Las hormigas nos regresarán a la tierra

Por Jonathan Mirus

Estefanía Angueyra, Vuelo sostenido, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Colombia, 2024.

 

 

Una de las cosas que como lector me parecen más curiosas es la manera en la que ciertos libros llegan a nuestras manos. Aún recuerdo el episodio “En este pueblo no hay ladrones” de Radio Ambulante, producido por la National Public Radio (NPR) de Estados Unidos en donde se narra cómo una primera edición autografiada de Cien años de soledad (1967) fue robada en la Feria del Libro de Bogotá, en 2015. El libro movilizó todo el país, incluso se amenazó con 20 años de cárcel al ladrón. Finalmente, y como por arte de magia (o de realismo mágico), la policía lo encontró abandonado en una caja en el barrio de la perseverancia. Al final, el dueño donó el ejemplar a la Biblioteca Nacional de Colombia.

De forma menos radical, la búsqueda de libros que realizamos quienes nos interesa gastar nuestro dinero en papel siempre nos lleva por lugares curiosos y a conocer diferentes tipos de personas. Joel Liborio, un personaje de Silao, Guanajuato, me enseñó a “pepenar” libros en todos los recovecos posibles de la ciudad. Por esta misma necesidad literaria, formamos un colectivo para intercambiar, vender y regalar libros en la ciudad de León. Ahora ya no “pepeno” tanto como antes, ahora, por lo general, busco mis lecturas en la virtualidad: desde pequeñas editoriales independientes hasta libros que quizás no me sería siquiera posible pensar que existen. Uno de estos últimos es Vuelo sostenido (2024) de la poeta colombiana Estefanía Angueyra.

Conformado por tres secciones (Reclamo de la tierra, Interior de nácar y Sustancia escasa), el poemario resalta por la fuerza de la voz lírica. La poeta en muchas ocasiones busca nombrar la violencia, aquella que bebe de la naturaleza y que se une a lo humano. En Reclamo de la tierra es más que evidente. Desde un inicio el lector se da cuenta de que las imágenes que propone Angueyra contienen una quietud que va escalando lentamente, hasta llenar el cuerpo del lector: “Cuando muera seré gran alimento / las hormigas me desmembrarán / me repartiré como azúcar” (“Árboles”, p. 19).

Así, como estas mismas hormigas, poco a poco los poemas proLeer más

El fuego de distantes estrellas

Un poemario para rebeldes con corazones de kyber

Por Diego Medina

 

 Y sepan esto, llegará el día en que todas estas escaramuzas y batallas, estos momentos de desafío habrán inundado las orillas de la autoridad de los Imperios y entonces habrá uno de más. Una sola cosa romperá el asedio.

Manifiesto de Nemik

 

Este poemario de Darío González se incorpora a la lírica mexicana como una rara avis que despliega su plumaje épico para extender el universo de Georges Lucas. Decimos rara avis porque el firmamento de la lírica mexicana pecaba de orfandad en cuanto a la ciencia ficción. Afortunadamente esta carencia ha sido bien atendida por el autor. Más allá de las palabras complacientes, El fuego de distantes estrellas se levanta como aquel viejo armatroste que conquistó el corredor de Kessel en doce parsecs para emprender conquistar la galaxia una vez más.

 

Sin duda los conocedores del universo de Star Wars, ya sea a través de las películas, los cómics, las series, las novelas o los videojuegos, reconocerán las afortunadas referencias a esa galaxia muy lejana de la que habla González. Una épica espacial que enfrenta a Jedis contra Siths, a rebeldes contra imperiales y al miedo contra la esperanza. Se habla aquí de la Estrella de la Muerte, de los Banthas, del Episodio IV, de blásters, de la Fuerza y de distantes estrellas. Una orgía de referencias que a pesar de todo no llega al fetiche, por el contrario, el autor reescribe, adapta, reconstruye el universo de Lucas para que el poemario pueda ser leído por feligreses y gentiles.

