‹‹Tinta en las uña››. Siempre es tiempo de ser rebeldes

Por Ximena Cobos Cruz

Los años han pasado un poco borrosos, el tiempo pandemia parece haber ocurrido con una velocidad distinta que provoca que no se sienta que fue hace ya casi seis años cuando estalló un hermoso encuentro entre mujeres que deseábamos llenar nuestros libreros con otras mujeres; que pusimos en marcha la reconstrucción de una genealogía que reuniera a nuestras madres simbólicas de la literatura—retomamos mucho a Marcela Lagarde y hoy ya también tenemos otras referentas teóricas—, sacando toda la molestia de haber leído una vez tras otras, durante años y años de formación, hombres que no pueden más que construir personajes femeninos que nos encierran y sostienen mandatos de un deber ser femenino que siempre nos ha quedado chico a las mujeres de carne y hueso. En el recuento unas van y otras vienen; surgieron premios, colectivas, fanzinas, publicaciones independientes, autopublicaciones, talleres de creación literaria de mujeres para mujeres, encuentros y editoriales como ‹‹Tinta en las uñas››.

La institucionalización de todo esto que hicimos trajo consigo cosas hermosas como reediciones para que pudiéramos volver con un pelito más de facilidad a las ancestras. Sin embargo, hay un ente voraz dispuesto siempre a engullir toda resistencia, anomalía, incluso cualquier goce que no depende de él. Así es como las grandes editoriales cooptaron este bello acontecer histórico en que nos hicimos justicia luego de los años en los que permanecieron ocultas, casi borradas, las escritoras que nos impulsaron a emprender un recorrido de sabernos nosotras también mujeres que escriben y crean. Por ello, hoy cada vez con más ganas sigo pensando en la necesidad de hacer una historia de las publicaciones y editoriales independientes en Latinoamérica que, además, muchas veces fueron sostenidas por mujeres como Victoria Ocampo, Aída Cartagena, Margareth Randall, Victoria Slavusk, Diana Machiavello y otras tantas que yo no sé nombrar todavía. Porque son proyectos que permitieron construir una carrera literaria a escritoras y escritores, aunque la única carrLeer más

“Duelos y quebrantos”

Una receta muy quijotesca

 

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

Sin sombra de equívoco, sabemos que la de don Quijote es la historia de un hombre que ha entregado la cordura a la fantasía. ¿Acaso la culpa es de su delirio por la literatura caballeresca? Sabemos que su aspecto lánguido y pálido no le hace justicia a sus ideales de redentor de las causas más nobles. Del Quijote sabemos que tiene un fiel amigo: Rocinante, un escudero a quien desea educar: Sancho, y una amada indiferente: Dulcinea.

 

También conocemos su debilidad por la comida, no en el sentido de la gula insaciable. Sí del decoro, porque para él el buen comer es el fundamento de la salud corporal. Por eso le recomienda a Sancho mantener los modales en la mesa del mismo modo que al actuar: masticar despacio, en cantidades razonables, no eructar en público, beber el vino en forma moderada de tal forma que la palabra no se ande con ligerezas.

 

Ese recato gastronómico de la novela también es el retrato social de la época. La aristocracia y los cLeer más

“Reminiscencias”

Torta navideña del cuento “un recuerdo navideño” de Truman Capote 

 

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

Navidad es viajar por los aromas y sabores más preciados de la infancia, eso diría un hombre recio como Truman Capote. Una enorme estufa negra, una mañana invernal de noviembre en Alabama, coronas de acebo en las ventanas del viejo caserón, dos cometas que los harán señores del viento. Buddy, siete años, su prima, también una niña de sesenta y tantos.

 

“Cada uno de nosotros es el mejor amigo del otro. Ella me llama Buddy, en recuerdo de un chico que antiguamente había sido su mejor amigo. El otro Buddy murió en los años ochenta del siglo pasado, de pequeño. Ella sigue siendo pequeña.”

 

La amistad hay que atesorarla. Ellos lo hacen con montones de harina, huevos y frutas especiadas en licor. El whisky está prohibido. Pero ella sabe a quién comprarlo. Paga con monedas ahorradas.  

 

“No obstante, se retira hacia las sombras del bar y reaparece unos cuantos segundos después con una botella de contenido amarillo margarita, sin etiqueta. Exhibe su centelleo a la luz del sol y dice: —Dos dólares. Le pagamos con monedas de diez, cinco y un centavo. De repente, al tiempo que hace sonar las monedas en la mano cerrada, como si fueran dados, se le suaviza la expresión…”

 

 

Pero los negocios son negocios. El temible Mr. Jajá con esa gran cicatriz que le atraviesa la cara solo pide a cambio unas cuantas tortas.

