A veces, lo más sugerente que una mujer debe hacer en una cocina es, simplemente, negarse a cocinar.

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

Estoy aquí porque me dijeron que debía estarlo.” (Rosario Castellanos).

 

En Lección de cocina, la comida es narrativa y símbolo porque representa el precepto de género en femenino. En el cuento, Rosario Castellanos retrata a una mujer recién casada que, sola en la cocina, descubre que ese espacio no le pertenece. No es antipatía, es que no lo entiende, no lo eligió, no lo desea, y sin embargo está allí porque alguien (la sociedad, la costumbre, la lógica por defecto) le dijo que así debía ser. Pero ella no evade el momento, tampoco, la historia que nos relata es una negación del matrimonio como posibilidad genuina de libertad.

 

Al contrario, convierte ese lugar de fogones, tiestos, comidas y olores en un territorio de conciencia para cuestionarse profundamente, desde una perspectiva crítica, el modo en que esta institución ha sido históricamente usada, especialmente en contextos tradicionales como una forma para limitar a las mujeres. Por eso su pregunta:

 

¿Qué me aconseja usted para la comida de hoy, experimentada ama de casa, inspiración de las madres ausentes y presentes, voz de la tradición, secreto a voces de los supermercados?”

 

No, ella no se dirige a otra mujer, no está haciendo una consulta sobre qué cocinar. Ella pone en el caldero, con un estilo de elegante ironía, a esa suerte de autoridad invisible que, desde los recetarios, revistas femeninas, etiquetas de supermercados dicta el comportamiento femenino en el matrimonio, entonces, en la sociedad. Por supuesto, cuando menciona a las madres ausentes y presentes, habla no precisamente de una inspiración, sino de una herencia impuesta sobre aquellas, eleLeer más

Reseña de la antología poética “Canto de pájaras sin jaula”

Por Laura V. Medel[1]

 

«Voz tan rara,
¿es la mía?
Se nota cuando emerge,
transgresora»[2]
Magda Calderón/Verónica Márquez

 

Este mes de junio se cumple un año de la publicación de la antología poética Canto de pájaras sin jaula. Celebro el acontecimiento con esta reseña brevísima, con la que invito a las lectoras a explorar esta obra.

 

Desde una rama un silbido emprende el vuelo; desde el cable de alta tensión, otro silbido contesta. Viajan los cantos de extremo a extremo. Surge el amanecer y junto a él el canto conjunto de las aves silvestres. De extremo a extremo, Magda Calderón, quien radica en Guatemala, y Verónica Márquez, desde Tijuana, han construido un puente a través de un lenguaje poético que han logrado materializar en forma de libro pájara: alas-hojas. Canto de Pájaras sin Jaula es un poemario conjunto en el que ambas poetas, amigas, plasman sus sentipensares, sabiéndose una misma y no otra, pero a la vez espejo: dualidad amalgama, reconocimiento de la/las otra/s: movimiento puesto en vuelo mediante un par de alas que cantan la dirección del encuentro con otras.

 

Un par de alas que se manifiestan al abrir el libro, unidas por Leer más

“Evocación”

Fideos con mantequilla inspirados en Papá Goriot novela de Honore de Balzac

 

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

En la pensión Vauquer se sirve sopa, a menudo hecha de sobras; la carne está recalentada, casi siempre dura, rara vez se presenta en guiso con nabos; los repollos cocidos nunca especiados, ni siquiera una pizca de sal; el corte del pan que es del día anterior resulta parco; el queso deja de ser un placer para convertirse en porciones amargas; por vino, el vaso opaco se llena de una bebida aguada que solo sella la boca.  

 

Día tras día, los pensionistas se sientan a la mesa a probar ese menú repetido, que no alimenta, tan solo llena el vacío de las historias miserables que cada uno habita. Rastignac y su deseo de ascender socialmente; Vautrin un criminal visionario; Mademoiselle Michonneau, sin estatus, ni familia, ni poder, dependiente de la pensión o de la policía; Poiret, un viejo burócrata jubilado, ridículo y gris; madame Vauquer, la dueña de la pensión, vulgar e interesada en el dinero; la señorita Victorine, un modelo de virtud que se consume en el ahogo. La comida es el reflejo de sus vidas descoloridas que se mueven entre la falsedad y lo descompuesto de una sociedad que alardea moralidad.