 

Vibrante, perifrástico y barroco, épico, a fin de cuentas, desde la pluma de González se nos introduce en una guerra a lado de los héroes que lucharon por la libertad y la justicia en una galaxia que no tiene nombre y que podría ser cualquiera, un acierto, ya que de esta manera el autor declara su independencia de su hipotexto, es decir, no estamos frente a un fanfic, sino ante un artificio literario mucho más sofisticado. Hay en este libro imágenes transparentes que logran arrebatar al lector del asiento: “como la verde tiranía”, y casi podemos ver el rayo de la estrella de la muerte caer sobre Alderaan, Jedha o Scariff, o “El cielo, en cambio, sacude su lomo, / esparce su coraza por nuestros sueños rotos” que sucede en medio de una batalla en los cielos, que bien podríaLeer más

Un texto queer raro, sobre Week-end en Zipolite de Armando Gutiérrez

Por Diego Medina

 

Decir solamente que una obra es interesante, pero no atreverse a decir que es bella, nos obliga a reflexionar lo que entendemos por arte. Habría que recordar que lo bello sólo es lo terrible que podemos soportar, como diría Rilke, y que no todo el arte goza de tal monstruosidad. Mas no por eso deja de tener valor artístico. Dicho en cristiano: el alma del arte no es la belleza. Una verdad difícil de tragar por muchos puristas y, sobre todo, por aficionados al arte en cualquiera de sus expresiones.

 

Cuando leí Week-end en Zipolite y otros poemas póstumos me quedó claro que no estaba ante una obra que desbordara belleza, sino ante una propuesta interesante. Sabedor de sus recursos escriturales, Armando Gutiérrez Victoria, cuenta la historia de la muerte de A.G.V. a través de una serie de poemas que pueden dividirse en tres secciones. La primera parte titulada “A propósito de la vida y obra de A.G.V.”  gira en torno al descensus ad inferos de A.G.V. y se hace una semblanza del occiso a través de una serie de poemas que llevan títulos como “Esquela del domingo” y “De un Arcángel que está leyendo esto”.

 

En la segunda parte, titulada “Poemas póstumos y otroLeer más

Una poética en expansión

Hablemos de Mi nombre no es Ícaro de Eriko Stark

Por Diego Medina

 

Cada día me convenzo más de que la vanguardia de la poesía mexicana está en la poesía arropada bajo las seis franjas del arcoíris. Y en la poesía de Balam Rodrigo. Hace un año se publicaba El hombre que no se parecía a un caballo de Eriko Stark, un poemario que sorprendió a muchos, ya que su Divino poemario (2019) no había nacido bajo una buena estrella. Muchos pensamos entonces que Eriko había encontrado su forma de decir las cosas, el color de su voz y no estábamos equivocados.

 

Hoy nos convoca el nuevo libro de Stark Mi nombre no es Ícaro, publicado por la editorial Amatliöque. Nos encontramos ante una poética consolidada, elementos que funcionan como la huella digital de su literatura, altas y bajas propias de esa determinada manera de escribir y estrategias escriturales ya conocidas por sus lectores. Sin embargo, los temas abordados por Eriko gozan de buena salud, pues si bien la experiencia homosexual empapa las páginas de este nuevo engendro poético, encontramos también reflexiones concienzudas sobre la naturaleza de nuestra ciudad y nuestro pueblo. Desde una perspectiva queer, claro está.

 

Antes de hablar de las virtudes literarias de esta nueva entrega, me gustaría señalar algo que me pareció chocante. Primero, una de las secciones titulada “Tepito tenía el corazón” me parece más bien un ensayo dividido en versos. Pudo haber funcionado mejor como un poema en prosa. No entiendo por qué nuestro autor dividió este texto que claramente funciona si se lee a renglón seguido. Incluso me habría parecido más inLeer más

“Alegría”

El lenguaje del vino en Jorge Luis Borges

 

Por Diana Peña Castañeda[1]

En tanto alegría, el vino solo puede hallarse en el paraíso sensorial. Eso es lo que nos comenta Borges en su soneto al vino. En cada verso deja claro que la bebida no es una casualidad, es símbolo porque integra la comunión del rito. Desde una ceremonia hasta un gesto de hospitalidad se prolonga el significado de lo que somos como humanos.