 

 

“—¿Sabéis lo que os digo? —nos propone, devolviendo el dinero a nuestro monedero de cuentas—. Pagádmelo con unas cuantas tartas de frutas.”

 

Una sonrisa de ella y el trato está cerrado, Mr. Jajá es un “hombre encantador”. Lo que sigue son cuatro días de intenso trabajo hasta obtener 31 tortas para amigos entrañables.

 

 

Receta

Tiempo de preparación: Una hora

Tiempo de cocción: 45 minutos

Porciones: 10 -12

 

Ingredientes:

Dos tazas de frutos secos (nueces, almendras)

Dos tazas de frutas (pasas, ciruelas, piñas en lata, cerezas y brevas en almíbar)

Dos tazas de harina de trigo

Una cucharada de especias (canela, clavo y jengibre en polvo, nuez moscada)

Una cucharadita de vainilla

Una taza de mantequilla sin sal

Dos tazas de azúcar blanca  

Media taza de ralladura de limón y naranja

Seis huevos

Tres cucharadas de color quemado de panela

Dos cucharaditas de café instantáneo disuelto en dos cucharadas de agua

Media taza de whisky o ron (reservar una parte)

Una botella de vino tinto dulce (reservar una taza)

 

Preparación:

Picar los frutos secos y las frutas.

Disponer en un recipiente y añadir el licor. Conservar por unos días.

Precalentar el horno a 180oC.

Cremar la mantequilla y la azúcar.

Agregar la vainilla, el café, la ralladura de limón y naranja.

Agregar los huevos uno a uno.

Tamizar y agregar los secos.

Agregar el quemado de panela.

Agregar las frutas en conserva.

Disponer en un molde engrasado y enharinado.

Hornear durante una hora.

Humedecer la torta con la mezcla de la reserva de licores.

 

El principio de realidad de Un recuerdo navideño de Truman Capote no es hacer la torta, ni conseguir whisky, ni inventar los regalos. Es atender las reminiscencias que emergen ante el impulso más sutil cuando se está en la cumbre de la adultez. Entonces, por qué no sentarse a su lado, descolgar los pies y paladearlas, en silencio como se hace con esas cosas que son fugaces y escasas.

 

 

 

 

 

[1] Comunicadora Social, especialista en Comunicación Organizacional, Magister en Ciencia Política. Interés en escribir sobre la comida como elemento narrativo en la literatura y como arte simbólico de la memoria social.  linkedin.com/in/dianapeñacastañeda

@la_libreria_patisserie

 

 

Leer a Tenoch, reflexiones sobre la amistad y la literatura gay

Por Diego Medina

 

 Hace tiempo conocí a Tenoch en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, sostuvimos una amistad y luego, cosas de la vida, nos distanciamos. Cuando me enteré que había publicado un poemario no me sorprendí, el talento es un cheque en blanco que se cobra tarde o temprano. Pero no hice gran esfuerzo por conseguir su libro, el resentimiento pudo entonces más que mi afición por la literatura gay. Debo mencionar también que durante este 2024 me enfrenté a situaciones que me alejaron de la literatura en general.

 

Cuando superé este golpe de la bifrontal Fortuna y volví a la universidad, sostuve una conversación con una amiga que, palabras más, palabras menos, me dijo “…lo bello de la literatura es que hace que pongamos a un lado nuestras diferencias y se convierte en una bandera por la que luchamos juntos”. Poco tenía que ver aquella conversación con Tenoch, pero aquellas palabras me hicieron eco ¿cuántas veces no me quejé con amigos de que fulanito o perenganito ignoraban deliberadamente mis letras por cuestiones personales? ¿cuántas veces no me negaron espacios y reconocimiento personas con poder a las que les resultaba antipático? (Yo no tengo poder alguno, ni considero que mi voz tenga “autoridad” más allá de la que le da mi honestidad).

 

Pensaba en el daño que le ha hecho a la literatura la soberbia y el orgullo infecto de los escritores, cuando una amistad me comentó que Tenoch había dedicado uno de los poemas dLeer más

La virgen del sado: el péndulo entre el eros y el thanatos

Por Diego Medina

La antología de cuentos de Fernando Yacamán me fue recomendada por diversas amistades, algunas especialistas en literatura gay, otras a las que el libro les llegó por mera casualidad, sin embargo, todos coincidían en que era un libro que disfrutaron a plenitud. Cosa rara cuando los críticos y el gran público comparten puntos de vista. El cuento que le da título a la antología es mi segundo favorito, “La virgen del sado” cuenta la historia de un encuentro sexual en una vecindad, las descripciones hipotácticas de Yacamán crean una atmósfera densa, algunos amigos decían que consideraban que la estética de la novela rosaba los linderos del realismo sucio.