 

El comedor es un lugar oscuro y encerrado que Balzac describe de la siguiente forma:

“[…]Huele a encerrado, a moho, a rancio; produce frío, es húmeda, penetra los vestidos; posee el sabor de una habitación en la que se ha comido; apesta a servicio, a hospicio. Quizá podría describirse si se inventara un procedimiento para evaluar las cantidades elementales y nauseabundas que en ella arrojan las atmósferas catarrales y sui generis de cada huésped, joven o anciano[…]”

 

En una de las paredes del salón se observa un cuadro que corresponde al banquete dado al hijo de Ulises por Calipso. Un contraste irónico del esplendor de ese convite que evoca abundancia, placeLeer más

A 10 años de Operación al cuerpo enfermo de Sergio Loo

Por Diego Medina

 

[…] la muerte es la verdadera afirmadora: solo dice sí. Ante la eternidad
Rilke

 

Sergio Carrillo Loo fue un poeta chilango nacido el 14 de abril de 1982 a quien el cáncer nos arrebató prematuramente el 28 de enero de 2014, su carrera, aunque breve, lo consolidó como un referente de la poesía mexicana de finales de los dosmiles y principios de los domisldiez. Participó en diversas antologías, escribió guiones para cortometrajes y para la película Yo soy la felicidad de este mundo (2014) de Julián Hernández, incursionó en la narrativa con House: retratos desarmables (2011) y Narvarte pesadilla (2017, edición póstuma). Entre su obra poética destacan Sus brazos labios en mi boca rodando (2007), Guía Roji (2012) y, desde luego, Operación al cuerpo enfermo (2015, de publicación también póstuma).

 

Sergio se ha convertido, sin embargo, en un poeta de culto, en parte por su talento y sus escritos que encabalgan los géneros literarios y porque lo rodea la leyenda del poeta que escribió del cáncer que lo mató, dicha obra es Operación al cuerpo enfermo, la cual fue publicada por la Universidad Autónoma de Nuevo León y Editorial Sexto Piso el año posterior a su muerte gracias al trabajo de familiares y amigos. Este libro se reeditó en 2023 bajo el sello de Editorial Comisura, aunque se trata de una versión de tapa blanda, sin el diseño de la primera versión y en general de una calidad inferior, no obstante, merece una oportunidad ya que los ejemplares de la primera edición se agotaron. Aunque puede encontrarse la versión electrónica en Poesía Mexa [ Aquí].

 

Este libro destaca por poner en crisis los géneros literarios, por ejemplo, en la edición de 2015 forma parte de la colección de Poesía, mientras que la ficha para su compra en la edición de 2023 nos habla de narradores y autobiografía ficcionada. Esta discrepancia en la clasificación del género literario se debe a que el libro integra elementos asociados a la poesía, otros de la narrativa y otros más bien experimentales, pero si ubicamos este libro dentro del proyecto escritural de Sergio Loo, lo indicado sería clasificarlo como poesía, ya que anteriormente el autor había experimentado con la hibridación de discursos, la metatextualidaLeer más

Crónica de una leyenda urbana: Por desobedecer a sus padres de Ana Clavel

Por Diego Medina

 

De caminar a oscuras por calles heladas hasta el amanecer

Te quedó una larga historia, una vida rota y todo por hacer
Hablas de poetas muertos y escribes canciones para olvidar
Que has sido ángel sin techo, bala por derecho y reina de bar

Dorian

 

Hace algunos años (2020) se reeditó La ciencia de la tristeza de Darío Galicia, de la cual hablamos brevemente aquí en Enpoli, en mi opinión este fue un suceso que marcó el fin de una época que ahora me parece lejana y resplandeciente —no pretendo ser objetivo—, la época de los dosmildiez fue una época de una efervescencia literaria como no se había visto desde la generación de medio siglo, repito que no pretendo ser objetivo. Una época en la que jóvenes poetas salieron a las calles, famélicos, con los corazones psicotrópicos y el deseo inmarcesible de cambiar el mundo o al menos de arrebatarle un poquito de utopía al futuro.