 

También está presente cuando en solitario, el alma habla de sus más profundas intimidades para revelar verdades ocultas, entonces construir historias que después harán reír o llorar. Como consecuencia, se podría decir ciertamente que el vino tiene la virtud de la inmortalidad porque cada sorbo significa una eterna celebración de tiempo y de memoria. No es azar entonces que el poema abra con la siguiente pregunta:

 

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa

conjunción de los astros, en qué secreto día

que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa

y singular idea de inventar la alegría?

 

El otoño es una estación, época de abundancia. La uva destella sus aromas a cítricos anunciando la vendimia. El lagar se prepara para recibir una a una toda la fragilidad de la fruta, la prensa hasta que en la pulpa se vislumbra la acidez roja. Entonces en las barricas el mosto se vuelve flamante con su música invisible de burbujas. La lentitud va a su ritmo, como debe ser porque el paisaje entero se consagra a la ensoñación de un renacer.

 

Es sabido que, para madurar, el vino necesita el río del tiempo; debe mantenerse en botellas de vidrio verde o ámbar; almacenarse, ojalá en cavas oscuras y frescas atendiendo la temperatura y la humedad. La paciencia es subliLeer más

Una lengua peligrosa

Cosas que hay que decir sobre Todo era por ser fuego de Roberta Marrero

 

Por Diego Medina

 

Con cariño para Sergio Caballero, quien tuvo a bien facilitarme su ejemplar de esta obra

 

¿Cómo se habla de la diferencia? Es decir, ¿cómo se habla de aquello que no es visible a nuestros sentidos ni sensible a nuestras intuiciones? Durante mucho tiempo, hasta ayer todavía, se vivía como si la experiencia trans no tuviera nada que decirnos del mundo. Se daba por sentado que las y los trans eran una raza de humanos averiados, susceptibles del odio y de la lástima. Pero esto ha ido cambiando poco a poco y cada “Maricón, trava, puto, cáscara amarga, joto, loca, palomo, cojo, travesti, bujarrón, marica, fuego, sida, medio hombre, media mujer” ha ido reconociendo en su voz una manera diferente/nueva de decir muchos mundos.

 

Una de esas voces habló por última vez el 7 de mayo de 2024 para dejarnos un mensaje desde las entrañas de la experiencia trans: “Los amo a todos”. Roberta Marrero se suicidó en su departamento de Madrid y dejó una nota con este mensaje a sus deudos y a sus fans, pues la escritora también había sido DJ, actriz y artista plástica. El libro que hoy nos convoca fue publicado en 2022, pero el sendero de sus palabras se nos revela como un testamento de paz y lucha para los dolientes del mundo, para lxs heridxs, para los marginadxs y, desde luego, una confesión de plenitud ante la vida. No había nada a lo que Roberta le tuviera miedo. Excepto tal vez a la falta de amor: “Me pregunto, dónde está la tumba de nuestro amor […]  Una cosa es segura. Es una tumba sin flores”.

 

No quisiera dedicar estas páginas a hablar in memoriam de, me parece que la tarea ha sido muy bien abordada por amigos y periodistas. Por el contrario, quisiera compartir mi asombro ante algunas de las líneas que más me han conmovido en lo que va del año. Hay momentos en que los poemas de Marrero pecan de “simplicidad”, de, digámoslo así, ir desnudos o estar crudos, así como la repetición de temas e imágenes a lo largo del poemario —serán frecuentes las referencias a Santa Teresa, a Lemebel, al derrumbamiento de la dicotomía hombre-mujer, el culto a la diosa femenina, etc—. No obstante, la lengua de Marrero vibra como reflejo de la autenticidad desde la que escribía nuestra autora.

 

No son pocos los poemas que relucen como diamantes en la pedrería de una noche trans, destacan “Proletariado del amor”, “Navajas”, “Desde el silencio” y “Cuerpo trans”. La poesía de Marrero orbita lo político y lo privado con la lucidez de quien ha vivido la victoria de ser ella misma: “Uso la palabra travesti porque es más pictórica, más poética, más salvaje, menos médica, menos complaciente. / Suena a lumpen, a peligro, a furtiva, a una estrella del Music Hall / ¿Quién quiere ser solo una cosa cuando puedes ser miles?”