 

Estoy parcialmente de acuerdo, es cierto que este cuento, y otros, desarrollan sus historias en espacios marcados por la violencia, la indigencia, la marginalidad, la pobreza y las drogas, sus personajes están atravesados por las adicciones, las experiencias paranormales-místicas, el furor y la ansiedad, pero hay cuentos como “Sapo” y “Uróboros” que se sustraen de estas constantes.

 

Por un lado, “Sapo” tiene un componente fantástico mejor trabajado que en “Zafra” y “Noche menguante”, sus personajes pertenecen a una clase social más favorecida que los del restLeer más

Violetas y claveles: vale la pena trabajar por un jardín en el cual ser libres

Por Diego Medina

 

Este viernes 6 de diciembre se presentó en Somos Voces la antología Violetas y claveles que reúne a los ganadores del Premio de Poesía PRIDE Antonio Alatorre 2023, el cual fue organizado y subvencionado por Andrea E. Reynoso. La antología tiene un costo de $200 (doscientos pesos), y debo decirlo: los materiales no son los mejores, de hecho, las hojas sólo están engrapadas, no cuenta con un índice y el ejemplar que adquirí tenía páginas con la tinta chorreada. Sin embargo, la selección de Andrea es un diez total, algunas de las mejores plumas de la joven poesía cuir mexicana están reunidas en esta antología, unas de ellas ya reseñadas en esta columnita semanal, como es el caso de Alejandro Miravete y Eriko Stark, otras de las cuales hablaremos muy pronto como las de Bladimir Ramírez y Rubén Fischer, así como algunas novedades para este que les escribe.

 

Quiero detenerme un momento en el hecho de que tanto la convocatoria, la edición y la impresión corrieron a cargo de Andrea E. Reynoso, una entusiasta de la obra de Alatorre, que a través de este concurso honra la memoria del sabio de Autlán (de quien por cierto el Fondo de cultura Económica editó Migraña, una novela póstuma e inconclusa). Como alguien que ha hecho fanzine, que publica en editoriales independientes y que hasta hace poco no había tenido ningún estímulo del gobierno (y que descubrí por la mala que el gobierno paga mal y tarda en pagar), no puedo sino asombrarme, maravillarme y aplaudirle de pie (desde estas páginas las veces que sea necesario) por su labor editorial, de difusión y de gestión cultural. No es fácil ser jurado en unLeer más

Aciertos y desventuras de una Ópera Prima

Sobre Polirritmia Primera rapsodia: Como Aquiles y Patroclo

 

Por Diego Medina

La distancia entre el primer paso y la cumbre no siempre es la misma, a veces está condicionado por nuestra determinación, por la horma de nuestros zapatos, por lo sinuoso del camino o por el talento, ya sea que abunde o que escasee. Hay escritores que acometen la hoja en blanco con un ímpetu similar al del montañista que está frente al pico más alto del Himalaya, que repasan sus borradores, memorizan los versos que no convencen su imaginación para encontrar una solución a los acertijos de la esfinge que a veces se traviste de musa. Hay poetas que experimentan, que juegan a los siglos de oro, a las lánguidas voces de los grecolatinos (ecos apenas distinguibles en los altavoces de la hiper modernidad), a las aguas del Guadalquivir donde García Lorca jugaba a los pastorcitos y la Guerra Civil, hay poetas que dan la pisada en falso y caen, desde la altura de las cumbres que pretendieron conquistar.

Nos pasa a todos. Sobre todo en nuestros primeros poemarios. Me pasó a mí con El llanto es un perro inmenso, que dejó fuera mucho de lo mejor e incluyó mucho de lo que creí más “adecuado”, le pasó aLeer más

¡Manos arriba, esto es un Gangbang! 

Reflexiones sobre el FETA y un poemario de Óscar David López

 

Por Diego Medina

Las ferias del libro padecen una enfermedad común a las iniciativas culturales, ya sean públicas o privadas, no están dirigidas a los lectores, sino que funcionan para deshacerse de lo que no se ha vendido, salvo honrosas excepciones. Si las ferias del libro sirven, entre otras cosas, para que las editoriales rematen sus bodegas, las ferias del libro universitario rematan las migajas de esas ferias, pero ninguno de esos libros que se venden en 20, 30 o 40 pesos ha sido exhibido en los estantes de las librerías públicas, en librerías pequeñas, ni mucho menos en los estantes de las empresas transnacionales.

