Por Ernesto Contreras
¿Y quién no ama sin esperanza?
¿Y quién no merodea tus cementerios?
¿Quién no goza con ginebra barata?
¿Quién no tomó partido por Lucifer?
(Delirios Nihilistas, 2023)
Como Aníbal Malaparte ha dejado en claro en no pocas entrevistas, él llegó a la literatura por la doble vía de los poetas malditos del siglo XIX y los poetas revolucionarios del siglo XX. En más de un sentido, eso explica tanto la temática como el estilo de su poesía.
Su obsesión por Vladimir Maiakovski también se encuentra documentada en su propia obra. Maiakovski no es solamente un poeta que regaló a Malaparte una forma de entender la poesía relacionada con la iconoclastia y la militancia revolucionaria, sino que también regaló un estilo literario que solo puede ser comprendido al participar en la lucha de clases.
La burguesía,
el clero y la policía,
nos criaron con odio y mentiras,
inculcando hasta el cansancio
la idea de que somos prescindibles
¿es una sorpresa, que les devolvamos el favor?
(Conversaciones de odio, 2020)
Los poetas escriben sabiéndose de antemano derrotados. Es un conocimiento instintivo para ellos el saber su vida triste y su mala muerte, pero esta sabiduría intuitiva es una irónica melancolía que deviene en resistencia contra un sistema capitalista disfrazado de destino que ha deLeer más


Hoy la poesía marica latinoamericana habla de jotos, de maricas, de 
Tras la lectura de Esqueletos (Ediciones Exilio, Colección de poesía Últimos pasos, Bogotá, 2022) intento descifrar cuál es el registro esencial que mueve los hilos textuales. Pruebo con algunos términos que podrían abarcar algún indicio: raíz, tierra, aire. Y, regreso nuevamente, a comprender la sustancia de este poemario incandescente, tierno y tenaz, a la vez. La creatividad escritural de Ángela Briceño (Tunja, Colombia, 1987) se expande en una especie de lienzo lírico que alude a la composición/transposición de la línea versal, para lo cual bucea en las entrañas del Ser.


Yanina Vidal explora en Niñas vírgenes la reconstrucción del pasado de cuatro generaciones de mujeres afrodescendientes en Uruguay, reivindicando sus voces silenciadas. Ganadora del Premio Nacional de Literatura en Uruguay en 2019, y con el segundo premio en 2023, esta novela es un testimonio literario de resistencia feminista que cuestiona el racismo, la religiosidad y la construcción de la identidad en un país marcado por el eurocentrismo, como gran parte de América Latina.
A través de 27 poemas, nuestro autor nos ofrece una perspectiva gay de los hombres que pisan la cancha, que se baten atléticamente en duelo contra sus semejantes, el pináculo del homoerotismo. Sin embargo, su poesía no es la de un sexópata, sino la de un militante de la sensualidad que explora a través de los sentidos: que si el olor del sudor o del suavizante de telas, que si los balones cayendo cual cometas, que si el frío o la “palmada en la espa
Un poema erótico en todo el espectáculo de su naturaleza es El cantar de los cantares. Aquí, la palabra se convierte en una exaltación a la sexualidad humana que, en tanto libre y verdadera resulta absolutamente exquisita. De tal modo que, la virtud es el disfrute de cuerpo y espíritu desde el respeto y la seguridad mutua. Al leer cada cántico, pareciera que se asiste a una liturgia del alma cuando de los cuerpos desnudos surge la más bella sinfonía capaz de detener al mundo.


Acercarnos a la obra de Fanny Buitrago supuso una sensación de gozo al descubrir sus estrategias narrativas que suelen romper con lo predecible, lo esperado dentro del desarrollo de las historias. La experiencia de leerla suscita mucha expectativa sobre los cierres de los cuentos, ya que siempre me sorprendieron, y eso como lectora se agradece. Un placer que brota también al notar que hay una apuesta meticulosa por la construcción de una unidad interconectada a profundidad. El vacío fue el punto de partida, no querer sentir lo que me proponía Fanny. Negarme a conectar con lo que ha dolido por su proximidad. Las espinas que atacan desde afuera, que no se parecen a las del amor, no son buscadas y llegan desde el contexto macroeconómico y político. Hay una desesperanza y un constante estar respondiendo a aquellos que llegan y modifican el paisaje. También, a través de sus cuentos, me sentí con la libertad de ser fea desde la libertad de encontrarme yo, de tener el derecho a ser protagonista desde este cuerpo, desde esta piel y con este sexo, porque Fanny entrega personajas en las que podemos mirarnos más allá de que esto sea una frase hecha, utilizada ya con ligereza frente a nuestro encuentro con autoras. Sus personajas no son esperpénticas, solo son, ocurren con sus cuerpas algunas veces grandes, de las que Fanny decide hacernos ver su tambaleo.
En esa misma línea, desde que leo a mujeres tengo el deseo de encontrarme personajas siendo protagonistas en las historias. Aunque no aparecen tan palpables en los primeros cuentos, me dio mucha alegría leer a mujeres fuertes guardianas de sabiduría y memoria. No sé si es el objetivo de Fanny, pero su obra también me despierta una especie de rabia histórica con lo que cuenta, y lo cierra perfecto con lo que yo interpreto como una justicia también de carácter histórico. Entonces, leerla deja una sensación de tristeza, es como leer lo que ha pasado a lo largo del tiempo desde el colonialismo y lo que está sucediendo en la actualidad; Fanny nos muestra el desastre que provoca el capitalismo y del que muchas veces no nos damos cuenta. Así, el trabajo de Fanny como autora, en Bahía Sonora, nos muestra una memoria colectiva e histórica, y lo que según es el progreso, a costa del despojo. En ese sentido, sus posicionamientos políticos están presentes en todos los cuentos, en unos más patentes que otros, pero siempre allí. Dejándonos ver quién es ella en torno a la colectividad en donde creció. Para mí como lectora es importante saber de dónde par