 

Jóvenes que inundaron los micrófonos abiertos, que reventaron la escena del poetry slam, que marcharon en el #Yosoy132, por Ayotzinapa, que fundaron editoriales independientes a granel, que fueron a las últimas MegaPedas de Ciudad Universitaria, una época en la que levantabas una piedra y aparecían cinco o seis poetas y cuya biblia fue Los detectives salvajes, además de los evangelios apócrifos que cada uno canonizaba para sí mismo. Pero eso sí: NUNCA OCTAVIO PAZ. Una escena literaria de jóvenes que se vio sacudida por el sismo del 19 de septiembre de 2017 y por el #Metoo, sin mencionar que muchos fueron víctimas de la edad, esa terrible enfermedad que a muchos les curó eso de la poesía y la utopía.

 

Luego, llegó el 2020 y la consabida pandemia que echó por los aires lo que quedaba de la poesía joven mexicana, poco antes, el 30 de diciembre de 2019 Darío Galicia había fallecido, la noticia medio se viralizó en los círculos literarios y se empezó a hablar de Los detectives salvajes y de Leer más

Reseña colectiva después de leer a Mayra Santos-Febres

Por Crysti, Danae, Nat, Victoria, Cecilia, Gloria

Cuando nos acercamos a la obra de Mayra Santos-Febres nos encontramos una autora con la capacidad de escribir sobre diversos temas y a cada uno darle su toque especial. Es lindo hallar una escritora que tiene tantas historias por contar. Además de que resulta liviana, divertida, con una profundidad que no termina por ser pesada, sino disfrutable por su dinamismo en esa variedad de historias que imagina. Mayra se muestra como una escritora con muchas voces y estilos, en sus narraciones destaca la sensibilidad de sus personajas, la manera en la que ellas viven su cuerpo, sensualidad y negritud; siempre con un maravilloso toque de humor y crítica.

 

En esta edición de Pez e vidrio también podemos encontrar una escritora que se comparte en su proceso, pues en su segunda edición, revisada y aumentada, contiene un apartado dos con cuentos que, ella misma nos comparte en el prólogo, tienen otra intención. Son cuentos en los que se ha dado otros permisos como autora, entonces experimenta incluso con la extensión de los textos, con los juegos de estructuras de cajas, con la seriedad que, no obstante, no vuelve cansino el texto. Además, es una escritora atrevida de diversas formas, y la que se nos revela en ese compartirse en su proceso como cuentista a través del segundo apartado es una Mayra que se permite trastocar a ciertas figuras de la historia de la literatura —entre otras—, y poner el foco en las mujeres, desmitificando a los grandes héroes.

 

Así pues, leer a Mayra siempre es un deleite; las historias que ofrece van más allá de lo normativo y eso es quizá el centro de su escritura. Romper con aquello “válido y aceptado”, para ofrecer precisamente esos matices tan variados. Al ser una mujer caribeña, cuando la leo tengo la sensación de estar en un ir y venir, Leer más

La catábasis del desamor en Cenizas de asfalto de Darío González

Por Diego Medina

 

Lo dicho, la literatura marica está dinamitando la tradición mexicana. Ya hemos hablado de Fabre y de Hernández Candelaria como autores que articulan su obra poética como obras teatrales. Darío González se suma a este grupo, al respecto Rodolfo Remolín comenta: “Épica en tema, sucesión de «cuadros teatrales” que oscilan entre el collage y el monólogo, los poemas están articulado por la decepción y el desencanto». Darío divide su poemario en dos actos, el primero con VIII escenas y el segundo con 3 más, de hecho, hay un error ya que la Escena X se vuelve a marcar como IX, mientras que la XI se marca como X, un detalle menor que vale la pena corregir en la siguiente edición.