Sucedió con Gangbang, un poemario de Óscar David López, que encontré hace dos años (2022) en una feria de libro universitario en el stand del Fondo de Cultura Económica por 20 pesos, el título llamó la atención del sodomita que les escribe, lo hojeé y descubrí que en efecto se trataba de poesía homosexual, pero al revisar la solapa descubrí que el libro había sido publicado en 2007, lo que quiere decir que pasaron 15 años para que el libro, de un tiraje de 2000 ejemplares, llegara a las manos de un lector que era parte de su público objetivo: un maricón.

Aplaudo, y no es una flor al gobierno de la 4T, que Paco Taibo esté rescatando de la polilla estos títulos, que esté vaciando las bodegas para poner estos títulos en circulación, pero he aquí una demanda: que estos libros lleguen a su público, que el Fondo ponga a la venta estos libros en los lugares de encuentro, que se abran pequeñas vitrinas en los Vapores, en el cine Savoy, en  la parte trasera del último vagón del metro o que por lo menos haya un stLeer más

El chisme no es un género menor, sobre “Damas y adamados” de Antonio Bertrán

Por Diego Medina

Cuando le presenté a Ximena Cobos la primera reseña sobre literatura QUEER pensé en la historia de la crítica, porque las literaturas que no hablan del deseo heterosexual, de las hazañas del hombre blanco, de los “problemas importantes” como la guerra, la economía o las ciencias (al servicio del capital), esas literaturas que no hablan del cuerpo de la mujer como un territorio de conquista, de las literaturas que no hablan del ano como un tabú escatológico, quedan relegadas a lo marginal, a la nota al pie de página, a un comentario en las charlas de café (ni siquiera a una ronda de opiniones, no, sólo a un comentario escueto y sin retórica). Por eso me comprometí a escribir una reseña semanal sobre literatura queer, que es el campo que me atañe, porque alguien tiene que hacerlo, no alguien en el centro del poder, sino alguien que pueda hablar libremente de la literatura, sin temor del poder.

Pensaba mientras leía Damas y adamados. Conversaciones con protagonistas de la diversidad sexual, de Antonio Bertrán, carismático reportero fundador del pasquín inmundo (y jtísimo) Reforma, ciclista y seropositivo en voz alta, que uno de los géneros literarios más infravaloradas es el chisme, fíjese usted. Visto por algunos como una práctica perniciosa, por otros como un placer culposo, pero disfrutado por tLeer más

El calambre se deshace no haciendo nada

 Contando las horas con los dedos, Jonatan María Reyes (2022)

Por Francisco Casado[1]

Así como en el ejercicio físico y el ejercicio de una profesión debe existir cierta pulsión de vida, el ocio encarna también una. Sirve para estirar el desasosiego, deshacer el calambre que contrae a la vida. Motivo por el cual, siguiendo la lógica poética de Octavio Paz, el ocio cuenta como material para la poesía: secuencia de posiciones que Jonatan María Reyes (Santurce, Puerto Rico) ha plasmado en Contando las horas con los dedos (2022), editado por Herring Publishers, con ilustraciones de Anton Reyes.

Recuerdo a papá reclamando que no debería estar sin hacer nada, incluso en domingo. Cuando tuvo mi edad, decía, no desaprovechó ninguna de las excursiones con sus amigos, ningún juego de frontón; andar en bicicleta, ir al estadio de fútbol. Él prefería cualquier cosa, menos “estar echado” sin hacer nada, de ocioso. Hoy le hubiera dicho, a mí también me hubiera encantado tu tiempo, con menos horas de trabajo, menos tráfico, y un mayor poder adquisitivo; sin embargo, aquí nos tocó vivir: entre el quehacer y el reposo del cuerpo antes de seguir cumpliendo un contrato por tiempo definido.

                        EXT | 11:23 PM

 

                        me devuelvo. mi espacio público favorito

                        anda cerrado por renovación,

                        lleno de cintas amarillas, letreros, vallas y escombros

                        hasta nuevo aviso.

                       

                        regreso por la acera más ajetreada con las ganas

                        de ver dentro de los negocios la gente que interactúa

                        al ritmo de las bolas de billar

                       

                        no sin antes parar en el colmado,

                        poner una canción familiar en la vellonera

 

                        amagar con dilatar el eco

                        de un lugar feliz, ya cerrado 24/7 (Reyes, 2022, 16)

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