 

Sin embargo, hay espacio en esta entereza para las contradicciones, materia del ser humano, la complejidad, el oxímoron, lo edgy, la antítesis, es una fuente barroca de la que abreva nuestra autora, con la sensualidad suicida de quien no tiene nada que perder en esto del deseo y del amor, por ejemplo: “Quisiera tu flecha en mi corazón, quisiera hacer el amor pero las proscritas solo tenemos la soga al cuello, nunca nos besan”  o “Gracias por la violencia, por la arrogancia, por tu opinión, realmente la necesitaba como un chuchillo necesita una pistola”.

 

La “militancia” de sus versos, por otra parte, no se reduce a la experiencia política —aunque “las travestis hasta dormidas son políticas”, como ella misma expresa en otro verso—, sino que hay una militancia por y desde la ternura. No desde la lente cursi de lo romántico, sino desde la perspectiva trans, una perspectiva que clama por la igualdad desde la herida: “Una vida como la tuya querido lector lectora cis”. La poesía de Marrero nos abre una ventana a un mundo diferente, que había permanecido invisible para quienes no sospechaban que detrás de la experiencia trans hay un jardín y una tormenta. Como lo dice la propia Roberta: “Soy una cosa visible a través de otra”. A todo esto, ¿cuál es el peligro detrás de la poesía de Roberta? Pues que después de leerla nos dé curiosidad de leer a más poetxs trans. El de no poder volver a ver las cosas de igual manera y de que el horizonte se nos haga más ancho. Es decir, lo peligroso de Roberta es que nos deja con ganas de más.

 

Antes de hablar de nimiedades, materiales, costos y demás, es importante hablar de la portada; una fotografía de la primera comunión de Roberta —antes de transicionar, desde luego— sirve como portada. Un detalle no menor en un poemario que poetiza la identidad, la transición, lo invisible y lo político de una, también, artista plástica. El precio de este libro ronda entre los $400 y los $800 pesos en compras en línea. Nuestra calificación para esta libro —que es de mis favoritos del año— es de 4.6/5.

 

En Poder Descanse Roberta Marrero

 

 

El voluptuoso duelo en “Jirones del deseo” de Rubén Fischer

Por Diego Medina

 

Hace algunos meses llegó a mis manos Jirones del deseo, un poemario editado por la Editorial CCH Vallejo, de la UNAM; un libro raro, queer, musical y melódico-melancólico, en el sentido griego de la palabra, Melos: dulce, Cólicos: dolor, autoría de Rubén Fischer, quien labora como docente en dicha institución educativa. Antes de comentar algunos aspectos clave del libro, es necesaria una reflexión sobre el papel de la UNAM en la promoción de la cultura y, en específico, de la literatura.

 

Durante mucho tiempo la máxima casa de estudios —lo escribo en minúsculas muy a propósito— fue un faro de conciencia, esperanza y lucha, un motor de movilidad social y templo del pensamiento crítico. En sus imprentas se editaron libros clave de la literatura nacional, incluso hoy la revista y el concurso Punto de Partida conservan algo de aquella aureola de prestigio, producto de su audacia para publicar autores noveles, pues si bien hay esfuerzos como Vindictas o Piso 16, la verdad es que la Universidad Nacional Autónoma de México ha declinado este protagonismo en la vida cultural del país. Una tragedia.

 

Por eso me entusiasmó este poemario, porque apuesta por autores VIVOS, sin embargo, el sentimiento final fue más bien agridulce, pues si bien se nota el entusiasmo y apoyo de las autoridades involucradas por reconocer el trabajo de Fischer y materializarlo en un libro físico, también es cierto que los materiales, el diseño y el cuidado editorial deja mucho que desear de parte de la máxima casa de estudios. Un empastado más bien descuidado, un lomo pegado con bordes irregulares producto de un mal secado del pegamento y un formato que le otorga más bien apariencia de devocionario que de poemario. Esta obra merece mucho más respeto y amor que el que la modesta Editorial CCH Vallejo le pudo dar. No se tome esto como un reclamo grosero para los invoLeer más

“Esperanza” guiso de lentejas

 entre los cuentos de los hermanos Grimm

 

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

Si hay algo que ha perdurado en la memoria de la humanidad con una extraordinaria extensión en tiempo, geografía y cultura, son los cuentos de los hermanos Grimm. En ellos habitan doncellas durmientes, madrastras envenenadoras, sapos que esconden reyes, brujas que devoran niños, hadas que auxilian y animales que hablan, informan o presagian. Cada historia, desde su dimensión fantástica metaforiza las realidades y conflictos de la vida.