 

Cada escena está descrita de manera poética, no se limita a dar un lugar y estado del clima, por el contrario, usa metáforas e imágenes poéticas para introducir el tema de las escenas, cada una de las cuales se compone a su vez de varios poemas. Aunque en realidad cada descripción de la escena es un poema en sí mismo, por ejemplo, mi descripción favorita es la de la Escena III: “Unos niños persiguen algo que ven desde arriba. Se entiende globo, pero también cometa, Dios. En cualquier caso, extienden las manos hacia arriba como pidiendo, queriéndolo alcanzar o diciéndole adiós.”

 

Como hemos dicho, cada escena agrupa una serie de poemas, entre 1 y 9. Hay también una serie de poemas-narrativos esparcidos en diferentes escenas titulados “Visitación”  —que van de la I a la IV— en los cuales el yo lírico se encuentra con un vagabundo con quien sostiene conversaciones que prometen ser el instrumento de una revelación final, pero cuya revelación final nunca llega, quizá para darnos a entender el absurdo y la carencia de sentido del dolor.

 

Detallada la estructura básica del poemario de Darío González, entremos de lleno en la “historia”. Este es un poema de largo aliento —dividido como tragedia— que puede resultar “pesado” para quienes no tienen el corazón roto, pues se trata de un poema de desamor, con un lenguaje épico, sólo que en este caso el lenguaje no está al servicio de las hazañas homéricas, sino de la derrota, del héroe trágico, de Héctor y Príamo, de quien ha visto destruido su corazón como los troyanos que vieron arder su patria en las manos de Aquiles. Sin embargo, a diferencia de Fabre, Hernández Candelaria y su servidor, Darío tiene la cortesía de no usar referencias épicas directamente, no hay nombres de héroes, dioses, ni mitos, en todo caso González construye su propio universo, aunque eso sí, lo poetizado sucede en Guanajuato.

 

Dice Alexis Aparicio de la obra de González: “lamento lírico a modo de venganza por lo que nunca pudo ser”, en este sentido hay que ubicar este poemario como una catábasis en la que el yo lírico se bate en duelo contra la ciudad donde una vez amó y fue despedazado, hay en las páginas de este poemario una belleza difícil de digerir porque nace desde el dolor y la amargura, sobre todo esto último, pues el tema del desamor se mezcla con el de la marginalidad de las vidas cotidianas de las ciudades. Así, de manera paralela nuestro autor detona la herida, revienta la cicatriz y saca la pus del alma del héroe trágico de este poema de largo aliento estructurado de forma “teatral”, es decir, desciende al infierno para completar el ciclo del héroe, aunque esto último sólo se sospecha en los últimos versos del libro: “Lo que quedará, además de las falsedades, / ya será dicho cuando termine la canción”.

 

Me parece que Darío González tiene un brillante futuro en la literatura, muchas de sus imágenes son exquisitas, la fluidez del texto se agradece y, aunque he dicho antes que para algunos puede parecer pesado, me refiero sobre todo a que no todos están acostumbrados a verse al espejo frente a frente con su lado más oscuro y triste, y eso es precisamente lo que hace González. Por otra parte, la estructura del poemario no es una cosa menor, sobre todo si se toma en cuenta que se puede fracasar fácilmente cuando se experimenta y se pone en crisis un género literario, en todo caso González sale bien librado.

 

En cuanto a los materiales debo decir que no son mis favoritos, pero se agradece que Escrúpulos Editorial haya trabajado tan cuidadosamente la maquetación y edición. Pueden adquirir su ejemplar a través del autor o ponerse en contacto con la editorial. Mi calificación para este título que continúa la tradición marica de poner en crisis el género poético es de 4.1/5.

 

 

 

Jacqueline Costales y “el oficio de los pájaros”

Por Aníbal Fernando Bonilla

 

Una de las voces de actual prestancia en la lírica ecuatoriana es la de Jacqueline Costales Terán (1964). Oriunda de la ciudad de Riobamba, su trabajo poético trasciende en los círculos literarios. De metódica rigurosidad y labor seria, la poeta viene —sin petulancias— construyendo un estilo particular, en donde la sencillez y el lenguaje diáfano son los mejores elementos compositivos en el engranaje textual.

