los pueblos para no repetir errores y construir hacia el futuro. En ese sentido, hacer consciencia de las calles que transitamos en lo cotidiano, reparar en cómo las habitamos, mirarnos en ellas en perspectiva es reconocer o no cambios en las prácticas sociales de uso del espacio, lo cual sirve mucho en el análisis y crítica tanto de políticas como de acciones gubernamentales.

El Centro Histórico de la Ciudad de México es un espacio que guarda un simbolismo ligado a la identidad nacional por su naturaleza arquitectónica, la cual “reúne los testimonios de seis siglos (del XV al XX) de historia”[1], además de que en él convergen la presencia de tres Méxicos: el prehispánico, el colonial y el independiente[2] Esa huella histórica facilita la consolidación de discursos oficiales que promueven una idea de mito fundacional en dicho espacio y que extienden su valor mediante la protección de sus edificios, pretendiendo resguardar la memoria viva de la construcción de la nación, baste conocer que “de los 4200 edificios del centro, más de la tercera parte están catalogados como monumento histórico”[3]. Aunado a esto, su centralidad, como punto de partida del trazo de la ciudad, le suma importancia y lo convierte en el único centro de referencia a nivel social y político[4]. En ese sentido, como lo explica Monnet[5], al transformar el mito en discurso de propaganda y arrojarlo al campo de la lucha social se puede conseguir que sea un instrumento de movilización, por lo que, de acuerdo con Soltero, la razón de finalizar marchas o campañas en el Zócalo está en capitalizar su valor simbólico[6].

Leer más

La soberanía como herramienta de liberación: la propuesta de Venezuela

Imagen: «De Guevara a Chávez» por Bein Hein

Por Alonso Mancilla

Estados Unidos es uno de los pocos países hegemónicos, por decirlo de una forma políticamente correcta, pues el poder ha mitificado el concepto imperio, que no es otra cosa que pasar por encima de los otros Estados soberanos para conquistarlos y subordinarlos, ya que los extorsiona, amenaza y sabotea. No es nuevo que utilice a Juan Guaidó como herramienta para interceder “divinamente” en asuntos nacionales de Venezuela, pasó en México muchísimos años, por ejemplo, con la firma del tratado “McLane-Ocampo”, que sirvió para que el presidente Benito Juárez fuera reconocido por los Estados Unidos y para derrotar, con ayuda Yanqui, a los conservadores mexicanos que estaban en guerra (civil) con los liberales; por su parte, el presidente Porfirio Díaz cedió las aguas transfronterizas a Estados Unidos con la celebración del tratado de aguas, el cual dejó en gran desventaja a México; también utilizando a Díaz, se presentó el periodo de expansión, pero esta vez de forma económica, es decir, por medio de “fomentar las inversiones estadounidenses en este país y así lograr una paulatina y gradual integración económica de México a Estados Unidos (Herrera, 2011: 170), incluso, para 1910, Norteamérica había invertido en México 45% del total de las inversiones hechas en toda América Latina; en tanto, en 1923, Álvaro Obregón firmó los tratados de Bucareli para que Estados Unidos reconociera su gobierno como oficial, lo que significó un retraso en desarrollo por 30 años. No hablemos de la integración de México al Banco Mundial, a la OCDE, al FMI y la firma del Tratado de Libre Comercio.Leer más

A propósito de Venezuela

Por Stephanie Tania Fernández Ojeda

Filóloga y estudiante de Derecho.

stfo10@gmail.com 

 

En la serie de Netflix Salvados, el reportero Jordi Évole realiza dos entrevistas al expresidente de Uruguay, José Mujica, en una de ellas —y sólo para parafrasearlo— menciona que cada vez que la comunidad internacional pretende “salvar” o “ayudar” a un país que tiene una forma de gobierno dictatorial o lo que ellos creen que es dictatorial o abusivo, las cosas empeoran.Leer más

¿Por qué aún no es legítima la confrontación del EZLN?

Foto: El subcomandante Marcos y el presidente López Obrador en 1996, en San Cristóbal de las Casas. (Del libro “La mafia nos robó la presidencia”).

Por Alonso Mancilla

Para hablar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional nunca es tarde, menos ahora que las críticas al actual presidente, además de necesarias, se han vuelto constantes. Empero, la confrontación que hace el EZLN al nuevo presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, aún no puede ser legítima, porque este grupo no ha sabido construir un sistema de alianzas de clase que le permita ponerse al frente y posicionarse como el camino a la transformación de la sociedad. Leer más