 

Para los hermanos Grimm, estas narraciones que describieron como “pequeños trozos de una joya rota esparcidos por el suelo, cubiertos de hierba y flores”, eran fragmentos de las recordaciones populares que debían rescatarse antes de que fuesen relegadas al olvido. Sin embargo, su intención estaba lejos de entretener a niños. En una época de guerras napoleónicas, tensiones sociales, hambrunas y miserias, sus versiones originales reflejaban castigos brutales, finales aterradores y advertencias severas a no transgredir la obediencia, considerada la primera virtud de toda moral.

 

Y aunque más tarde la industria editorial y cinematográfica sustituyó el terror por finales mágicos para hacerlas más aceptables, la esencia inquietante de estas historias nLeer más

Con R de reality. Entre el éxito del morbo y la soledad

Por Diego Medina

 

En memoria de Jesús Laiza e Isaí López, ¡JUSTICIA!

 

Esta novela póstuma de Luis Zapata Quiroz me ha dejado un sabor agridulce después de terminarla. El libro sigue la historia de Ramón Villafuerte, un presentadore de televisión que organiza un reality show en el cual reúne a un grupo de enfermos terminales para competir por un premio millonario, la premisa es fácil: aquel que muera primero gana, desde luego, el premio será entregado a los familiares o beneficiarios del difunto.

 

Una idea que, aunque suene tentadora, se nos antoja imposible de este lado de las páginas, pero no por ello inverosímil, de hecho, Luis Zapata Quiroz logra jugar con el “tradicional” humor del mexicano ante la muerte, el morbo de la modernidad, la malicia cuir y los realitys, así como con la crisis existencial del protagonista, elementos que tejen una novela divertidísima e irónica, sobre las relaciones personales, las corporalidades, los fenómenos massmedia, el éxito profesional y el fracaso amoroso.

 

Ramón Villafuerte alcanza el éxito profesional mientras su vida personal se dirige hacia el fracaso y para cuando se da cuenta de eso ya es demasiado tarde. Las historias de los participantes del reality “Muérete y gana, que se intercalan con la historia de Ramón, rayan en el patetismo, por eso es fácil empatizar con ellos, pero son hasta cierto punto predecibles. No así Leer más

A veces, lo más sugerente que una mujer debe hacer en una cocina es, simplemente, negarse a cocinar.

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

Estoy aquí porque me dijeron que debía estarlo.” (Rosario Castellanos).

 

En Lección de cocina, la comida es narrativa y símbolo porque representa el precepto de género en femenino. En el cuento, Rosario Castellanos retrata a una mujer recién casada que, sola en la cocina, descubre que ese espacio no le pertenece. No es antipatía, es que no lo entiende, no lo eligió, no lo desea, y sin embargo está allí porque alguien (la sociedad, la costumbre, la lógica por defecto) le dijo que así debía ser. Pero ella no evade el momento, tampoco, la historia que nos relata es una negación del matrimonio como posibilidad genuina de libertad.

 

Al contrario, convierte ese lugar de fogones, tiestos, comidas y olores en un territorio de conciencia para cuestionarse profundamente, desde una perspectiva crítica, el modo en que esta institución ha sido históricamente usada, especialmente en contextos tradicionales como una forma para limitar a las mujeres. Por eso su pregunta:

 

¿Qué me aconseja usted para la comida de hoy, experimentada ama de casa, inspiración de las madres ausentes y presentes, voz de la tradición, secreto a voces de los supermercados?”

 

No, ella no se dirige a otra mujer, no está haciendo una consulta sobre qué cocinar. Ella pone en el caldero, con un estilo de elegante ironía, a esa suerte de autoridad invisible que, desde los recetarios, revistas femeninas, etiquetas de supermercados dicta el comportamiento femenino en el matrimonio, entonces, en la sociedad. Por supuesto, cuando menciona a las madres ausentes y presentes, habla no precisamente de una inspiración, sino de una herencia impuesta sobre aquellas, eleLeer más