 

Afable y generosa, tuvo a bien compartirme su última publicación: Pluma descalza (Casa Cultural Somos Arte-Káustika Ediciones, s/f), antología personal que recoge buena parte de su obra en el período comprendido entre 1984 y 2023. De formato llamativo y elegante, se encuentra segmentado así: “Voces de hoy”, “Voces viajeras”, “Voces románticas de ayer” y “Voces telúricas”.

 

Sus poemas están ligados íntimamente con la aprehensión nostálgica, los “recuerdos inútiles”, la luz de luna y el espejo de las madrugadas de ayer. También, con el vacío, el silencio, la conjetura, el dolor, “la soledad / como ventarrón de ceniza”. Ella esboza “el canto inmortal de la alegría”, pese a la rutina y el desvelo “en esta precaria vida / que me cae a pedazos”. Alude a los trozos y trazos palpitantes que componen el poema, cuya carga evocadora guarda la memoria. A la par, cavila sobre el sentido metafórico coLeer más

“Baba au rhum para Emma”

Un dulce inspirado en Madame Bovary

 

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

Normandía francesa, 1850. Madame Bovary avanza por los amplios salones de la nobleza. Su deleite salta del tapiz de terciopelo que cubre el piso a las cortinas ribeteadas con encajes que se mecen al siseo del viento que entra de los campos verdes y ondulados. Los resplandores de las llamas de los inmensos candelabros que cuelgan en las paredes se proyectan en lo tazones de plata, alineados sobre la mesa junto a la vajilla dorada. Los criados de traje inmaculado sirven comidas ostentosas como la de aquel banquete en el castillo de Vaubyessard:

 

“…muchos vinos de España, del Rin, sopas de cangrejos y de leche de almendras, pudín de Trafalgar y toda clase de carnes frías con gelatinas” Emma, nos cuenta Flaubert, se sintió “envuelta por un aire cálido, mezcla de perfume de flores y de buena ropa blanca, del aroma de las viandas.”  Está tan entretenida con toda esa magnificencia que ni siquiera el súbito recuerdo de su niñez en la granja desnatando la leche puede ensombrecer el brillo de sus aspiraciones. Su más íntimo deseo es ser dueña de una vida esplendorosa.

 

Después, la veremos en su casa en Yonville. El espacio de la sala es sencillo como la comida que se sirve: una sopa de cebollas, puré de verduras, ternera con asaderas. Emma está hastiada de esa vida y de esas comidas. La rutina de la vida doméstica la atormenta. Su corazón está embebido de la riqueza que observa en las fiestas de los palacios burgueses, de los manjares, de los perfumes costosos que emanan de los trajes de frac y los amplios faldones. Es a ese mundo al que ella anhela pertenecer. Al no poder, desahoga su enojo con esa criada que llora en un rincón de la casa rural.

 

Emma se alimenta de novelas románticas que la llevan a idealizar la fortuna, la belleza, por supuesto, el amor. Todo comenzó durante su tiempo en el convento. Devoraba los libros que a escondidas llevaba una solterona encargada de reparar la ropa. Así, sus tareas religiosas se llenaron de historias de lenguajes apasionados, de juramentos, de tragedias. Pero siempre el lujo rugiendo como un león. También ese sueño fue fusionado por los sermones que repetían la gloria de un matrimonio eterno. Dice Flaubert que el alma de Emma estuvo, durante cuatro largos años, suscitada de dulzuras inesperadas.

 

Entonces, esa idea de amor celestial y vida ostentosa fue la que ella plasmó en su pastel de bodas: “primeramente en la base, había un cuadrado de cartón azul que figuraba un templo con pórticos, columnatas y estatuillas de estuco todo alrededor, en hornacinas consteladas de estrellas de papel dorado; después, en el segundo piso, se erguía un torreón en bizcocho de Saboya, rodeado de pequeñas fortificaciones de angélica, almendras, uvas pasas, cuarterones de naranjas; y, finalmente, en la plataforma superior, que era una pradera verde donde había rocas con lagos de confituras y barcos de cáscaras de avellanas, se veía un Amorcillo balanceándose en un columpio de chocolate, cuyos dos postes terminaban en dos capullos naturales, a modo de bolas, en la punta.”

 

Para Emma la riqueza es distinguida como la nata, y el amor principesco es empalagoso como el dulce. Su pastel simboliza un santuario al amor y a la fortuna. Entonces los cuarenta y tres invitados a la boda contemplarán un bizcocho de columnas en crema que se encumbran en mitad de un césped azucarado, rodeado de un gran lago de confituras; en la cima cupidos y tortolitos que se columpian y, en cada espacio, frutillas y almendras. El diseño es pomposo, pero falso como el cartón que lo sostiene. El dulce, según Flaubert, en madame Bovary es la metáfora de un amor sublime y la elevada riqueza que ella busca, pero que nunca llegará.

 

El banquete de bodas también refleja esa peligrosidad de lo falso. Más que las cantidades exageradas es la disposición de un menú grotesco para el gusto de ella: La mesa estaba puesta bajo el cobertizo de los carros. Había cuatro solomillos, seis pollos en pepitoria, ternera guisada, tres piernas de cordero y, en el centro, un hermoso lechón asado rodeado de cuatro morcillas con acederas. En las esquinas estaban dispuestas botellas de aguardiente. La sidra dulce embotellada rebosaba su espuma espesa alrededor de los tapones y todos los vasos estaban ya llenos de vino hasta el borde. Grandes fuentes de natillas amarillas, que se movían solas al menor choque de la mesa, presentaban, dibujadas sobre su superficie lisa, las iniciales de los nuevos esposos en arabescos de finos rasgos.”

 

Familiares, vecinos, todo un entorno rural sentados durante más de 16 horas a la mesa disfrutando las viandas, hablan de asuntos de campo, comen haciendo ruidos exagerados, beben sin descanso. Y eso es ordinario hasta el odio para lo que Emma considera una aventura de pasiones magníficas que, por supuesto, no están presentes en Yonville.

 

Emma se ha casado con Charles Bovary, un médico, quien busca compañía tras quedar viudo. Su personalidad no ocupa mayores ambiciones más allá de atender pacientes humildes en pueblos y tener a su lado una esposa bonita y una hija considerada. Esa idea se proyecta en su dieta: sopa, pan y queso. Él come por necesidad, por eso no se queja ni cuestiona lo que le sirven a la mesa. Tampoco se asombra con platos extraordinarios como los que sirvieron en el castillo Vaubyessard.

 

La comida es también un símbolo de la relación de Emma con sus amantes. Carnes, vinos y lujo con Rodolfo; dulces, confites y elegancia con León. Amores que no perduran, placeres que no la sacian. Tampoco la sacia su estatus maternal. Berthe ha nacido y Emma debe proveerle el alimento. Sin embargo, se rinde. No por falta de amor hacia su hija, es que ella desea tener todo el amor y la grandeza material a su disposición. Ocuparse de aquello que supone la maternidad la aleja de su propósito. Por eso delega el menester de amamantar a una nodriza.

 

La fantasía de madame Bovary está acompañada de licores y bebidas fuertes. Champaña y vino son sinónimo de lujo y amores idealizados, es lo que ella bebe en las fiestas y en los paseos con sus amantes. Té para la armonía y la calma, por eso ella lo bebe en grandes cantidades mientras sus caprichos son incontrolables. Licores con porcentajes altísimos de alcohol para menguar la desesperación de lo que le producen sus insatisfacciones y la suerte que le ha tocado. El licor es como el deleite apasionado que embriaga y luego le deja un vacío.

 

Si la correspondencia de Emma con la comida y el licor es intensamente alusiva a su sentir, lo es en particular su agrado por el dulce. En esta historia el azúcar se traduce en emociones tanto en la esfera pública como privada y la íntima. Ella consume frutillas almibaradas, postres y confituras como una extensión de sus deseos de amor y riqueza. Ese sabor dulce y suave le produce una sensación de satisfacción inmediata, contraria a lo que le genera su cotidianidad que le resulta aburrida.

 

Emma come postres como una niña, pero Flaubert no los detalla, lo que nos permite recrear uno tradicional de la época. Un baba au rhum llegado desde Polonia y acogido como suyo en Francia, exclusivo de los banquetes burgueses. Es un bizcocho esponjoso, muy refinado, bañado hasta embriagar en jarabe de ron. Es denso, perfumado, muy goloso como las aspiraciones de Emma. Cada bocado sugiere su deseo de amor y lujo en abundancia. La masa empapa todo el jarabe alicorado del mismo modo que Emma absorbe los excesos. Es un postre que, aunque con apariencia consistente, se deshace de inmediato al contacto con la boca, igual que sucede con los sueños de Emma.

 

El arsénico es retratado como un dulce por Flaubert. Las frustraciones y los excesos de Emma son evidentes en el último bocado que ella probará al final de sus días. Dice Flaubert, como si al ingerir arsénico le produjese un gusto dulce en la boca. Mientras espera el efecto, ella piensa: “¡Ah, es bien poca cosa, la muerte! -pensaba ella-; voy a dormirme y todo habrá terminado.”

 

La historia nos ha mostrado a una madame Bovary individualista y superficial quien desprecia incluso a su propia hija y a su familia por perseguir el ideal de una vida noble rodeada de lujos y amores de ensueño; luego, al no lograr sus deseos decide un final definitivo. Pero ¿Es realmente Emma una mujer cínica o, es la encarnación de la ironía de una época sin un fundamento moral?

 

La vida de Emma se desarrolló en un momento y en una sociedad conservadora y patriarcal marcada por el consumo material desmedido. Las decisiones de una mujer pesaban poco en relación con las de un hombre. Ella es educada para ser compañía, cuyas acciones deben estar centradas en la familia y el esposo. Luego, cualquier anhelo fuera de esos límites es desproporcional incluso, delictivo.

 

Pero, aunque con una personalidad figurada desde lo trivial, Emma nos ha mostrado que el espíritu de la mujer se teje de muchos más afanes que sobrepasan la vida en familia y la rutina doméstica. También, nos ha enseñado que está bien no resignarse a la suerte, que es importante cuestionarse y que el deber del hogar es, cuando menos, de dos. 

 

Charles es un esposo y padre ausente. Tal vez no en el sentido material porque procuró cumplir todos los caprichos de Emma; no abandonó a Berthe. Pero se nos muestra como un hombre distante emocionalmente con ambas. De un lado, no comprende lo que le sucede a Emma. De otro, no procura llenar el vacío que Emma ha dejado en la hija al retirar su vínculo materno. Cuando Emma muere, él no administra los últimos recursos dejando a la niña a su suerte, huérfana, sin alimento al cuidado de una tía sin recursos. Sin embargo, la memoria nos recuerda que fue Emma la desnaturalizada.

 

Madame Bovary puede ser muchas cosas, pero en estricto, es una crítica a la falsedad social definida, antes y ahora, por lujos, expectativas inalcanzables, miedo a la desaprobación que llevan a la frustración y al afán tanto a mujeres como a hombres. Madame Bovary empieza contándonos de Emma y termina, por qué no, con la historia de un farmacéutico que anhela el reconocimiento. “El farmacéutico se les unió en la plaza. No podía, por temperamento, separarse de la gente célebre. Por eso conjuró al señor Larivière que le hiciese el insigne honor de aceptar la invitación de almorzar.”  

 

Apresurado, Homais quien estuvo auxiliando a Emma, deja el cadáver que aún yace sobre la cama para mandar a buscar pichones, chuletas, nata y huevos, no para honrar el duelo sino para ofrecer una comida a Larivièr. Tampoco es cortesía hacia este, es su deseo de mostrarse fino porque ahora, comparte un motivo con un médico respetable.

 

Receta de Baba au rhum

 

Para la masa:

 

Ingredientes:

12 gramos de levadura fresca.

220 gramos de harina.

70 gramos de mantequilla blanda.

40 gramos de azúcar blanca granulada.

4 gramos de sal.

3 huevos grandes batidos.

 

Preparación:

En la batidora agregar la harina, la sal y un poco de huevo batido.

Mezclar ligeramente a velocidad baja.

Incorporar más huevo y aumentar la velocidad.

Añadir la levadura fresca desmenuzada.

Incorporar el resto de huevo batido hasta que la masa sea más homogénea.

Añadir el azúcar.

Agregar poco a poco la mantequilla muy blanda.

La masa estará lista cuando se separe de las paredes del tazón y tenga una textura elástica.

Disponer un tercio de masa en moldes para babas, previamente engrasados y enharinados.

Dejar reposar la masa en los moldes por mínimo dos horas.

Hornear a 180 °C durante 10-15 minutos hasta que estén doradas y al insertar un palillo, este salga limpio.

Embeber las babas calientes en el jarabe de ron tibio.

Dejarlas escurrir sobre una rejilla.

Decorar con rosetones de crema chantilly.

 

Para el jarabe de ron:

 

Ingredientes:

 gramos de ron añejo.

Litro y ½ de agua fresca.

500 gramos de azúcar.

 

Preparación:

Llevar a ebullición durante cinco minutos: el agua, el azúcar.

Dejar entibiar para agregar el ron.

 

Dispóngase a degustar un delicioso Baba au rhum. Cuando lleve la cucharita a su boca, cierre los ojos y deje que el dulzor alicorado inunde su boca como el recuerdo de alguna de esas fiestas enloquecidas.

 

 

 

[1] Comunicadora Social, especialista en Comunicación Organizacional, Magister en Ciencia Política. Interés en escribir sobre la comida como elemento narrativo en la literatura y como arte simbólico de la memoria social.

 

 

 

Entre Pliegues y Rosas: El Mundo Interior de Emily Dickinson

Por Kenia Salas Pelaez

 

Emily Dickinson se extiende más allá de lo decible; por eso es posible Viciarse de su Rocío, sentirlo más que entenderlo. Como bien señala Virginia Woolf sobre la poesía de Emily Brontë —y que aquí recupero para hablar de Dickinson—: “es más bien asombroso que pueda llegar a hacernos sentir lo que no era capaz de decir […] fue capaz de liberar la vida” (2007, p. 82). Emily Dickinson excede el logos y, con absoluta libertad, crea su propio mundo, su propio universo simbólico, para arroparnos con él.  Porque, vaya que nos habla directamente. Aunque en vida no buscó multitudes lectoras, lo cierto es que Susan Huntington Gilbert –su amada– representa a todas y cada una de las mujeres que hoy la leemos. Nosotras tomamos forma en esa figura lectora en femenino: la lectora principal de su obra. Así, la presencia de la lectora femenina se vuelve imprescindible, como lo fue Susan, porque el mundo simbólico de Emily siempre ha deseado revelarse a ella, a nosotras. Pero no con el lenguaje del hombre, sino con la lengua materna. Por eso no dudo que su obra sea un enigma para la razón masculina, que se sostiene en interrogantes y desconfía del misterio.

 

Dicha necesidad de una lectora, de una interlocutora —o, mejor dicho, de una relación— surge porque la escritura de Emily no está fuera de la vida. A diferencia de cómo suelen presentarse los llamados genios creativos —hombres solitarios, para quienes el vínculo estorba, asfixia, y por eso buscan el mutismo—, Emily escribe desde la cercanía. Es decir: escribe en relación. Y me permito decir que el mutismo no es lo mismo que el silencio. En el silencio habita la vida: ese movimiento sutil, ese sonido leve, como el canto de las aves o el susurro del viento al agitar las hojas, “no es ausencia” decía la poeta lesbiana Adrienne Rich en su poema Cartografías del silencio:

El silencio puede ser un plan
rigurosamente ejecutado

el plan de acción para una vida

Es una presencia
tiene una historia       una forma

No debe ser confundido
con ninguna clase de ausencia

El mutismo, en cambio, clausura. Este modo de escribir, de vincularse, se distingue profundamente de la escritura masculina. Como señala Carla Lonzi: “yo encuentro abstracto, es decir, noLeer más